jueves, 1 de junio de 2017

"El devenir de la crítica".- Gillo Dorfles (1910)

 
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Segunda parte: De la poesía visual al "body art"
 XV.-Happening y Body art

«Como sucede con otras prácticas del arte contemporáneo, también el happening necesitaría una definición y una precisión que todavía no se le ha dado. De todos modos, podríamos intentar definirlo de la forma siguiente: "Aquella acción o conjunto de acciones que tienen una finalidad artística (pero que a menudo pueden ser antiestéticas), realizadas por una o más personas de forma improvisada y extemporánea y que ofrecen la característica de carecer de programación previa."
 En efecto, los primerísimos happenings -aquellos cuyo ejemplo serían los realizados por Kaprow- eran, en general, de esta clase. Sin embargo, es verdad que a menudo se han incluido en la categoría de happenings los diversos Conciertos Fluxus, donde, por el contrario, casi siempre existía una programación previa. Este hecho es demostrativo en sí de la dificultad que supone intentar delimitar precisamente las diversas manifestaciones de este campo, a fin de poder ofrecer una exacta precisión al respecto.
 El happening, desde luego, ofrece una de las características más típicas de las artes visuales en la segunda mitad de nuestro siglo: la extemporaneidad, la improvisación e inmediatez ejecutiva, y también la virtud de implicar al espectador en la acción, haciendo que sea un copartícipe de la misma. Y tal vez ésta sea su característica más importante, como podremos ver. Asimismo, otras formas artísticas se han servido de la inmediatez ejecutiva y de las acciones miocinéticas: típico sería, por ejemplo, el caso del action painting. Un artista perteneciente a esta corriente, por ejemplo Pollock, creaba a menudo movido por impulsos repentinos, sin haber previsto cuál sería el producto final de su "acción". Otra forma de prehappening se pudo observar en las "acciones" del grupo Gutai, como también en algunas operaciones realizadas por Klein en Francia y por Manzoni en Italia. Ahora bien, la diferencia sustancial entre happening y action paintig consiste en el hecho de que el primero tiene como condición específica la de ser un acontecimiento provocado para obtener la inmediata participación del público. Y es, sin duda, este importantísimo hecho el que lo aproxima al body art, que puede considerarse precisamente como una especie de acción teatral más limitada, que tiene como actor al artista y como "lugar elegido" para la acción y como "obra" realizada el propio cuerpo del artista.
 ¿En qué se diferencia sustancialmente el verdadero happening del body art? En el hecho de que el primero es una improvisación en la que a menudo participan los "usuarios", mientras que el segundo debe considerarse como una realización que responde en general a un programa de gran precisión, en el cual no es necesaria la participación del público. La época del verdadero happening ha concluido ya su momento histórico y cerrado su ciclo; los Conciertos Fluxus pertenecen de ahora en adelante a la historia. Del verdadero happening hemos pasado muchas veces a las acciones duraderas, tales como los "ambientes" de Vostell, los de Vaccari o los de Patella; a las operaciones del body art tales como las de Gina Pane, de Arnulf Reiner, de Beuys, de Dan Graham, de Chiari; a las performances frecuentemente mezcla de danza, gimnasia rítmica y body, como las de Trisha Brown, de Meredith Monk, de Simone Forti, o a aquellas -mucho más teatrales- de Pistoletto y de Fabio Mauri.
 Además, se ha pasado a la reproducción de estas "acciones", gracias a la fotografía, la televisión y el vídeo-tape. En este sentido, se ha superado aquel estadio del happening primitivo, destinado a no perpetuarse y que hallaba en esa condición su cualidad de extemporaneidad, cualidad ésta que confería su real encanto a operaciones que -por el hecho mismo de estar destinadas a ser reproducidas- han perdido casi siempre su primitivo carácter mágico y ritual. 
 Entonces, ¿se puede hablar de happening en estos últimos casos? Opino que no. Casi todos estos artistas parten en general de un esquema preciso que fue cuidadosamente preparado: será, por ejemplo, el teclado del piano sobre el cual Chiari ejercita sus gestos; serán los fieltros, el sombrero, la pizarra sobre los cuales Beuys dirige sus sermones; será el propio cuerpo modificado, lesionado, enmascarado, desfigurado (véanse los casos de Reiner, de Brus, de Schwarzkogler), o serán las escenas del "Teatro de las Orgías y de los Misterios" de Nitsch, chorreantes de sangre y de vísceras de ovejas degolladas, con espectadores desnudos que se embadurnan con esas vísceras aún humeantes, escenas que se hallan a gran distancia de aquello que originalmente era el carácter específico del happening. Otro componente que se ha perdido en muchas de las "acciones" y de las actuales performances respecto al happening primitivo es la peculiar temporalidad del mismo. El happening se desarrolla siempre en un tiempo real, que transcurre en la misma forma, bien sea para el espectador, bien sea para el creador; y transcurre en un tiempo muy diferenciado del teatral, que es siempre un tiempo ficticio.
 Tal vez sea en este "descarte temporal" donde radique el secreto de la originalidad del happening (y también de muchas prácticas del body art), si se lo compara con el teatro o con el espectáculo cinematográfico y televisivo.
 Existe una última categoría de "acciones" que, en parte, pueden acercarse al happening y que, sin embargo, se alejan del body art y que son, precisamente, las acciones que se efectúan sobre la ciudad, sobre el territorio, como sería el caso de algunas operaciones "desequilibradoras" ideadas por Ugo La Pietra, que actuando sobre el entramado urbano, hace que un número importante de personas -todos los habitantes del sector urbano sobre el que se actúa- se vean implicadas en la acción creadora del artista.»
 

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