domingo, 16 de febrero de 2020

Agua y humanidad, existencia recíproca.- Rigoberta Menchú (1959)

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El ser y los seres desde la filosofía cosmogónica

«Somos parte de la Madre Tierra, le pertenecemos porque somos parte de ella y de los equilibrios que hacen posible la vida en su seno; la Madre Tierra nos da energías, vivimos de ella y convivimos con ella. Tomamos lo que de ella necesitamos y se lo compensamos con humildad, con el fin de que la vida nunca se apague, y el equilibro de nuestros ciclos estacionales se mantenga junto con la fuerza de los vientos; para que ayude a los insectos y a los pájaros a llevar el polen  de las flores y para que todos los seres de la creación garanticemos una comunión respiratoria universal. Por eso, una vez más, afirmamos que la tierra no nos pertenece, nosotros pertenecemos a ella.
 Es así, como deleitándome en la mística poética que nutre mi sangre, comparto con ustedes esta enseñanza comprensiva de la vida que hoy se dice, se escucha y se vive en mi pueblo maya:

EL GRILLO
Un grillo cantaba: xi'l, xi'l… Un sembrador que trabajaba cerca se aburrió de oírlo cantar y le dijo: ¡cállate, cómo gritas, ya me duele la cabeza! Y el grillo le contestó: estoy pidiendo la lluvia para tus sembrados.

 Para las culturas ancestrales son varias las sociedades que coexisten: la sociedad mineral, la sociedad de las plantas, la sociedad de los animales y la sociedad humana. A cada una de ellas las reconocemos y las respetamos como tales, pues su conciencia y su asociación natural cumplen con misiones específicas que, al complementarse, generan lo que llamamos vida. Cada una de las sociedades tiene las plenas facultades para comunicarse, todas ellas hablan.
 Todas ellas tienen una sola madre: la Madre Naturaleza. Y la Madre Tierra junto con sus hijas e hijos están gritando hoy, están exclamando dolor, están advirtiendo muerte... lamentablemente generado por la sociedad de sus hijos: la sociedad humana.
 Por eso, abrazo el entendimiento y la voz de los pueblos que me dieron el ser, la identidad y el pensamiento construido para desarrollar la lógica heredada. Los pueblos que, herederos de la sangre y del pensamiento ancestral, de las sensaciones y percepciones evolutivas de nuestros abuelos y abuelas, alzan su voz, hoy enmudecida por la cruel realidad que vivimos en torno a los recursos naturales y al agua, sustento líquido que nos da la Madre Tierra. Nuestros pueblos, en medio de las precarias condiciones económicas, sociales y políticas, producto de los acontecimientos de una historia impuesta y profundamente dolorosa, revelamos hoy, formas, métodos y visión en torno al elemento vital: el sagrado ser del Agua.
 Históricamente, la evolución del ser humano se ha desarrollado a partir de la necesidad de coexistir en sociedad y de enfrentar la vida y sus desafíos en defensa de su colectividad. Esta primera premisa permitió que se desarrollara un ejercicio de producción del conocimiento para todos y todas, un conocimiento universal al servicio de la humanidad. Las primeras fases de cohesión social son las primitivas, y en éstas el elemento coincidente fue, sobre todo, responder a necesidades individuales teniendo en cuenta lo colectivo, además de enfrentar realidades que lesionaban a ese colectivo.
 Lamentablemente, hemos visto, a lo largo de la historia de los pueblos, que hoy ese conocimiento y los descubrimientos científicos pasan de ser patrimonio de la humanidad a ser objetos mercantiles susceptibles de uso y usufructo dinerario.
 Enfrentamos un mundo con precio dinerario y el conocimiento es usufructuado en favor de unos cuantos; ése es el cambio cualitativo evidente y más sensible de la evolución del ser humano en los últimos siglos. Dadas esas nuevas condiciones y formas de entender el conocimiento universal, pero especialmente las relacionadas con la utilización del conocimiento, es necesario dar un giro a nuestros análisis, puesto que debemos enfocar no al mero hecho de producir conocimiento, sino al cómo se produce y se valora en otras sociedades con el fin de ponerlo en práctica y al servicio de las colectividades.
 La ciencia nace como producto de la búsqueda del conocimiento creado y descubierto. El conocimiento, como consecuencia de ello, es el resultado de la necesidad de encontrar una explicación al ser, de su realidad y de la necesidad de transformar en función de encontrar mejores condiciones para el colectivo en general. La necesidad del cambio avanza y se enraíza en la medida en que deseamos mejorar condiciones individuales y colectivas, las propuestas alcanzadas desde las ciencias inspiran a las sociedades a esos cambios, además de fortalecer nuevas formas de vida y de valoración social. La ciencia define a los seres humanos en buena medida, pero el conocimiento científico surge de las valoraciones primeras de los individuos de cada sociedad.
 La definición del ser, precisamente, es el gran debate para la definición del conocimiento y, en consecuencia, el desarrollo de las tendencias ideológicas de los pueblos.
 Un problema ontológico es que desde los orígenes del análisis de los conocimientos filosóficos de los pueblos, no vislumbrados de esa manera, sino en un contexto más actual, al contraponerlos y entender que cada pueblo responde a visiones distintas, nos damos cuenta de que la definición del conocimiento depende de la definición del ser que cada sociedad le da. Entender a una u otra  sociedad y, sobre todo, la producción de su conocimiento implica entender su proceso evolutivo, pero fundamentalmente su manera de valorar y entender el conocimiento.
 Los filósofos griegos, al igual que los de otras civilizaciones, incluida la maya, alimentaban la curiosidad científica y la búsqueda del conocimiento a través de preguntarse: ¿quién es el hombre? Por ejemplo, la alegoría de la caverna nos invita constantemente a identificar y a interpretar la definición del ser y sus aspiraciones desde sus primeros impulsos, teniendo como punto de partida los postulados teóricos construidos en lo que llamamos Occidente.
 Pero el ejercicio de identificación del ser también es histórico y de larga data en los Pueblos Originarios del mundo, cuando se preguntan, en el proceso evolutivo: ¿qué es el ser?, y ¿quién es el ser?»

      [El texto pertenece a la edición en español de Sociedad Estatal Expoagua Zaragoza, 2008. ISBN: 84-935471-6-6.]

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