lunes, 5 de marzo de 2018

Farsas y églogas.- Lucas Fernández (1474-1542)


Resultado de imagen de firma autografa lucas fernandez 

«Aquí se ha de mostrar un eccehomo de improviso para provocar la gente a devoción, ansí como le mostró Pilatos a los judíos, y los recitadores híncanse de rodillas, cantando a cuatro voces: ecce homo, ecce homo, ecce homo.
 Mateo: Díxoles, ¿quedáis contentos?
Véisle aquí bien castigado. / Sosegad los pensamientos,
que asaz ásperos tormentos, / por cierto, le tengo dado.
Sin cesar voces jamás, / "¡crucifixe!" siempre claman.
"¿A Jesú o a Barrabás?" / les dixo. "¿Cuál queréis más?"
Por Barrabás todos braman.
 Dionisio: ¡Oh, pueblo de traición!
¿Cómo te has ansí cegado,
que a un matador ladrón / quieres más con afición
que a aquel Dios que te ha formado? / ¿No te contentas ya de Él,
verle bien como leproso? / Mira bien, pueblo cruel
de Israel, / que Éste es tu Dios poderoso.
 Mateo: Y Pilato, importunado / de aquel pueblo, dio sentencia,
como loco atolondrado, / que fuesse crucificado
el Cordero de paciencia. / Y el pueblo con gran hemencia
arremetió a Él muy presto, / sin tenerle reverencia,
ni clemencia, / con denuedo deshonesto.
Luego allí los mohatrones, / rabís, y aljama y sinoga,
assen de sus cabezones, / unos le dan empujones,
otros le tiran la soga. / ¡O, que fue verle acezando
con una cruz muy pesada / cayendo y estropezando
y levantando, / con la cara ensangrentada!
Con la voz enronquecida, / rotas todas la venas
y la lengua enmudecida, / con la color denegrida,
cargado todo de penas / y los miembros destorpados,
los ojos todos sangrientos, / los dientes atenazados,
lastimados / los labrios con los tormentos.
Lágrimas, sangre y sudor / era el matiz de su gesto,
derretido con amor / para curar el langor
en quel mundo estaba puesto. / Con huego de caridad
hizo confación de ungüentes, / para ungir la enfermedad,
y maldad, / ya de todos los vivientes.
Desque Juan le vio llegado / a la muerte, así, a deshora,
con la nueva apresurado, / vuelve a la Virgen turbado
diciendo: "Salid, señora. / Oiréis aquel pregón
que va a muerte condenado. / Aquél que, sin corrupción,
en perfición, / concebistes sin pecado.
Dexad el trono real, apresúreos el dolor,
veréis aquel divinal / santo rosto imperial
cómo va tan sin color". / Con tales nuevas turbada,
sale la Virgen María, / sin fuerzas, apresurada,
transformada / con el dolor que sentía.
Y viendo con tal fación / aquel Hijo tan amado,
comienza su corazón / a quebrarse de pasión,
de tormentos traspasado. / ¡Ea, Virgen singular,
que si vais fuera del cuento / en el parir sin penar,
d'escotar / lo habéis en este tormento!
Veis ya su fuerza escondida / entre aquel pueblo tirano,
que la ora es ya venida / donde quitarán la vida
al hijo del Soberano. / ¡Dad, Señora, dad mandado
en la corte celestial: que tienen su Rey cercado,
y maltratado / por la culpa paternal!
 Dionisio: Dime, di dónde quedaron / las gentes que le siguían.
 Mateo: Todos, todos le negaron, / todos le desampararon.
 Dionisio: ¿Cómo no le socorrían?
 Mateo: Bien como oveja paciente / entre los lobos rabiosos,
quedó el gran Rey obediente, / muy clemente,
entre perros maliciosos.
 Dionisio: ¿Qué es de los reyes indianos / que vinieron a adorarte?
¿Dónde están tus cortesanos, /que la fuerza de sus manos
no socorren a ayudarte?
 Pedro: Entre los fieros halcones / muere l'águila caudal,
viéndole aquellas legiones, / y naciones, 
desde el coro angelical.»
 
 [El extracto pertenece a la edición en español de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes]

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Realiza tu comentario: