martes, 23 de febrero de 2021

Historia del deporte.-Juan Rodríguez López (¿...?)

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El esplendor de los Juegos Olímpicos contemporáneos
17.-Renovación de los Juegos Olímpicos. Pensamiento de Coubertin
17.2.-El pensamiento de Coubertin

    «Síntesis teórica:
 1.-La teoría de Coubertin es original en el mundo actual, en la teoría del deporte y en la pedagogía contemporánea. La pedagogía contemporánea ha estado presidida por el principio de espontaneidad –entendida con frecuencia como ausencia de esfuerzo- y por el principio de colaboración, rechazando, con mayor o menor fuerza, según autores o movimientos, la competición y el individualismo, en los que se basa la pedagogía deportiva de Coubertin. El olimpismo de Coubertin basa su pedagogía en el agonismo y potencia el individualismo para conseguir fines sociales.
 2.-Su ideal humano se refleja en su frase: “mens férvida in corpore lacertoso” (mente cultivada en un cuerpo entrenado). También es expresión suya: “fuerza muscular, fuerza cerebral”; esta conjunción es su ideal humano.
 3.-Su modelo o inspiración es la teoría griega del deporte –la teoría del deporte en Grecia, prácticamente se identifica con la teoría de la educación-, cuya expresión filosófica más perfecta es la de Platón (aunque Platón rechaza la “gimnasia” de los atletas y Coubertin no). En el movimiento olímpico Coubertin glorifica al campeón deportivo, aún a costa de un posible desequilibrio de la armonía cuerpo-mente y traslada la preocupación platónica de armonía cuerpo-espíritu (“kalokagathía”) a los Juegos Olímpicos en su conjunto, al movimiento olímpico; de ahí su interés en las competiciones artísticas, musicales y literarias, incluidas en la celebración de los Juegos y de las diversas manifestaciones culturales del movimiento olímpico.
 4.-Coubertin tiene una gran confianza en la capacidad educativa, personal y social (desarrollo del valor y de la iniciativa de los individuos y de los pueblos) del deporte: dirá que “el deporte es una pedagogía viril de sorprendentes resultados sociales”; a veces, defiende que los triunfos de las sociedades, ajenos al deporte, habrían dependido de él: en Grecia, los éxitos en las artes, filosofía, ciencia y guerra (incluso la victoria sobre los persas se habría debido a su cultura deportiva). También en Francia, Alemania, Inglaterra, Estados Unidos, la práctica deportiva o la ausencia de ella, habría influido decisivamente en algunos de sus acontecimientos históricos (bélicos, políticos, educativos); entiende el deporte como panacea, casi un determinante absoluto de las culturas. Mandell (cfr. 1986, pp. 2-3) califica a esta teoría de romántica, añadiendo que es gratuita y que no puede ofrecerse en su favor ninguna comprobación.
 5.-Confianza en que el deporte olímpico puede contribuir a la paz mundial, al entendimiento y amistad entre los pueblos.
 6.-Defiende que el deporte no es juego; no es juego porque tiene las notas de “progreso” y de “riesgo”, que son ajenas al juego. Los animales juegan, también el hombre, pero para este juego no existe el progreso ni el riesgo (el instinto de defensa y la utilidad de lo estrictamente marcado biológicamente lo impiden). El “instinto” deportivo sería exclusivo del hombre y estaría muy poco extendido. Quizás hay una pequeña contradicción en calificar de “instinto” al deporte y decir, a  continuación, que está poco extendido; pero esta contradicción es puramente semántica; el deporte es una conducta pasional y como tal la considera un instinto pero que, ciertamente, estaba poco extendido.
 7.-La idea de progreso es esencial; exige el entrenamiento. Sin entrenamiento no hay verdadero deporte. Para Coubertin el deporte perfecto es el organizado (competiciones organizadas, con entrenamiento). Esta superación y progreso propios del deporte vienen recogidos en el lema olímpico “citius, altius, fortius” que le propuso su amigo, el dominico Didon.
  8.-La idea de riesgo, importante para Coubertin, va en contra de la moderación en el deporte. “La moderación y el deporte serían un matrimonio monstruoso”, dirá en otro momento; concibe el deporte como heroísmo. La medicina deportiva no debe dirigir el deporte, porque tiende a moderar y el deporte necesita “la libertad del exceso”; naturalmente se refería fundamentalmente al deporte de la juventud.
 9.-Pretensión del restablecimiento de la institución del “gimnasio” –tal como lo entendían los griegos- como una estructura soporte del deporte, que contribuiría a “reconciliar” el deporte con el espíritu (arte, filosofía) y de contacto y entendimiento en las diversas generaciones.
 10.-En Estados Unidos adquiría el deporte moderno (inventado por los ingleses) esa característica fundamental que es el entrenamiento, sin el cual no puede haber progreso y que es esencial al deporte. Admira, también, la época medieval: los torneos eran ya deporte, por el riesgo, aunque rudimentario, pues no tenían estructura organizativa ni entrenamiento, necesarias para poder hablar de auténtico deporte.
