viernes, 28 de mayo de 2021

El rey, el sabio y el bufón.- Shafique Keshavjee (1955)


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Sprint final


 «Pero una decisión inesperada sorprendió a todo el mundo. El moderador anunció una última prueba, para la que ninguno había podido prepararse:
 -Señoras y señores, hemos llegado casi al final de nuestro torneo. Dentro de poco el jurado deberá pronunciarse y concederemos las medallas a la Sabiduría y a la Verdad. Pero antes de darles la palabra, propongo a nuestros valerosos competidores una última prueba. De acuerdo con el Rey, esto es lo que les pido: que cada uno sintetice en dos palabras y un minuto lo esencial de sus convicciones. Será un sprint final, los cien metros y estoy persuadido de que nos ayudará a todos, y al jurado en especial, a completar nuestra opinión.
 Un rumor de estupefacción y excitación se extendió por la sala.
 -No he terminado –continuó el Sabio-. Queda excluido que una de esas dos palabras sea el nombre de la divinidad o de la Realidad última de las diferentes religiones. Todos hemos comprendido bien que Alá, Brahma, el tetragrama YHWH, la Tri-unidad y Buda eran los centros respectivos de cada una de las tradiciones religiosas que nos han presentado. O sea que, en dos palabras, tendrán que enunciar la esencia de lo Esencial, lo que cada uno deberá recordar de su percepción. El orden de presentación será invertido con relación al de las pruebas. Por lo tanto, le doy la palabra en primer lugar al doctor Clément.
 Molesto, éste pidió para todos un tiempo de reflexión de cinco minutos, petición que fue aceptada por el Sabio. Un silencio total se instaló poco a poco en el claustro. El Rey apreció en especial ese tiempo de concentración y mucho después del final del Torneo gustaba recordarlo con emoción.
 -Doctor Clément, le doy la palabra.
 Éste se puso de pie y dijo con firmeza:
 -Gracia y solidaridad. Estos son los dos pulmones de la fe cristiana. Hubiera podido reunir todo en una sola palabra, “amor”, pero ha sido utilizada en exceso como para maravillarnos todavía. La gracia es Dios que se inclina favorablemente hacia nosotros para arrastrarnos a todos en su alegría. La solidaridad, es Dios que se alía definitivamente con la humanidad y la creación para suscitar relaciones de justicia y ternura. Según los cristianos, la gracia culminó en Jesucristo, que se solidarizó con nosotros hasta en la muerte y la redujo a la nada con su resurrección. Desde entonces nos corresponde, en tanto que personas y comunidades, dejar que el Espíritu de Cristo brille entre nosotros, para que esta gracia y esta solidaridad se hagan visibles y reales para todos.
 El cristiano se sentó entre los aplausos del público.
 -Rabino Halévy, por favor.
 -La santidad y la fidelidad son dos de los atributos más importantes en el seno del judaísmo. “Sed santos, porque yo el Señor, vuestro Dios, soy santo”, está escrito en la Torá (Levítico 19,2). Sólo Dios es santo y es incomparable. Separado de lo creado y diferente de todo lo que conocemos, nos llama a establecer relaciones nuevas con él y con nuestro entorno. Santificamos su nombre y nuestras existencias con comportamientos que tienen la huella del amor, la justicia y la fidelidad. Puesto que Dios es fiel a sus promesas y a su pueblo nosotros también podemos expresar fidelidad en nuestras diferentes relaciones.
 El rabino miró furtivamente hacia Amina y se sintió turbado por la mirada abierta y sonriente de la joven.
 -Su turno, señor imán.
 -En el Corán, la misericordia y la sumisión son dos realidades fundamentales. Alá es el Misericordioso. Él ha creado el universo y enviado a sus profetas. A los hombres divididos y rebeldes les reveló su unidad y su justicia, su belleza y su poder. Por la sumisión –islam-, es decir, mediante la restitución amorosa de nuestras vidas individuales y sociales a Dios, el mundo puede reencontrar su identidad verdadera y original.
 Cuando Ali ben Ahmed volvió a sentarse con la ayuda de su hija, los aplausos fueron aún más intensos que para los participantes anteriores. Ese hombre ciego y humilde había logrado ser especialmente querido por el público. ¿Era a causa de su ceguera? ¿O por la ausencia de cualquier forma de arrogancia en sus palabras? ¿O porque Amina era tan discreta y hermosa a su lado? Todavía hoy se discute sobre esto en el reino.
 -Swami Krisnananda, por favor.
 -Libertad e inmortalidad constituyen la esencia del hinduismo. En nuestro mundo desgarrado y escindido entre el bien y el mal, la salud y la enfermedad, el amor y el odio, la vida y la muerte, nuestra aspiración profunda es la libertad. Con la meditación cada uno puede descubrir su Sí mismo verdadero, libre de todas las esclavitudes y más allá de todos los determinismos. Ahora bien, ese Sí mismo, unificado y aun idéntico a la Realidad suprema, es inmortal. Por la experiencia es posible ser liberado de la muerte en todas sus formas y acceder a lo Inmortal en nosotros.
  -Gracias. Usted, maestro Rahula.
 -Según las enseñanzas de Buda, el desprendimiento y la compasión es lo que más necesitan los humanos. Por ignorancia y codicia, sufrimos porque nos aferramos a lo que no tiene consistencia. Cuando comprendemos la vacuidad del mundo exterior e interior, entonces nos desprendemos de él. Lejos de volvernos insensibles a los sufrimientos de los otros, percibimos sus causas con mayor claridad. Por compasión, tratamos de enseñar el camino de la liberación a todos los seres, hasta que el sufrimiento se desvanezca por completo.
 Después de los aplausos, el moderador le pidió a Alain Tannier que hablara.
Resultado de imagen de el rey el sabio y el bufon -Como ateo sólo puedo hablar en mi nombre. Complejidad y humanidad son las dos palabras que me vienen a la mente. Una ley de la complejidad puede ser descifrada en la tortuosa evolución del universo, producto del azar y de la necesidad, de innumerables mutaciones y de continuas selecciones. Desde los primeros quarks surgidos hace quince mil millones de años, cuando el Big Bang, hasta los cien mil miles de millones de células interconectadas en un cuerpo humano, es perceptible un mismo y largo proceso de diferenciaciones y ensamblajes, de especializaciones y simbiosis. Desde lo más simple hasta lo más elaborado, del caos al orden, de la materia a la vida, la complejidad parece actuar y tal vez seguirá actuando. Nuestra humanidad es bella y frágil. Los núcleos atómicos de nuestras células fueron fabricados en el centro de las primeras estrellas hace más de diez mil millones de años y nuestras moléculas orgánicas, en el caldo atmosférico, hace cerca de cuatro mil millones de años. Los primeros hombres aparecieron en la tierra hace apenas tres millones de años y sólo durante nuestro siglo hemos sido capaces de inventar un arsenal nuclear que podría destruirnos a todos. Tributarios de una larga y misteriosa historia, debemos preservar a la humanidad de sus fuerzas autodestructivas.
 Varios oyentes quedaron impresionados por el discurso casi religioso de Alain Tannier, donde la “ley” de la que había hablado se parecía extrañamente a lo que ellos mismos llamaban “Providencia” o “voluntad divina”. Pero nadie quiso volver a hablar, por temor a alargar el problema y sobre todo a suscitar una polémica que podría volverse en su contra.
 Se produjo un largo silencio. El Sabio, en lugar de cumplir su tarea de moderador, parecía absorto en sus pensamientos.
 El Bufón, que ya no podía mantenerse en su lugar, exclamó:
 -¡Eh! Al ritmo que se producen las mutaciones en el universo, en millones o miles de millones de años, tendremos que esperar mucho tiempo para que se produzca algo significativo. Pero, por el contrario, no tengo deseos de pudrirme aquí hasta la próxima epifanía de la ley de la complejidad.
 El Sabio parecía no haber escuchado nada. De hecho, ni siquiera había escuchado la observación del Bufón. En él había brotado una intuición. Su primer reflejo fue compartirla, pero sensatamente eligió esperar los resultados del jurado. Después de darle media hora para deliberar, levantó la sesión.

