domingo, 28 de junio de 2026

Diez días que estremecieron el mundo.- John Reed (1887-1920)

 

Notas y aclaraciones
Organizaciones más importantes

 «1.-Soviet.- Esta palabra existe hace tiempo en la lengua rusa y corresponde al vocablo inglés council (consejo). Bajo el zar, por ejemplo, el Consejo Imperial de Estado se llamaba Gosudarstvennyi Soviet. Pero desde los tiempos de la revolución la palabra Soviet empezó a asociarse a determinado tipo de representación, elegida por miembros de las organizaciones económicas de los trabajadores: Soviet de Diputados Obreros, Soldados o Campesinos. Por eso yo uso la palabra Soviet solamente en relación con estos organismos. Además de los Soviets locales, que son elegidos en cada ciudad y aldea -y en las grandes ciudades se eligen también Soviets distritales (Raionny)- existen Soviets regionales (Oblastny) o provinciales (Gubiernsky) y en la capital el Comité Ejecutivo de todos los Soviets de Rusia, llamado para abreviar CEC (véase más abajo, comités centrales). Los Soviets de Diputados Obreros y y los Soviets de Diputados Soldados se unieron muy pronto casi en todas partes poco después de la Revolución de Marzo. Sin embargo, para examinar cuestiones especiales, que afectaban sus intereses particulares, las secciones de obreros y soldados continuaron reuniéndose por separado. Los Soviets de Diputados Campesinos se unieron a los demás solamente después del coup d'état bolchevique. Estaban organizados igual que los Soviets de Obreros y Soldados y en la capital había un Comité Ejecutivo de los Soviets Campesinos de toda Rusia.
 2.-Sindicatos.- Aunque en Rusia los sindicatos obreros estaban organizados por ramas se llamaban, sin embargo, sindicatos profesionales y en la época de la revolución bolchevique contaban de tres a cuatro millones de afiliados. Estos sindicatos estaban unidos también en una organización de toda Rusia, algo así como una Federación Rusa del Trabajo, que tenía su Comité Ejecutivo Central en la capital.
 3.-Comités de fábrica.- Eran organizaciones surgidas espontáneamente, creadas en las empresas por los obreros en su afán de ejercer el control en la industria, aprovechando el desorden en la administración originado por la revolución. Estos comités se adueñaban por vía revolucionaria de las empresas y las dirigían. Los comités de fábrica tenían también su organización de toda Rusia con un Comité Central en Petrogrado, que colaboraba con los sindicatos.
 4.-Dumas.- La palabra duma significa aproximadamente "órgano deliberativo". La vieja Duma Imperial, que subsistió en forma democratizada seis meses después de la revolución, feneció de muerte natural en septiembre de 1917. La Duma Municipal, que se menciona en este libro, fue creada como resultado de la reorganización del Consejo Municipal o autoadministración municipal, como lo llamaban con mayor frecuencia. La Duma se elegía por votación directa y secreta y el único motivo por el cual no logró atraer a su lado a las masas durante la revolución bolchevique fue la caída general de la influencia de toda representación puramente política, mientras crecía la influencia de las organizaciones basadas en grupos económicos.
 5.-Zemstvos.- Esta palabra puede traducirse aproximadamente como "consejos rurales". Bajo el zarismo eran organizaciones semipolíticas semisociales con atribuciones administrativas muy reducidas. Los creaban y dirigían principalmente intelectuales de corte liberal, procedentes de la clase terrateniente. El aspecto más importante de la actividad de los zemstvos era la instrucción pública y las atenciones sociales a los campesinos. Durante la guerra los zemstvos asumieron poco a poco toda la labor de avituallamiento del Ejército ruso con víveres y uniformes. Efectuaban asimismo compras en el extranjero y realizaban una labor educativa entre los soldados, de modo semejante a la Asociación Cristiana de Jóvenes en el Ejército norteamericano. Después de la Revolución de Marzo los zemstvos fueron democratizados con el fin de convertirlos en organismo de poder local en las zonas rurales. Pero, igual que las dumas municipales, no pudieron competir con los Soviets.
 6.-Cooperativas.- Eran sociedades cooperativas de consumo de obreros y campesinos que antes de la revolución contaban con millones de adheridos en toda Rusia. Fundado por liberales y socialistas "moderados", el movimiento cooperativo no gozaba del apoyo de los grupos socialistas revolucionarios, puesto que este camino era un sustituto del paso total de los medios de producción y distribución a manos de los obreros. Después de la Revolución de Marzo las cooperativas empezaron a ampliarse rápidamente: en ellas predominaban los socialistas populares, los mencheviques y los eseristas y estas cooperativas actuaron como una fuerza conservadora hasta la revolución bolchevique. Sin embargo, precisamente fueron las cooperativas las que alimentaron a Rusia cuando el viejo sistema de comercio y transporte se vino abajo.
 7.-Comités del Ejército.- Los comités del Ejército fueron constituidos en el frente por los soldados para combatir la influencia reaccionaria de la vieja oficialidad. Cada compañía, regimiento, brigada, división y cuerpo tenían sus comités y por encima de todos ellos se hallaba el comité electo de cada Ejército. El Comité Central del Ejército colaboraba con el Estado Mayor Central. El desorden en la dirección del Ejército, originado por la revolución, hizo recaer sobre los comités del Ejército la mayor parte del trabajo del departamento de intendencia y, en algunos casos, hasta el mando de las tropas.
 8.-Comités de la Marina.- Eran las organizaciones correspondientes en la Marina.»

