lunes, 31 de agosto de 2020

La casa de las bellas durmientes.- Yasunari Kawabata (1899-1972)

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Sobre pájaros y animales

   «Pero cuando se despertó a la mañana siguiente, dos dormían como una cálida bola de algodón. El tercero yacía muerto bajo la percha, con las alas medio extendidas, las patas rígidas y los ojos entreabiertos. Como si no conviniera que los otros vieran el cadáver, lo sacó y, sin decírselo a la criada, lo tiró al cubo de la basura. "Una horrible especie de asesinato", pensó.
 ¿Cuál había muerto?, se preguntó contemplando la jaula. Contrariamente a lo que hubiera esperado, el superviviente parecía ser la hembra antigua. Su afecto por la antigua era mayor. Tal vez el favoritismo le hizo pensar que era la superviviente. Vivía sin familia, y el favoritismo le molestaba.
 -Si ha de hacer tales distinciones, ¿por qué vive con pájaros y animales? Hay un buen objeto para sustituirles llamado ser humano.
 Se considera que los reyezuelos de corona dorada son débiles y mueren pronto; pero su pareja era muy sana.
 Compró un alcaudón recién nacido a un cazador furtivo y éste fue el principio: se acercaba la estación en que no podría salir por tener que alimentar a las crías que llegaban de las montañas. Pétalos de wistaria caían sobre el agua cuando sacó el barreño a la veranda para bañar a los pájaros.
 Mientras escuchaba los aleteos contra el agua y limpiaba las jaulas, oyó voces infantiles detrás de la cerca. Parecían estar esperando la muerte de algún pequeño animal. Se encaramó sobre la cerca, pensando que tal vez uno de sus cachorros de terrier se hubiera extraviado fuera del jardín. Era una cría de alondra. Incapaz aún de sostenerse sobre las patas, se tambaleaba sobre el montón de basura. Se le ocurrió la idea de darle amparo.
 -Es de aquella casa -un chico de la escuela primaria señaló una casa verde frente a la cual crecían unas paulonias de aspecto venenoso-. Lo han tirado. Se morirá, ¿verdad?
 -Sí, morirá -dijo fríamente, alejándose de la cerca.
 La familia de la casa verde tenía tres o cuatro alondras. Probablemente se habían deshecho de una que no quería cantar. El impulso piadoso le abandonó con rapidez; no tenía objeto quedarse con un pájaro que había sido desechado como si fuera basura.
 Hay pájaros entre cuyas crías es imposible distinguir al macho de la hembra. Los tratantes bajan de las montañas cestas llenas de ellas y se desprenden de las hembras en cuanto pueden reconocerlas. La hembra no canta y no se vende. El amor hacia pájaros y animales se convierte en una búsqueda de los superiores, y de este modo la crueldad echa raíces. Estaba en su naturaleza querer a cualquier animal doméstico en cuanto lo veía, pero sabía por experiencia que este afecto fácil era de hecho una falta de afecto, y que causaba un retraso en el ritmo de su vida. Y por este motivo, por muy hermoso que fuese un animal, por mucho que le encarecieran que se quedase con él, se negaba a quedárselo si había sido criado por otra persona.
 En su soledad, llegó a su arbitraria conclusión: no le gustaba la gente. Maridos y esposas, padres e hijos, hermanos y hermanas: los vínculos no se rompían con facilidad ni siquiera con la persona menos satisfactoria. Había que resignarse a vivir con ellos. Y todo el mundo poseía lo que se llama un ego.
La casa de las bellas durmientes de Kawabata, Yasunari: tapa dura (1985) |  Alcaná Libros En cambio, había cierta pureza triste en convertir en juguetes las vidas y costumbres de los animales, y, decidiéndose por una forma ideal, en cruzarlos de una manera artificial y pervertida: existía en ello una innovación divina. Con una sonrisa sarcástica, excusó como símbolos de la tragedia del universo y del hombre a estos amantes de los animales que atormentan animales, buscando siempre una raza más y más pura.
 Una tarde del noviembre pasado fue a verle el dueño de una perrera que parecía una naranja arrugada debido a una afección del riñón o algo por el estilo.
 -Una cosa terrible. Le quité la correa cuando llegamos al parque y la perdí en la niebla durante menos de un minuto, y ya tenía un perro encima. La aparté y la cosí a puntapiés hasta que no pudo levantarse. No comprendo cómo concibió, pero suele ocurrir justamente cuando no se desea.
 -Y usted es considerado un profesional.
 -Sí, no puedo decírselo a nadie, es algo muy embarazoso. Maldita perra. En pocos segundos me hizo perder cuatrocientos o quinientos yens* -sus labios amarillentos temblaban.
 El altivo doberman seguía, escabulléndose, con la cabeza gacha, y miraba con miedo al enfermo renal. La niebla llegaba a grandes oleadas.
 El perro tenía que venderse a través de los buenos oficios del hombre. Sería un descrédito para él, insistió, si, una vez vendido, tenía una camada mixta; pero algún tiempo después, evidentemente corto de dinero, el hombre vendió a la perra sin decir nada. Dos o tres días más tarde, el comprador acudió a verle, llevando la perra. Al día siguiente de haberla adquirido había tenido una camada muerta.
 -La criada la oyó gemir y abrió el postigo y vio a la perra bajo la veranda, comiéndose un cachorro. Estaba sorprendida y un poco asustada y no podía ver bien en la oscuridad. No sabemos cuántos cachorros nacieron, pero ella cree que la perra se comía al último. Llamaron al veterinario inmediatamente, y éste dijo que ningún propietario de perros debe vender una perra preñada. Ésta debió ser montada por un perro callejero y su dueño le había pegado casi hasta matarla. Dijo que no había sido un nacimiento normal y que tal vez la perra ya tuviera la costumbre de comerse a sus cachorros. Tuve que quedarme de nuevo con ella. Todos estamos furiosos. Es algo terrible hacer esto a un animal.
 -Déjeme ver -repuso con aire despreocupado, levantando la perra y tocándole las tetillas-. Ya ha tenido camadas otras veces. Empezó a comerlas porque estaban muertas -habló con indiferencia, aunque él también estaba furioso y apenado.»

 *Unos cien dólares.

  [El texto pertenece a la edición en español de Ediciones Orbis, 1983, en traducción de Pilar Giralt. ISBN: 84-7530-162-2.]

domingo, 30 de agosto de 2020

Diario.- Ana Frank (1929-1945)

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Jueves, 11 de mayo de 1944

  «Querida Kitty:
Aunque te parezca extraño, se me ha acumulado tanto trabajo, que me hace falta tiempo para terminarlo. ¿Quieres saber lo que tengo que hacer? Pues bien, tengo que terminar para mañana la lectura de Galilei, pues hay que devolver el libro a la biblioteca. Apenas lo empecé ayer, pero conseguiré terminarlo.
 Para la semana próxima, tengo que leer En la encrucijada de Palestina y la segunda parte de Galileo. Ayer terminé el primer tomo de Carlos V y tengo que ordenar las notas que tomé en él sobre los árboles genealógicos. Tengo, además, tres páginas de palabras extranjeras reunidas de varios libros que aprenderme de memoria. Mi colección de artistas de cine está hecha un batidero y pide a gritos ser ordenada, pero hacerlo me llevará algunos días y me temo que tendrá que quedarse así por más tiempo, pues la profesora Ana, como ya te dije, se siente agobiada de trabajo.
 Teseo, Edipo, Peleo, Orfeo, Jason y Hércules aguardan su turno para que los ponga en orden, porque sus hazañas se hallan en mi mente como una madeja embrollada de hilos multicolores. Tengo que emprenderla con Myron y Fidias, pues si no lo hago desaparecerán de mi mente. Lo mismo pasa con la guerra de Siete Años y con la de Nueve Años; me hago unos tremendos líos. ¿Qué hacer con una memoria tan pobre como la mía? ¡Prefiero no pensar lo que será cuando tenga 80 años!
 Y aún me falta la Biblia... Me pregunto cuánto tiempo tardaré para encontrar a Susana en el baño y qué significan los pecados de Sodoma y Gomorra. ¡Cuántas preguntas! ¡Cuánto que aprender! He abandonado completamente a Liselotte von der Pfalz. Ya ves, Kitty, que estoy abrumada.
 Ahora, otra cosa. Ya sabes que desde hace tiempo mi mayor anhelo es llegar a ser periodista y más tarde escritora célebre (delirio de grandeza). ¿Seré capaz de realizar este sueño? Está por verse, pues temas no faltan. De cualquier manera, después de la guerra, quiero publicar una novela sobre el Anexo. No sé si lo lograré, pero usaré mi diario para documentarme. Tengo además otros temas. Te hablaré de ellos extensivamente cuando hayan tomado forma.
 Tuya, Ana.
[…]

