sábado, 26 de septiembre de 2015

"Ágata ojo de gato".- José Manuel Caballero Bonald (1926)


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XIX
 
 "No supo ocultar Pedro Lambert un sobresalto que ya debió sentir al prever la identidad de aquellos inusitados visitantes, pero medio se repuso para darles su más ficticia bienvenida, qué agradable sorpresa ni imaginarme que era usted después de tanto tiempo, apoyando en unas gesticulantes salutaciones lo que en ningún caso era verdad, ¿y qué le trae de bueno por estos pagos? Vamos de camino aquí mi sobrina y yo un viaje de negocios o digamos que de tanteo, aclaró Cayetano Taronjí, el caso es que no nos pareció ni medio bien pasar de largo sin saludarle, a lo que añadió la sobrina que qué menos y que había que ver lo regiamente instalado que estaba. Pedro Lambert se encogió de hombros y ya iba a preguntar, por decir algo, que cómo habían dado con su paradero, cuando el visitante pronunció estas sibilinas palabras mientras paseaba la vista por el recibidor: se conoce que la bisutería ha dado para mucho. ¿Perdón?, dijo el supuesto beneficiario de la bisutería. No nada que donde hay de oro de oro hay, sentenció Cayetano Taronjí riéndose grotescamente de lo que creó una ocurrencia afortunada.

 Hubo un silencio del que parecían chorrear goterones de fango, y ¿quieren tomar algo se les apetece un refresco?, propuso Pedro Lambert cambiando con escasa habilidad de tema. Gracias ya hemos venido refrescados y con la que nos va a caer luego encima, respondió con un bufón rebrote de la risa el visitante, pero lo que sí nos gustaría vea es recordar viejos tiempos usted ya sabe por dónde voy. Tiempos de oscuridad en que la ceniza era cama y alimento, recitó confusa y hebraicamente la sobrina. Dígame, dijo Pedro Lambert, adivinando de qué tiempos se trataba, no se me ocurre en qué puedo servirle. Cayetano Taronjí se apretó los lagrimales entre el pulgar y el índice antes de explicar que lo que pretendía, vayamos al grano, era llegar a un acuerdo o cosa parecida, no es que venga en son de discordias eso que quede claro, ya que habida cuenta de los inapreciables servicios que le prestara en su día al señor, seguro que lo recuerda muy bien, y pudiendo corroborar sobre el terreno (dejó vagar otra vez los avarientos ojillos por la habitación) las muy visibles prosperidades alcanzadas, había creído justo solicitar alguna adicional forma de gratitud, ¿me explico? Eso dijo con gangosa morosidad el visitante, y se explica estupendamente pero ¿qué pasaría si yo lo mando mudarse de negociado ahora mismo?, replicó Pedro Lambert juntando las manos en un ademán rogatorio de lo más improcedente. Pero Cayetano Taronjí no se dio por ofendido y manifestó con una placidez no menos impropia, que al señor no le convenía para nada sacar las cosas de quicio, ¿a qué conduce discutir vamos a ver si ni siquiera hemos hablado de condiciones? Ya, se limitó a decir Pedro Lambert, y prosiguió el otro mientras se rebañaba con el dorso de la mano el sudor de la frente: usted sabe de sobra que la operación de las alhajas no estaba dentro de la ley o sea que era lo que se dice ilegal y que yo por supuesto me arriesgué tanto o más que el señor ¿me sigue? Pedro Lambert, que seguía efectivamente el discurso incluso con más luces de las precisas, espantó una moscarda antes de reiterarle a su interlocutor que qué quería, que lo soltase sin más circunloquios. ¿Me permite aceptarle ahora el refresco?, solicitó Cayetano Taronjí y ratificó la sobrina con la cabeza, si bien el anfitrión no dio muestras de haber oído, o prefirió no darlas, porque volvió a reiterar con un más subido tono de voz que tenía muchas cosas que hacer, que le explicara de una vez por todas el motivo o los regateos de aquella visita. Vayamos por partes, dijo el terco emplazado, lo único que intento hacerle saber es que no le interesa ni mucho ni poco que se aireen ciertas cosas y empiecen a averiguar de dónde sacó todas aquellas piezas de museo además que a alguna ya le andan siguiendo la pista usted me entiende. Escúcheme un momento pare el carro, cortó Pedro Lambert ocultando tras la espalda unas manos que no empuñaban ningún arma homicida, a mí me importa una soberana mierda que se pregone lo que sea ni me entero conque ahí tienen la puerta me hacen el favor. Cálmese creo que no me ha interpretado bien, aleó aún el visitante con invariable flema, yo no vengo a exigirle nada ni a intentar en absoluto ninguna clase de chantaje no me conoce es que ni ocurrírseme. Eso, confirmó la sobrina, ensayando una expresión de sed que alteró la disposición de sus pecas y añadiendo enseguida que si era verdad lo del refresco. Pero el tío, después de mirarla indulgentemente, continuó puntualizando que sólo se había atrevido a concertar aquella entrevista porque necesitaba juntar algún dinero, un caso de fuerza mayor, no pretendiendo otra ayuda en ese sentido que la de la respetuosa solicitud de una pista. ¿Una pista? inquirió Pedro Lambert sustituyendo la cólera por la expectación, no lo entiendo a ver si me lo cuenta. Déjeme que le diga, acabó plantear Cayetano Taronjí, yo me voy a callar como un muerto o sea que una tumba propiamente dicha a cambio de que usted me indique el sitio donde encontró las joyas hasta ahí llego. Se quedó un momento pensativo Pedro Lambert y declaró al fin, no sin titubeos, que veía difícil satisfacer al peticionario en ese punto, de veras que lo siento, ya que las piezas en cuestión no habían salido sino del patrimonio de su difunto padre, que en gloria esté, mostrándose luego como muy ufano de la brillante verosimilitud de su evasiva. Eso no es cierto usted lo sabe pero creo que ya no tenemos más que hablar, decidió Cayetano Taronjí, una lástima que no nos hayamos entendido".

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