jueves, 19 de mayo de 2016

"El maestro y Margarita".- Mijaíl Bulgákov (1891-1940)


Resultado de imagen de bulgakov  
Libro primero.
1.-No hable nunca con desconocidos

 "-¿Me permiten que me siente? -preguntó el caballero cortésmente y los escritores tuvieron que hacerle sitio. El extranjero se sentó entre ellos con prontitud y en seguida tomó parte en la conversación-. Si no me equivoco, usted acaba de decir que Cristo no ha existido -dijo volviendo hacia Berlioz su ojo izquierdo, el verde.
 -No, no se equivoca -respondió Berlioz-, eso es exactamente lo que había dicho.
 -¡Oh, qué interesante! -exclamó el extranjero.
 "¿Qué diablos querrá éste?", pensó Desamparado frunciendo el entrecejo.
 -Y usted, ¿estaba de acuerdo con su interlocutor? -se interesó el desconocido, volviéndose hacia Desamparado.
 -¡Cien por cien! -asintió el poeta, al que le gustaban las expresiones afectadas y metafóricas.
 -¡Sorprendente! -exclamó el entrometido interlocutor y, mirando furtivamente en derredor, redujo la voz, ya baja, a un murmullo y dijo-: Perdonarán mi insistencia pero me parece entender que, además, no creen en Dios -y añadió con expresión alarmada-: ¡Les juro que no se lo diré a nadie!
 -No, no creemos en Dios -contestó Berlioz con una ligera sonrisa al ver la sorpresa del turista-. Pero es algo de lo que se puede hablar con entera libertad.
 El extranjero se recostó en el banco y preguntó, con la voz entrecortada de curiosidad:
 -¿Quieres usted decir que son ateos?
 -Pues sí, somos ateos -respondió Berlioz, sonriente. Desamparado pensó con irritación: "Este bicho extranjero se nos ha pegado como una lapa. ¡Pero qué tipo tan plomo!"
 -¡Qué encanto! -gritó el extraño turista, girando la cabeza a un lado y a otro para mirar a los dos literatos.
 -En nuestro país nadie se sorprende porque uno sea ateo -dijo Berlioz con delicadeza y diplomacia-. La mayoría de nuestra población ha dejado, conscientemente, de creer en todas las historias sobre Dios.
 El extranjero, entonces, se levantó y estrechó la mano al sorprendido jefe de redacción mientras decía:
 -Permítanme hacerles otra pregunta -dijo el invitado.
 -Pero, ¿por qué? -inquirió Desamparado con estupor.
 -Porque, como viajero, considero esta información de extraordinaria importancia -explicó el extranjero, levantando un dedo con aire significativo. Desde luego, esta confidencia tan importante tuvo que impresionar mucho al forastero, que miraba asustado a las casas de alrededor, como si temiera la aparición de un ateo en cada ventana.
 "No, no es inglés", pensó Berlioz. Y Desamparado pensó: "¡Cómo habla el ruso! ¡Qué bárbaro! ¡Me gustaría saber dónde lo habrá aprendido!" y, de nuevo, enarcó las cejas.
 -Permítanme hacerles otra pregunta -dijo el invitado extranjero, después de meditar con cierta inquietud-. ¿Y las pruebas de la existencia de Dios, que son cinco como ustedes sabrán?
 -¡Ah! -contestó Berlioz-, todas esas pruebas no significan nada hoy en día, la humanidad las archivó ya hace tiempo. No me negará que la razón no puede admitir ninguna prueba de la existencia de Dios.
 -¡Bravo! -exclamó el extranjero-. ¡Bravo! Está usted repitiendo exactamente lo que nuestro viejo inquiridor Manuel opinaba de este asunto. Pero no olvide algo muy curioso: destruyó por completo las Cinco Pruebas y, después, como burlándose de sí mismo, elaboró una sexta propia.
 -La prueba de Kant -dijo el redactor sonriendo con benevolencia- tampoco es convincente; y no a humo de pajas dijo Schiller que los argumentos de Kant a este respecto sólo podían satisfacer a los esclavos. Y Strauss se reía de su sexta prueba.
 Mientras el extranjero seguía hablando, Berlioz se preguntaba: "Pero, ¿quién puede ser? Y, ¿cómo es posible que hable el ruso tan bien?"
 -A ese Kant habría que encerrarle tres años en Solovkí -soltó de repente Iván Nikoláyevich".

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Realiza tu comentario: