sábado, 28 de noviembre de 2020

Libro de los hechos.- Jaime I (1208-1276)

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 «[497] Después fuimos a Tarazona y el rey de Castilla nos siguió, pues no se quiso separar de Nos mientras estuvimos en su tierra. Nos le rogamos que pasase la fiesta de Navidad que estaba próxima con Nos, pero él dio algunas excusas, aunque al final lo tuvo que hacer a instancias nuestras, y vino con Nos a Tarazona.
 Nos, habiéndolo preparado con antelación, previnimos para él y para todos los que le acompañaban todo lo que necesitaban; lo dispusimos de manera que cada ricohombre que fuera con él tuviese en su tienda pan, vino, cera, salsa, fruta y todas las cosas que pudiese necesitar, a fin de que no andasen molestándose unos a otros pidiéndose cosas.
 [498] Pasó allí siete días con Nos y, en aquellos siete días, le dimos siete consejos para que los aplicase en sus asuntos.
 El primer consejo fue que, si había dado su palabra a alguien, la cumpliese por encima de todo, pues más le valía pasar la vergüenza de decirle que no a alguien que le pidiese algo, que no tener que lamentarse de no haber cumplido lo que se había prometido.
 El segundo consejo fue que, si se había comprometido por escrito con alguien, se atuviese a ello, pero que pensase bien antes si convenía hacerlo o no.
 El tercer consejo fue que retuviese a su gente bajo su señoría, porque la gente se mantiene fiel al rey bajo el que Dios la ha puesto, si éste la sabe mantener con afecto y según sus exigencias.
 El cuarto consejo fue que, en caso de tener que elegir a quién conservar, que antepusiese a dos estamentos: esto es, el eclesiástico, por un lado, y el popular y los ciudadanos del país, por otro; pues son gente que ama Dios por encima de los caballeros, dado que los caballeros se alzan antes contra la señoría que ellos. Si bien sería preferible que pudiese conservarlos a todos; pero de no ser así, que conservase a aquéllos, puesto que con ellos destruiría a los otros.
 El quinto consejo fue que Dios le había dado Murcia, y Nos, con Nuestro Señor, se la habíamos ayudado a tomar y conquistar; y que los documentos que habíamos otorgado a los pobladores de Murcia, y los que él les había otorgado después, no se cumplían sino que se infringían y se les mermaban las heredades. Pues se les daban veinte o treinta tahúllas*, o al que más le daban, le daban cincuenta, y que cincuenta tahúllas no eran sino dos yugadas de Valencia, que no suponen más que doce cahíces de sembradura. Por lo que, siendo Murcia la mejor villa que solía haber en Andalucía, excepto Sevilla, era un gran error permitir que la gente dijese que él y sus hombres no sabían repartir la tierra. Pues nunca sería buena Murcia si no hacía una cosa, a saber: "Que pongáis cien hombres valiosos, que os sepan acoger como corresponde cuando vayáis allá, y que procuréis que estén bien remunerados, pues ni con cien tahúllas ni con doscientas estaría bien remunerado un hombre de valía. Del resto, que se encarguen los menestrales. Así organizaréis una buena villa. Y si se lo habéis dado a hombres que no viven allí, pactad con ellos y dádselo a hombres que residan allí".
 El siguiente consejo fue que no hiciese juicios en privado, pues no era propio de rey hacer justicia en su casa y particularmente. Esto tuvo lugar en Tarazona.
 [499] Él se marchó de Tarazona y se fue a Fitero**; aquí nos llegó un mensaje diciendo que estaba muy mal de una pierna a causa de una coz que le había dado un caballo en Burgos. Fuimos allí rápidamente, acompañándonos cuatro o cinco caballeros y nuestra comitiva; y lo vimos y le dimos ánimos.
 Llevamos con Nos a un cirujano nuestro -que se llamaba maestre Juan- y nos proveímos de todo cuanto pudiera ser necesario. Nos quedamos con él durante cuatro o cinco días, al cabo de los cuales nos rogó con mucho interés que regresásemos, pues ya se había curado.
 Y él se dirigió a Castilla y Nos nos encaminamos a Calatayud; y estuvimos en Calatayud un mes o más.
 […]
 [523] Después nos volvimos al reino de Valencia y, al llegar a Alcira, se nos presentó un mensajero del papa, llamado fray Pedro de Alcalá, con una carta del pontífice Gregorio X, en la cual se decía que nos rogaba que le diésemos consejo y ayuda acerca de la cruzada a Tierra santa en ultramar.
 Nos agradó mucho y nos alegramos sobremanera, y le contestamos que Nos nos presentaríamos en la fecha que nos indicaba. Acto seguido, nos preparamos para acudir al concilio a Lyon, tal como él nos había anunciado y rogado. Mucho antes de llegar encargamos lo relativo a nuestro alojamiento, enviando todo lo que necesitaríamos para dos o más meses.
Resultado de imagen de jaime I libro de los hechos A mediados de cuaresma, pues, nos pusimos en movimiento desde Valencia en dirección a Lyon. Al llegar a Gerona, el infante don Pedro, nuestro hijo, nos invitó el día de pascua en Torroella, donde estuvimos con él. Seguidamente, nos dirigimos a Perpiñán hasta donde nos acompañó, ordenándole aquí que regresara. Y Nos seguimos hacia Montpellier, donde pasamos ocho días. Después, proseguimos el camino.
  […]
 [525] El papa estaba en su habitación y, cuando le avisaron que veníamos, salió solemnemente revestido. Lo vimos pasar por delante de Nos y se sentó en su silla. Nos les hicimos aquella reverencia que los reyes hacen y que han acostumbrado hacer al papa. Nos habían puesto una silla para sentarnos, cerca de la suya, al lado derecho.
 Le dijimos que habíamos venido en la fecha en que nos había convocado, pero que, dado que era el primer día, en aquel día no debíamos hablar de ningún asunto hasta el siguiente. Al llegar el día siguiente, cuando estuviéramos delante de él y oyéramos lo que nos proponía, Nos le contestaríamos de modo que quedaría satisfecho de Nos.
 [526] Al llegar el día siguiente, Nos nos personamos ante él y lo encontramos en su habitación con sus cardenales. Entraron con Nos el arzobispo de Tarragona, el obispo de Barcelona, el de Valencia, el de Mallorca y el de Huesca; y tomamos asiento.
 A poco de estar sentados, el papa se puso a hablar de la empresa de Tierra santa en ultramar y de cómo se había desplazado con este propósito, y de que nuestro Señor los había guiado para llevar adelante aquella gesta.
 Añadió que se alegraba tanto de nuestra visita y que confiaba en Dios en que, por medio de Nos y de los otros, Dios le ayudaría de tal modo que sería beneficioso para Tierra santa y que gracias a ello se conquistaría.»
 
 *Medida agraria, generalmente de terrenos de regadío, algo superior a las once áreas.
 ** Población de la provincia de Soria, cercana a Tarazona.

  [El texto pertenece a la edición en español de Editorial Gredos, 2003, en traducción de Julia Butiñá Jiménez, pp. 500-502 y 516-19. ISBN: 84-249-2371-5.]

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