 [El texto pertenece a la edición en español de Ediciones Akal, 2023, en traducción de Ángel Pozo Sandoval y revisión de la traducción, edición y notas de Antonio J. Antón Fernández, pp. 33-35. ISBN: 978-84-460-5396-5.]

domingo, 21 de junio de 2026

Sobre la voluntad en la naturaleza.- Arthur Schopenhauer (1788-1860)

 

8.- Remisión a la ética

 «Puedo en general afirmar abiertamente que jamás ha habido un sistema filosófico tan cortado de una sola pieza como el mío, sin añadidos ni centones. Es, como ya tengo dicho en el prólogo al mismo, el desarrollo de una idea única, con lo que se confirma una vez más el antiguo dicho de que la palabra de la verdad nació sencilla. Hay que tener en seguida en consideración que respecto a la libertad y la responsabilidad, estos dos pilares de toda ética, cabe, es cierto, afirmarlas con palabras, sin admitir la aseidad de la voluntad, pero no cabe pensarlas así. Quien quiera disputar esto tiene antes que rechazar aquel axioma establecido ya por los escolásticos, que dice que operari sequitur esse (es decir, que de la condición de cada ser se sigue su obrar) o demostrar que es falsa la consecuencia del mismo unde esse, inde operari. La responsabilidad tiene por condición a la libertad y ésta a la originalidad. En efecto, quiero porque soy y por lo tanto tengo que ser antes de querer. Así, pues, la aseidad de la voluntad es la primera condición de una ética seriamente concebida, y con razón dice Spinoza que "se dice libre a aquello que existe por su sola necesidad, determinándose a obrar por sí sola" (Etica, I, def. 7). Dependencia respecto al ser y esencia unida con libertad en el hacer es una contradicción. Si Prometeo quisiera reprochar a sus criaturas por lo que hacen, podrían éstas contestarle con razón: sólo podíamos obrar en cuanto existíamos, pues del existir se sigue el obrar. Si nuestros actos son malos, depende esto de nuestra constitución; obra tuya es ésta; castígate, pues, a ti mismo. No otra cosa sucede con la indestructibilidad de nuestra verdadera esencia por la muerte. No cabe imaginarse seriamente la indestructibilidad ésta no admitiendo la aseidad de la voluntad, como es también difícil hacerlo a no considerar la separación fundamental de la voluntad respecto al intelecto. Este último punto pertenece a mi filosofía; respecto al primero, lo expuso ya fundamentalmente Aristóteles (De coelo, I, 12), al mostrar prolijamente que sólo puede ser imperecedero lo increado, y que son éstos dos conceptos que se condicionan, siguiéndose uno al otro, lo inengendrable a lo incorruptible y lo incorruptible a lo inenegendrable, como se siguen lo engendrable y lo corruptible, siendo necesariamente corruptible lo que sea engendrable. Así lo entendieron entre los filósofos antiguos todos aquellos que enseñaron la inmortalidad del alma, sin que a ninguno de ellos se le ocurriera querer atribuir duración inacabable a una esencia nacida. De la confusión a que lleva la opinión opuesta atestíguannos las controversias mantenidas en la Iglesia por los pre-existencialistas, creacionistas y traduccionistas.         
