domingo, 12 de febrero de 2017

"Las paredes oyen".- Juan Ruiz de Alarcón (1581-1639)


Resultado de imagen de ruiz de alarcon
 Acto primero
 
Escena XI
  «(Salen Doña Ana, de camino, y Celia)

 Ana: ¿De qué vas triste? ¿De qué / lo van todas mis doncellas?
Habla, dime sus querellas.
 Celia: Señora, verdad diré, / pues obligación me pones:
tienen tus criadas todas / en la corte sus pasiones
y como de aquí a seis días / es la noche de San Juan
-cuando los amantes dan / indicios a sus porfías-,
sienten al ver que esta noche / en la corte no han de estar.
 Ana: Pues pierdan, Celia, el pesar; / que, por la posta, en un coche
conmigo entonces vendrán. / Porque se alegre mi gente
gozaré secretamente / de la noche de San Juan,
y volveréme a la aurora / a proseguir mis novenas.
 Celia: Alivie el cielo tus penas. / Mas, ¿no era mejor señora,
dilatar esta partida?
 Ana: Si sabes que estoy muriendo / por dar la mano a don Mendo,
y no hay cosa que lo impida / sino el cumplir las novenas
que a San Diego prometí, / ¿dilataré, estando así,
el remedio de mis penas? / Con esta traza de hoy
ninguna queda quexosa.
 Celia: Hágate el cielo dichosa. / A dalles la nueva voy.
 Ana: Encárgales, por mi vida / el secreto.
 Celia: Así lo haré. / Don Mendo viene. (Vase.)
 Ana: Tendré / buen agüero en la partida.

Escena XII
(Sale Don Mendo, de color. Doña Ana)
[...]
 Mendo: Es imán de mis ojos tu presencia.
 Ana: Justo efecto de amor es la obediencia.
 Mendo: ¿Sin ti quieres dejarme?
 Ana: Yo, don Mendo, / parto sin ti.
 Mendo: ¿Qué mucho? Vas helada / cuando yo quedo ardiendo.
 Ana: ¡Segura fuese yo, como abrasada!
 Mendo: No me apartes de ti si desconfías.
 Ana: Vive el recato entre las ansias mías.
 Mendo: ¿No me llamas tu dueño?
 Ana: Y de mis ojos, / cierta lengua del alma, lo has sabido.
 Mendo: ¿De quién temes enojos / cuando te adoro yo, de ti querido?
 Ana: Hasta el "sí" conyugal temo mudanza; / que no hay dentro del mar cierta bonanza.
En tanto que a mis deudos comunico / la dichosa elección de vuestra mano,
y devota suplico / en Alcalá a su dueño soberano
que lleve a fin feliz mi intento nuevo, / y las novenas pago que le debo,
puede mudarse vuestro amor ardiente / y quedar mi opinión en opiniones
del vulgo maldiciente, / que a lo peor aplica las acciones.
 Mendo: ¿Mudarme yo?
 Ana: Temores son de amante.
 Mendo: Más parecen cautelas de inconstante. / Si ya nuevo cuidado te fatiga,
el fingido recato, ¿qué pretende? / Declárate, enemiga:
no el desengaño, la mudanza ofende. / Vete segura: ocuparé entre tanto
el alma en celos y la vida en llanto.
 Ana: Ofendes mi lealtad si desconfías; / mas porque de tu error te desengañes,
pon secretos espías, / prueba mi fe, como mi honor no dañes.
 Mendo: Confianza tendré, mas no paciencia, / contra el rigor, señora, de tu ausencia.»

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Realiza tu comentario: