sábado, 17 de septiembre de 2016

"Trastorno".- Thomas Bernhard (1931-1989)


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 El príncipe

 "Sin embargo, no quería quitarme la chaqueta delante del príncipe: "La libertad gravita sobre mi ánimo como una coraza", dijo el príncipe, "la plena libertad de que gozo me ahoga. Estoy construido totalmente en contra de la realidad. La mayor parte del tiempo mi consuelo lo encuentro, puede reírse, doctor, únicamente en el desconsuelo. Cuando estoy solo tengo ganas de estar acompañado; cuando estoy acompañado, tengo ganas de estar solo. Me esfuerzo al máximo", dijo, "por comprender a otras cabezas distintas de la mía, pero no comprendo a las otras cabezas. En el fondo, carezco de medios. Es muy posible que muera de la locura de otro, de las enfermedades de otro; no de mi propia locura, no de mis propias enfermedades o, por lo menos, no sólo de las propias, no sólo de las ajenas. La Naturaleza me llena por completo, ya ve, doctor, y esa Naturaleza que me llena por completo me ahoga. La realidad se me aparece siempre como la horrible representación de todos los conceptos. Efector teatrales, pienso siempre, que huyen del pensamiento, pienso siempre. Porque, evidentemente, todos estamos condenados a pensar que no hay nada verdadero. Intentémoslo de forma filosófica, dicen los primeros siglos; intentémoslo de forma práctica, dicen los siguientes; intentémoslo de forma práctica y filosófica, dice la Naturaleza. Y recientemente" dijo el príncipe, "se cree que el progreso es algo matemático-adhesivo. La tendencia, como sentimos, está totalmente orientada a la muerte; podemos mirar lo que queramos. Nuestros maestros han muerto y, gracias a su muerte siempre muy temprana han eludido su responsabilidad. Nuestros maestros nos han dejado solos. No hay maestros futuros y los pasados están muertos. En algunos hombres", dijo el príncipe, "puede verse que todo en ellos (y dentro de ellos) es sólo teórico; en otros no es ni teórico ni práctico lo que continuamente los motiva. ¿Qué es entonces? Sin embargo, la posibilidad de ser práctico no la tiene jamás ningún hombre. Vivimos gracias a la hipótesis de que los problemas son insolubles de noche y solubles de día. Por eso es posible filosofar. Cuando empezamos a pensar cómo andamos", dijo, "pronto no nos resulta posible andar; cuando empezamos a pensar cómo filosofamos, pronto no podemos ya filosofar. Y cuando empezamos a pensar cómo somos, nos desintegramos en el plazo más breve. Podemos también, a nuestro antojo", dijo el príncipe, "trazar una línea a través de un hombre, y entrar en ese hombre unas veces desde un lado y otras desde el otro, sin traspasar nunca esa línea, y luego salir de él. Las culturas", dijo el príncipe , "exigen de nosotros cosas inalcanzables. Y las culturas más viejas las más inalcanzables. Pero nos hundimos por nuestra propia cultura. Lo mismo que nos hundimos por nuestra propia religión y pretendemos que es por la Naturaleza. Es necesario", dijo el príncipe, "que la imagen del mundo -da igual el cómo y el cuándo- sea destruida por nosotros, que todas las imágenes sean siempre destruidas por nosotros. El intelecto", dijo, "es dictatorial: no hay un intelecto republicano. El que piensa se encuentra cada vez más en un enorme orfanato, en el que se le demuestra con frecuencia que carece de padres. Todos carecemos de padres; nunca estamos solitarios, pero siempre estamos solos. Desde hace mucho tiempo formamos -todos nosotros- una legión extranjera del espíritu. Y deseamos", dijo, "-porque sabemos que si no somos juzgados no existimos- un tribunal siempre severo que continuamente comprendemos y por eso soportamos. Nos dirigimos siempre a nosotros mismos, como si fuéramos cualidades del carácter, hasta que nos sentimos cansados. Naturalmente, ese arte lo dominan menos las mujeres. Pero nadie lo domina por completo. ¿Pudiera ser", dijo el príncipe, "que el aire fuera aquí metafísico?" Mi padre no respondió. "Sigamos", dijo el príncipe. "Lo que aspiramos tampoco es otra cosa que cifras y números, que seguimos suponiendo que son la Naturaleza. Todo objeto -cualquiera que sea ese objeto- tiene para nosotros la forma del mundo, reducido a su historia. También los conceptos que nos permiten comprender tienen para nosotros la forma del mundo: la forma interna y externa del mundo. Todavía no hemos superado el mundo en nuestro pensamiento. Sólo podemos avanzar cuando hemos dejado al mundo totalmente atrás en nuestro pensamiento. Debe sernos posible siempre disolver todos los conceptos". 

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