sábado, 26 de febrero de 2022

Vasilíu, hojas sueltas.- Ion Vianu (1934)


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Capítulo III

La política es lo primero

 «-En el verano de 1944, por fin aparece el enemigo. Un colega de bachillerato, Misu Ionescu, hijo de un oficial que está en el frente, un tipo atlético con una fuerza colosal, rugbista. Me habla de su “misión especial”. Sabe quién fue mi padre, un comunista fallecido en la sede de la Seguridad del Estado; tiene confianza en mí. Me propone colaborar como “técnico”. Nos encontramos en una de las calles con nombre de aviadores: Tetrat, Serban Petrescu, en la zona de Dorobanti. Me entrega un sobre. Otras veces tengo que aprender de memoria un mensaje cifrado, como el de Radio Londres. Voy a los barrios de Domenii, de Vatra Luminoasa, transmito órdenes secretas a unas gentes con cara de plomo. No sé de qué se trata, sólo que “nosotros” estamos en contra de los alemanes, en contra de la guerra.
 Después del veintitrés de agosto comprendo: he sido utilizado por el Partido Comunista; he sido “ilegalista”.
 Aquí interviene –continúa Vasilíu- un rasgo de mi carácter que habrá observado. Nunca, me dice una voz interior, un pequeño daimon, nunca utilices en tu provecho un hecho dictado por una necesidad íntima. Ganas, injustamente dos veces –subraya Vasilíu con voz trémula-. Primero, logras ensalzarte a tus propios ojos. Segundo, ganas un beneficio material, subes de grado. No… Se trata del orgullo, orgullo loco. Esperas que la gente acuda para agradecerte y rogarte de rodillas que aceptes… agradecimientos, privilegios. Algo que nunca ocurre. El reconocimiento es aún más escaso que el agradecimiento –dice Vasilíu.
 Idealismo, ingenuidad, sentido de la justicia… estos son los ingredientes de Ioil García. A los cuales, la vuelta del fantasma de Leonard, mi verdadero padre redescubierto, no derribó, al contrario, fortaleció; un héroe es idealista, desinteresado. Siempre Don Quijote. ¿Qué le ocurre al Caballero de La Mancha? ¡Se enfrenta a carreteros, a vagabundos que se burlan de él, lo apalean! ¿Recuerdas al chico de la calle Mosilor? ¿El que alcanzaba a escupir lejos y que me decía que era un “bolchevique” porque llevaba una chaqueta roja, como en Epsom? Que sepas –dice Vasilíu (viejo, asqueado, con cierta serenidad que me produce malestar)-, que el encuentro con el chico, cuyos dedos ennegrecidos se salían de las sandalias, no me ha abandonado nunca. He vivido en el Bulevar, cerca de la esquina con Mosilor. Caí aquí en paracaídas, hace cinco minutos. Siempre hace cinco minutos. Parezco idiota. Un individuo ridículo, inadecuado a las circunstancias. Es lo que fui. La gente se reía de mí, con justa razón.
 Pero muy hábil para mentirme. Inventé un sinfín de pretextos para no adaptarme.
 “Adaptación, igual a desvergüenza” era una de mis ecuaciones. Al mismo tiempo se despertó en mí la ambición. ¿Cómo tener éxito sin adaptarse? Empecé a canalizar toda mi energía para solucionar este problema. Perdí mucho tiempo, mucha energía en ello. Puse mis talentos al servicio de la “causa”. Una manera de tomarse a sí mismo el pelo.
 Por ejemplo, hacia 1946, mucha gente vislumbra el “mundo del mañana”. Se vaticina un gran cambio, “un tipo de socialismo”. La gente se niega a ver el cataclismo, el hundimiento de la sociedad… A mí se me podría considerar lúcido por vaticinar la catástrofe que no iba a tardar en producirse. Soy joven, sin embargo no me hago ilusiones como tantos otros en aquel tiempo: no percibían el peligro mayor que les iba a destrozar. Llego a ser un apóstol de la violencia. Un filosoviético excitado. Me parece que voy más lejos que los otros. ¡Estupendo movimiento! Soy ofensivo, devoro a los burgueses a grandes bocados. Bueno, hasta aquí soy un oportunista enérgico… Pero si no me reúno con los que tendrían que ser mis aliados, los que atisban el cambio para aprovecharse y tener una silla en primera fila ¿de qué sirve? Soy un luchador solitario por una causa colectiva. Por eso nadie me toma en serio en ninguno de los dos bandos. Alguien dice de mí: “Es un individualista feroz”. Desgraciadamente, no tengo los colmillos a medida de mi deseo de morder.
 […]
 Es mi momento de poder. Pensé entonces que había iniciado el camino del éxito, que nada iba a interrumpir mi ascensión. El ímpetu parece invencible. Animado por las “hadas madres”, colmado por las energías de lo soñado y de mis savias, no mi imagino qué podría detenerme.
 Para hacer mi entrada en la vida elegí la medicina. Deseo arrojarme a la acción. Simbolizada por la unión voluptuosa acaecida en el sueño. Pensar en el niño que nacerá de mi unión con Galatea.