 Es, también, un punto relacionado con la ética el optimismo de todos los sistemas filosóficos, que no puede faltar en ninguno de ellos, como término obligado; pues el mundo quiere oír que es agradable y excelente, y los filósofos quieren agradar al mundo. Conmigo sucede otra cosa; he visto lo que agrada al mundo y, por lo tanto, para agradarle, no me apartaré ni un paso de la senda de la verdad. Así es que también en este punto discrepa mi sentido de todos los demás, quedándose solo. Pero sucede que después de haber llevado a cabo todos ellos su demostración, cantado su canción del mejor de los mundos, viene, por fin, por detrás del sistema, como un vengador del fantasma, como un espíritu de las tumbas, como el convidado de piedra de Don Juan Tenorio, la cuestión acerca del origen del mal, del monstruoso mal, del horrible padecer que hay en el mundo, y enmudecen, o no tienen más que palabras vacías y sonoras para pagar tan estrecha cuenta. Por el contrario, cuando en la base ya de un sistema se entreteje la existencia del mal con la del mundo, no hay que temer a las viruelas en un niño vacunado. Y este es el caso cuando en vez de poner la libertad en el operari, se pone en el esse, sacando de él el mal, la maldad y el mundo. Es justo, por lo demás, que como a hombre serio, se me conceda el que hablo sólo de cosas que conozco real y efectivamente, y que no uso más que palabras a las que doy un sentido completamente preciso, pues sólo así puede uno comunicarse con seguridad con los demás, teniendo mucha razón Vauvenargue al decir que la claridad es la buena fe de los filósofos.
 Así, pues, cuando digo "voluntad, voluntad de vivir", no se trata de ningún ente de razón, de ninguna hipóstasis fabricada por mí, ni de palabra alguna de sentido incierto y vacilante, sino que a quien me preguntase qué es ello le remitiría a su propio interior, donde lo hallará completo, con colosal tamaño, como un verdadero ens realissimum. No he explicado, pues, el mundo por lo desconocido, sino más bien por lo más conocido que hay, y que nos es conocido de una manera muy otra que todo lo demás. Finalmente, por lo que hace a la paradoja que se ha reprochado, al resultado ascético de mi ética, que le ha chocado a Juan Pablo, juez por lo demás tan favorable de mis doctrinas, resultado que le indujo a escribir en 1820 un libro bien intencionado en contra de mí al Sr. Raetze (que no sabía que el único método aplicable en contra mía es el del silencio) y que desde entonces ha sido el tema de las censuras a mi filosofía; por lo que hace a tal resultado, digo, ruego que se considere que sólo cabe llamarlo paradójico en este rincón Noroeste del viejo Continente, y que más bien sólo aquí, en tierras protestantes, y que por el contrario en toda el Asia, donde quiera que el repugnante islamismo no haya destruido a fuego y hierro las antiguas y profundas religiones de la Humanidad, antes que otra cosa correría tal resultado el riesgo de ser tachado de trivialidad. Consuélome, pues, con que mi ética es enteramente ortodoxa respecto al Upánischada de los santos Vedas, como respecto a la religión universal de Buda, y con que tampoco está en contradicción con el antiguo y genuino cristianismo. Contra todas las demás acusaciones de herejía estoy acorazado con una triple malla en torno al pecho.»

 [El texto pertenece a la edición en español de Ediciones Altaya, 1998, en traducción de Miguel de Unamuno, pp. 194-198. ISBN: 84-487-0187-9.]
 

domingo, 14 de junio de 2026

Asinaria o La comedia de los asnos.- Plauto (254 a.C. - 184 a.C.)

Acto III
Escena I
(Cleéreta y Filenia)