Lunes, 22 de mayo de 1944

 Querida Kitty:
El 20 de mayo, papá perdió cinco tarros de yoghurt en una apuesta con la señora Van Daan. Los ingleses aún no han invadido el continente. Puedo decirte, sin temor a equivocarme, que todo Amsterdam, toda Holanda, toda la costa de Europa occidental hasta España, no hace sino hablar y discutir de esta invasión, apostar y... esperar.
 La atmósfera de espera no podría ser más tensa. Buena parte de aquellos que consideramos holandeses "buenos", ha dejado de creer en los ingleses. Nadie ve en el famoso bluff inglés una pieza maestra de estrategia. Hay que efectuar hechos, acciones grandes y heroicas. Nadie ve más allá de la punta de su nariz, nadie considera que los ingleses defienden y pelean por su país, todo el mundo cree que su obligación es salvar Holanda lo más rápidamente posible.
 ¿Qué obligaciones tienen los ingleses con nosotros? ¿En qué forma se han ganado los holandeses la ayuda que tan explícitamente aguardan? Si a los holandeses les vale algunas decepciones, peor para ellos. Con todo su bluff, los ingleses no son más culpables que todos los demás países, chicos y grandes, que sufren la ocupación alemana. Sin duda, los ingleses no tendrán que presentarnos sus excusas; porque si nosotros les reprochamos que se hayan dormido mientras Alemania se armaba, no podemos negar que los demás países también se durmieron, especialmente los limítrofes con Alemania. La política del avestruz, de nada nos servirá. Inglaterra y el mundo entero bien lo saben, y por eso todos y cada uno, sobre todo Inglaterra, se ven obligados a hacer penosos sacrificios.
 Ningún país querrá sacrificar a sus hombres en el interés de otro país e Inglaterra no es ninguna excepción. La invasión, el desembarco, llegarán junto con la liberación y la libertad, pero la hora será fijada por Inglaterra y Norteamérica, y no por los países ocupados.
DIARIO DE ANA FRANK (colecc Literaria Universal) de ANA FRANK: ESTADO COMO  NUEVO (1981) | CALLE 59 Libros Con gran pesar y consternación nos hemos enterado de que muchas personas se han vuelto contra los judíos. Hemos sabido que el antisemitismo ha llegado a círculos que antes lo hubieran rechazado. Todos nos sentimos profundamente impresionados. La causa de este odio podría ser comprensible y hasta humana, pero a todas luces inadmisible. Los cristianos acusan a los judíos de descubrir secretos a los alemanes y de traicionar a sus protectores, haciendo sufrir a los cristianos por su culpa, obligándolos a correr la horrible suerte y la tortura de tantos de nosotros.
 Esto es algo que no se puede negar, pero hay que ver el reverso de la medalla. ¿Obrarían los cristianos en forma diferente? Los alemanes saben hacer hablar a la gente. ¿Quién, judío o cristiano, puede resistir ante esos medios? Sabemos que es casi imposible. ¿Por qué, entonces, pedir imposibles a los judíos?
 Corre el rumor entre los grupos escondidos, que los judíos alemanes que emigraron a Holanda y que actualmente se encuentran en Polonia no podrán, al terminar la guerra, regresar. A pesar de haber legalmente emigrado a Holanda, a la desaparición de Hitler, se les obligará a retornar a Alemania.
 Oyendo esto, lógicamente nos preguntamos la razón de esta larga y penosa guerra. ¡Se nos ha repetido hasta el cansancio que juntos luchamos por la libertad, la verdad y el derecho! Si en pleno combate hay división, justo es que temamos que el judío pagará las consecuencias, considerándolo inferior. Es triste comprobar el viejo adagio: "De la acción de un cristiano, sólo él es el responsable; en cambio, la acción de un judío recae sobre todos los judíos".
 Es incomprensible que los holandeses, un pueblo bueno, honrado y leal, nos juzgue así, al pueblo más oprimido, al más desgraciado y quizá al más digno de compasión del mundo entero.
 Mi única esperanza es que esta ola de odio sea pasajera, que los holandeses se muestren como son, con su sentido de justicia y su integridad, ¡porque el antisemitismo es injusto!
 Si esta amenaza se cumpliera, el mísero puñado de judíos que queda en Holanda, también tendría que abandonarla. También nosotros liaríamos nuestros fardos y reanudaríamos la marcha, abandonando este bello país que tan cordialmente nos recibió y que, no obstante, nos vuelve la espalda.
 Quiero a Holanda, y yo, apátrida, había soñado en hacerla mi patria. ¡Todavía confío que lo será!»

