miércoles, 10 de febrero de 2021

La azucarera.- Naguib Mahfuz (1911-2006)

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 «-Todos los coptos son wafdistas -dijo Riyad decididamente-, pues el Wafd es un partido totalmente nacionalista. No es un partido religioso y turco como el Partido Nacional, sino el partido del nacionalismo, que hará de Egipto una nación libre para los egipcios por encima de sus razas y de sus religiones. Los enemigos del pueblo saben eso, y por ello los coptos han sido objeto de represión manifiesta durante la época de Sidqi, y la van a tener que soportar a partir de ahora…
 Kamal le felicitó por esa sinceridad que confirmaba su amistad con el sello de la perfección; pero le apeteció preguntar irónicamente:
 -¿Tú me hablas de los coptos? ¿Tú que sólo crees en la ciencia y en el arte?
 Riyad se refugió en el silencio. Habían llegado ya a la calle de el-Azhar, que el aire frío barría con cierta violencia. Luego pasaron por una tienda de basbusa y Kamal lo invitó a tomar un trozo. Tan pronto como cogieron el platillo se echaron a un lado para comérsela.
 -Yo soy librepensador y copto a la vez –repuso Riyad-. Es más, agnóstico y copto a un tiempo. Pienso muchas veces que el cristianismo es mi patria, no mi religión. A veces, cuando he sometido estos sentimientos a mi razón, me he sobresaltado. Pero, despacio, ¿no es una cobardía que yo me olvide de mi gente? Hay una sola cosa capaz de hacerme olvidar este dilema: el estar enteramente inmerso en el total nacionalismo egipcio tal como lo quería Saad Zaglul. El-Nahhás es musulmán de religión, pero nacionalista también en todo el sentido de la palabra. Ante él sólo nos sentimos egipcios; ni musulmanes ni coptos. Yo puedo vivir feliz sin agobiarme con estos pensamientos. Pero vivir, vivir realmente es, al mismo tiempo, una responsabilidad.
 Mientras saboreaba su dulce, Kamal meditaba, con el pecho agitado de sentimientos. Los rasgos de Riyad eran los del genuino egipcio que recordaban las figuras faraónicas, suscitándole esto muchas reflexiones: “La postura de Riyad es de una validez innegable. Yo mismo –dividido entre mi razón y mi corazón- sufro, como él, la escisión de mi personalidad. ¿Cómo puede vivir una minoría en el seno de una mayoría que la reprime? El mérito de los mensajes celestiales se mide ordinariamente por la prosperidad que le proporcionan al hombre, teniendo como primera misión el tender la mano a los oprimidos”.
 -No me censures –dijo. Yo he vivido sin chocar hasta ahora con el problema racial. Desde un principio mi madre me enseñó a amar a todo el mundo. Luego he crecido en el ambiente de la revolución al margen de las sospechas del fanatismo. Nunca conocí este problema.
 -Sería de desear –dijo Riyad mientras ambos reemprendían el camino- que eso no fuera problema en absoluto. Me apena decirte con toda franqueza que nosotros hemos crecido en casas en las que no faltan recuerdos negros y tristes. Yo no soy un fanático, pero quien desdeña el derecho de un hombre en el lugar más remoto del mundo, no ya en su casa, desdeña todos los derechos humanos.
 -¡Hermosa expresión! No es extraño que los verdaderos mensajes de los humanistas procedan la mayoría de las veces  de los medios minoritarios, o de hombres ocupados de la mentes minoritarias de la humanidad; pero siempre hay fanáticos…
 -¡Siempre y en todo momento! La gente es joven y el animal viejo. Los fanáticos de vuestro bando nos consideran malditos infieles, y los nuestros os consideran a vosotros infieles y usurpadores, diciendo de sí mismos ser descendientes de los reyes de Egipto, que fueron capaces de salvaguardar su religión pagando la capitación…
 Kamal se rio en voz alta mientras decía:
 -¡Todos decimos lo  mismo! ¿Crees que la base de esta controversia es la religión, o que la naturaleza humana es siempre proclive a la discordia? Ni los musulmanes forman una unidad, ni tampoco los cristianos. Encontrarás continuas disputas entre shiíes y sunníe
s, entre higazíes e iraníes, y del mismo modo entre wadfistas y constitucionales, entre los estudiantes de letras y los de ciencias, entre los equipos Nacional y Arsenal. Pero, a pesar de todo eso, ¡qué tristes nos ponemos cuando leemos en los periódicos la noticia de un terremoto en Japón! Escucha, ¿por qué no tratas de esto en tus novelas?
 -El problema de los coptos y los musulmanes…
 Riyad Quldus guardó un silencio; luego dijo:
 -Temo ser mal entendido…
 Tras otro instante de silencio, continuó:
 -Luego, no olvides, sheyj, que nosotros, a pesar de todo, estamos en nuestra época dorada. En el pasado el sheyj Abd el-Aziz Gawísh se inventó que los musulmanes fabricaban su calzado con nuestra piel…
  -¿Cómo extirparemos este problema de raíz?
 -Afortunadamente se ha fundido en el problema general del pueblo. El problema de los coptos hoy es algo que concierne al pueblo; si se le deja en libertad, nosotros también lo estamos…
