martes, 23 de enero de 2018

La revolución del África negra.- Giampaolo Calchi (1935-2017)


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El panafricanismo como ideología de liberación

«El paso del tribalismo tradicional al nacionalismo negro-africano moderno no carece de puntos oscuros, por los excesivos vacíos que caracterizan la historia de las sociedades africanas. Y tardío e incompleto ha sido el nacimiento de los estados-naciones. En su Breve historia de África, los historiadores ingleses Roland Oliver y John D. Fage recuerdan que la primera oposición al dominio europeo surgió de las antiguas sociedades tradicionales, especialmente donde las estructuras estatales precoloniales habían alcanzado y mantenido un apreciable nivel de organización y cohesión; pero es difícil hablar de estas manifestaciones como una muestra de "nacionalismo". Con las modificaciones introducidas por la administración colonial en las sociedades tradicionales, surgieron nuevos tipos de resistencia: el revivalismo, por su íntima naturaleza reaccionario porque, hostil a la dominación europea a causa de una suspicacia total frente a la modernización más que por una defensa de la individualidad estatal, cedió al nacionalismo de los elementos "evolucionados", contrario del mismo modo al colonialismo europeo y a los privilegios de las jerarquías feudales y consciente de la conexión necesaria entre ciudadanía moderna y estado nacional. El significado de la resistencia al colonialismo cambió. Y África negra pudo empezar a pensar en términos de independencia.
 La formación de estados africanos independientes es un fenómeno relativamente reciente que se remonta a la segunda postguerra. Los estados negros africanos no presentan ni siquiera una rigurosa continuidad histórica con las entidades estatales de la era precolonial, como para poder considerar la dominación colonial como un incidente, habiendo sido, en cambio, la causa de una ruptura y, consiguientemente, de un giro decisivo. Tres fueron las fuentes que confluyeron para formar el nacionalismo africano: la tendencia, eminentemente británica, de constituir estados basados sobre el principio nacional; la agresividad del negro contra el blanco, ésta de origen americano, para trastornar en todo el continente la relación de subyugamiento de los negros, y el esfuerzo, específicamente francés, de definir una doctrina y una filosofía negras. Se trata de "ideas-fuerza" de adquisición extranjera, carentes de un origen propio, aunque su realización, primero en el África Occidental británica y luego en todos los demás territorios, haya pasado a través de una interpretación más propiamente "africana".

Los programas de Garvey y Du Bois
 
 El primer elemento sobre el cual conviene detenerse brevemente es el racial. Se remonta, en efecto, al "sionismo negro", la génesis del nacionalismo africano. En este análisis, la historia y la etnología confunden sus términos: basta pensar que para el África negra, entre las obras reveladoras de los sentimientos de oposición que se iban acumulando contra el imperialismo europeo, hay el estudio Facing Mount Kenya del futuro leader nacionalista keniano Jomo Kenyatta, sobre las costumbres y las tradiciones de la tribu de los kikuyus. Fundamentales han sido siempre las reacciones contra el complejo de inferioridad (desconocido por los negros antes de la ocupación de sus tierras) en las confrontaciones con el hombre blanco y la aspiración a conseguir un status de dignidad correspondiente a las tradiciones. Surgida en los Estados Unidos, la "cuestión negra" debía con el tiempo convergir en África, liberándose del cosmopolitismo propio de toda ideología de "exiliados" y adquiriendo una función eminentemente política.
 En Norteamérica, donde existían condiciones más propicias para una racionalización de los sentimientos que agitaban el alma negra, en oposición a la ciudadanía de los blancos y a la falsa perspectiva de integración en ella de los negros, se elaboró una doctrina fundada sobre las tradiciones comunes del continente negro y proyectada hacia el "retorno". El panafricanismo -que fue desde el principio "una simple manifestación de solidaridad fraterna entre los negros de ascendencia africana de las Antillas británicas y de los Estados Unidos de América" (Ph. Decraene)- ha llenado el vacío ideológico de la sociedad africana, vacío que duró mucho tiempo, por la desorganización de aquélla y la represión ejercida por los europeos. Un precursor fue Sylvester Williams, oriundo de Trinidad, quien actuó en Inglaterra a principios de siglo, organizando la primera conferencia panafricana. Sus seguidores más acreditados fueron W. E. Burghardt Du Bois y Marcus Aurelius Garvey, promotores de los llamamientos a la unidad en el período entre las dos guerras, que dejaron luego el puesto al panafricanismo "moderno", matizado por el contenido político.
 Entre Du Bois y Garvey existe una profunda divergencia de objetivos, ya que Du Bois, verdadero padre del panafricanismo, basaba su acción en la emancipación política, económica y social del negro, contando con un entendimiento inmediato con los leaders de los movimientos progresistas blancos, en tanto que el panafricanismo mesiánico del "sionismo negro" (Back to Africa) acabó por encerrarse en una sumaria exaltación de la raza negra, destinándole el continente africano como única meta, fuera de cualquier otro propósito específico rescate. Aun sin entrar en el examen detallado del garveísmo -una mezcla de protesta y de utopía, un conjunto de mitos, de ilusiones y de rebelión-, la referencia a su acción es necesaria para la estrecha correlación que lo liga al nacionalismo africano: a causa de la carencia de un concepto "nacional" bien definido, efectivamente, la toma de conciencia anticolonial de los pueblos africanos ha tenido necesidad de una noción unificadora a la que referirse; y una contribución determinante para tal exigencia de cohesión surgió de la campaña panafricana que propagó el mito del "pueblo negro". Al rescate del negro ayudó también el extremismo verbal de Garvey, que impregnó la protesta de una desenfrenada xenofobia y un exclusivismo violento. A pesar del fracaso del plan de Garvey para una "colonización" negra de las costas africanas, que debía empezar desde Liberia, y el hundimiento de las asociaciones garveístas, que se habían expresado en 1920 en el primer congreso pannegro, los estímulos emotivos del "sionismo negro" ("África para los africanos, en la patria y en el extranjero") fueron de notable ayuda para el despertar de África y para su lucha contra la explotación practicada por los europeos.
 Pero más incisivo debía resultar, para el renacimiento político de África, el panafricanismo en sentido propio, difundido sobre todo por la acción de W. E. Burghardt Du Bois, quien se dirigió a una opinión más madura, aunque más restringida, respecto a las masas afectadas por los llamamientos demagógicos de Garvey. [...]
 La adecuación de los sueños panafricanistas a la realidad concreta de los territorios africanos (los futuros estados independientes) se debe a los movimientos de opinión, convertidos luego en partidos políticos nacionalistas, que se desarrollaron en la Costa de Oro (Ghana) y en Nigeria. El panafricanismo fue el trait d'union que infundió en las reivindicaciones difusas de la élite africana politizada un contenido expresamente "nacional": en esta acepción nacional, el momento de la independencia estatal tiene prioridad sobre los principios de nación, pero esta deficiencia se debe, por lo general, a factores extraños de perturbación (como la heterogeneidad étnica, lo artificial de las fronteras, la ausencia de tradiciones estatales consolidadas, etc.). Creado el estado, los gobiernos africanos se han empeñado en la búsqueda de una nación, unificando a las tribus comprendidas en los límites de la propia soberanía. A este fin han concurrido las referencias, cada vez más pertinentes, a la historia de los imperios africanos precoloniales.»
 
 [El extracto pertenece a la edición en español de la editorial Bruguera, 1970, en traducción de Mariano y Rafael Orta. Depósito legal: B 12358-1970.] 
 

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