Resultado de imagen de ion vianu hojas sueltas ¿Por qué no se cumple mi programa? No logro desprenderme de la parte cursi de mi niñez. Pienso un poco. Mi genealogía, con aquel abuelo que nunca conocí, un individuo lleno de secretos, de emociones turbias; mi padre que muere misteriosamente… Huérfano a los cinco años, educado por una madre que interpretaba a Chopin, que me adoraba incestuosamente, que me idealizaba como a un gentlman… El amante de mi madre, músico ingenuo… todos los ingredientes del melodrama. El único que me da una educación viril, filosófico-viril, es mi tío Rudra. Me ayuda a vencer el sentimentalismo. Me abre perspectivas hacia el mundo áspero de las ideas… Pero en la misma ampolla hay también veneno, negación, la nada. Existimos como ilusiones, idola, suma de fuerzas que se cruzan, se unen durante un tiempo limitado. Las partes que nos componen se descompondrán perdidas, volverán a componer otros cuerpos, otras vidas, igual de pasajeros. El velo del sufrimiento universal está tejido por el sufrimiento… también ilusorio.
 La doctrina de Rudra me está desmoralizando. He salido de la cuna de lágrimas donde crecí al lado de mi madre, de la utopía cándida de Ioil, para entrar en el universo ácido del filósofo. Un mundo en el cual los amores son pasajeros; segura, definitiva, es únicamente la soledad helada.
 Mi inteligencia se desarrolla en un sentido negativo, nihilista. Ser constructivo me resulta imposible, hay demasiadas ruinas en mi entorno, en mi interior.
 Toda la vida he ido recordando la noche de Valea Murei: el anhelo del nacimiento de un hijo –fruto de la unión entre un hombre y una mujer-. Mi obra. Mis ilusiones no pasarán de ser espectros, iguales que los fantasmas reunidos que me rodearon aquella noche de verano. Tampoco nacerá un hijo, mis uniones de más tarde se quedaron estériles.
 Vuelvo a Bucarest –reanuda Vasilíu, tras observar que mi atención se había relajado por un momento-. Tengo la cabeza llena de proyectos. No me doy cuenta de las dificultades que me esperan. Estoy lleno de energía revolucionaria. Para algunos lo que está pasando es una catástrofe, a mí me parece que es un principio de otra era, un amanecer. La Revolución llama a la puerta. Me hago miembro del Partido. Bramo en las reuniones en contra de los burgueses. Estoy al lado de los poderosos, los débiles que se larguen adonde quieran. Los obreros, los campesinos y los intelectuales: yo pertenezco  a la nueva Trinidad. Una sola palabra para todo lo que está pasando: entusiasmo.
 (Delante de mí está un hombre viejo, enfermo. Parece que aguanta peor la vuelta al pasado que la enfermedad y la usura física. La voz le titubea. Su mirada es borrosa, el ojo opaco, de muerto reciente).
 No le hablaré de la terrible angustia de aquellos tiempos. Busque en los libros de historia –me dice casi agresivamente-. Le hablo de mí –retoma encarnizado, a pesar de que yo no le contradigo-. ¿Cómo pude yo, que difícilmente me sustraje al drama burgués, llegar a ser un niño de la revolución? ¡A pesar de la muerte de mi padre en los calabozos de la Seguridad del Estado y de las enseñanzas de Ioil! Intentaré aclarárselo.
 Le hablé de Misu Ionescu, el que me reclutó en la red de mensajeros del partido en 1944. Aquel tipo grandullón, musculoso, despiadado. ¿Y a quién encuentro en la sala de las autopsias de la Facultad de Medicina como colega? A Misu. Ya no tiene espinillas en la cara. Se acuerda de nuestra amistad. Es de los pocos que me demuestran simpatía. Los “burgueses” me evitan; para los proletarios soy alguien extraño, difícil de comprender. Misu sabe por dónde cogerme, tiene un recuerdo preciso de aquellas misiones ilegales que llevé a cabo concienzuda, valientemente. Una mañana estamos los dos en las clases prácticas. Estamos disecando el cadáver de un varón. Sumergidos en el formol, inertes, los órganos han perdido la apariencia de la vida. Los músculos, los tendones, son como sogas torcidas. El cuerpo, despojado de las vísceras, es una jaula vacía. El rostro es una máscara, en el cual han puesto su impronta experiencias que ya no pueden ser descifradas. A través de estos cuerpos intentamos reconstruir al ser humano. Se parecen a unos muñecos grandes, desmontados impúdicamente; imaginamos su nombre, su historia y este final sin tumba “en provecho de la ciencia”. Fantasmas: el hombre que disecamos es un ricachón arruinado por nuestra revolución. La familia no pagó su entierro, llegó a la sala de disección.»