   [El texto pertenece a la edición en español de Editores Mexicanos Unidos, 1981. ISBN: 968-15-0055-5.]

sábado, 29 de agosto de 2020

En defensa de España: desmontando mitos y leyendas negras.- Stanley G. Payne (1934)

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Introducción
Un país exótico: mitos y leyendas
Envidia y desconocimiento 

  «Durante quinientos años, la imagen que España ha proyectado en otros países ha sido resultado más de una estampa descrita por escritores, viajeros y autores de panfletos extranjeros que de un cuadro dibujado deliberadamente por los propios españoles quienes, como es lógico, también han creado su propia imagen, que ha ido variando con el paso de los siglos. La primera representación que existe es la famosa "Alabanza de España" en la Historia de los godos, escrita por San Isidoro en la primera parte del siglo VII, cuando en la Península comenzó a formarse la idea de una España más o menos unida e independiente. El texto seguía la forma de los "elogios" clásicos latinos, muy frecuentes en la Edad Media, con su particular dosis de exageración.
 En los siglos de formación no hubo demasiados escritos y referencias a España realizados por visitantes y críticos extranjeros que nos hayan dejado una idea general de los contornos del país. A partir del siglo XI sí llegaron a la Península viajeros de otras partes de Occidente que escribieron comentarios de algún aspecto concreto, como el Camino de Santiago, las cruzadas o el clima. En aquel momento, los reinos españoles formaban parte de Occidente en todos los sentidos y, si bien poseían una especificidad geográfica por ser la frontera del suroeste con el mundo musulmán y África, no eran considerados lugares exóticos. Las instituciones y las costumbres cotidianas eran semejantes a las del resto de Europa, hasta el punto de poder afirmar que en esta época la imagen de España fue la más "normal" de todas las que se sucederían hasta finales del siglo XX.
 Los viajes fueron cada vez más frecuentes durante los siglos XVI y XVII y fue en este momento cuando comenzó a formarse la imagen exótica de España como la única tierra occidental en la que podían encontrarse -y en grandes cantidades- tanto judíos (luego conversos) como musulmanes, realidad que, por supuesto, era palpable desde hacía siglos, aunque no se hubiera reflejado en ningún escrito. De hecho, los peregrinos del Camino de Santiago normalmente se quedaban en el extremo norte, en las regiones más "cristianas", es decir, más "europeas", donde apenas había judíos y musulmanes. Y también, ya a finales del siglo XV, numerosos viajeros europeos se sorprendieron por la presencia de "moros blancos" en España. La idea general era que los musulmanes, esencialmente árabes, tenían la tez oscura y, sin embargo, la mayoría de los mudéjares -descendientes sobre todo de conversos hispanos- tenían un aspecto semejante al de los europeos, si bien sus ropas y sus costumbres eran las propias de los musulmanes.
 Los viajeros, principalmente franceses, cada vez se mostraban más duros en sus críticas. No se acostumbraban ni a las pequeñas raciones de comida -algo que, huelga decir, cambiaría en el futuro-, ni a la ausencia de cerveza y de mantequilla, ni a la profusa utilización de ajo, aceite de oliva y azafrán. En aquellos años, el racismo y el rechazo al extranjero eran normal en Europa -algunos insistían en que los ingleses eran los peores: "Los ingleses odian a todos los extranjeros" decían-, pero tal como señalaron bastantes visitantes, los españoles parecían ser ciertamente xenófobos. La arrogancia era el rasgo más comentado, tanto dentro como fuera del país, y a los viajeros les extrañaban las actitudes "orgullosas" de las clases bajas, incluso de los mendigos que insistían en que se les tratara con el título de "señor" y que los visitantes se descubrieran cuando les concedían su caridad.
 Durante el siglo XVI apareció una imagen dual de España, como una sola entidad política, la monarquía hispánica, y como "España" a secas, que era como habitualmente se la nombraba en Europa. El país inspiraba respeto -teñido de miedo-, pero, posteriormente, hacia el fin del siglo, surgió la llamada "leyenda negra" -expresión que terminaría escribiéndose con mayúsculas-, que se mantuvo viva durante medio milenio.
 La acuñación del término se atribuye al políglota, escritor y funcionario progresista Julián Juderías, que publicó un libro titulado La leyenda negra, en 1914, con el objeto de refutarla. Sin embargo, María Elvira Roca Barea ha demostrado que la primera persona que empleó el término en público fue Emilia Pardo Bazán, en 1899, en París, durante una conferencia que formó parte del intenso debate sobre España que hubo a finales del siglo XIX y principios del XX.
 Que sepamos, las primera críticas a los españoles surgieron en Italia, a finales del siglo XV, cuando las fuerzas militares de la monarquía se habían convertido en una entidad más poderosa que la de la antigua Corona de Aragón. Pero esas denuncias no adoptaron su forma definitiva hasta finales del siglo XVI, especialmente a raíz de los textos de autores protestantes ingleses y holandeses. En aquel momento, España era la principal potencia militar y, de manera un tanto siniestra, la punta de lanza de la Reforma católica contra el mundo protestante. Como es bien sabido, el texto español más conocido de la época era La brevísima relación de la destrucción de las Indias, de fray Bartolomé de las Casas.
