viernes, 29 de junio de 2018

Romancero viejo.- Anónimo (ss. XIV-XVI)


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Romance del rey de Aragón
 
«Miraba de Campo-Viejo / el rey de Aragón un día,
miraba la mar de España / cómo menguaba y crecía;
miraba naos y galeras, / unas van y otras venían:
unas venían de armada, / otras de mercadería;
unas van la vía de Flandes, / otras la de Lombardía;
esas que vienen de guerra / oh, ¡cuán bien le parecían!
Miraba la gran ciudad / que Nápoles se decía,
miraba los tres castillos / que la gran ciudad tenía:
Castel Novo y Capuana, / Santelmo, que relucía,
aqueste relumbra entre ellos / como el sol de mediodía.
Lloraba de los sus ojos, de la su boca decía:
-¡Oh, ciudad, cuánto me cuestas / por la gran desdicha mía!
cuéstasme duques y condes, / hombres de muy gran valía,
cuéstasme un tal hermano, / que por hijo le tenía;
de esotra gente menuda / cuento ni par no tenía;
cuéstasme ventidos años, / los mejores de mi vida,
que en ti me nacieron barbas, / y en ti las encanecía.
 
Arriba, canes, arriba...
 
¡Arriba, canes, arriba! / ¡que rabia mala os mate!
En jueves matáis el puerco / y en viernes coméis la carne.
Ay, que hoy hace los siete años / que ando por este valle,
pues traigo los pies descalzos, / las uñas corriendo sangre;
pues como las carnes crudas / y bebo la roja sangre,
buscando, triste, a Julianesa, / la hija del emperante,
pues me la han tomado moros, / mañanica de San Juan
cogiendo rosas y flores / en un vergel de su padre.
Oído lo ha Julianesa, / que en brazos del moro está,
las lágrimas de sus ojos / al moro dan en la faz.

La ermita de San Simón
 
En Sevilla está una ermita / cual dicen de San Simón,
adonde todas las damas / iban a hacer oración.
Allá va la mi señora, / sobre todas la mejor,
saya lleva sobre saya, / mantillo de un tornasol,
en la su boca muy linda / lleva un poco de dulzor,
en la su cara muy blanca / lleva un poco de color,
y en los sus ojuelos garzos / lleva un poco de alcohol,
a la entrada de la ermita, / relumbrando como el sol.
El abad que dice misa / no la puede decir, no,
monacillos que le ayudan - no aciertan responder, no,
por decir: amén, amén, / decían: amor, amor.

Romance de la gentil dama y el rústico pastor
 
Estáse la gentil dama / paseando en su vergel,
los pies tenía descalzos, / que era maravilla ver;
desde lejos me llamara, / no le quise responder.
Respondile con gran saña: / -¿Qué mandáis, gentil mujer?
Con una voz amorosa / comenzó de responder:
-Ven acá, el pastorcico, / si quieres tomar placer;
siesta es del mediodía, / que ya es hora de comer;
si querrás tomar posada / todo es a tu placer.
-Que no era tiempo, señora, / que me haya de detener,
que tengo mujer y hijos, / y casa de mantener,
y mi ganado en la sierra, / que se me iba a perder,
y aquellos que me lo guardan / no tenían qué comer.
-Vete con Dios, pastorcillo, / no te sabes entender,
hermosuras de mi cuerpo / yo te las hiciera ver:
delgadica en la cintura, / blanca soy como el papel,
la color tengo mezclada / como rosa en el rosel,
el cuello tengo de garza, / los ojos de un esparver,
las teticas agudicas, / que el brial quieren romper,
pues lo que tengo encubierto / maravilla es de lo ver.
-Ni aunque más tengáis, señora, / no me puedo detener.»


 [Los textos pertenecen a la edición en español de Ediciones Cátedra. ISBN: 84-376-0080-4.]

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