jueves, 6 de abril de 2017

"Libro de Alexandre".- Anónimo (s. XIII)


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 IV.- Campaña contra el rey persa, Darío
 
Arenga de Alejandro

 «Del rey Alejandro algo os voy a contar,
-verdad quiero decir, pues no quiero pecar-,
cuánta prudencia tuvo, cómo empezó a actuar
cuando las huestes vio de Darío asomar.

Alzó hacia Dios las manos mirando al infinito:
"Señor, que a todos das alimento gratuito,
sea tu nombre loado, sea siempre bendito,
porque de esta cuita me libraste, bienquisto.

Agradecerte esto, nunca jamás sabría,
pues me has dejado ver esta gran alegría;
siempre te pedí esto que haré en este día,
pues por ello salí de Corinto, la mía."

Se volvió a sus vasallos que estaban en redor,
y empezó a hablarles con todo su fervor:
"Amigos -dijo-, veis, gracias al Creador,
que nuestras cosas van todavía mejor.

Todos nuestros contrarios viénense a nuestras manos,
aquí han de terminar con sólo que queramos,
y nuestros sufrimientos aquí los acabamos:
nunca rival tendremos si a éstos derrotamos.

Lo que doña Victoria nos hubo prometido,
lealmente, Deo gratias, ella lo ha cumplido.
Buen comienzo nos dio al ser Memnón vencido,
mas, éste es el final, y el premio recibido.

De oro y de plata vienen todos armados,
todos relampaguean ¡y tan acicalados!;
con la ayuda de Dios, serán bien derrotados,
pues para hacer proezas están mal preparados.

No son sus armaduras de hombres de fiar,
más parecen mujeres que se quieren preciar;
hierro gana batalla, como oísteis contar,
si corazones firmes lo saben soportar.

Recordad el motivo por el que aquí vinimos;
recordad las soberbias que del persa sufrimos.
Nosotros, nuestros padres, nunca desque nacimos
por vengar nuestra honra tanta razón tuvimos.

Sé bien que para esto estamos preparados:
primero, porque todos somos hombres honrados;
segundo, porque fuisteis de mi padre criados;
tercero, porque estáis conmigo desterrados.

Veré en cada uno de qué modo me quiere;
me querrá el que más el que mejor hiriere,
el que pedazos hecho el escudo trajere,
y con la espada roma más fuertes golpes diere.

A los que fueren ricos, añadiré riqueza,
a los que fueren pobres, sacaré de pobreza;
liberaré a los siervos, que vivan en franqueza,
¡no daré por el malo ni una mala corteza!

Cuanto veáis que hago, eso quiero que hagáis;
si no fuera delante, no quiero me sigáis,
y cuando yo ataque, vos también atacáis.
Pondré mucha atención en cómo me guardáis.

Brevemente una cosa os voy ahora a explicar,
pues no tenemos tiempo de largo predicar:
de cuanto aquí se gane, nada os quiero quitar:
me basta con la fama, no quiero más tomar."

Con lo dicho los puso muy enfervorizados,
todo no lo entendieron, ¡así eran de excitados!
Para entrar en combate estaban preparados,
¡ya no les preocupaba ganar sendos bocados!»

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