El jurado se pronuncia

 Los miembros del jurado volvieron con mucho retraso. Parecían contrariados y hasta irritados. El presidente tomó la palabra:
 -Oh Rey, señor moderador, dignos representantes de las religiones y del ateísmo, señoras y señores. Después de larga deliberación del jurado, me corresponde la delicada tarea de transmitirles nuestra decisión.
 En la sala era perceptible cierto nerviosismo.
 -Después de vehementes discusiones, hemos llegado a una total unanimidad. Y es ésta: nos es imposible ser unánimes. En realidad cada participante recibió un voto y no vemos a qué representante en particular se le puede conceder una medalla de oro. Para un miembro del jurado, el hinduismo merece la palma porque reconoce lo Divino en todas partes. Para otro, es el Islam porque contiene la Revelación más reciente. Para un tercero es el judaísmo, porque es la base de las religiones monoteístas. Para un cuarto, es el ateísmo, porque permite evitar las trampas de las ideologizaciones mitológicas. Para un quinto es el budismo porque  es el más tolerante y el menos violento. Y para el último es el cristianismo porque como el decatlón es el más completo aunque en cada disciplina no sea el que más marcas consigue. Oh Rey, os corresponde desempatar y tomar la decisión final.
 Una vez más, en el claustro, algunos silbaron porque no apreciaron esa pirueta y otros aplaudieron aliviados por la no decisión.
 El Rey, cogido por sorpresa, tuvo la idea de pedir el parecer del Bufón y del Sabio antes de emitir su veredicto.»

    [El texto pertenece a la edición en español de Ediciones Destino, 2004, en traducción de Eduard Gonzalo, pp. 169-173. ISBN: 84-233-3659-X.]
              

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