«Cleéreta: ¿No puedo conseguir que me obedezcas cuando te prohíbo alguna cosa? ¿Es que tienes la idea de librarte de la autoridad maternal?
 Filenia: ¿Cómo voy a aplacar a la Piedad, oh madre, si no busco agradarte acomodándome a tus normas de conducta, en la forma que me mandas?
 Cleéreta: ¿Es esto honrar la Piedad, quitarle autoridad a tu madre? ¿Está bien oponerte a mis órdenes?
 Filenia: ¿Cómo es esto? Ni censuro lo que está bien hecho ni me gusta lo que es deficiente.
 Cleéreta: Nuestra enamoradiza es bastante habladora...
 Filenia: Madre, ése es mi negocio. La lengua pide, el cuerpo pide, el corazón suplica, las circunstancias aconsejan.
 Cleéreta: Quería corregirte y te presentas como acusadora.
 Filenia: ¡Por Dios!, ni te acuso ni me creo con derecho a ello. Pero me lamento de mi suerte cuando me apartas del que amo.
 Cleéreta: ¿De todo el día no se me concederá una partecita para poder hablar?
 Filenia: No sólo te doy tu partecita sino también la mía. Para hablar y para callar, ten firme el gobernalle, pues, ¡por Pólux!, si abandono el remo y descanso sola en la cabina de la nave, se acabó para ti toda nuestra hacienda familiar.
 Cleéreta: ¿Qué dices? No he visto nunca una mujer más desvergonzada que tú. ¿Cuántas veces te he prohibido acercarte a Argiripo, acariciarle, hablar con él? ¿Qué te ha dado, qué ha ordenado que nos trajesen? ¿Es que tú crees que las palabras dulces son oro o que las palabras bien dichas son regalos? Estás demasiado enamorada, le buscas demasiado, le reclamas a tu lado. A los que dan, los desprecias; a los que te desprecian, te pierdes por ellos. ¿Acaso debes esperar si alguno te promete que te va a hacer rica cuando se muera su madre? ¡Por Cástor!, nos amenaza un gran peligro, a nosotras y a la casa, de morir de hambre mientras esperamos su muerte. Si esta vez no trae aquí las veinte minas de plata, ¡por Cástor!, será arrojado de aquí a la calle, ese derrochador de lágrimas. Hoy es el último día que yo acepto sus excusas de pobreza.
 Filenia: Yo aguantaré, madre mía, aunque mandes que no coma.
 Cleéreta: No te prohíbo que ames a los que te dan, porque ellos son amados con razón.
 Filenia: Mas si mi corazón se enamora de uno, madre, ¿qué he de hacer?  Aconséjame.
 Cleéreta: ¡Toma! Mira mi cara, si velas por tu interés.
 Filenia: También el pastor que apacienta las ovejas ajenas tiene alguna preferida para alegrar su esperanza. Déjame amar a uno solo de corazón, a este Argiripo, a quien quiero.
 Cleéreta: Marcha dentro, pues, ¡por Pólux!, no hay nadie más desvergonzada que tú.
 Filenia: ¡Oh, madre!, has tenido una hija pronta a obedecer.

Escena II
(Líbano y Leónidas)

 Líbano: Con razón damos a la Perfidia alabanzas y muchas gracias porque con nuestros trucos, engaños y astucias, confiados en nuestras espaldas, apoyados en el valor de las varas del olmo... [Falta un verso.] ...contra los aguijones, cuchillos, cruces, esposas, hierros, cadenas, cepos, trampas, collares, cepos de cabeza y de pies, argollas y contra encarnizados provocadores, conocedores de nuestras espaldas en las que anteriormente tantas veces nos produjeron cicatrices... [Falta un verso.] ...Por ahora, esas legiones, tropas y ejércitos suyos, luchando con fuerza con nuestros juramentos falsos, han alcanzado la fuga. Esto se ha conseguido con el valor de este colega y con mi colaboración. ¿Hay alguien más valiente que yo para soportar los castigos?
 Leónidas: ¡Por Pólux!, no puedes alabar tus méritos tanto como yo: por lo que has hecho de malo en casa y en la guerra. ¡Canastos! No se pueden mencionar a tu favor muchas cosas: las veces que has defraudado a quienes confiaban en ti, las muchas veces que has sido infiel a tu amo, las veces que a sabiendas y de buen grado has jurado en falso, cuantas veces has perforado las paredes has sido cogido en hurto, las muchas veces que te has defendido estando colgado en presencia de ocho hombres fornidos y audaces y valientes manejadores de vergas.
 Líbano: Confieso, verdaderamente, Leónidas, que la verdad es como tú dices. Mas, ¡por Pólux!, ¿ no pueden también referirse tus propias y muchas maldades sin mentir? Las veces que a sabiendas has sido infiel a quien te era fiel, las veces que has sido cogido en hurto manifiesto y azotado, las veces que has jurado en falso, las veces que has alargado las manos a objetos sagrados, las muchas veces que has ocasionado daños, malestar o deshonor a tus amos, las veces que has negado el depósito que se te había confiado, las veces que has sido más fiel a la amiga que a tu amigo, las muchas veces que por la dureza de tu piel has tenido a tu lado ocho fuertes lictores dotados de flexibles varas de olmo. ¿Acaso al alabar a mi colega he hecho mal el elogio?
 Leónidas: Lo has hecho como más me convenía a mí, a ti y a nuestra condición.
 Líbano: Deja todo eso y responde a mi pregunta.
 Leónidas: Pregunta lo que quieras.
 Líbano: ¿Tienes las veinte minas de plata?
 Leónidas: Eres un adivino. ¡Por Pólux!, que el viejo Deméneto ha sido amable con nosotros. ¡Qué gracioso cuando me hacía pasar por Sáurea! Apenas pude contener la risa cuando el extranjero decía muy exaltado que durante su ausencia no había querido fiarse de mí. Cómo me llamaba, sin olvidarlo nunca, Sáurea el intendente.
 Líbano: Espera un poco.
 Leónidas: ¿Qué pasa?
 Líbano: ¿No es Filenia esa que sale de su casa acompañada de Argiripo?
 Leónidas: Cierra la boca: es él. Escuchemos con disimulo.
 Líbano: Ella, llorando, le coge el vestido a él, que también llora. ¿Qué querrá decir todo esto?
 Leónidas: Escuchemos en silencio.
 Líbano: ¡Toma! Ahora, ¡pardiez!, pienso que lo que querría tener es una pértiga.
 Leónidas: ¿Por qué?
 Líbano: Para azotar a los asnos, si por casualidad comenzasen a rebuznar, desde nuestras alforjas.»