 Los españoles eran criticados por la tiranía ejercida sobre otras sociedades, por su opresión tanto de indios como de europeos, por su violencia y crueldad, por su sadismo -término que tardaría dos siglos en acuñarse-, por ser gente atroz por naturaleza, por su fanatismo religioso, siempre dispuestos a imponer su fe por medio de la violencia, infligiendo torturas bárbaras a quienes no profesaran su religión y sirviéndose dela Inquisición para imponer la tiranía, el sufrimiento y la ignorancia. Esta leyenda negra se mantuvo bastante tiempo y, de hecho, diversos aspectos han perdurado hasta nuestros días. Desde la última parte del siglo XX, gracias al estudio de imágenes, representaciones y percepciones, la literatura sobre la leyenda negra ha experimentado un nuevo auge.
 Es verdad que siempre se siente animadversión hacia el poder dominante, como ha ocurrido con Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos y Rusia. De ahí que en el inteligente libro titulado La leyenda negra: historia y opinión (1993), Ricardo García Cárcel relativice el asunto para demostrar que tanto los conceptos como las realidades cambian con el tiempo -por ejemplo, en el siglo XIX se hablaba de "leyenda amarilla", expresión que posteriormente desapareció-. La mayor parte de la tesis de García Cárcel es cierta pero, aún así, hay que reconocer que la leyenda negra, en sus diferentes aspectos, ha sido invocada con mucha más frecuencia en la Historia de España que en la de cualquier otro país occidental. De hecho, si se emplea el término "leyenda negra" sin ningún añadido, todo el mundo asume que nos estamos refiriendo a España. El concepto trata del odio y del desprecio pero, en muchas ocasiones, sobre todo hasta el siglo XVII, se observan grandes dosis de envidia y resentimiento en esas imágenes estereotipadas, lo que no sucederá a partir de entonces, cuando el declive de España comienza a ser más que notable.
 A finales del siglo XX, en pleno dominio de las doctrinas de la corrección política, todos los países occidentales fueron denunciados por xenofobia, imperialismo, racismo, genocidio y atrocidades de todo tipo, pero lo cierto es que existe una larga historia sobre la aplicación de esos conceptos a España y a los españoles avant la lettre, mucho antes del auge de dichas doctrinas. Hace tiempo que Philip Powell citó el informe del American Council on Education, que apareció en 1944, destacando el carácter continuo de los prejuicios antihispánicos en los manuales escolares de Estados Unidos. Powell habla de una "leyenda negra de la ineptitud, crueldad, capacidad para la traición, codicia y fanatismo de los españoles" (y en menor grado, de los portugueses).
 Ni mucho menos esto quiere decir que no hayan existido crímenes y atrocidades en la historia del país. Claro que los hubo, como en la historia de cualquier país o imperio, pero para aclarar conceptos y estereotipos tendríamos que hacer una comparación sistemática y objetiva con otros países. Atrocidades hubo por parte de las fuerzas de los Habsburgo en los Países Bajos -que en su mayor parte no eran españolas-, como las hubo en las primeras décadas de la conquista de América. En cambio, la lucha por tratar con justicia a los indios adoptó en España, desde mediados del XVI, mayores dimensiones que en cualquier imperio transoceánico. Los primeros ingleses en Virginia declaraban que no querían repetir los crímenes de los españoles pero, cuando tuvieron lugar las guerras con los indios, encontraron que el único modo de librarlas con eficacia era destruyendo sus aldeas y casi practicando una versión del genocidio -palabra entonces desconocida-. En otros territorios norteamericanos, la mayor parte de los indios sobrevivieron, como en Hispanoamérica, donde la población india era más numerosa. En cualquier caso, la causa principal de mortalidad de los autóctonos, tanto en América del Norte como del Sur, fue el impacto de las epidemias, que eran inevitables en aquella época.
 Tal vez el único país europeo que ha soportado una imagen tan negativa como la española ha sido Rusia desde el siglo XVI, pero sobre todo desde el XVIII, cuando el imperio zarista irrumpió bruscamente en las relaciones internacionales europeas. El discurso racial y "orientalizante" se les ha aplicado a los dos países: los españoles han sido criticados por ser una mezcla de "judíos  y moros" y, posteriormente, por habitar una tierra semioriental y moruna, mientras que Rusia ha sido considerada ejemplo del despotismo asiático y semitártaro.
 Pero los dos casos son muy diferentes. Rusia forma parte del mundo cultural de la ortodoxia griega, mientras España siempre ha sido católica y componente fundamental de Occidente. Las estructuras sociales, las leyes y las instituciones políticas españolas han sido completamente occidentales, incluso más que algunas de Inglaterra o de Holanda. Sin embargo, es precisamente por su papel en la historia de Occidente por lo que se formularon las denuncias.»

