sábado, 11 de febrero de 2017

"Producción artística y mercado".- Francesco Poli (1949)


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 VII.- Los artistas y sus producciones
2.-Los costes de producción para el artista

 «En realidad, en mayor o menor grado, parece posible contabilizar la calidad social del trabajo artístico, es decir, darse cuenta con cierta precisión, del coste del trabajo creador para el artista y transformarlo en la categoría de su precio adquisición para el marchand y para el comprador en general.
 Se puede, pues, intentar definir el "coeficiente de genialidad" que a menudo es mejor precisar como "coeficiente de sublimación", en relación con las cotizaciones del mercado y como "valor honorífico", en el aspecto sociocultural (porque sólo con relación a la función creadora se puede hablar concretamente de "coeficiente de genialidad" o de creatividad).
 a) Los elementos fundamentales del trabajo del artista
 Estos elementos son tanto materiales como culturales. Los elementos materiales son: las telas, los colores, los pinceles, el papel, la piedra, etc. que el artista utiliza como soportes concretos, medium de los valores específicos a comunicar.
 El soporte material de la obra, al no ser casi nunca reproducible, cumple una función esencial. El coste de los elementos utilizados, en general, no es muy elevado, aunque incide, no obstante, en el costo general de producción.
 Los elementos culturales (en el sentido más amplio de la palabra) son los instrumentos conceptuales necesarios para la actividad artística y se pueden definir como el bagaje de todos los conocimientos, estudios, experiencias de vida, etc.
 Este bagaje es la base del desarrollo de la "Weltanschauung" del artista, la mina de la que se saca el contenido (en un sentido general) de las obras.
 La preparación cultural, en sentido amplio, también abarca la capacidad técnica, la agudeza estilística, la sensibilidad en los colores y en las formas, etc.; o sea, la capacidad de concretar, sistematizar, definir de una manera original el contenido y la forma de la producción artística.
 Al igual que en cualquier otra actividad especializada, para llegar a ser artistas profesionales de cierta talla, se precisa un período de formación y de maduración, que dura los mismos años y que requiere mucha dedicación.
 Naturalmente, el precio (en dinero, fatiga y tiempo) que el artista debe pagar es considerable e incidirá, por consiguiente, en la cotización de sus obras, aunque en proporción al nivel cualitativo adquirido. Por último, hay que tener presente la labor desarrollada por el artista, como trabajador por su cuenta, es decir, la actividad promocional y de valoración en lo que respecta a sus propias obras; este factor (que en cierto sentido puede considerarse como una etapa de la formación profesional) no es de los más despreciables.
 b) Las etapas del proceso de producción en una obra
 Veamos ahora, brevemente, las fases principales del proceso de producción de una obra:
 La primera fase es la de la concepción de la obra, que comprende la etapa de la gestación y la de la formulación. La gestación es el proceso a través del cual se manifiesta el primer núcleo informal de ideas y de imágenes, tanto por una selección deseada por el artista, como por asociaciones más o menos inconscientes, que resultan de la voluntad "estructural" del sujeto.
 La formulación, en resumidas cuentas, es el proceso gradual de clarificación y proyección de la obra. La imagen de la obra, en su complejidad, asume unos contornos más definidos, aunque continúa siendo virtual, es decir, no está expresada con elementos concretos. En este punto entra en juego también la previsión referente al uso de los elementos técnicos.
 En el aspecto creativo la etapa de la concepción es, sin duda, la más importante.
 También la segunda fase, o sea la que se refiere a la realización práctica de la obra, se puede dividir en dos etapas.
 La primera etapa (a la que Moles llama "fase de embalaje" o de "puesta en forma") es para los escritores la primera reducción de la idea a palabras que obedecen a la lógica y a un esquema estilístico, mientras que para los artistas es el trabajo preparatorio, es decir, los bocetos, las pruebas de color, los croquis, etc.
 La segunda etapa consiste en la realización definitiva de la obra.
 Es lógico que este esquema, necesariamente rígido y sumario, tenga un valor más que nada indicativo. Una afirmación de Emmanuel Kant, reproducida por Rudolf Arnheim en su interesante estudio sobre el Guernica de Picasso, sirve perfectamente para definir la postura psicológica propia del artista, durante su actividad creadora: "Cuando las energías psíquicas entran en acción, el individuo no se observa a sí mismo, y cuando sí se observa, tales energías se detienen."
 Esta observación, al menos, parece significativa, especialmente en relación con las tendencias artísticas (como el expresionismo abstracto), que son la expresión de la exigencia del artista por objetivar los valores a través de una identificación casi desesperada con la obra que está creando; exigencia que consiste en transformar las sensaciones más profundas en formas, con la máxima autenticidad y vitalidad. En otras palabras, se trata de objetivar, en un  producto material, la subjetividad entendida como existencia latente, como nódulo de contradicciones, como microcosmos que respeta el macrocosmos social, en la medida en que la estructura individual, aunque físicamente limitada, es "pulsativa", es decir, constantemente alimentada, condicionada, deformada, "oxigenada" o "envenenada" por la estructura social que la contiene.»

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