domingo, 25 de junio de 2017

"Internet. Una indagación filosófica".- Gordon Graham (1949)

 
  Capítulo 5: Internet como anarquía
 3.-Conocimiento e "información"

 «Hay una evidente ingenuidad  en los entusiastas de Internet, especialmente en los fanáticos de la educación y en otros que saben relativamente poco del asunto. Se debe a su fácil suposición de que en Internet existe un inmenso depósito de información. La suposición se mantiene de manera errónea a causa del uso técnico que se le da al término "información". En la expresión "información digital", la palabra información está utilizada en su sentido más simple y no es más que un conjunto de impulsos electrónicos capaces de producir texto e imágenes en una pantalla. La información en tal sentido carece de implicaciones epistemológicas: no implica que dicha información transmita ningún conocimiento genuino. Esto es lo que la hace engañosa, porque en el discurso normal, la "información" es un término epistemológicamente normativo: tener una nueva información implica que ahora sabemos algo que no sabíamos antes. Pero la "información digital" puede almacenar desinformación en el sentido ordinario, y también verdad, de manera que el texto o la imagen que genera puede llegar a producir creencias erróneas en vez de conocimiento.
 La confusión de la información digital con la información propiamente dicha conduce a otra ingenuidad: que Internet posee una autoridad similar a la de las bibliotecas y lo servicios de información. Éste es un error en el que caen los escolares y los estudiantes cuando se les enseña a considerar Internet como un "recurso" útil para sus estudios. "Encontrar" algo en Internet no es como encontrarlo en la Enciclopedia Británica. ¿Dónde está la diferencia? En que la Enciclopedia Británica fue escrita con un cierto propósito, procede de una fuente identificable y tiene una larga y acreditada historia. Nada de esto es cierto en Internet, que contiene lo que contiene con todos los propósitos y procede de todas las fuentes, identificables y no identificables. Por supuesto, tiene cosas como la Enciclopedia Británica, pero es simplemente ilegítimo inferir que porque algunos sitios tengan autoridad, Internet como un todo tenga autoridad epistemológica. No. Eso es falso.
 Esto muestra que debemos tener cuidado para no confundir el poder de Internet como forma de comunicación con su valor como transportador de información epistemológicamente importante. Ignorar esta distinción equivaldría a menospreciar lo que sabemos de los seres humanos. Todas las innegables ventajas de Internet lo convierten tanto en un poderoso instrumento de mentira y desinformación como de conocimiento y aprendizaje.
 ¿De qué manera asegurar lo segundo mientras se evita lo primero? La respuesta más obvia es que deberíamos tratar Internet de la misma manera que cualquier otro medio. Consideramos algunos periódicos y emisoras como más fiables que otros, las estadísticas de algunos gobiernos valen más que las de otros, los informes de algunas agencias están mejor formulados que los de otras. Casi todos estos juicios se basan en el conocimiento previo y en la reputación adquirida. Si leo en un periódico conocido por su sensacionalismo que "científicos" en Tashkent (por ejemplo) han descubierto el lugar de un aterrizaje de marcianos, consideraré el titular con escepticismo. Si leo en el Washington Post o en el Times de Londres, que los físicos del MIT (Massachusetts Institute of Technology) creen haber dado un paso importante en el proceso de la fusión fría, trataré el informe con respeto, por muy sorprendente que me pueda parecer. La diferencia no se debe, como algunos "postmodernistas" pretenden, a un prejuicio o a la convención que arbitrariamente favorece unas fuentes sobre otras. Aunque yo no puedo ir a Tashkent y comprobar la evidencia, y comprendería poco de los principios científicos en que se basa la afirmación (incluso si me la presentasen de primera mano), el conocimiento previo me dice que algunos periódicos son indiferentes a la exactitud con tal de ofrecer titulares  que atraigan la atención y la reputación me dice que el MIT es un establecimiento científico serio. Todo esto me permite rechazar el informe anterior y prestar credibilidad al segundo.
 Tales consideraciones no resuelven el problema. Podría ser que realmente exista la evidencia de un aterrizaje de marcianos en Tashkent y que los sobrios científicos del MIT se hayan pasado de rosca; la fusión fría ha demostrado ser una perspectiva engañosa en el pasado. Pero en estos ejemplos, como en casi cualquier otro, la única guía que tenemos para una creencia razonable es la probabilidad, la demostración es una mercancía muy rara. La conclusión que quiero recalcar aquí es que tales juicios de probabilidad no pueden obtenerse en los informes periodísticos, sino a la luz de lo ya sabido en un contexto más amplio.
 Lo mismo pasa con Internet. Lo que encontramos en este medio sólo tendrá valor desde el punto de vista del conocimiento y de la información fiable si somos capaces de verificarlo con lo que sabemos de otra parte. Si a través de Internet busco el horario oficial de la SNCF -la compañía francesa de ferrocarriles-, tengo todas las razones del mundo para pensar que los horarios que allí encuentre son fiables. Esto lo sé, no a causa de Internet en sí mismo, sino a causa de mi conocimiento anterior sobre la condición y los propósitos de la SNCF, y esto, lo repito, no significa que no exista posibilidad de que me informen mal, pues los horarios oficiales publicados de buena fe pueden contener errores.
 La perspectiva algo extravagante de Internet como al mismo tiempo almacén de datos y lugar de intercambio de valiosa información al abrigo de gobiernos obsesionados con el secreto y la conservación del monopolio sobre el poder que otorga el conocimiento, es una agradable versión del sueño anarquista. Sin embargo, tiene poco de verdad. Internet es una valiosa fuente de conocimiento e información sólo si somos capaces de someter lo que allí encontramos a las verificaciones normales que solemos aplicar a las demás fuentes, y ni su tamaño, ni la libertad del individuo para acceder a la Red alteran este principio. En suma, el material de Internet es tan digno o indigno de fiar como las fuentes de que procede.
 Por lo tanto, hablando en plata, Internet no es una fuente de información, sino sólo un medio, y vale la pena añadir que la naturaleza del medio puede por sí misma socavar su valor como fuente de información.»
 

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