  [El texto pertenece a la edición en español de Editorial Espasa, 2017. ISBN: 978-84-6705-091-2.]

viernes, 28 de agosto de 2020

Gargantúa y Pantagruel.- François Rabelais (1494-1553))

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Pantagruel
Capítulo VII: De cómo Pantagruel fue a París y de los hermosos libros de la biblioteca de San Víctor

   «Encontró magnífica la biblioteca de San Víctor, sobre todo algunos de los libros que se guardaban en ella, cuyo catálogo se da a continuación:
 -Bigua salutis. ["La vara de la salud"]
 -Braguet juris. ["La bragueta del Derecho"] […]
 -Malogranatum vitiorum. ["La granada de los vicios"]
 -El pelotón de teología.
 -El Andrajo de los predicadores, compuesto por Turelupin.
 -La bolsa testicular de los valientes. […]
 -El beleño de los obispos.
 -Decretum universitatis Parisiensis super gorgiasitate muliercularum al placitum. ["Decreto de la Universidad de París sobre la coquetería de las mujeres de placer"] […]
 -Ars honeste petandi in societate, por M. Ortuinum. ["El arte correcto de peder en sociedad"] […]
 -De brodiorum usu et honestate chopinandi, por Silvestrem Prieratem Jacospinum. ["Del uso de los caldos y del arte de beber a menudo"]
 -El engañado en la Corte.
 -El capacho de los notarios.
 -El fardo del matrimonio.
 -El crisol de la contemplación.
 -Las frivolidades del Derecho.
 -El aguijón del vino.
 -El espolón del queso.
 -Decretatorium scholarium. [El albañal escolar]
 -Tartaretus, De modo cacandi. ["Del modo de cagar"] […]
 -Bricot, De differentis soupparum. ["De las diferencias de las sopas"]
 -El culito de disciplina.
 -El zapato de humildad.
 -El trípode del buen pensamiento.
 -El Calderón de la magnanimidad. […]
 -La cobertura de los curas. […]
 -La invención de la Santa Cruz por seis personajes, interpretada por los clérigos de delicadeza. […]
 -Los guisantes con tocino, cum commento. […]
 -La suspicacia de los oyentes. […]
 -El hambre canina de los abogados. […]
 -La cagada de las muchachas.
 -El culo pelado de las viudas.
 -El capuchón de los frailes.
 -Los cascabeles de los padres celestinos.
 -La barrera de la mendicidad.
 -La dentera de los palurdos.
 -La ratonera de los teólogos.
GARGANTUA Y PANTAGRUEL de Francois Rabelais | Libreria 7 Soles -Los ahorros de los maestros en artes.
 -Los marmitones de Occam, en primera tonsura. […]
 -El capuchón de los legos.
 -El bozal de los glotones.
 -El mal olor de los españoles superferolíticamente cantado por Fray Íñigo. […]
 -Callibistratorium caffardie, auctore M. Jacobo Hocstratlem hereticometra. ["Órganos genitales de la hipocresía] […]
 -Las pedorreras de los bulistas, copistas, amanuenses, abreviadores, datarios y refrendarios, compiladas por Regis. […]
 -El cordel de los mercaderes.
 -Las comodidades de la vida monacal.
 -El picadillo de los gazmoños. […]
 -El caracol de los poetastros. […]
 -El reclinatorio de la vejez. […]
 -El paternóster del mono.
 -Las cadenas de devoción. […]
 -El mortero de la vida política.
 -El gorrión de los eremitas. […]
 -Las Cantimploras de los viajeros. […]
 -Los címbalos de las damas. […]
 -Las marrullerías de los prestamistas.[…]
 -El gorjeo de los examinados y graduados. […]
 -El guiso de los fieles.
 -La morisca de los herejes. […]
 -El barredor de los casos de conciencia.
 -La barriga de los presidentes.
 -La bufonería de los abades. […]
 -Cacatorium medicorum. ["El cagatorio de los médicos"] […]
 -El besa-culos de cirugía.»

