viernes, 12 de enero de 2018

Círculo de luz y otros relatos.- Irwin Shaw (1913-1984)


Resultado de imagen de irwin shaw   
Círculo de luz

«-Por última vez -dijo Martin-, o te aseguro que se lo diré a la Policía.
Bowman suspiró.
-Lo único que hago es observar- dijo, en un susurro-. Nunca he hecho mal a nadie. ¿Por qué no me dejas en paz, chico?
 -¿Qué quiere decir eso de observar?
 Bowman rio entre dientes, casi sin ruido.
 -Observo a los que son felices -dijo. Ahora su voz sonaba coquetona, como la de una jovencita, y Martin empezó a dudar, por primera vez, de la cordura del hombre que tenía a su lado, sobre el césped mojado y bajo la luz de la luna-. Te sorprendería saber -dijo Bowman, como confiándole un secreto- cuántas personas felices parece haber por estos andurriales. De todas las edades, de todas las tallas, de todas las religiones... Andan de un lado a otro sonriendo ampliamente, se estrechan la mano, van al trabajo por la mañana y besan a sus esposas en la estación al volver a casa, cantan en las fiestas, echan monedas en la bolsa de la colecta en la iglesia, pronuncian discursos en las asociaciones de padres de alumnos y maestros sobre la manera de educar a la joven generación, salen juntos de vacaciones, invitan a sus amigos, hacen el amor, depositan el dinero en el Banco y contratan seguros, hacen negocios, se dicen los unos a los otros lo afortunados que son, compran nuevas casas, abrazan a sus parientes políticos y bautizan a sus hijos, se someten a un chequeo cada año por temor al cáncer; todos parecen saber lo que hacen, los que quieren, adónde van... Como yo. -Rio de nuevo entre dientes, con la misma áspera risita-. Pero lo principal es: ¿a quién engañan? ¿A quién engaño yo? Mírame. -Se acercó más a Martin, proyectando en su cara un aliento cargado de ginebra, de vino, de coñac-. Tengo la casa más grande del vecindario y la mujer más hermosa. Puedo vanagloriarme de que al menos diez hombres del lugar le han puesto los puntos, sin que ella se signase pestañear siquiera. Tengo tres hijos que dicen "Sí, señor; no, señor" y que rezan cada noche por papá y por mamá. Pero todo es una comedia. No creas una sola palabra. A veces, cohabito con mi esposa, pero no significa nada. Un animal cayendo sobre otro en la selva. Cediendo uno de ellos a un impulso, y el otro... ¿cómo lo diría...?, resignado. Y nada más. Me levanto de su cama y vuelvo a la mía, avergonzado de mí mismo. No me siento como un ser humano. ¿Puedes comprenderlo? Ahora estoy borracho, borracho; pero, si fuese sincero cuando estoy sereno, diría lo mismo. ¿Y qué significa esto para mi mujer? Le interesa más decidir si va a comprar unas cortinas verdes el año próximo para el comedor que el hecho de que yo viva o me muera. Cuando me marcho al trabajo por la mañana, tengo la impresión de que ella se olvidará de mi nombre tres veces en un solo día. Y mis hijos..., son un estado independiente, de allende las fronteras, esperando el momento de declarar la guerra. Sorpresa: lanzad la bomba y matad a papá. Es normal. Lee los periódicos. Todos los días hay hijos que matan a sus padres. Por no hablar de los que los abandonan y los dejan morir. Observa las residencias de ancianos, los hospitales de incurables. Yo estoy sentado todo el día en un despacho, contrato personal y lo despido, tomo decisiones importantes y siempre, detrás de mí... ¿qué hay? Un insondable vacío.
 Martin retrocedió un poco, sintiéndose aturdido por el aliento alcohólico, por el súbito alud de palabras de un hombre que, hasta aquel momento, le había parecido a Martin casi igual a todos los que había conocido durante el fin de semana.
 -Sin embargo -repuso, preguntándose si Bowman trataba astutamente de desorientarle con su incoherente, vaga y lastimosa confesión-, ¿qué tiene esto que ver con subir a las galerías y mirar por las ventanas?
 -Estoy buscando una respuesta -respondió taimadamente Bowman-. Soy un explorador, en busca de un oasis en medio del gran desierto americano. Soy optimista. Creo que tiene que haber una respuesta. Creo que hay gente que no engaña. Personas que parecen felices y lo son. Sólo que hay que pillarlas por sorpresa, chico, cuando no sepan que las observas, para arrancarles su secreto. Todo el mundo sonríe cuando se sabe observado; como cuando te fotografían delante de un monumento durante tus vacaciones. Hay que sorprender a la bestia en su hábitat natural y, sobre todo, como dicen los fotógrafos, en un momento significativo, cuando revela su secreto. Tomando una taza de café por la noche, en la cocina, manifestando cómo es su vida conyugal. ¿Hay amor en su cara? ¿Odio, aburrimiento? ¿Está pensando en irse a Florida con otra mujer? O ayudando a su hijo de diez años a hacer sus deberes. ¿Qué revela su semblante? ¿Tiene alguna esperanza? O haciendo el amor. ¿Muestran ternura de seres humanos, se tocan con benevolencia y gratitud o no son más que un animal echándose sobre otro animal, como yo mismo y mi mujer?
 -¿Quieres decir -preguntó Martin, con incredulidad- que les observas en estos momentos?
 -Desde luego -admitió tranquilamente Bowman.
 -Estás loco -dijo Martin.
 -Bueno, si vas a tomarlo así... -Bowman se encogió de hombros, con aire ofendido por falta de comprensión-, es inútil que trate de explicártelo. Lo que es una locura es vivir como yo vivo, año tras año, sin sentir nada, pensando: alguien tiene el secreto; está aquí; sólo tengo que encontrarlo y hacer algo. O renunciar, rendirme... ¿Qué es? ¿O todo es un vacío? ¿Para todos? ¿Lo sabes tú? Quizá tendrías que observar también alguna vez a través de un par de ventanas -dijo despectivamente Bowman-. Con esa honrada y seria cara californiana que tienes... Quédate, y te llevaré conmigo. Conocerás las interioridades de algunas de las personas que están aquí... -Señaló el jardín iluminado-. Esa linda dama que estuvo a tu derecha durante la cena, Mrs. Winters. No se despega de su marido y ríe sus chistes, como si él ganase un millón de dólares al año en la televisión, y le tiene siempre asido de la mano, como si estuviesen en vísperas de casarse. Pues bien, yo he estado allí, he estado allí... ¿Sabes lo que hacen cuando vuelven a casa por la noche?
 -No quiero saberlo -replicó Martin, pues le había gustado Mrs. Winters.
 -No temas -dijo Bowman, en tono burlón-. No ofenderé tu prístina pureza. No se dicen una palabra. Ella sube al piso alto, se toma un puñado de píldoras, se embadurna la cara y se pone una máscara para dormir y él se sienta en la planta baja, con una lámpara encendida, y bebe whisky a palo seco. Cuando ha despachado media botella, se tumba en el diván, sin descalzarse, y se queda dormido. Estuve allí cuatro veces y siempre ocurrió lo mismo. Píldoras, whisky, silencio. ¡Los tortolitos! Es para mondarse de risa.»

 [El extracto pertenece a la edición en español de Plaza&Janés, en traducción de J. Ferrer Aleu. ISBN: 84-01-30417-2.]

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Realiza tu comentario: