miércoles, 19 de abril de 2017

"Leyendas de la Tierra".- Dorothy Vitaliano (1916-2008)

 
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 IV.- Folklore sobre la forma de la tierra

 «A diferencia de las tectitas que, a pesar del interés que revisten desde el punto de vista científico, no tienen un valor económico, excepto como curiosidad  o piezas de museo, los depósitos de minerales reúnen un gran interés práctico. Sus orígenes han preocupado desde la antigüedad. La tribu de Ngadjuri, del sur de Australia, describe en un relato cómo se formaron dos depósitos de pigmentos naturales que ellos utilizan para pintarse cuando practican sus ritos. Desde algún lugar del norte llegó una anciana con dos perros salvajes, uno rojo y otro negro. La anciana era caníbal y los perros mataban gente para ella y compartían el festín, de modo que los pobladores abandonaban frecuentemente los terrenos en los que acampaban para así apartarse de su camino. Sin embargo, cuando se supo que se aproximaba a uno de sus campamentos más grandes, la gente decidió, en lugar de huir, matar al salvaje trío. Dos hermanos fueron elegidos para realizar la tarea y, armados de sus bumeráns, se dispusieron a hacerles frente. Uno de los jóvenes se escondió en un árbol y llamó a los perros para atraer su atención. El perro rojo lo divisó y se lanzó sobre el árbol, mientras el otro hermano salía de su escondrijo, detrás de un arbusto, y arrojaba el bumerán con tal habilidad que cortó al perro en dos. De nuevo, el joven que trepó al árbol llamó la atención del perro negro y éste corrió la misma suerte. Después, los hermanos mataron a la mujer caníbal y así concluyó aquella terrible amenaza. En el lugar en el que se derramó la sangre del perro rojo se formó un depósito de ocre de este color y donde se esparció la del perro negro, uno de ocre negro. (El ocre rojo es una forma impura, en polvo, del mineral de óxido de hierro, hematita; el negro, es una mezcla impura de óxido de manganeso y otros óxidos.)
 El descubrimiento de oro o plata es, en sí mismo, un acontecimiento fascinante. En nuestra memoria surgen historias que, frecuentemente, constituyen más bien folklore que realidad, acerca de depósitos particulares. Se supone que el descubrimiento de plata en Tonopah, en Nevada, en 1902, se debe a un mono del que se dice que pateó un trozo del metal, llamando así la atención de su amo, el buscador de yacimientos Jim Butler.
 Cuando los inicios de una empresa minera se pierden en las brumas del tiempo, las circunstancias que motivaron su descubrimiento adquieren visos de leyenda. Tal es la historia de Banská Stiavnica, una vieja ciudad minera de Eslovaquia que, según Tácito, producía oro y plata desde el siglo I a.C. (El oro y la plata hace mucho que ya no existen, pero el depósito de Banská Stiavnica aún contiene plomo, zinc y cobre.) De acuerdo con la leyenda, un hombre poseía dos salamandras, una de las cuales tenía la habilidad de oler el oro, y la otra la plata. Lo único que el hombre tenía que hacer era soltarlas, seguirlas a donde le condujeran y, si había oro o plata en el suelo, le indicaban dónde era preciso cavar. Estas salamandras, por tanto, le señalaron el lugar en el que se encontraba el mineral en Banská Stiavnica. La leyenda está tan firmemente unida a este depósito que el emblema del lugar presenta dos salamandras, y las procesiones festivas hasta allí están dirigidas por un hombre que lleva una figura exageradamente grande de una salamandra. No se sabe si alguna salamandra tuvo algo que ver con este descubrimiento... Cabe considerar que, quizás, alguien vio desaparecer una salamandra por un orificio, o debajo de una roca -lo que es completamente natural en el caso de una criatura que se sobresalta tan fácilmente- y puesto que desde siempre se ha atribuido a las salamandras un increíble poder mágico (incluida la habilidad de vivir en las llamas), se habría sentido impulsado a investigar y... ¡eureka!
 Retrocediendo un poco más en el tiempo, llegamos hasta el Jasón de la mitología clásica, cuya principal aventura, el apoderarse del Vellocino de Oro, presenta matices geológicos. Jasón, hijo de un rey de Tesalia, fue con sus acompañantes los Argonautas a capturar el Vellocino de Oro que se hallaba en un huerto sagrado en el reino de Cólquide, en Fasis (mar Negro), donde lo custodiaba un dragón que nunca dormía. Ayudado por la hechicera Medea, princesa de Cólquide, Jasón realizó hechos prodigiosos y finalmente consiguió apoderarse del Vellocino de Oro y escapar con él, llevando consigo, de regreso a Tesalia, a Medea. Una antigua interpretación de este mito indica que la expedición de los Argonautas era semi-pirata y que el Vellocino de Oro representa el botín que obtuvieron. Una posibilidad más interesante, desde el punto de vista geológico, ha sido expuesta por T.A. Rickard. En su opinión, Jasón es el antecesor espiritual de los Forty-Niners de California, los Sourdoughs del Klondike y todos los buscadores de oro de todos los tiempos. Parece que existía una tribu, llamada Tibareni, en la antigua Cólquide, que practicaba una técnica de búsqueda consistente en lavar mediante una corriente de agua los yacimientos que contenían oro, dejando correr el agua sobre pieles de oveja que retenían las auríferas partículas. Después de sacudir las escamas gruesas y las pepitas, colgaban los vellones en los árboles para que se secaran y, luego, los golpeaban para extraer el polvo de oro más fino. Fue el rumor acerca de estos "vellones de oro" lo que impulsó a Jasón a emprender su expedición a Cólquide. En esta explicación, dice Rickard, también se encuentra implícito el moderno método de flotación, según el cual el aceite natural de los vellones coge y retiene las partículas metálicas.
 El nombre de un pequeño yacimiento minero, hoy desaparecido, en la Paradise Range (Cordillera del Paraíso) de Nevada es Pactolus. Nunca se materializaron las esperanzas de encontrar oro allí. El nombre se debe a alguien que, sin duda, recibió una educación clásica. El río Pactolus, en Lidia, Asia Menor, era una fuente de aluvión aurífero en la antigüedad. La explicación geológica de cómo llegó allí el oro es prosaica si la comparamos con el mito que inspiró el nombre del yacimiento de Nevada.»

 

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