   [El texto pertenece a la edición en español de Editorial Aletheia, 2010, en traducción de Ioana Zlotescu Simatu, pp. 55-57 y 58-60. ISBN: 978-84-932877-6-4.]

miércoles, 23 de febrero de 2022

La guaracha del Macho Camacho.- Luis Rafael Sánchez (1936)


Resultado de imagen de luis rafael sanchez  «PERDONES, MIL PERDONES, cinco mil perdones no pagarán el precio tamaño de otra interrupción pero interrumpimos para comunicar que, según la opinión opinionísima de observadores imparciales imparcializados, la bomba de alto poder destructivo que estalló en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Puerto Rico no fue colocada por los estudiantes políticos, agitadores, extremistas de siempre dado que la bomba de alto poder destructivo estalló en las oficinas de los profesores políticos, agitadores, extremistas de siempre. En añicos, en reguerote desparramado, en constelación de cantos: efigie de los barbudos Betances y Hostos y De Diego; la bandera puertorriqueña fraccionada en trapería roja y blanca y azul; los discursos de Albizu Campos ennegrecidos por la chamusquina. Extra: el Decano de la Facultad de Ciencias Sociales ha solicitado una investigación, el Rector de la Universidad de Puerto Rico ha solicitado una investigación, el Presidente de la Universidad de Puerto Rico ha solicitado una investigación, el Presidente del Consejo de Educación Superior de Puerto Rico ha solicitado una investigación, el Presidente de la Cámara de Representantes de Puerto Rico ha solicitado una investigación, el Presidente del Senado de Puerto Rico ha solicitado una investigación, el Gobernador de Puerto Rico ha solicitado una investigación. Señoras y señores: la bomba se investiga. Amigas y amigos, por tratarse de una bomba que si patatín que si patatán, la investigación de la bomba no tomará un año, la investigación de la bomba tomará muchos años. El Senador Vicente Reinosa –Vicente es decente y razonado hasta la muerte- recuesta la cabeza sobre el volante. El fracaso temporero de su epopeya de sangre lo desinfla. Vuelta y vuelta, como un cirquero derrotado recoge en cubetas la sangre acariciada: de las cabezas molidas por la libertad de las macanas, de las caras momificadas por la fraternidad de las macanas, de las espaldas corcovadas por la igualdad de las macanas. Vuelta y vuelta, como un archivero de orquesta, recoge la partitura para pechos precursores: hematomas, moretones, cardenales. Vuelta y vuelta, como un evangelista; desahuciado, se traga las palabras ensayadas: porque el orden clamado en las urnas, porque el espejo de la ley, porque domésticamente hablando, porque el socialismo ateo, porque el terrorismo de las ideas, porque no pasarán, porque por qué.

PROMESAS DE CAMPAÑA electoral: que los buitres y las auras tiñosas innominadas vilipendien mi postrera forma si este hombre que hoy les habla, Vicenteesdecente, Vicenteesdecente, Vicenteesdecente: cohetes unísonos elevados por el Comité de Damas con Vicente. Si este hombre que hoy les habla no consigue la ansiada paz en la Universidad: el dedo infamante, el dedo inflamatorio: los mercaderes del templo echemos: mingos de moscovitas, el compadrazgo con Mao, fámulos de Fidel: sulfurado, necesitado de vaso de agua, repercutido por la bravura de los aplausos y los comentarios que titilan en el cielo de las bocas: ése es, no hay pa más nadie, tres veces inteligente, agarrado a la verdad como a un bollo de pan, ése es, las caras destornilladas como muñecones de guiñol. Promesa de campaña electoral: traer al terruño amado, traer al lar borincano, traer al bay puertorriqueño, traer a la tierra favorita de Dios la paloma de la paz: Vicenteesdecente, Vicenteesdecente, Vicenteesdecente. Promesa de campaña electoral: la liquidación definitiva de las formas nacionalistas, aislacionistas e independentistas. Recholera la negra adelantada: traigamos el estado cincuenta y uno que pa eso somos jamericanos: aleluya zarrapastrosa, con ascensión de brazos que manifiestan apoyo y vuelta y vuelta el Vicenteesdecente, Vicenteesdecente, Vicenteesdecente. Promesa de campaña electoral: qué bromaza ésa del hombre insular, del hombre de este país: el postrero en estampida, jaleo en las cajas torácicas: mueran los independentistas, la negra recholera adelantada se sueña del brazo de George Wallace y Betsy Rose. Redondea el orador: qué tomada de pelo el hombre puertorriqueño cuando en el extremo alter está el hombre universal, el ciudadano del globo, qué simpleza el localismo, la necia limitación: Vicenteesdecente, Vicenteesdecente, Vicenteesdecente. Sacado en hombros, sacado en río de vítores, sacado en las primeras páginas de la prensa de este país: de tú a tú con el Che Perón y el Rey Faisal, peleándole el recuadro central al temido asesino Toño Bicicleta: helo aquí que viene saltando por las montañas el ¿futuro gobernador?: go especulativo de columnista influyente que en el reparto de papeles del gran teatro del mundo se asignó el papel de Vate: vate totémico en el pronunciamiento de sus acertijos: ¿futuro gobernador?: recorte recortado y pegado en scrap book y contestado con pluma Parker y ambición delatada por una grafología tiesa como un bofetón en la cara: sí.

