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domingo, 2 de agosto de 2026

Dios y la nueva física.- Paul Davies (1946)

X.- Libre albedrío y determinismo

 «En la actualidad, muchos físicos se inclinan por la llamada interpretación de la teoría cuántica de los múltiples universos de Everett. Este enfoque (discutido brevemente en el capítulo 8) tiene curiosas consecuencias para el libre albedrío. De acuerdo con Everett, cada mundo posible se hace realidad y todos los mundos alternativos coexisten en paralelo. Esta multiplicidad de mundos se extiende a la elección humana. Supongamos que nos enfrentamos a una elección: ¿té o café? Según la interpretación de Everett, el Universo se divide inmediatamente en dos ramas. En una de las ramas tomamos té y en la otra café. ¡De este modo lo tenemos todo!
 La teoría de los múltiples universos parece satisfacer el criterio definitivo para la libertad de elección discutido más arriba. Cuando se produce la división, las circunstancias que conducen a cada resultado son verdaderamente idénticas en todos los aspectos (son de hecho el mismo Universo) aunque se hagan dos elecciones distintas (como dije anteriormente, nada puede verificar esta teoría, puesto que cualquiera debe quedar restringido a una de las ramas del Universo dividido). Sin embargo, la victoria parece pírrica. Si no podemos evitar hacer todas las elecciones posibles, ¿somos realmente libres? La libertad parece excesiva, destruida por su propio éxito. Queremos elegir té o café, pero no té y café.
 Ahora bien, el defensor de los múltiples universos respondería probablemente: "¡Ah! ¿Qué es lo entiende aquí por nosotros?" El "nosotros" que está tomando el té no es el "nosotros" que está tomando el café. Habitan universos distintos. Estos dos individuos a los cuales nos hemos referido un tanto a la ligera como "nosotros" diferirán, como mínimo, en su experiencia perceptual (por ejemplo, en el sabor de la bebida). No pueden ser la misma persona. Así que, una vez hecha la elección, no tomamos en realidad té y café. Uno de los dos "nosotros" es quien ha hecho la elección. De acuerdo con este punto de vista, decir que hemos preferido té en lugar de café no significa más que dar una definición de "nosotros". Decir "elijo té" significa simplemente que "soy un bebedor de té". Así, aunque un solo "nosotros" tuvo que enfrentarse a la elección, el resultado afecta a los dos individuos y no a uno solo. En la teoría de Everett, el yo se desdobla continuamente en incontables copias parecidas (sería interesante explorar las consecuencias que esto comporta para el concepto tradicional de un alma única).
 Se ha escrito mucho sobre la relación entre el libre albedrío y el tema de la responsabilidad y culpabilidad ante el delito. Si el libre albedrío es una ilusión, ¿por qué debe responder nadie de sus actos? Si todo está determinado, todos nosotros estamos atrapados en un curso de acontecimientos decidido antes de nuestra existencia. En un Universo múltiple de Everett, ¿no podría un delincuente aducir que uno de sus múltiples yo se vio obligado por las leyes de la mecánica cuántica a cometer el crimen? Quizá sería mejor apartarnos de este terreno espinoso y preguntarnos sobre la posición de Dios en un Universo determinista. Tan pronto como entra Dios en escena surge una avalancha de enigmas.
 ¿Puede Dios tomar decisiones y ejercer el libre albedrío?
 Si el hombre posee libre albedrío, Dios probablemente lo poseerá también. En este caso, muchos de los problemas anteriores sobre el concepto de libertad se extienden a Dios. Están, además, todas las confusiones habituales asociadas con una deidad infinita y omnipotente. Si Dios tiene un plan para el Universo, plan que implementa como parte de su voluntad, ¿por qué no creó simplemente un Universo determinista en el cual la consecución del objetivo final del plan fuera inevitable? O mejor todavía, ¿por qué no lo creó con este objetivo ya alcanzado? Sin embargo, si el Universo no es determinista, ¿estará limitado el poder de Dios por su incapacidad de predecir o decidir cuál va a ser el resultado?
