sábado, 1 de febrero de 2020

El libro de los muertos.- Anónimo (1550 a.C.)

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El peso del corazón del difunto
I

«Osiris Ani, el escriba, dice:
 Mi corazón mi madre, mi corazón mi madre, mi corazón que me entrega el ser. Nada me sea adverso en el juicio, ni se me opongan los Tchatcha, (1) ni nos separemos en presencia del que sostiene la balanza. Tú eres mi ka (2), trabas juntos los miembros en mi cuerpo y los corroboras. ¡Ojalá vayas al lugar dichoso que es mi meta! Y los Shenit (3) no apesten mi nombre, ni contra mí se mienta ante el dios. Excelente, excelente es para ti oír...
 Thoth, juez de Verdad y de Justicia en la gran asamblea de los dioses, congregada ante Osiris, dice:
 Oíd esta sentencia. Se pesó equitativamente el corazón de Osiris y de testigo sirvióle su alma; se le halló veraz en la prueba de la Gran Balanza. No se descubrió en él maldad: no disipó las ofrendas de los templos, ni fueron dañinas sus acciones, ni murmuró mientras estuvo en la tierra.
 La magna asamblea de los divinos contesta a Thoth, que tiene sus lares en Jemennu:
 Será verdad lo que brota de tus labios. Osiris Ani, el victorioso escriba, es puro y justo. No pecó, no realizó ningún mal contra nosotros. No se permitirá que sobre él prevalezca el devorador Amemet. Tendrá manjares, y entrada a la presencia de Osiris, el dios, y se le concederá un campo para siempre en Sejet-hetepu, entre los que siguen a Horus.

II

 Dice el hijo de Isis, Horus:
 A ti vengo, oh Un-nefer, portador del Osiris Ani. Su corazón se estimó justo y llega de la balanza; no faltó a dios ni a diosa. Thoth le pesó cumpliendo la orden pronunciada por la congregación de los dioses; y es recto y veracísimo. Haz que se le otorguen pasteles y cerveza, que se presente al dios Osiris y que sea de los seguidores de Horus por siempre y para siempre.
 Y el Osiris Ani dice:
 He aquí, en tu presencia estoy, oh señor de Amentet. Mi cuerpo está limpio de pecado. Jamás contrarié a la verdad, ni nada hice con corazón falaz. Sea, pues, de los dichosos que forman tu cortejo, un Osiris beneficiado por el dios hermoso y amado del dueño del mundo. En verdad soy un escriba real que te ama, soy yo, Ani, que triunfó ante el dios Osiris. […]

CLIII: Capítulo de no dejar que el cuerpo perezca

 El victorioso Osiris Nu, sobrestante del palacio y canciller en jefe, dice:
 Honor a ti, oh Osiris, divino padre mío. Vine a embalsamarte; embalsama mis miembros para que no perezca y me extinga, sino que me asemeje a mi divino padre Jepera, prototipo de quien no conoció la corrupción. Por consiguiente, da reciedumbre a mi aliento, oh señor de los vientos, que engrandeces los seres semejantes a sí mismos. Corrobórame dos veces y otórgame una forma vigorosa, oh dueño del cofre natural. Haz que entre en el país sempiterno, como lo hicieron por ti en compañía de tu padre Tem, cuyo cuerpo de continuo ignoró la corrupción, ser incorrupto. Jamás efectué lo que detestas, antes bien clamé entre los que aman a tu ka. No permitas que mi cuerpo se cambie en gusanos, pero líbrame como tú hiciste por ti mismo. Te impetro que no me dejes caer en la podredumbre lo mismo que accedes a que cada dios, y cada diosa, y cada animal, y cada reptil vean la putridez una vez que el alma se separa de ellos tras la muerte. Y cuando parte el alma, el hombre contempla la putrefacción y pútridos los huesos de su cuerpo; hediondos, los miembros se deshacen, el esqueleto se troca en un cúmulo desamparado y la carne en un líquido fétido, y el mortal se hermana con la ruina que le sobreviene, y se transforma en innumerables gusanos, y llega a su fin, y perece en presencia del divino Shu lo mismo que cada dios, y cada diosa, y cada ave plumífera, y cada pez, y todo lo que se arrastra, y cada reptil... y cada animal, y todas las cosas. Por tanto, caerán sobre sus vientres cuando me reconozcan y los aterrorizaré; y así ocurrirá a todos los seres después de la muerte, sean bestias, pájaros, peces, gusanos o reptiles. Haz que la vida surja de la muerte y que la descomposición producto del reptil no me concluya, ni me ataquen las distintas formas de cuanto repta. No me entregues al verdugo que ocupa la cámara de tortura (?), que mata los miembros y los repudre sin descubrirse, que destruye los cadáveres y vive de la matanza. Déjame existir y cumplir su mensaje y efectuar lo que mandó. No cedas a sus dedos, no le des autoridad sobre mí, pues estoy bajo tu imperio, oh señor de los dioses.
 Honor a ti, oh Osiris, divino padre mío, que conservas tu ser con tus miembros. No decaíste, no te convertiste en gusanos, no menguaste, no fuiste corrupción ni podredura, ni gusanos. Soy el divino Jepera, y mis miembros gozarán de perdurable existencia. No decaeré, no me corromperé, no me pudriré, no me cambiaré en gusanos y no veré la descomposición en presencia del dios Shu. Tendré mi ser, poseeré mi ser; viviré, viviré; germinaré, germinaré, germinaré; caminaré en paz; no me pudriré; no perecerán mis intestinos (?); no sufriré mal; mi ojo no soportará menoscabo; no se borrará la forma de mi rostro (?); no se ensordecerá mi oreja; mi cabeza no se desprenderá de mi cuello; no me arrebatarán la lengua; no se raerá mi cabello; no rasurarán mis cejas; ni se me acarreará ningún daño lamentable. Se corroborará mi cuerpo y no se arruinará ni se destruirá en esta tierra.»

 (1): Tchatcha: Jefes o Cabezas. Los "Tchatcha" de Osiris eran Mestha, Hapi, Tuamáutef y Qebhsennuf.
 (2) Ka: el significado de este término ha dado pie a una serie de eruditos estudios. Suele traducirse por "doble".
 (3) Shenit: magistrados u oficiales divinos. 

   [El texto pertenece a la edición en español de Ediciones Orbis, 1988, en traducción de Juan A.G. Larraya. ISBN: 84-599-1226-4.]

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