Resultado de imagen de luis rafael sanchez la guaracha del SÍ, SÍ, SÍ: como novio que reitera el asentimiento hasta parecerlo al hambre, sueño diurno de mando, sueño nocturno de mando, una pupa la ambición que lo corroe, ambición mimada y mudada de culero con la industria de una hormiguita, ambición cultivada mediante actos de gentileza espumosa: un cómo está la nena espetado en el corazón movedizo de padre primerizo: qué criatura hermosa, qué precisión de rasgos, merece la menina un retratista del siglo diecisiete; cuántas idas a la funeraria Ehret, cuántas idas a Puerto Rico Memorial y a Buxeda Funeral Home, cuánto pésame dado con el rostro tormentado: trance pungente éste que padecemos pero aliviado el mismo por la certeza de que en paz descansará, samaritano como fue y otras etcéteras tránsidas; cada apretón de manos un voto computado, golpecitos en la espalda a un idiota importante, hambre de verlo tenía a un talentudo oficial, su verticalidad es faro rutilante en el mar proceloso de la vida a un magistrado a quien se le llena el tanque de adulación y arranca divinamente, perito del botón que estimula esta debilidad, cirujano del halago imperceptible. Sí, sí, sí: en campaña permanente: sácala la brújula al viéndolo y sábela dóndela sóplala.

 EL SENADOR VICENTE Reinosa –Vicente es decente y su meollo es esplendente- mira a los reinos de los cielos, después versicula: la campaña me costó un cojón completo y la mitad del otro: a duras penas levanté un capitalito, capitalito tambaleante levantado a través del calvario petitorio: cuál político honesto no tiene andado el Getsemaní: rifas de automóviles, banqueros de a cien dólares cabeza, maratones televisados, premiere insular de la alentadora película The green berets protagonizada por las balas canonizadas de John Wayne: suspirosa su alma buena. Descartada mi persona, la única que no importa, importa el cúmulo de voluntades: Damas. Por La Reelección de Vicente Reinosa, Jóvenes con Vicente, Amigos de Vicente Reinosa: olas de cruzados, olas de membretes adheridos a olas de automóviles, olas de membretes con olas de cuñas, con olas de leyendas alusivas a mi talento y bonhomía: Vicente es decente y buena gente, Vicente es decente y su conciencia transparente, Vicente es decente y de la bondad paciente, Vicente es decente y con el pobre es condoliente, Vicente es decente y su talento es eminente, Vicente es decente y su idea es consecuente, Vicente es decente y nunca miente, Vicente es decente y no ha tenido un accidente, Vicente es decente y su carácter envolvente, Vicente es decente y su verbo es contundente, Vicente es decente y su honor iridiscente, Vicente es decente y su hacer es eficiente, Vicente es decente y su estampa es absorbente, Vicente es decente y su mente omnipotente, Vicente es decente y nació inteligente, Vicente es decente y respeta al disidente, Vicente es decente y su entraña fluorescente, Vicente es decente y su razón es excelente, Vicente es decente y su meollo es esplendente: olas de cuñas publicitarias ensartadas por la admiración de una inteligencia admiradora de la mía. Falso, cuñas de su única invención y único aprecio aunque mintiera la autoría y el recoleto anonimato con mirada santurrona y túnica floreada de pudores y recatos.

 MENOS MAL QUE la estudiante, pongamos que se llama Lola, se colocará en el carril exterior de la vía derecha, lo que supone o hace suponer que en la luz próxima doblará a la derecha. Si el Senador Vicente Reinosa –Vicente es decente y su dignidad creciente- sigue y persigue a la estudiante pongamos que se llama Lola, bordeará la zona portuaria, observará las maniobras marítimas de la nova armada invencible, contaminará su almario de granadas pestilencias, cruzará el cruce de Bayamón a Cataño, llegará en volandas a Punta Salinas, por un callejón arenoso entrará, en algún cubujón estarán el carro y la estudiante, pongamos que se llama Lola, como un fauno bellaco esperará, esperará verla emerger como Venus de la espuma, esperará que los muslos de la estudiante se le escapen como peces sorprendidos: mala cosa si le da a la intemperie la gripe lorquiana, toserá completo el Romancero gitano. Visión dantesca consumirá, visión merecedora de un Canto de Maldoror, una vida imaginaria de Marcel Schwob, un nuevo informe de Brodie: la peluca de la estudiante, pongamos que se llama Lola, colgará de un uvero, las tetas del burlesco Mother of eight colgarán de un arbusto de hicacos. ¡Extraordinario, colosal, asombroso! Lola no es Lola, Lola no es Lolo, Lola es Lole: un mariconazo hormónico y depilado. Cámara rápida, movimiento adulterado por la rapidez funambulesca, chaplinesca, tatiesca, totoesca, cantinflesca, agrelotesca, correrá y correrá y correrá.»

    [El texto pertenece a la edición en español de Ediciones Cátedra, 2000, en edición de Arcadio Díaz Quiñones, pp. 280-285. ISBN: 84-376-1863-0.]

sábado, 19 de febrero de 2022

El paraíso perdido.- John Milton (1608-1674)


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Libro IV


 «"Única compañera que conmigo / compartes sola estas delicias todas,
tú, más preciada que ellas todas juntas; / es preciso que el Poder que nos ha hecho
y este Mundo para nosotros ha creado, / sea totalmente bueno y de su bien
tan franco y liberal como infinito, / ya que del polvo nos ha levantado
y nos ha puesto aquí entre tanta dicha, / sin que nada de su mano merezcamos
y nada hacer podemos de que tenga / necesidad; él sólo nos exige
un único servicio y éste es fácil: / de todo árbol que en este Paraíso
da deleitoso fruto y tan variado, / uno solo no quiere que toquemos,
el fruto de ese Árbol de la Ciencia, / plantado junto al Árbol de la Vida,
tan cerca está la muerte de la vida, / sea la muerte lo que sea, algo
terrible debe ser sin duda; porque / bien sabes que Dios dijo que muerte era
probar de ese árbol, única prenda ésta / de nuestra obediencia, de entre todas
las muestras de poder y autoridad / que nos ha conferido, y el dominio
sobre todas las criaturas que habitan / la tierra, el mar y el aire. Siendo así,
que no nos aflija esta restricción / tan mínima, a nosotros que gozamos
de plena libertad para servirnos / de todo lo demás y de escoger
delicias infinitas y variadas; / antes loémosle siempre y ensalcemos
su generosidad, y prosigamos / la agradable tarea de podar
estas frondosas plantas y atender / estas flores, que si fuera onerosa,
contigo resultara placentera”.
 Entonces Eva le contestó: “Oh, tú, / para quien y de quien formada fui
con carne de tu carne, y sin el cual / objeto no tendría, guía y cabeza
mías, lo que has dicho es justo y cierto. / Porque a él debemos toda alabanza
y diaria acción de gracias, sobre todo / yo, que disfruto de la mejor parte
al poseerte a ti, preeminente / con tanta diferencia, mientras tú
una consorte que sea igual a ti / no es posible que halles en parte alguna.
Ese día recuerdo con frecuencia, / cuando por vez primera desperté
del sueño y me encontré recostada / y a la sombra, bajo un dosel de flores,
sin acertar quién era y dónde estaba, / y de dónde y cómo allí me habían traído.
Nada lejos de mí se oía un sonido / murmurante de aguas que brotaban
de una gruta y en líquida llanura / se esparcían y se remansaban
tan puras como el ámbito del cielo; / allí me encaminé sin experiencia
previa, y me asomé a la verde orilla / para mirar el claro y liso lago
que a mí me parecía un firmamento. / Al doblarme a mirar, apareció
justo enfrente, sobre el acuoso brillo, / una figura inclinada hacia mí:
retrocedí y ella retrocedió / mas complacida enseguida me volví
y ella, complacida, enseguida se volvió, / devolviéndome la mirada con
simpatía y amor; allí mis ojos / hubiera yo clavado hasta ahora,
lamentándome en un vano deseo / de no haberme una voz así advertido:
‘Lo que allí ves, hermosa criatura, / eres tú misma y contigo viene y va;
mas sígueme y te llevaré adonde / hay quien, no en sombra, aguarda tu llegada
y tus tiernos abrazos, aquél cuya / imagen eres tú, de él gozarás
inseparablemente, pues es tuyo; / y le darás una multitud de hijos
semejantes a ti: y te llamarán / por ello madre de la raza humana’.
¿Qué podía yo hacer sino seguir / la voz hacia adonde invisiblemente
me guiaba? Hasta que al fin te vi, / bello y erguido, es cierto, al pie de un plátano;
pero me pareciste menos bello, / menos suavemente atractivo, menos
delicadamente dulce que la plácida / imagen que había visto sobre el agua,
yo me volví, pero tú me seguiste / y en voz alta llamaste: ‘Vuelve, hermosa
Eva, ¿de quién huyes? Si de quien huyes / eres carne de su carne y huesos de
Resultado de imagen de john milton el paraiso perdidosus huesos; para darte el ser te di / el lado más cercano al corazón,
substancia viva, para así tenerte / a mi lado desde ahora en adelante,
mi inseparable y preciado consuelo. / Como parte de mi alma yo te busco
y te reclamo la otra mitad mía’. / Con tu mano gentil la mía cogiste
y yo accedí, y desde aquel momento, / vi cuánto a la belleza aventajaban
la gracia varonil y la sapiencia, / ya que es ésta lo único que es bello”.
 Así habló nuestra madre universal, / y con ojos de cándido atractivo
conyugal y de modesto abandono, / medio abrazada se inclinó hacia nuestro
primer padre; parte del pecho túrgido / y desnudo se encuentra junto al de él,
oculto bajo la cascada de oro / de su suelto cabello. Deleitado
por su belleza, Adán, y sus sumisos / encantos le sonrió lleno de amor,
igual que Júpiter sonríe a Juno / cuando hincha las nubes que derraman
las flores sobre mayo; y de besos /  puros colmó sus labios de mujer.
El Diablo se volvió preso de envidia, / y al mirarlos celoso y malicioso
de soslayo, se lamentó a sí mismo: / “¡Visión odiosa y atormentadora!
Así estos dos, encerrados en el / paraíso de sus propios brazos,
el Edén más feliz disfrutarán / de un cúmulo de dichas sobre dichas ,
mientras yo, arrojado en el Infierno, / carezco de felicidad y amor
y sólo una ansiedad feroz, que no es / el más leve de todos mis tormentos,
permanece aún insatisfecha / y me consume de pena e impaciencia:
sin embargo, conviene no olvidar / lo que he aprendido de su propia boca.
No parece que todo esto sea suyo: / allí se yergue un árbol que es fatal,
llamado de la Ciencia y les ha sido / prohibido probar. ¿Por qué prohibida
la ciencia? Esto es sospechoso y absurdo. / ¿Por qué a envidiar les iba esto el Señor?
¿Puede ser un delito el saber, puede / ser muerte?  ¿Acaso viven solamente
por la ignorancia? ¿Es el feliz estado / de que gozan prueba de su obediencia
y de su fe? ¡Oh, cuán hermosa base / para fundar en ella su ruina!
En su ánimo, por ende, excitaré / un deseo más grande de saber
y rechazar decretos envidiosos, / inspirados por la mera intención
de mantenerlos sometidos, cuando / la ciencia podría haberlos nivelado
con los dioses. De aspirar a tales, / gustarán de su fruto y morirán.
¿Qué puede suceder más verosímil? / Mas primero con cuidadoso celo
debo reconocer este jardín / y no dejar rincón sin explorar.
Sólo el acaso puede conducirme / donde pudiera hallar a algún errante
espíritu del Cielo, al margen de una / fuente, o retirado en la espesura
umbrosa, y consiga obtener de él / lo que aún me falta por saber.
Entretanto vivid lo que podáis, / feliz pareja; y hasta mi regreso
disfrutad de vuestros breves placeres, / pues largos sufrimientos seguirán”.»

     [El texto pertenece a la edición en español de Ediciones Cátedra, 2004, en traducción de Esteban Pujals, pp. 197-200. ISBN: 84-376-0591-1.]

miércoles, 16 de febrero de 2022

Creer en la educación. La asignatura pendiente.- Victoria Camps (1941)


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Epílogo: La educación en serio


  «La desorientación de la educación ha dado como resultado una educación blanda, light, contradictoria con la necesidad de intervención que el educador no puede incumplir.
 De esta manera la educación se encuentra inmersa en la línea del pensamiento posmoderno, débil, relativista, irónico, destructor inmisericorde con el pasado, pero incapaz de arriesgar ideas constructivas de futuro. Una serie de teorías pedagógicas igualmente posmodernas han revitalizado el mito de la bondad natural de la infancia, bondad que la sociedad pervierte indefectiblemente, según la propuesta de Rousseau. Desde este punto de vista, es lógico que cualquier intento de modificar o corregir tendencias pretendidamente “naturales” sea irremisiblemente condenado como autoritario, traumático y represor de la ingenuidad infantil. La complacencia con esta manera de pensar afortunadamente ha durado poco. Desde hace unos cuantos años nadie se avergüenza de volver a reclamar el valor del esfuerzo, de la disciplina y hasta de una autoridad, eso sí, no “autoritaria”. La importancia de enseñar a cuidar de las formas es la manera de expresar la necesidad de inculcar el respeto que mutuamente nos debemos. El fracaso educativo es, en estos momentos, un tema mediático que se recrea en subrayar todo lo que no funciona: las consecuencias indeseadas de unas debilidades que han sido más contraproducentes que convenientes. Acosos, agresiones, depresiones de los educadores, fracaso escolar, anorexia, embarazos adolescentes, todo es visto, con la simplificación inherente a los medios de información que tenemos, como resultado de una incapacidad grave para educar.   
 No sería justo, y he intentado evitarlo a lo largo de estas páginas, atribuir todos los defectos de la educación a una simple incapacidad y desconcierto insuperable de los educadores, sean padres, maestros o cualquiera que tenga a menores o jóvenes a su cargo. Hay que reconocer que el entorno en que vivimos, marcado por el consumismo y la presencia invasora del mercado audiovisual, no facilita la tarea educativa. Tampoco la hace fácil el creciente bienestar de las sociedades más avanzadas. Cuando el niño apenas pasaba de la dependencia absoluta al estado adulto y a tener que trabajar para ganarse la vida, sin apenas transitar por la adolescencia ni por la juventud, educar no presentaba excesivos problemas: todo estaba predeterminado en un solo sentido. 
 Hoy las niñas y los niños no solo ven prolongarse la edad infantil, sino que también se alarga la adolescencia y parece que la juventud no se acaba hasta que empiezan las responsabilidades derivadas de pagar la hipoteca y hacerse cargo de una familia propia; dos responsabilidades, por otra parte, cada vez más demoradas. En la sociedad del conocimiento se nos estimula a no dejar de aprender nunca, pero al mismo tiempo todo invita a la inmadurez, y a quedarse en la actitud de Peter Pan, que se niega a crecer porque teme las obligaciones de los adultos. Como ha dicho George Steiner, los que hoy no leen es porque no les apetece, no porque se les haya condenado al analfabetismo como en tiempos pasados. 
 Si tan mal y tan desorientados estamos, ¿no es lógico que hayamos de tomarnos en serio la educación y creer en ella? Aquí está la clave de la cuestión. La clave de la solución estriba en un cambio de perspectiva y de interpretación de lo que nos sucede. Así pues, la desorientación, la inseguridad, la incertidumbre derivadas de la ausencia de puntos de referencia, son como las crisis, que deberían estimular en vez de fomentar el desánimo. Todos los factores que concurren en la crisis actual tendrían que ser bienvenidos porque son signos de progreso y del paso de una sociedad estática y dictatorial a una sociedad más libre, equitativa y democrática. Cuando lo que orienta el comportamiento de las personas es una doctrina rígida y clara, no hay desorientación y falta de norte. El norte lo señala la doctrina. El desconcierto y el temor a intervenir excesivamente, en cambio, forman parte de la convicción de que lo que es necesario enseñar es a ser libre, a pensar y decidir por uno mismo, lo cual no podrá realizarse en un clima de dominación, de castigos y de coacción sin medida. Pero si educar es ayudar a los menores a que se hagan a sí mismos tendremos que ayudarlos de acuerdo con nuestros valores porque ellos todavía no tienen los suyos propios. Educar, como dijo Hanna Arendt, siempre es enseñar alguna cosa, no se puede educar sin enseñar nada. Dicho de otra forma, el escepticismo y el relativismo son perspectivas contradictorias con la obligación de educar. 
 He dedicado el último capítulo de este libro al valor del ejemplo y a la responsabilidad colectiva respecto de la educación. No se les puede pedir a la familia y a la escuela que se tomen más en serio la función de educar si luego los demás actores sociales se inhíben de la cuestión y contribuyen a socializar a los más jóvenes con comportamientos y maneras de hacer que no tienen nada de modélico ni digno de ser imitado. Hoy a los niños se les socializa para que sean consumistas. Son las víctimas más vulnerables de una ofensiva comercial que todo lo invade. A través del bombardeo publicitario y de los recursos lúdicos y de entretenimiento que ofrece el mercado, los adolescentes y los jóvenes se encasillan en unos modelos y unos ídolos de referencia que son los que determinan los valores y las reglas de conducta que les acaban gobernando. La incapacidad de educar es, así, la resonancia de la paradoja intrínseca a la sociedad de consumo como muy bien explica Alain Finkielkraut en su libro La felicidad paradójica. Nuestra felicidad es paradójica porque, por un lado, tenemos más cosas que nunca, pero a la vez vivimos más insatisfechos, con mayor angustia y ansiedad, y nunca había habido tanta gente deprimida como ahora. La liberación de los libros de autoayuda -en los estantes de las librerías han desplazado a las obras de los filósofos- es sintomática de la necesidad de la gente de encontrar fórmulas para resolver cualquier problema, incluido el de ser buenos padres o evitar hijos agresivos o indolentes. No es el mejor camino. No descubriremos la fórmula mágica para educar correctamente. Lo que cabe hacer, y lo que conviene, es insistir en algunos mensajes como el de que el consumo no puede ser el único objetivo de la vida, que es posible pasarlo bien sin gastar dinero, que el poder adquisitivo no produce autoestima ni es la clave para encontrarse bien con uno mismo. Como ha dicho José Luis Sampedro, nos programan para venerar el poder y el dinero, pero la sabiduría estriba en la capacidad de menospreciarlos o, en todo caso, de no sacralizarlos. Para aprender a hacerlo no hay fórmulas ni preceptos de aplicación automática. Sólo hay que hacer ver que la alegría y el bienestar pueden venir de uno mismo y no sólo de las cosas externas. Seguir la lección del sabio taoísta que dice: “el error de los hombres es intentar alegrar su corazón mediante las cosas, cuando lo que tendrían que hacer es alegrar las cosas con su corazón.” 
Resultado de imagen de victoria camps creer en la educacion He dedicado tres capítulos de este libro a reflexionar sobre los valores que, desde mi punto de vista, deben ser inseparables del hecho de educar: la libertad, la igualdad y el respeto. Que educar es hacer personas autónomas con capacidad para pensar y decidir por ellas mismas es una verdad que nadie discute, nadie que quiera tomarse en serio la educación en su sentido más pleno y menos restrictivo. Pero, como dije en el capítulo dedicado a este tema, enseñar a las personas a ser libres implica enseñarles otras muchas cosas, entre las cuales están el valor del respeto y el de la igualdad. Por eso se ha hecho urgente educar para ser buenos ciudadanos o educar en valores cívicos, porque habíamos confundido la libertad con el “sálvese quien pueda” o “cada cual a lo suyo”. Las monjitas de nuestras escuelas nos decían que confundíamos la libertad con el libertinaje. No se equivocaban mucho. Hasta que la persona no tiene capacidad de autocontrol y autodominio necesita que la ayuden a adquirir tal capacidad. Ésa es la tarea de la educación. 
 Por otra parte, el autodominio al que yo he llamado “gobierno de las emociones” tiene un objetivo imprescindible: el respeto que nos debemos los unos a los otros. Fijémonos en todos los problemas que afectan a la educación y que llenan las páginas de los periódicos: acoso de los compañeros, indisciplina, vandalismo, indelicadeza y falta de consideración a los profesores o a los padres; todos son, de una manera u otra, faltas de respeto, menosprecio hacia los demás. Los informes sobre la juventud constatan que, si bien es cierto que determinados valores como la solidaridad o los valores ecológicos están presentes entre la juventud, ésta cada vez se siente menos vinculada a cumplir las leyes. La transgresión se ha convertido en un tema estrella de los dibujos animados dirigidos a la infancia -como Shin Chan-.  El personaje de carácter transfresor es un héroe aplaudido y venerado por todos. Transgredir las normas no sólo es natural sino divertido. Convierte al transgresor en un líder. Obviamente, la posibilidad de transgredir es una muestra de que somos libres. La libertad hace a los hombres admirables, como escribió Sófocles en la Antígona, pero nos permite “caminar hacia el mal o hacia el bien”. Lo que la educación ha de procurar prevenir es que la libertad conduzca sistemáticamente hacia lo que no está bien. 
 El tercer valor es la igualdad. El sentido de la educación pública como un derecho universal significa el acceso de todos a la igualdad de oportunidades. Así, la educación pública tiene la virtud de compensar las deficiencias de una sociedad que, por inercia propia, no es equitativa, sino que más bien tiende a profundizar la distancia entre los más pobres y los más ricos. En el capítulo titulado “El ascensor social” me he referido a esta capacidad que tiene el sistema educativo público de igualar y a la vez inculcar y cultivar sentimientos solidarios y de buena convivencia. Pero hace falta que la sociedad colabore con el sistema y no favorezca un sistema educativo dual, de ricos y pobres, contribuyendo así al deterioro de la escuela pública por el hecho de obligarla a hacer frente ella sola a los problemas de los alumnos que proceden de familias menos favorecidas. La realidad y el reto de la inmigración, de la que se quieren derivar tantos problemas, representan un reto para transmitir el sentido de la igualdad y dar todo el significado a las palabras que abren las diferentes declaraciones de los derechos humanos: “Todos los hombres nacen iguales en dignidad y derechos”. La iniciativa reciente del Gobierno español de incorporar al Ministerio de Educación las políticas sociales puede ser una opción para romper el aislamiento de la escuela, activar los compromisos familiares y evitar que la escuela pública acabe haciendo la función de asistencia social, dando cabida a todos aquellos alumnos que, de hecho, son rechazados por las escuelas semipúblicas o concertadas. 
 Los agentes sociales que han de intervenir en el proceso educativo son diversos y no todos tienen el mismo grado de responsabilidad. Pero, de una manera u otra, todos, todos los adultos, diría yo, tienen un papel que representar en el escenario del que hablamos. La educación hoy es problemática porque, aunque no nos cansamos de repetir que es lo más importante, no nos la tomamos realmente en serio. Como ha escrito un reconocido sociólogo de la educación, Mariano Fernández Enguita: “En momentos complejos, o se es parte de la solución o se es parte del problema o es que ya se está formando parte del paisaje”. No dejemos que la educación sea tan sólo una parte del paisaje.»

   [El texto pertenece a la edición en español de Ediciones Península, 2008, en traducción de José Luis Castillejo, pp. 208-216. ISBN: 978-84-8307-838-9.]