   [El texto pertenece a la edición en español de Ediciones Orbis, 1983, en traducción de Teresa Suero y José Mª Claramunda. ISBN: 84-7530-263-7.]
  

jueves, 27 de agosto de 2020

Ciudades en evolución.- Patrick Geddes (1854-1932)

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V.- Vías hacia la ciudad neotécnica

  «Durante mucho tiempo la belleza -ya sea de la Naturaleza o del arte- no ha contado con defensa alguna contra el progreso incesante de la nube de humo, las ráfagas de vapor de las máquinas y el avance de los arrabales de la industria paleotécnica. No porque los defensores de la belleza no fuesen algunos de los más nobles -considérese notablemente a Carlyle, Ruskin, Morris, con sus muchos discípulos-; pero todos ellos eran demasiado románticos; certeros en su afán por atesorar el legado mundial del pasado, pero errados en su reluctancia -algunas veces incluso rechazo apasionado- a admitir las exigencias y necesidades del presente de vivir y trabajar a la vez, y de acuerdo con sus luces. Así ellos, en gran medida, sólo atrajeron hacia sí esa respuesta salvaje, ese grito de guerra de: "¡Bah, sentimientos!", con la que el aspirante a utilitarista ha incrementado con tanta frecuencia su ferocidad hacia la Naturaleza y ha hecho más áspera su insensibilidad hacia el arte. Los románticos han sido, muy a menudo, igual de ciegos en su acertada ira que los utilitaristas mecanicistas en su vigoroso trabajo, su lúgubre satisfacción para consigo mismos. Ninguno ha logrado ver, más allá del duro presente, el mejor futuro que hoy alborea, en el cual las ciencias físicas aplicadas están avanzando -y dejando atrás la época de su burdo y ruidoso aprendizaje, con sus comienzos dilapidadores e impuros- hacia una técnica más refinada, una maestría más sutil y economizadora de las energías naturales; y en donde éstas, más aún, se complementan de modo creciente con el correspondiente avance de las ciencias orgánicas, con su nueva apreciación de la vida tanto orgánica como humana.
 En su día, cuando la educación se había atrofiado hasta convertirse en mera memorización para seniles tribunales examinadores, para aletargadas burocracias, ninguna de las partes podía prever la recuperación que hoy comienza para reafirmar la libertad y unicidad del espíritu individual, para guiar su despliegue -considérese, como síntoma de ello, el interés mundial en el método de enseñanza de la doctora Montessori-. En una era de individualismo extremo, que había sido necesario para escapar de las redes ya gastadas, ninguno preveía el retorno del sentido de camaradería y amabilidad humanas que promete encender de nuevo el corazón de la religión; y menos aún el renacimiento de la ciudadanía, esa reconstrucción de la ciudad en la que estamos entrando ahora y que inaugura un nuevo período de evolución social y política. Demasiado olvidada por nuestros predecesores de la era industrial, y aún hoy escasamente percibida por nosotros, la concepción y el ideal nacientes de ciudadanía nos están ofreciendo un nuevo punto de partida del pensamiento y el trabajo. Aquí, de hecho, existe una nueva consigna, tan definida -incluso más definida- que las de libertad, riqueza, poder, ciencia y habilidad mecánica que han fascinado tanto a nuestros predecesores; una que, más aún, las trasciende a todas ellas, que nos permite mantenerlas, coordinarlas con nueva claridad en aras del bien común.
 Desde este punto de vista debe plantearse, más seriamente y con más fuerza de lo común, la defensa de la conservación de la Naturaleza y el aumento de nuestros modos de acceder a ella. No se trata simplemente de rogar por ella fundamentándose en la amenidad, el recreo o el reposo, por muy sólido que todo ello pueda ser, sino que es preciso insistir en ella. ¿Sobre qué base? En términos del mantenimiento y el desarrollo de la vida, de la vida de la juventud, de la salud de todos, lo cual constituye sin duda el fundamento mismo de cualquier utilitarismo digno de ese nombre; y más aún, del despertar de la vida mental en la juventud, de su mantenimiento con la edad, que deben ser un objetivo principal del más elevado utilitarismo, y una condición de su progreso continuado hacia el esclarecimiento.
