miércoles, 18 de mayo de 2016

"Antología de Spoon River".- Edgar Lee Masters (1868-1950)


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Silencio

 "He conocido el silencio de las estrellas y del mar
y el silencio de la ciudad cuando calla
y el silencio de un hombre y una mujer
y el silencio por el que la música sólo encuentra su palabra
y el silencio de los bosques ante los vientos de la primavera
y el silencio de los enfermos
cuando sus ojos vagan por la habitación.
Y pregunto: ¿para qué cosas profundas sirve el lenguaje?
Una bestia del campo se queja unas pocas veces
cuando la muerte se lleva a su cría.
Y nosotros nos quedamos mudos ante realidades de las que no podemos / hablar.
Un chico curioso le pregunta a un soldado viejo sentado / frente a un almacén:
¿Cómo perdiste la pierna? / Y el viejo soldado se queda sin palabras
o desvía el pensamiento / porque no puede concentrarlo en Gettysburg.
Y vuelve jocoso / y le dice: Un oso me la comió.
Y el chico se maravilla mientras el viejo soldado / mudo, débil,
sobrevive a los fogonazos de los revólveres, al trueno del cañón, / los gritos de los asesinados
y a él mismo tendido en el suelo / y a los cirujanos del hospital, los cuchillos
y a los largos días en cama. / Pero si pudiera describir todo esto
sería un artista. / Pero si fuera un artista debería haber palabras más hondas
que él no podría describir. / Está el silencio de un gran odio
y el silencio de un gran amor / y el silencio de una profunda paz interior
y el silencio de una amistad traicionada. / Está el silencio de una crisis espiritual
a través del cual, el alma, exquisitamente torturada / llega a visiones que no pueden pronunciarse
en un reino de vida superior. / Y el silencio de los dioses que se entienden sin hablar.
Está el silencio de la derrota. / Está el silencio de los injustamente castigados
y el silencio de los agonizantes cuya mano, / de pronto, toca la nuestra.
Está el silencio entre el padre y el hijo / cuando el padre es incapaz de explicar su vida
y por eso mismo resulta incomprendido. / Hay el silencio que crece entre el marido y la mujer.
Hay el silencio de aquéllos que fracasaron / y el vasto silencio que cubre
a las naciones quebradas y a los líderes vencidos. / Está el silencio de Lincoln
pensando en la pobreza de su juventud. / Y el silencio de Napoléon
después de Waterloo. / Y el silencio de Juana de Arco
diciendo entre las llamas "Jesús bendito"..., / revelando en dos palabras toda la pena, toda la 
                                                                                                                                 [ esperanza.
Y hay el silencio de la vejez / tan lleno de sabiduría que la lengua no pronuncia
las palabras inteligibles para aquéllos que no han vivido / la gran extensión de la vida.
Y está el silencio de los muertos. / Si nosotros, vivos,
no podemos hablar de profundas experiencias, / ¿por qué asombrarse de que los muertos
no nos hablen de la muerte?
Su silencio será interpretado / cuando nos acerquemos a ellos.

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