lunes, 2 de mayo de 2016

"Fedra".- Jean Racine (1639-1699)


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Prefacio
 
 "He aquí otra tragedia cuyo asunto está tomado de Eurípides. [...] Nada puede extrañar que este personaje haya tenido tanta éxito en tiempos de Eurípides, y que en nuestro siglo haya ejercido también tanta atracción, puesto que posee todas las cualidades que Aristóteles exige en el héroe de la tragedia y que deben suscitar la compasión y el espanto. En efecto, Fedra no es ni del todo culpable ni del todo inocente. Su destino y la cólera de los dioses le inspiran una pasión ilícita de la que ella es la primera en horrorizarse. Hace los máximos esfuerzos para vencerla. Prefiere dejarse morir que comunicarla a otros. Y cuando se ve obligada a manifestarla, habla de sus sentimientos con tal turbación que bien se echa de ver que su crimen es un castigo de los dioses más que un impulso de su voluntad.
 Incluso he procurado hacerla un poco menos odiosa de como aparece en las tragedias de los antiguos, en las que toma la resolución de acusar a Hipólito. He creído que la calumnia era algo demasiado ruin y aborrecible para ponerla en labios de una princesa que muestra, por otra parte, sentimientos tan nobles y tan virtuosos. Semejante ruindad me ha parecido más adecuada en su nodriza, que podía tener propósitos más serviles, y que sin embargo no lanza esa falsa acusación más que para salvar la vida y el honor de su señora. Fedra sólo consiente en ello por encontrarse en una agitación de espíritu que la tiene fuera de sí, y un momento después reaparece con la intención de justificar al inocente y declarar la verdad.
 En Eurípides y en Séneca, Hipólito es acusado de haber forzado efectivamente a su madrastra: Vim corpus tulit. ("Tomó su cuerpo por la fuerza".) Pero aquí sólo se le acusa de haberlo deseado. He querido evitar a Teseo un deshonor que hubiera podido hacerle menos grato a los espectadores.
 Por lo que se refiere al personaje de Hipólito, había advertido que los antiguos reprochaban a Eurípides haberle pintado como un filósofo exento de toda imperfección; por lo cual la muerte de ese joven príncipe causaba mucha más indignación que piedad. Me ha parecido preferible atribuirle alguna flaqueza que le hiciese un poco culpable respecto a su padre, sin privarle por ello de esa grandeza de ánimo que le mueve a salvar el honor de Fedra y a dejarse calumniar sin acusarla. Llamo flaqueza a la pasión que siente a pesar suyo Aricia, que es hija y hermana de los mortales enemigos de su padre.
 La tal Aricia no es un personaje de mi invención. Virgilio dice que Hipólito, después de que Esculapio le resucitara, la desposó y tuvo de ella un hijo. Y he leído además en otros autores que Hipólito había desposado y llevado a Italia a una joven ateniense de noble cuna que se llamaba Aricia, y que había dado su nombre a una pequeña ciudad de Italia.
 Cito estas autoridades porque me he mostrado muy escrupuloso en ser fiel a la leyenda. Hasta he seguido la historia de Teseo tal como figura en Plutarco.
 En este historiador he leído que lo que había hecho creer que Teseo había descendido a los infiernos para raptar a Proserpina fue un viaje que ese príncipe había hecho a Epiro hacia las fuentes del Aqueronte, en las tierras de un rey a cuya esposa quería raptar Piritoo; el tal monarca mantuvo prisionero a Teseo, después de haber dado muerte a Piritoo. De esta manera he tratado de conservar la verosimilitud de la historia sin renunciar al ornato de la fábula, que tanto contribuye a la poesía. Y el rumor de la muerte de Teseo, fundado en ese viaje fabuloso, da lugar a Fedra a hacer una declaración de amor que se convierte en una de las causas principales de su desdicha, y que nunca se hubiese atrevido a hacer de suponer vivo a su esposo.
 Por otra parte, tampoco me atrevo a asegurar que ésta es la mejor de mis tragedias. Dejo que los lectores y el tiempo decidan lo que verdaderamente vale. Lo que sí puedo asegurar es que en ninguna de mis restantes obras se da como en ésta tanto realce a la virtud. La sola idea del crimen es considerada con tanto horror como el crimen mismo".     

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