Resultado de imagen de la azucarera naguib mahfuz “La felicidad y la paz… Ése es el sueño perseguido. Mi corazón vive sólo por el amor, pero ¿cuándo conocerá mi razón su camino? ¿Cuándo diré con el mismo tono de mi sobrino Abd el-Múnim, “sí, sí”? Mi amistad con Riyad me ha enseñado cómo leer sus novelas, pero ¿cómo creer en el arte, cuando me he encontrado con que la propia filosofía es como un palacio inhabitable?”
 -¿En qué estabas pensando ahora? –le preguntó Riyad de repente, mirándolo de reojo-. ¡Dime la verdad!
 Kamal se dio cuenta de lo que había detrás de la pregunta y la contestó sin ambages:
 -¿No te ha molestado mi franqueza?
 -¿A mí? ¡Que Dios te perdone!
 Riyad se echó a reír como disculpándose; luego preguntó:
 -¿Has leído la última?
 -Sí, es estupenda; pero me hace pensar que el arte es una actividad nada seria, con la salvedad de que yo no sé qué es lo más importante en la vida humana: lo serio o lo divertido. Tú tienes una alta cultura científica y, sabios aparte, eres posiblemente el más entendido en ciencia. Pero toda tu actividad se desperdicia en escribir novelas y yo a veces me pregunto: ¿qué obtienes tú de la ciencia?
 -Me valgo de la ciencia para transmitir al arte el culto por la verdad –repuso Riyad Quldus con entusiasmo-, la fidelidad a los principios y el asumir con valor, por amargo que resulte, la integridad en el juicio y la tolerancia completa con las criaturas…
 “Grandes palabras pero ¿qué relación guardan con la distracción de las novelas?”
 Riyad Quldus se le quedó mirando y leyó la duda en su rostro. Se echó a reír en voz alta y luego dijo:
 -Tienes una pobre opinión del arte, pero mi consuelo es que nada en el mundo podrá estar a salvo de tu duda. Nosotros opinamos con nuestros intelectos, pero vivimos con nuestros corazones. Tú, por ejemplo –a pesar de tu actitud escéptica-, amas, actúas y participas en la vida política de tu país. Detrás de cada uno de estos aspectos hay un principio, consciente o inconsciente, no menos fuerte que la fe. El arte es la interpretación del hombre del universo y, en este sentido, entre los intelectuales hay quienes participan con su arte en la escaramuza universal de las ideas; han transformado así el arte en arma de combate sobre el campo de la lucha universal. No es posible que el arte sea una actividad frívola…
 “¿Defensa del arte o valor del artista? Si un simple pipero tuviera la capacidad de disentir, probaría que él desempeña un papel importante en la vida de la humanidad. Y es probable que cada cosa tenga un valor determinado, como lo es que no lo tenga en absoluto. ¿Cuando millares de seres están expirando en este momento, mientras que al mismo tiempo se alza la voz de un niño llorando porque ha perdido su juguete, o la de un enamorado que transmite a la noche y al universo las penas de su corazón, río o lloro?”
 -A propósito de lo que dices de la lucha universal de las ideas –dijo-, permíteme decirte que está reflejada en pequeño en mi familia. ¡Tengo un sobrino que es hermano musulmán, y otro comunista!...
 -Sería necesario que, tarde o temprano, existiera algo así en cada casa. Ya no vivimos en una botella. ¿Tú nunca has pensado en estas cosas?
 -He oído cosas sobre el comunismo a través de mis estudios de filosofía materialista, así como sobre el fascismo y el nazismo.
 -¡Tú lees y tomas notas! ¡Un historiador sin historia! Me gustaría que el día en que salgas de esta actitud lo considerases como el feliz día de tu nacimiento…
 Kamal se sintió molesto por tal observación, porque era una crítica mordaz, de una parte, y porque no carecía de verdad, por otra. Luego dijo, eludiendo todo comentario:
 -Ningún comunista ni hermano musulmán en nuestra familia tiene un conocimiento firme de lo que cree…
 -¡La fe es voluntad, no ciencia! Hoy el cristiano más corriente sabe del cristianismo el doble de lo que sabían los mártires y lo mismo ocurre con nosotros en el Islam…
 -¿Y tú crees en una de esas doctrinas?
 -No hay duda de mi desprecio por el fascismo y por el nazismo y por todos los regímenes dictatoriales –repuso Riyad tras una reflexión-. En cuanto al comunismo, está en disposición de crear un mundo libre de la tragedia de las diferencias de razas, de las religiones y de la lucha de clases. Pero mi interés primordial está centrado en el arte.
 -El Islam –dijo Kamal con algo de ironía en su voz- ya ha creado este mundo del que tú hablas, hace más de mil años…
 -Pero es una religión. El comunismo es una ciencia; la religión es una leyenda.
 Luego, corrigiéndose, dijo sonriendo:
 -Y nosotros convivimos con los musulmanes, no con el Islam…»
 
      [El texto pertenece a la edición en español de Ediciones Martínez Roca, 2006, en traducción de Eugenia Gálvez Vázquez, Carmen Gómez Camarero, María Dolores López Enamorado, Fernando Ramos López, Clara María Thomas de Antonio, Rafael Valencia, pp. 135-139. ISBN: 84-270-3247-1.]
 

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