 11.-Atendiendo a las características comentadas, el deporte es definido por Coubertin del siguiente modo: “culto habitual y voluntario del ejercicio muscular intensivo, apoyado en el deseo de progreso y pudiendo llegar hasta el riesgo”; agrega que encierra las ideas de “voluntad, continuidad, intensidad, perfeccionamiento, peligro eventual”. Queda manifiesto que es una idea “pedagógica” del deporte; en esencia, su deporte es pedagogía y él un pedagogo del deporte. Entiende el deporte como un excelente vehículo para la formación del carácter –Coubertin utiliza palabras para caracterizar el deporte, como “ascética”, “estoicismo”-, una pedagogía fundamentalmente del ámbito volitivo. En relación a ello, su amigo Carl Diem, en la “Historia de los deportes” nos recuerda otra de las frases preferidas de su ideología olímpica que está en relación con este tipo de pedagogía: “atletae proprium est se ipsum noscere, ducere et vincere” (es propio del atleta conocerse, gobernarse y vencerse).
 La palabra “culto” hace referencia a religión y será fuertemente criticada, por ejemplo, por J.M. Cagigal, por creer que deporte y religión son realidades distintas, aunque más o menos relacionadas. Coubertin siempre quiso, teóricamente, que el deporte fuera una religión (“religio atletae”). […]
 12.-El deporte olímpico está hecho para la glorificación del atleta individual masculino. En el término “atleta” incluye todo deportista individual, sea de atletismo o de esgrima, gimnasia o cualquier otro deporte individual. Aunque él pensaba que los Juegos Olímpicos debían ser sólo para la participación masculina y no femenina, no hizo de ello un dogma del olimpismo y muy pronto participaron las mujeres hasta en las pruebas más extenuantes del atletismo.
 Igualmente, no era partidario de incluir los deportes de equipo en el programa de los Juegos, igual que no fueron incluidos en la Grecia clásica. […]
 13.-Esta glorificación del atleta individual es un medio, una buena estrategia, para conseguir que se difunda el deporte y practique por todos, o por una mayoría.
 El olimpismo, declara Coubertin en alguna ocasión, busca como objetivo primordial la extensión del deporte para todos (antes que el deporte de élite); lo que ocurre es que nunca conseguiríamos extender la práctica deportiva sin grandes campeones: para que cien hagan deporte o modelen su cuerpo, bastantes han de entrenarse y algunos de ellos han de llegar a resultados sorprendentes, no hay otro camino, defiende Coubertin.
 La famosa teoría de la pirámide, según la cual el deporte de base daría un buen deporte de élite y “medallas”, no era compartida por Coubertin y, en esto, parece que la historia posterior le ha dado la razón; las medallas se planifican y consiguen bastante directamente sin necesidad de que la práctica deportiva de la sociedad sea muy alta.
 14.-El deporte (la “república deportiva”) es un modelo muy perfecto de democracia, donde no hay injusticias ni privilegios, los triunfos se consiguen por el esfuerzo y el talento y las conquistas son limitadas en el tiempo. Lo que hace a las desigualdades sociales intolerables –dice- no es la desigualdad misma sino la desigualdad injusta y su permanencia excesiva, que son imposibles en el deporte. Esta justicia de comportamientos puede contribuir a hacer más justa la sociedad.
 15.-El “amateurismo” lo defiende con más o menos fuerza. Unas veces se muestra intransigente, otras cede. Pero al final de su vida deja por escrito una fuerte apología del amateurismo mediante la metáfora del mercado y la colina: en la colina está el templo (que representa al olimpismo); hay que hacer el esfuerzo de ascender la colina donde está el templo; el deportista que no esté dispuesto a ascender la colina puede quedarse en el mercado para vender su deporte, pero los deportistas deben escoger una cosa u otra, no ambas a la vez: “o mercado o templo, ¡que escojan!” Es el momento de mayor dureza contra un amateurismo falso; pero no es una condena del profesionalismo, al que comprende perfectamente, aunque lo aparta de su movimiento olímpico, quizás injustificadamente.
 16.-Los adelantos técnicos del deporte lo benefician, lo hacen más motivante y atractivo, por lo que contribuyen a que el deporte llegue a más gente y resulte un mayor beneficio social. Es otro lugar donde se advierte que Coubertin no es inmovilista en el deporte: le gustan los adelantos técnicos; la diversidad de deportes admitidos en los programas olímpicos y sobre todo la posibilidad de cambiar unos deportes por otros, como ha ocurrido en la historia del olimpismo, lo atestiguan.
 17.-Habría que incluir su filosofía de la organización del olimpismo, donde destaca su postulado calificado de genial por Carl Diem –de la independencia política y económica de los miembros del C.I.O., la universalidad sin discriminación, el cambio de ciudad y el respeto del ritmo cuadrienal.»
 
  [El texto pertenece a la edición en español de INDE Publicaciones, 2000, pp. 208-211. ISBN: 84-95114-37-2.]

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