lunes, 14 de enero de 2019

Principios de la pintura china.- George Rowley (1892-1962)


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Categorías de grandeza

«Las categorías de grandeza resumen el enfoque que los chinos dan a la pintura. Aunque entre ellos no había ninguna clasificación generalmente aceptada, todas coincidían en disponer por orden los grados de excelencia que van desde la simple belleza formal hasta la grandeza de la profundidad. En general, se distinguían cuatro niveles en la escala de grandeza correspondientes, grosso modo, a cuatro niveles distintos de la evolución humana, a saber: destreza formal, cultura, sabiduría y penetración espiritual. La simple enumeración pone de manifiesto la insistencia china en que la pintura es la creación del hombre entero, por lo que la grandeza depende de la filosofía de la vida que tenga el artista en su penetración imaginativa del alma de la humanidad.
 En el nivel más bajo, designado unas veces por neng (competente) y otras por jiao (listo), el pintor adquiría destreza y conocimiento de las reglas del estilo. Tras grandes esfuerzos puede pintar la "apariencia formal exterior" y observar las "reglas". El objetivo máximo a que puede aspirarse en este nivel es a la belleza formal de apariencia agradable, a la que Jing Hiao aludía en tono despectivo al decir que "el pintor diestro separa y junta retazos de belleza". "El fruto [shi] no llega, pero la flor [hua] se pasa." Aunque los chinos han insistido siempre en la perfección de las técnicas y en los valores del diseño, jamás olvidaron que el arte era el vehículo de que se valía el hombre para expresar los pensamientos más recónditos y la más honda inspiración.
 El segundo nivel de la experiencia, el del pintor culto, se caracterizaba por el gusto personal. El pintor había pasado de adquirir y asimilar los conocimientos sobre su arte a imbuir esa capacidad de una energía individual y expresiva. Los escritores, que lo designaban como el nivel qi (poco corriente), criticaban el uso de la distorsión personal: "El pintor qi traza amplios contornos, que no son conformes a la verdad del motivo; las cosas que pinta son insólitas, raras y no encuentran motivo ni semejanza. Es la consecuencia de tener pincel [bi] pero no ideas []". Es decir, la selectividad de las ideas debe basarse en algo más que en el gusto personal. Algunos escritores llamaron a este segundo nivel miao (maravilloso). "La pintura es obra de hombres y todo hombre tiene su propia disposición natural. El trazo puede ser fino y la tinta prodigiosa pero no se sabe el porqué". En este aserto se reconocía el genio del individuo pero el acento no se ponía en la expresión personal. "Esta manera se transmite del cerebro a la mano y llega a agotar los más sutiles misterios".
 La verdad artística era el objetivo que se proponía alcanzar el siguiente nivel de realización, designado unas veces por miao (maravilloso) y otras pos shen (divino). El pintor "divino... [penetraba] con sus pensamientos la naturaleza de todo cuanto hay en el cielo y la tierra, de ahí que las cosas fluyan de su pincel conforme a la verdad del motivo". En este nivel la "inspiración del cielo es muy grande" y "los pensamientos se hallan en armonía con el espíritu". En él el artista-letrado, gracias a la liberalidad y hondura de su carácter, comienza a tener "una comprensión de todas las cosas". Cuando el artista alcanza este nivel divino parece como si ya no pudiese aspirar a más y de hecho algunos críticos no pasan de este grado. No obstante, a la vista de lo que se ha dicho sobre el Tao y su manifestación en el qi (espíritu), resultaba inevitable un concepto de grandeza aún superior.
 La cuarta y suprema categoría de excelencia desafía toda definición. La misma voz "yi" o soltura, que encontramos en el primer fruto de qi (espíritu), se utilizaba también para designar este nivel supremo de la experiencia, pues era la que más se aproximaba a la relación existente entre creación artística y unión mística con el Tao. Los pintores "yi" "captan lo que existe per se, lo que no puede imitarse y reproducen lo "no esperado". Su libertad y naturalidad eran absolutas. Hubo escritores chinos que cuestionaron por qué este grado no se ponía en la parte inferior de la escala en lugar de en la superior, pues no distinguían entre la libertad de licencia y la simple soltura de creación propia del anacoreta taoísta. Este tipo de excelencia sólo la alcanzan los videntes, los santos y los artistas más excelsos. La reconoceremos en aquellas personas en quienes advertimos una rara presencia, una fuerza creadora en estado prístino o un espíritu sin trabas. Quizá sin trabas sea la expresión que más se aproxime a esta nota suprema. Si las reglas han pasado a ser una segunda naturaleza para el pintor, si puede abandonarse por completo en el momento de la concepción y si ha alcanzado liberalidad y hondura de carácter, entonces el pintor estará en condiciones de aspirar a las máximas cotas de libertad, a la libertad de la creación con soltura. Entonces, la imaginación podrá disfrutar a sus anchas de la inmediatez de la "unión de espíritu y materia".»
 
      [El texto pertenece a la edición en español de Alianza Editorial, 1981, en traducción de Aurelio Martínez Benito y transliteración de las voces chinas a cargo de Joaquín Pérez Arroyo. ISBN: 84-206-7015-4.]
 

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