 Al comienzo mismo (capítulo II) vimos la necesidad de proteger, aunque sólo fuera por la necesidad primordial de reservas de agua pura, lo que queda de las colinas y los páramos entre las ciudades que crecen rápidamente y las conurbanizaciones de las modernas ciudades industriales -por ejemplo, las de Lancashire y Yorkshire, así como para Glasglow el distrito que rodea el lago Katrine.
 Lisa y llanamente, el higienista que se ocupa del abastecimiento de agua es el verdadero utilitarista; y por tanto, incluso antes de nuestro actual despertar de la ciudadanía, ha sido dotado de una autoridad superior a la de todos los utilitaristas menores, cada uno ocupado necesariamente con una tarea más estrecha y una visión más local -ingenieril, química, mecánica, productiva y monetaria-, y hasta ahora ha estado coordinando todas ellas en aras del servicio público. Pero con esta preservación de las montañas y los páramos se plantea asimismo la necesidad del acceso a ellos: una necesidad de salud, al mismo tiempo mental y corporal. Puesto que la salud sin los placeres de la vida -de los cuales uno de los primordiales es sin duda el acceso a la naturaleza- no es más que letargo; y éste, tal como comenzamos a saber, es la antesala de las enfermedades conspicuas. Con ello, nuevamente, aparece la gestión de los bosques: no el mero cultivo de árboles, sino la silvicultura, la arboricultura también, y el trazado de parques en toda su magnitud y perfección.
Ciudades en evoluci¢n de Geddes, Patrick: Nuevo (2012) | Imosver Esta visión sinóptica de la Naturaleza, esta visión constructiva de su orden y belleza en aras de la salud de las ciudades, y la felicidad simple pero vivida de quienes van de vacaciones (a los cuales una sabia ciudadanía educará a través de la admisión, no de la exclusión) es algo más que ingeniería: es un arte básico; más amplio que la planificación de calles es el trazado de paisajes; y de este modo se encuentra y combina con el diseño urbano.
 Pero los niños, las mujeres, los trabajadores de la ciudad, raramente pueden ir al campo. Como higienistas, como utilitaristas, debemos por tanto llevarles el campo hasta ellos. Mientras nuestros amigos los planificadores urbanos e ingenieros municipales [burgh engineers] van añadiendo calle tras calle, suburbio tras suburbio, es el momento de que nosotros también nos pongamos en acción y hagamos "que el campo conquiste la calle, no sólo que la calle conquiste el campo". En todas las avenidas principales que salen de la ciudad (y que a partir de ahora, esperamos, sean bulevares e incluso más) y alrededor de cualquier estación de ferrocarril suburbana, el planificador urbano está organizando su pueblo-jardín, con su propia individualidad y su encanto; pero nosotros, con nuestra perspectiva inversa, que entra del campo a la ciudad, debemos vigilar que estos suburbios en expansión dejen de crecer juntos, como tanto había sucedido con los del pasado. Las ciudades deben dejar de extenderse [spread] como manchas de tinta o de aceite [greasespots]: cuando se encuentren en verdadero desarrollo, se abrirán en forma de estrella lo mismo que las flores, con sus hojas verdes alternándose con rayos dorados.
 Los parques urbanos, que se cuentan entre los mejores monumentos y legados de nuestras municipalidades de finales del siglo XIX -y a pesar de ser valiosos, útiles, a menudo bellos-, han estado demasiado influidos por el punto de vista propio de los prósperos padres de las ciudades que los compraron y se hicieron cargo de ellos como los parques de mansión que frecuentemente habían sido, rodeándolos de vallas y manteniéndolos alejados del mundo vulgar. Su disposición, aún hoy, ha continuado en gran medida la tradición de los parques que dan entrada a las mansiones, en los que se admite a la gente en vacaciones y por cortesía; y donde las niñas se pueden sentar en el césped. Pero ¿y los niños? Como mucho se les proporciona un campo de criquet o se les deja un espacio entre las porterías de los campos de fútbol, pero ante el menor síntoma de sus actividades naturales, como levantar wigwams*, excavar cuevas o hacer represas, se les expulsa inmediatamente y tienen suerte si no se les entrega a la policía.»

  *El wigwam es una vivienda cupulada de una sola estancia usada por ciertas tribus nativas americanas; wigwam se aplica particularmente a las estructuras de esta guisa presentes en el noreste estadounidense.

  [El texto pertenece a la edición en español de KRK Ediciones, 2009, en traducción de Miguel Moro Vallina. ISBN: 978-84-8367-211-2.]