  [El texto pertenece a la edición en español de Editorial Espasa-Calpe, 1997, en traducción de José Mª Guinot Galán, pp. 167-171. ISBN: 84-239-7346-8.]

domingo, 7 de junio de 2026

La Europa de Hitler.- Arnold J. Toynbee (1889-1975)

   Parte VI: Los países ocupados y satélites de Europa oriental 
     VI.- Ucrania bajo la ocupación alemana, 1941-44  

  «Aunque el avance militar alemán por Ucrania fue rápido y espectacular (alcanzó Karkov el 29 de agosto de 1941), pasó muy poco tiempo hasta que se cambiaron las tornas. El 24 de noviembre de 1941 el Ejército Rojo lanzó su primera contraofensiva al oeste de Rostov. En febrero de 1943, el sexto ejército había sufrido un desastre en Stalingrado y los alemanes se encontraban en retirada. Así, aunque el Comisario del Reich, podía presumir de que "dos meses después de haber sido disparado el primer tiro los administradores alemanes habían entrado en el país", no habían de pasar más de dos años antes de que las autoridades civiles de puntos situados tan al oeste como Cazatin tuviesen que trasladarse otra vez. A principios de noviembre de 1943 los rusos estaban de nuevo en Kiev y en el mes de febrero siguiente la Comisaria del Reich, según había reconocido Göring, se había convertido "casi exclusivamente en zona militar nuevamente". Medio año después los rusos habían vuelto a ocupar todo el país.
 Según han confesado los mismos alemanes, nunca dominaron totalmente Ucrania durante su ocupación relativamente breve. Al principio, los soldados alemanes fueron bien recibidos, como libertadores, por la población, cuyos representantes les saludaron con el pan y la sal tradicionales, a la entrada de ciudades y aldeas. Pero cundió rápidamente la desilusión cuando se hizo el traslado de la autoridad de la Wehrmacht a la Administración Civil, y no pasó mucho tiempo sin que empezase a manifestarse una franca resistencia. Ya en marzo de 1942, Heydrich se vio obligado a reconocer que la actividad de las bandas partisanas estaba causando ansiedad y terror entre la población rural. En el mes de junio de 1943 se encontraban controlados por los partisanos "aproximadamente 1.400.000 hectáreas de bosques, o sea, el 80 por 100 de la zona de bosque" y "aproximadamente el 60 por 100" de las tierras cultivadas del Distrito General de Zitomir en el noroeste de la Comisaría del Reich. Los partisanos se encontraban en condiciones de suministrar regularmente simientes a los campesinos, obteniendo así una parte de las cosechas al terminar el año. Por lo tanto, no era envidiable la suerte del administrador alemán enviado a las zonas rurales más remotas, y muchos jefes agrícolas, según el periódico NS-Landpost, "murieron como héroes" a manos de los grupos de resistencia, mientras que a otros muchos les fueron concedidas Cruces de Hierro por luchar contra los partisanos.
 En ningún momento de la ocupación las comunicaciones fueron adecuadas a las necesidades del ejército ni a las de la administración civil. En los últimos meses de la ocupación, especialmente, el transporte por carretera fue totalmente desorganizado por los partisanos, ya que, por ejemplo, en el Distrito General de Zitomir sólo había una carretera importante (la de Zitomir a Vinnitsa) que pudiese ser recorrida sin escolta. El sistema de correos estaba sometido a frecuentes interrupciones y, a partir de 1943, tuvo que ser suspendido el servicio de paquetes postales para las personas civiles. La única red telefónica de confianza era la que estaba en manos de la Wehrmacht y el mismo comisario del Reich, Koch, se veía obligado a quejarse de que después de 18 meses en el cargo sólo podía comunicar por telégrafo con tres de sus seis Comisarios Generales (los de Nikolaev, Dnepropetrovsk y Melitopol).
