lunes, 6 de julio de 2020

La guerra de Yugurta.- Cayo Crispo Salustio (86 a.C. - 35 a.C.)

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  «5.-Voy a escribir la guerra que el Pueblo Romano tuvo con Yugurta, rey de los Númidas, primero porque fue grande y encarnizada y de victoria indecisa, después porque entonces el pueblo fue contra la soberbia de los nobles; esta contienda confundió las cosas divinas y humanas y llegó a tal punto de la locura que la guerra y la devastación de Italia puso fin a las discordias civiles. Pero antes de comenzar el relato me referiré a un poco más arriba a fin de que todas las cosas sean conocidas mejor y más claramente.
 En la segunda guerra púnica en la cual Aníbal, capitán de los cartagineses, después que el nombre romano se hubo hecho glorioso, disminuyó bastante la potencia de Italia; Masinisa, rey de los Númidas, acogido en amistad por aquel Publio Escipión, que después por su valor ganó el sobrenombre de Africano, emprendió muchas y muy esclarecidas empresas militares; por las cuales, vencidos los cartagineses y apresado Sifax, cuyo imperio en África fue poderoso y vasto, el Pueblo Romano dio al rey cuantas ciudades y tierras había conquistado con las armas en la mano. Así, pues, la amistad de Masinisa nos era constantemente honrosa y útil; y no se acabó sino con el imperio y con su vida. Después su hijo Micipsa obtuvo él solo el reino cuando una enfermedad arrebató a sus hermanos Manastabal y Gulusa. Micipsa tuvo dos hijos, Aderbal y Hiempsal y tuvo en su casa, tratándole como a ellos, a Yugurta, hijo de su hermano Manastabal, al cual Masinisa -porque nació de una concubina- había privado de su herencia.
 6.-Luego que éste llegó a la mocedad, gallardo de fuerzas, hermoso de aspecto pero bastante más vigoroso de ingenio, no se dejó corromper por la molicie y el ocio; pero, como es costumbre de aquellas gentes, cabalgaba, tiraba el arco, en la carrera competía con sus coetáneos y, aunque superaba a todos en reputación, era, sin embargo, estimado de todos: además de esto se pasaba la mayor parte del tiempo en la caza y era el primero o de los primeros en herir a los leones o a otras fieras; y obrando mucho, hablaba poquísimo de sí mismo. De estas cosas Micipsa, aunque al principio se alegraba considerando que el valor de Yugurta redundaría en gloria para su reino, sin embargo, después que comprendió que el mozo en la flor de la edad se iba ganando más y más crédito mientras él era ya maduro y pequeños sus hijos, vivamente turbado por este hecho, revolvía muchos pensamientos en su interior. Le aterraba la naturaleza humana, ávida de mando, proclive a satisfacer las pasiones del ánimo y, sobre todo, la favorable ocasión de su edad y de sus hijos, la cual, con la esperanza de buen éxito, hace extraviar aun a los hombres menos emprendedores; añádase a esto el amor por Yugurta que encendía el pecho de los Númidas, por los cuales si hubiesen quitado de en medio a un varón tal, temía Micipsa que se levantasen sediciones o guerras.
 7.-Angustiado con estas dificultades, después que ve que ni con la violencia podía quitarse de en medio a tan bien quisto del pueblo y, por otra parte, siendo Yugurta valiente y deseoso de gloria militar, determinó exponerlo a los peligros y tentar por este camino fortuna. Por ello, teniendo Micipsa que enviar al Pueblo Romano socorros de caballería y de infantería para la guerra de Numancia, le puso al mando de los Númidas que envió a España con la esperanza de que, o bien al hacer alarde de su valor o por el furor de los enemigos, seguramente perecería. Pero la realidad le salió muy de otra manera a como él había calculado. Porque Yugurta, pronto y agudo de ingenio como era, así que conoció el carácter de Publio Escipión, que entonces era el general de los Romanos, y las costumbres de los enemigos, a costa de gran trabajo y cuidados, y además de esto y obedeciendo a todos con suma modestia y en muchas ocasiones saliendo al encuentro de los peligros, llegó en breve a hacerse tan ilustre que era sumamente querido de los nuestros y muy temido de los Numantinos. Y a la verdad era valeroso en la batalla y maduro en las deliberaciones, lo que es difícil en sumo grado; de estas dos cosas una, la mayor de las veces, suele hacer, por prudencia, temerosos, y la otra, por audacia, temerarios. En consecuencia, el general trataba casi todas las cosas difíciles por medio de Yugurta; le contaba entre sus amigos y más cada día le mostraba su amistad viendo que ni consejo ni empresa suya le salía vana. Agregábase a esto la libertad del ánimo y la destreza del ingenio, por el cual tenía a muchos romanos encadenados con íntima amistad.
