miércoles, 29 de noviembre de 2017

"Visiones del futuro".- Abraham Maslow (1908-1970)


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24.-Construir la sociedad a través de los grupos de entrenamiento

«Al abordar todo el tema de canalizar el cambio social y político humanista en el mundo actual, empiezo con los siguientes principios:
 1.-Todos los seres humanos forman parte de una sola especie.
 2.-Cualquier diferencia que se encuentre entre individuos dentro de nuestra especie son menos esenciales y menos importantes que las semejanzas. Este concepto se aplica incluso para categorías aparentemente significativas como hombre-mujer, viejo-joven, inteligente-no inteligente y raza.
 3.-Es biológica y psicológicamente posible para toda nuestra especie estar organizada en una hermandad -una amplia unidad política de especie-.
 4.-La situación práctica hoy día -es decir, la existencia de enormes armas de destrucción que podrían destruir toda nuestra especie o hacerla retroceder terriblemente- hace que sea una situación urgente e imperativa una política amplia de especie. En efecto, todos estamos viviendo en un estado de emergencia que está pidiendo a voces un programa "de choque".
 5.-La política del nivel tres proporciona un marco para moverse deliberada y eficientemente hacia comportamientos políticos y amplios de especie y al mismo tiempo mantener suficiente orden, estabilidad y continuación de los servicios para que pueda evitarse la Tercera Guerra Mundial (yo llamo a esto política homeostática).
 6.-En todos los niveles, la política actual es atomista en vez de holista, como debe llegar a ser. El ejemplo más significativo de atomismo es el de soberanía nacional, que concibo que es la condición principal para la guerra y la garantía cierta de que se producirán guerras en el futuro. La principal tarea de la política humanista es trascender -no abolir- la soberanía nacional a favor de una política amplia de especie y más inclusiva.
 7.-El atomismo, el separatismo y la exclusividad recíproca de la soberanía nacional deben verse como algo sistemático de nuestra civilización en lugar de sintomático. Es decir, la forma atomista y separativa de conocer, valorar, socializar y actuar hoy día está profundamente incrustada en la sangre y los huesos de la mayoría (aunque no de todos) de las personas en todas partes. Esta atomización impregna todos los aspectos de la vida, todas las relaciones interpersonales, las relaciones intrapsíquicas, nuestras relaciones con la naturaleza y el mundo físico, incluso nuestra lógica (aristotélica), nuestra ciencia (analítica) y nuestras ideas básicas sobre el amor, el matrimonio, la amistad y la familia. A menudo vemos inconscientemente esas relaciones como enemigas, de suma cero o antisinérgicas; es decir, uno debe dominar o ser dominado, o bien: "Mi ventaja debe suponer tu desventaja".
 Pero incluso cuando esta exclusividad mutua entre dos personas, o dentro de los miembros de una familia se trasciende de forma que todo se convierte en un Uno holístico, este logro se consigue a costa de hacer de la familia, el club, el clan, la tribu, la clase socioeconómica, la nacionalidad, la religión o el grupo racial una entidad internamente coherente, amistosa, leal, cooperativa que pone en común sus necesidades pero haciéndolos mutuamente exclusivos del resto del mundo. El sociobiólogo Robert Adrey (1966) ha denominado acertadamente a este fenómeno el complejo amistad-enemistad.
 Es decir, la principal técnica que la humanidad ha utilizado hasta ahora para lograr la concordia dentro de un grupo consiste en considerar a los que no son miembros de un grupo -los "ellos"- como más o menos enemigos. Los individuos dentro del grupo se convierten en aliados por compartir un enemigo común, cuando no un enemigo peligroso o que amenaza la vida, al menos un enemigo respecto al que sentirse superior, despectivo, condescendiente o insultante. Para mí, el absurdo definitivo es que creo que este fenómeno parece producirse en la mayoría de las organizaciones pacifistas y antibélicas (a pesar de que existen unas pocas y honorables excepciones).
 Todas las técnicas que polarizan, dividen, excluyen, dominan, hieren, odian, insultan, producen enfado, venganza o desprecio son atomistas en lugar de ser holistas. Por ello, sirven para separar a la humanidad en grupos mutuamente hostiles. Estos métodos van contra el desarrollo personal y hacen menos posible la política amplia de especie, posponiendo por ello el logro de un gobierno y de una ley mundiales. Para decirlo crudamente, estas técnicas son potenciadoras de guerra y posponedoras de la paz.
 8.-Encaminarse hacia una política de especie significa necesariamente que nos hagamos profundamente holistas -cada uno de nosotros- y que hagamos holistas nuestras relaciones interpersonales, las subculturas dentro de las sociedades y de las naciones y nuestras relaciones, no sólo con nuestra propia especie sino también con las demás especies, así como con la naturaleza y el cosmos como totalidad. Este proceso significa encaminarse hacia el holismo en todas las profesiones; por ejemplo, apartarse de la ley, la política y la economía de confrontación. También significa abandonar nuestra forma atomista de intentar separar el conocimiento en jurisdicciones, departamentos, campos o "reinos taifas" que se excluyen mutuamente, como hacen muchos sindicatos o bandas juveniles. Este abandono de reinos taifas también debe producirse en cada una de nuestras instituciones sociales y educativas, religiones, entornos laborales y empresariales, así como en las administraciones de justicia.
 Sobre este telón de fondo supercondensado, cada una de cuyas frases exige ser completada y ampliada, deseo hacer una propuesta específica; concretamente, que los grupos de entrenamiento (grupos de encuentro, entrenamiento de la sensibilidad, etc.) así como diversas técnicas utilizadas en los centros de desarrollo humano  y descritas como "educación tipo Esalen" sean utilizadas en la dirección de hacer holista a nuestra sociedad y, finalmente, al mundo entero. [...]
 Pero, si aceptamos la necesidad de hacer que la humanidad sea holista, esta forma de hacer nuestras vidas más felices y más cómodas puede considerarse como una evasión, un débil intento de huir de la decisión incómoda pero necesaria. La gran pregunta es: si deseamos encaminarnos hacia el universalismo y la identidad como especie, ¿cómo superamos nuestras conductas sociales separativas y encapsuladoras?
 ¿Cómo podemos trascender las diferencias que compartimentalizan actualmente a la humanidad en grupos aislados que se excluyen entre sí y que no tienen nada que ver unos con otros? ¿Cómo podemos establecer el contacto por encima de los muros que dividen las clases sociales, las religiones, las razas, las nacionalidades, las tribus, los grupos profesionales y de diferente coeficiente intelectual?»
 
 [El extracto pertenece a la edición en español de Editorial Kairós, en traducción de Alfonso Colodrón. ISBN: 84-7245-416-9.]
 

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