martes, 12 de julio de 2016

"La balada del agua".- José Luis Sampedro (1917-2013)


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 La libélula

 "-Sorprendente, ¿verdad? -explica Aire-. La libélula es el mejor volador de los insectos. La langosta recorre distancias más largas pero no puede hacer lo que veis: volar sin desplazarse, como los helicópteros.
 Como si le molestaran los comentarios, la libélula da una sacudida y desaparece veloz entre los matorrales.
 -¿Tú crees que los hombres rectificarán su conducta? -pregunta Tierra.
 -Como ya dije -responde Agua-, perdí la esperanza de que otras culturas lo consigan, porque con su colonialismo Occidente ha pervertido los ideales de otros pueblos. Les ha tecnificado más o menos pero les ha robado su inocencia, su concordia con la Naturaleza. Ahora buscan su identidad en el fanatismo: de la revolución, de la religión o de la riqueza.
 -¿Qué va a pasar entonces, Agua?
 -¿Por qué yo? No soy adivina.
 -Eres la más sabia de los cuatro; la más preparada para cada emergencia. Sí -insiste ante un gesto evasivo de Agua-, eres líquida y te adaptas a tus cauces, pero si yo estoy seca te evaporas y me riegas desde las nubes y si conviene permanecer te haces piedra para dar cobijo incluso a los hombres... Dime, ¿cambiarán?
 -Recordemos los hechos. Ellos ya cambiaron una vez cuando, siendo animales, la palabra les hizo humanos. Pactaron con nosotros y vivieron en presente hasta que concibieron ansias de eternidad y sueños de infinito incompatibles con su naturaleza mortal, atada al tiempo. Ahora su locura del "más de lo mismo" llega tan lejos que no le bastamos nosotros. Quieren ser lo que no son y se estrellan contra la realidad como Ícaro.
 -¿Acabarán entonces destruyéndose? -interviene Fuego ilusionado.
 -Pienso que acabarán rectificando pero, ¿cómo? Porque se puede cambiar para hacerse otro o, al contrario, para seguir siendo el mismo.
 -¿Cambiar permaneciendo él mismo? ¿Es eso posible?
 -Aprende de la libélula. Para hacerse como es, ha de sufrir un cambio tan complejo como es una metamorfosis. De sus huevos nace un animalillo como una pulguilla que vive en mis aguas, y voracísimo de seres aún menores. Así vive cuatro o más años antes de que Vida le imponga una transubstanciación en el insecto volador que habéis visto. Con dos enormes ojos compuestos, un ancho tórax como cabina de helicóptero y fuertes garras. Resulta agresivo y feroz, conservando su originaria voracidad acuática.
 -¿Y temes que la Humanidad siga siendo voraz aunque cambie?
 -¡Ojalá me equivoque! -suspira Agua-; pero la barbarie actual me parece una metamorfosis compleja y retorcida que no mejorará a la Humanidad sino que conducirá a otra etapa ambiciosa. Hace siglos el lenguaje permitió al hombre transformarnos mediante su técnica, a nosotros, los elementos. Ahora empieza a transformarse a sí mismo con innovaciones como la informática, la nanotecnia, la neurobiología y, sobre todo, la genética. Con cambios genéticos y chips infinitésimos, insertos en su organismo, el individuo se deshumanizará y la sociedad podrá estar regida por déspotas científicos: pocos amos dueños de todos los resortes de la red y muchos esclavos, acaso felices.
 -¿Felices? -exclama Aire-, ¡qué horror!
 -Quizá felices, repito. No juzguéis el futuro con los sentimientos de hoy.
 -No me gusta nada -repite Aire.
 -No sufras. Puede evolucionar todo de otra manera: por la influencia de otras culturas en un mundo globalizado, por un accidente cósmico como el que fulminó a los dinosaurios, por una catástrofe nuclear...
 -¡Lo que yo vengo proponiendo! -ataja Fuego-. O un diluvio como el antiguo.
 -No cuentes conmigo, Fuego. En fin, puedo equivocarme". 

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