 Ni siquiera habían sido bien precisadas las fronteras de la Comisaría del Reich. A medida que el frente avanzaba o retrocedía, las regiones fluctuaban entre el control civil y militar, de tal modo que cuando la prensa alemana publicaba notas con las fronteras del territorio, había que indicar que sólo servían para dar una "orientación". Rosenberg, que desde abril de 1941 había estado prestando servicio como "Delegado para el Estatuto Central de las Cuestiones Relativas al Espacio Europeo Oriental", aunque no fue nombrado oficialmente Ministro del Reich para los Territorios Ocupados del Este hasta el 17 de julio, parece que tenía intención de que la Comisaría del Reich incluyese la totalidad de "la zona actual colonizada de Ucrania" con excepción de Crimea (que según parece iba a quedar en manos de los alemanes para controlar la zona del mar Negro). O sea que sus fronteras se iban a extender hasta Kursk, Voronesh, Tambov y Saratov, incluyendo, por tanto, un pedazo de la Antigua República Alemana del Volga, que el gobierno soviético había liquidado al empezar la guerra y dar a la Comisaría del Reich un área de 1,1 millones de kilómetros cuadrados aproximadamente y una población de 59,5 millones de habitantes.
 En la práctica, sin embargo, la Comisaría del Reich probablemente nunca abarcó más de la mitad de esa zona, mientras que la población sometida a su control nunca rebasó los 30 millones. Los mapas publicados por los periódicos alemanes a principios de 1943 sugieren la idea de que en el Este, Poltava, Kremenchug y Zaporozhe se encontraban (por lo menos en ese momento) dentro del área de la administración civil, aunque Stalino se encontraba aparentemente bajo control militar (lo que se llamaba rückwärtiges Heeresgebiet, o zona de la retaguardia del ejército) lo mismo que Karkov y Crimea. En el Oeste, las fronteras fueron trazadas mucho más allá de la frontera soviética de 1939, para abarcar el antiguo distrito polaco de Volhynia. Con gran decepción por parte de los nacionalistas ucranianos, sin embargo, no incluía la Galizia ni el gran centro cultural ucraniano de Lwów, que Hitler personalmente insistió en que quedase incorporado al Gobierno General. Tampoco incluía la zona de la antigua Ucrania soviética comprendida entre el Bug y el Dniester, que fue asignada a Rumanía con el nombre de "Transnistria". En el Norte, la frontera con la Comisaria del Reich de Ostland fue llevada, según parece, algo más al norte del río Pripet, de tal modo que se encontraba muy dentro de las fronteras de la antigua República Socialista Soviética de Rusia Blanca.
 [...]
 En gran parte, la historia de la administración civil alemana en Ucrania es la de un largo conflicto y una prolongada intriga entre los dos funcionarios responsables principales de este territorio: el Ministro del Reich para los Territorios Ocupados del Este, que se encontraba en Berlín, y el Comisario del Reich en Równe, nominalmente subordinado suyo. Las diferencias entre ambos, según se vio obligado a señalar Lammers en Nuremberg, llegaron a llenar "volúmenes y volúmenes de expedientes".»

 [El texto pertenece a la edición en español de Editorial Sarpe, 1985, en traducción de Pablo Uriarte, pp. 427-428. ISBN: 84-7291-738-X (tomo 2º).]