jueves, 4 de enero de 2018

Wilt.- Tom Sharpe (1928-2013)


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«-Lo que pasa con Wilt, en mi opinión, es que le falta empuje -dijo el jefe del Departamento de Inglés, que era por su parte, un hombre débil que tendía a enfocar y resolver los problemas con un grado de error que compensaba su falta natural de autoridad.
 El Comité de Ascensos asintió con un gesto global de cabeza por quinto año consecutivo.
 -Quizá le falte empuje, pero es un individuo comprometido -dijo el señor Morris, librando su combate anual desde la retaguardia en favor de Wilt.
 -¿Comprometido? -preguntó con bufido el jefe del Departamento de Abastecimiento-. ¿Comprometido con qué? ¿El aborto, el marxismo o la promiscuidad? Ha de ser con una de esas tres cosas. Aún no he conocido ni a un solo profesor auxiliar de Humanidades que no fuese un chiflado, un pervertido o un revolucionario radical, y muchos de ellos eran las tres cosas.
 -Bien, bien -dijo el jefe del Departamento de Ingeniería Mecánica, en cuyos tornos un alumno chiflado había fabricado varias bombas de tubería.
 El señor Morris se encrespó.
 -Admito que uno o dos profesores auxiliares han sido... en fin... un poco exaltados políticamente, pero rechazo la imputación de que...
 -Dejemos las generalidades a un lado y volvamos a Wilt -cortó el subdirector-. Decía usted que es una persona comprometida.
 -Necesita aliento -dijo el señor Morris-. Demonios, el hombre lleva diez años con nosotros y aún sigue en el Grado Dos.
 -Eso es precisamente lo que quiero decir yo cuando digo que no tiene empuje -dijo el jefe de Departamento de Inglés-. Si se hubiese merecido un ascenso, ya se le habría nombrado profesor titular.
 -He de decir que estoy de acuerdo -dijo el jefe del Departamento de Geografía-. Un individuo que acepta pasar diez años con Instalaciones de Gas y Lampistería es evidente que no tiene condiciones para desempeñar un puesto administrativo.
 -¿Tenemos que ascender únicamente por razones administrativas? -preguntó cansinamente el señor Morris-. Da la casualidad de que Wilt es un excelente profesor.
 -Si se me permite un comentario -dijo el doctor Mayfield, jefe del Departamento de Sociología-, en este momento es vital que tengamos en cuenta que, dada la introducción inminente del título de licenciatura especial conjunta en Estudios Urbanos y Poesía Medieval, título cuya aprobación provisional por el Consejo Nacional de Títulos Académicos tengo el placer de anunciar, al menos en principio, mantengamos una actitud viable en cuanto al personal en lo que respecta a los profesores titulares, adjudicando plazas a candidatos con conocimientos especializados en esferas determinadas de la actividad académica en vez de...
 -Si se me permite interrumpir sólo por un momento -dijo el doctor Board, titular de Idiomas Modernos-, ¿quiere usted decir que deberíamos tener puestos de profesores titulares para especialistas muy cualificados que no saben enseñar en vez de ascender a profesores auxiliares sin doctorado que sí saben?
 -Si el doctor Board me hubiese permitido continuar -dijo el doctor Mayfield- habría podido entender que lo que yo decía...
 -Dudo que -continuó el doctor Board-, prescindiendo de su sintaxis...
 Y así por quinto años consecutivo se olvidó el ascenso de Wilt. La Escuela de Artes y Oficios Fenland se estaba ampliando. Proliferaban los cursos nuevos y aparecían más estudiantes con menos cualificaciones para que les enseñasen más profesores con más cualificaciones, hasta que un día la escuela dejase de ser una mera Escuela de Artes y Oficios y ascendiese de estatus pasando a ser Escuela Politécnica. Era el sueño de todo jefe de departamento y mientras tanto se ignoraban el amor propio de Wilt y las esperanzas de Eva Wilt.
 Wilt se enteró de la noticia justo antes de comer en la cantina.
 -Lo siento, Henry -dijo el señor Morris cuando hacían cola con sus bandejas-, es esta condenada presión económica. Tuvieron que hacer una reducción hasta en Idiomas Modernos. Sólo hubo dos ascensos.
 Wilt asintió con un cabeceo. Era lo que había llegado a esperar. Un departamento inadecuado, un matrimonio inadecuado y una vida inadecuada. Se llevó sus filetes de pescado a una mesa de un rincón y comió solo. A su alrededor otros miembros del personal discutían las perspectivas del Nivel A y quién se sentaría en el Comité de curso al año siguiente. Enseñaban Matemáticas o Economía o Lengua, materias que contaban y donde el ascenso era fácil. Humanidades no contaba y no se planteaba el ascenso. Era así de sencillo. Wilt terminó su almuerzo y subió a la biblioteca de libros de referencia a buscar insulina en la farmacopea. Tenía entendido que era el único veneno indetectable.
 
A las dos menos cinco, sin saber más que antes, bajó al aula 752 a ampliar la sensibilidad de quince aprendices de carnicero, designados en el tablón de horarios como Carne Uno. Como siempre llegaron tarde y borrachos.
 -Hemos estado bebiendo a la salud de Bill -se excusaron cuando fueron entrando a las dos y diez.
 -¿De veras? -dijo Wilt, entregándoles ejemplares de El señor de las moscas-. ¿Y qué tal está Bill?
 -Muy mal -dijo un joven grande que tenía pintado en la espalda de su chaqueta de cuero "Puaf"-. Vomita sin parar. Es su cumpleaños y se tomó cuatro vodkas y un Babycham...
 -Estábamos en la parte en que Piggy está en el bosque -dijo Wilt, desviándoles de una enumeración de todo lo que había bebido Bill por su cumpleaños. Cogió el borrador y borró de la pizarra el dibujo de un diafragma.
 -Ésa es la marca de fábrica del señor Sedgwick -dijo uno de los carniceros-. Siempre está hablando de anticonceptivos y cosas así. Está obsesionado con eso.
 -¿Que está obsesionado con eso? -dijo lealmente Wilt.
 -Sí, ya sabe, control de la natalidad. Bueno, antes era católico, ¿no? Y ahora ya no lo es, y quiere compensar el tiempo perdido -dijo un jovencito de pálido rostro desenvolviendo un caramelo.
 -Alguien debería hablarle de la píldora -dijo otro joven alzando soñoliento la cabeza de la mesa-. Con el chisme ese no puedes sentir nada. La píldora es mucho más emocionante.» 
 
 
 [El extracto pertenece a la edición en español de RBA Editores, 1992, en traducción de J. M. Álvarez Flórez. ISBN: 84-473-0011-0.] 
 

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