 8.-Había en aquel tiempo en nuestro ejército varios individuos entre nuevos y nobles para los cuales las riquezas tenían más importancia que el bien y lo honesto; eran facciosos en Roma y por ello gozaban de prestigio entre los aliados; famosos más que virtuosos. Estos inflamaban el ánimo de Yugurta, prometiéndole que a la muerte de Micipsa sería el único señor en el reino de Numidia, puesto que era grande su valor y en Roma, por otra parte, todo se vendía. Pero, después que, destruida Numancia, Publio Escipión licenció las tropas auxiliares y resolvió volverse a casa, honró espléndidamente a Yugurta con regalos y con alabanzas en presencia del ejército; después le llevó a su tienda y allí le aconsejó en secreto que cultivase la amistad del Pueblo Romano, más bien mediante la pública autoridad que valiéndose de particulares y que no se acostumbrase a hacer regalos a nadie, pues no sin riesgo se compraba a pocos lo que era de muchos; si quería persistir como hasta ahora en sus buenas costumbres, la gloria y el reino le vendrían por sí solos a las manos; pero si se daba excesiva prisa, sus propias riquezas le empujarían al precipicio.
LA GUERRA DE YUGURTA / LA CONJURACIÓN DE CATILINA de Cayo Crispo ... 9.-Después de haberle hablado así, le despidió con una carta dirigida a Micipsa, cuyo contenido era éste: "El valor de tu Yugurta en la guerra de Numancia fue extraordinario; me consta que esta noticia te será muy grata. Yo le estimo por sus méritos y haré cuanto pueda por que también le estime el Senado y el Pueblo Romano. Me congratulo contigo por nuestra amistad; ahí tienes a un hombre digno de ti y de su abuelo Masinisa." El rey, pues, cuando supo por la carta de Escipión que eran ciertas las noticias que le habían dado sobre Yugurta, conmovido por el mérito y la gallardía del mozo, cambió de propósito y se aplicó a ganarse a Yugurta con beneficios; al punto le adoptó y en su testamento le declaró heredero junto a sus hijos. De allí a pocos años, consumido por las enfermedades y por la edad, sintiendo que le llegaba el fin de su vida, dicen que, en presencia de amigos y parientes y de sus hijos Aderbal y Hiempsal, habló a Yugurta de esta manera:
 10.-"Yo te acogí cuando eras pequeño, Yugurta, en mi reino después de la pérdida de tu padre, sin esperanza y sin bienes de fortuna, juzgando que en agradecimiento no me hubieses querido menos que mis propios hijos si te hubiese engendrado; en esto no me engañé. Pues para no mencionar otros grandes y egregios hechos tuyos, últimamente, a la vuelta de Numancia, honraste con la gloria a mí y a mi reino y con tu valor nos hiciste a los romanos de amigos que éramos, amicísimos; renovaste en España el nombre de nuestra familia; por último, venciste a la gloria con tu fama, cosa difícil entre los mortales. Ahora, ya que la naturaleza está poniendo término a mi vida, por esta mi diestra, por la fe que debo al reino, te exhorto y te conjuro a que ames a estos que por sangre te son parientes y por beneficio mío, hermanos; y no desees más agregarte a extraños que conservar a los que te son afines por sangre. No son los ejércitos ni los tesoros los que sostienen el trono, sino los amigos que no se ganan por las armas ni se pueden comprar con oro: se obtienen con buenos oficios y lealtad. ¿Pues quién es más amigo que el hermano para el hermano? ¿O a qué extraño encontrarás fiel si eres enemigo de los tuyos? En verdad que os dejo un reino bien firme si hay paz entre vosotros; pero será débil si no os amáis y avenís; pues con la concordia se acrecientan las pequeñas cosas y con la discordia las más grandes se destruyen. Por lo demás a ti Yugurta, que por edad y sabiduría aventajas a otros, antes que a éstos te conviene prevenir que no suceda de otro modo: pues en toda contienda el más poderoso, aun cuando reciba una injuria, por el hecho de ser así, aparenta ser el agresor. Y vosotros, Aderbal y Hiempsal, respetad y honrad a un hombre semejante, imitad su valor y poned vuestro empeño en que no parezca que yo he prohijado hijos mejores que los que he engendrado."
 11.-A estas palabras, Yugurta, aunque comprendía que el rey no hablaba con sinceridad, y él mismo fomentaba en su ánimo sentimientos muy distintos, sin embargo, respondió con dulzura, como lo pedían las circunstancias. Pocos días después murió Micipsa. Y una vez que le hicieron magníficas exequias, según costumbre real, los príncipes se reunieron para deliberar entre sí de todos sus asuntos.»

   [El texto pertenece a la edición en español de Ediciones Sarpe, 1985, en traducción de José Torrens Béjar. ISBN: 84-7291-907-2.]

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