sábado, 5 de enero de 2019

Bosquejo de política económica española.- Pedro R. de Campomanes (1723-1802)


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Costumbres

«Las costumbres generales, bien que arbitrarias, se forman por dos principios: o por influjo del clima o por la industria del Gobierno. El conocimiento del clima dirige la segunda vía. ¿Quién podría introducir una costumbre en España mediante la cual la nobleza se vistiese como el pueblo o que detestase el puntillo de honor de entre éste o les hiciese engañosos y quebrantadores de su palabra? Por cierto que sería querer trastornar todo el genio e inclinaciones de una nación honrada y puntosa.
 Pues aquí de la sabiduría: reducir ese puntillo a mayor utilidad. En la milicia, el español, aun siendo bisoño, y soldado raso, es veterano en la obediencia al jefe y en mantener el puesto que se le carga o facción que se le encomienda, pues no hay que hacer esfuerzo a minorar este útil punto que reina en el vulgo aun de la nación, si extenderle y animarle en lo posible conteniéndole cuando puede llegar a jactancia o torcerse en algún siniestro. Por eso, las leyes en España que quitan el honor son tan sensibles al pueblo como en otros las de la vida, no se oye cosa más ordinaria al más infeliz que el deseo de conservar su punto.
 Por lo regular suele inclinar esta honrilla a la holgazanería o al orgullo; la sabia disposición es cebar con el punto al pueblo para inclinarle al trabajo. Si en España fuera acto positivo para aumentar el honor el adelantamiento en alguna arte o ciencia y por el contrario desdoro la pereza y holgazanería se verían muchos más dedicados al trabajo útil de la república.
 Dése una hidalguía al que invente una máquina o secreto útil al público, concédase la excepción personal del servicio ordinario al excelente artífice que tuviere un número determinado de oficiales o al mercader que tenga una tienda abastecida de todas las manufacturas del reino formando un tercer estado entre pechero e hidalgo de exentos; pierda la nobleza el holgazán, el facineroso y no se recobre por sus descendientes sin dedicarse a trabajo útil de la república (con tal que no sea de los ínfimos); y se verá en corto espacio de tiempo el comercio y los campos y oficios llenos de menestrales, traficantes y labradores.
 El monarca ha de aumentar el número de honores para tener más premios que distribuir al pueblo, pero si en la distribución se abusa, bien en breve los honores serán sambenitos por el desprecio que trae consigo la abundancia, distribuyéndose sólo a las personas útiles al público, que éstas son las verdaderas personas honradas.
 Las honras hereditarias antiguamente fueron digno premio de aquellos esforzados infantes, ricos hombres, caudillos, mesnaderos, infanzones y fidalgos castellanos, perpetuaron su honor en sus casas y éstas después han dado muchos héroes. Pero las costumbres con que se crían de faustos, abundancia y regalo, crían a muchos enfermizos de cuerpo, débiles, regalones, poco versados en los negocios militares o políticos del reino y, por consiguiente, son unos consumidores de infinitas riquezas inútilmente, detienen en su servicio muchos caballeros que estarían en el del rey con mayor utilidad de la patria; consumen con sus caudales con un tren de criados, excusados, carrozas y sus adherentes, de forma que malbaratan sus estados y con el tiempo vendrán a caer en ruina total de sus casas a instancias de acreedores.
 Las leyes suntuarias se establecieron por lo mismo en España a imitación de las demás provincias bien gobernadas, pero éstas no bastan en el todo; para el tren de calle debían ponerse en uso, pero para el interior son necesarias las mañas de la costumbre. Esta ha de empezar por la crianza de toda la nobleza, dando forma precisa y escuela pública donde se les enseñe, haciéndoles contribuir para ello. Se les debe obligar a viajar por la Europa para instruirse del gobierno extranjero y deponer aquella misantropía que muchos españoles les profesan, y útilmente, poner en un pie la nobleza de no poder recibir la investidura de sus dignidades, títulos, tierras y señoríos sin haber militado efectivamente en los ejércitos de tierra o armadas de mar ocho o diez años. [...]
 Ha habido en España una especie de división de provincia a provincia que ha tomado hecho en todos tiempos la nación menos unida. El manchego insulta al gallego, el vizcaíno al navarro, éste al aragonés, el portugués al castellano, reduciendo todos el amor de la patria a su provincia, como si las demás no fuesen lo mismo por el clima, la religión y casi por el gobierno. Este espíritu de oposición hizo abrir puertas a las naciones para subyugar a España, pues de otro modo tal vez no lo hubieran conseguido. Los cartagineses mantuvieron divididos a los españoles para quitarles sus riquezas, los romanos dividieron de los cartagineses parte de la nación y conquistaron la España dividida; los moros hicieron lo mismo. Venzan con la enseñanza las costumbres este espíritu de oposición y en el trato no haya diferencia de provincias y castíguense aun las más ligeras faltas en este particular para desterrar este abuso, que aunque hoy sólo es objeto de bufonada en el vulgo, es fácil subir al principio que tuvo. El mutuo trato puede vencer esto, y en especial el espíritu de comercio, traficando más la unión por casamientos, continuamente unas provincias con otras.
 Conviene que en la distribución de empleos el espíritu de paisanaje no supere al mérito, éste ha sido un abuso introducido por costumbre que ha fomentado la división de los ánimos de las provincias. Una o dos muy cortas y que no contribuyen como el resto han estancado en sí empleos de alta clase, el mérito no conoce más patria que la virtud, violentada esta máxima todo es perdido. [...]
 Las costumbres se introducen por casualidad, se conservan por imitación y sin examen, se aprecian por envejecidas y se pierden por deseo de la novedad. Conociendo esto último, los chinos tienen un tribunal supremo de costumbres para mantenerlas útiles al Estado en continua observancia.»
   
     [El texto pertenece a la edición en español de Editora Nacional, 1984, en edición de Jorge Cejudo. ISBN: 84-276-0691-5.]

 

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