 Se podría quizá aducir que Dios es libre de renunciar a una parte de su poder, si así lo desea. Él nos puede dar libertad para actuar en contra de su plan si así lo queremos, puede introducir el factor cuántico en los átomos para transformar su creación en un juego cósmico de azar. Sin embargo, esto introduce el problema lógico de cómo puede un ente omnipotente renunciar a una parte de su poder.
 La libertad asociada a la omnipotencia es bastante distinta de la libertad que disfrutan los seres humanos. Se puede ser libre de elegir té o café siempre y cuando dispongamos de las dos bebidas. No somos libres de hacer cualquier cosa que deseemos: atravesar el Atlántico a nado, por ejemplo, o convertir la Luna en queso. El poder humano es limitado y sólo podemos realizar una pequeña parte de nuestros deseos. Por el contrario, el poder de un Dios omnipotente no tiene límite, y un ser de estas características es libre de obtener todo cuanto desee.
 La omnipotencia plantea algunas embarazosas cuestiones teológicas. ¿Tiene Dios libertad para prevenir el mal? Si es omnipotente, la respuesta debe ser afirmativa. ¿Por qué entonces no lo evita? He aquí un argumento devastador debido a David Hume: si el mal del mundo se debe a la intención de Dios, entonces Él no es benevolente. Si en cambio, el mal es contrario a su intención, entonces no es omnipotente. No puede, pues, ser omnipotente y benevolente a la vez como sostienen la mayoría de las religiones.
 Una posible réplica a este argumento es que el mal se debe enteramente a las actividades humanas. Dado que Dios nos ha dado libertad, tenemos capacidad de hacer el mal y frustrar así el plan divino. Pero aún podemos decir que si Dios tiene libertad para prevenirnos de hacer el mal, ¿no debe compartir alguna responsabilidad si no hace nada para evitarlo? Cuando un padre permite a un niño travieso cometer tropelías molestando a los vecinos y causando destrozos, le asignamos normalmente gran parte de culpa. ¿Debemos, por tanto, llegar a la conclusión de que el mal forma parte del plan  divino o Dios, después de todo, no tiene libertad para impedirnos actuar contra él?
 Nuevos e interesantes enigmas aparecen al considerar la doctrina cristiana según la cual Dios trasciende el tiempo, puesto que el concepto de libertad de elección es intrínsecamente un concepto temporal. ¿Qué significado se debe dar a hacer una elección hecha no en un instante particular sino de un modo atemporal? Por otra parte, si Dios conoce el futuro de antemano, ¿qué significado debemos darle a un plan cósmico y a nuestra participación en él? Un Dios infinito conocerá lo que está sucediendo en todas partes, pero, como hemos visto, no hay un instante presente universal, de modo que el conocimiento de Dios se debe extender en el tiempo si se extiende en el espacio. Por tanto, debemos concluir que no tiene sentido que un Dios cristiano eterno tenga libertad de elección. Pero, ¿es concebible que el hombre posea una facultad de la cual no dispone su creador? Nos vemos forzados a llegar a la paradójica conclusión de que la libertad de elección es, en realidad, una restricción que padecemos, es decir, nuestra incapacidad de conocer el futuro. Dios, liberado de las rejas del presente, no tiene ninguna necesidad de libre albedrío.
 Los problemas parecen insuperables. La nueva física abre indudablemente nuevas perspectivas para el antiguo enigma del libre albedrío y el determinismo, pero no los resuelve. La física cuántica socava el determinismo, pero introduce sus propias dificultades en relación a la libertad, no siendo la menor de ellas la posibilidad de realidades múltiples. La teoría de la relatividad presenta un Universo que se extiende en el tiempo y en el espacio, pero todavía deja la puerta abierta para algún tipo de libertad de acción. Sin ninguna duda, los futuros avances en nuestra comprensión del tiempo arrojarán nueva luz sobre estos problemas fundamentales de nuestra existencia.»

 [El texto pertenece a la edición en español de Salvat Editores, 1994, en traducción de Jordi Vilá, pp. 166-169. ISBN: 84-345-8922-2 (Volumen 42).] 
 

domingo, 24 de diciembre de 2023

La conexión cósmica.- Carl Sagan (1934-1996)


Carl Sagan - Wikipedia
26.-La conexión cósmica


 «Desde los primeros tiempos, los seres humanos han reflexionado sobre el lugar que ocupan en el Universo. Se han preguntado si están conectados de alguna manera con el asombroso e inmenso Cosmos en el que la Tierra está inmersa.
 Hace muchos miles de años se inventó una seudo-ciencia llamada Astrología. Las posiciones de los planetas, al nacer un niño, se creía que desempeñaban un papel importantísimo en determinar su futuro. Los planetas, puntos de luz de eterno parpadear, eran dioses. En su vanidad, el hombre imaginó un Universo diseñado para su propio beneficio y perfectamente organizado para su uso particular.
 Quizá se supuso que los planetas eran dioses a causa de sus movimientos irregulares. La palabra “planeta” significa, en griego, vagabundo. El imprevisible comportamiento de los dioses en muchas leyendas puede haber correspondido con los, al parecer, también imprevisibles movimientos de los planetas. Se supone que se razonó así: Los dioses no se sujetan a normas; los planetas no se sujetan a normas; los planetas son dioses.
 Cuando la antigua casta sacerdotal astrológica descubrió que el movimiento de los planetas no era irregular, sino previsible, se guardaron la información para sí. No valía la pena preocupar innecesariamente al populacho, socavar sus creencias religiosas y erosionar las bases del poder político. Además, el Sol era la fuente de vida. La Luna, mediante las mareas, dominaba la agricultura, especialmente en las cuencas de ríos como el Indo, el Nilo, el Yangtze, y el Tigris-Éufrates. ¡Cuán razonable era entonces que estas luces menores, los planetas, ejercieran influencia sobre la vida humana, una influencia más sutil, pero no menos eficaz!
 La búsqueda de una conexión, el eslabón entre la gente y el Universo, no ha disminuido desde los albores de la astrología. A pesar de los avances de la ciencia, aún persiste tal necesidad.
 Ahora sabemos que los planetas son, aproximadamente, mundos como el nuestro. Sabemos también que su luz y gravedad no influyen en absoluto en el nacimiento de un niño. Sabemos que hay enormes cantidades de otros objetos —asteroides, cometas, pulsars, quasars, galaxias explosivas, agujeros negros, etcétera—, objetos desconocidos para los antiguos especuladores que inventaron la astrología. El Universo es muchísimo más grande de lo que pudieron haber imaginado.
 La Astrología no ha tratado de mantenerse a la altura de los tiempos. Incluso los cálculos de los movimientos planetarios y posiciones establecidos por la mayor parte de los astrólogos son normalmente inexactos.
 Ningún estudio muestra estadísticamente un índice de éxitos significativos al predecir, mediante sus horóscopos, el futuro o los rasgos de la personalidad de los recién nacidos. No hay ningún campo de radio-astrología, o astrología por rayos X, o astrología por rayos gamma, que tengan en cuenta las nuevas fuentes astronómico-energéticas descubiertas en años recientes.
 Sin embargo, la Astrología sigue siendo sumamente popular en todas partes. Por lo demás, hay diez veces más astrólogos que astrónomos. Un gran número, probablemente la mayor parte, de periódicos en los Estados Unidos publican diariamente sus secciones de horóscopos.
 Mucha gente joven, gente brillante y socialmente bien situada, siente gran interés por la Astrología. Satisface una necesidad interior de sentirse importantes como seres humanos en un Cosmos inmenso y asombroso, creer que de alguna manera nos relacionamos con el Universo, ideal de muchas experiencias religiosas y con drogas, el samadhi de algunas religiones orientales.
 Los grandes conocimientos de la astronomía moderna demuestran que, en algunos aspectos muy diferentes a los imaginados por los antiguos astrólogos, estamos conectados con el Universo.
 Los primeros científicos y filósofos —Aristóteles, por ejemplo— imaginaron que el cielo estaba hecho de un material diferente al de la Tierra, una especie de substancia celeste, pura e inmaculada. Ahora sabemos que éste no es el caso. Trozos del cinturón de asteroides llamados meteoritos, las muestras de la Luna traídas por los astronautas del Apolo y por las sondas soviéticas, el viento solar y los rayos cósmicos, que probablemente se generan por la explosión de estrellas y sus restos, todos ellos muestran la presencia de los mismos átomos que conocemos aquí, en la Tierra. La espectroscopia astronómica puede determinar la composición química de estrellas situadas a miles de millones de años luz de distancia. Todo el Universo está hecho con material familiar. Los mismos átomos y moléculas se hallan presentes a enormes distancias de la Tierra como lo están dentro de nuestro Sistema Solar.
 Estos estudios conducen a una notable conclusión. No solamente el Universo está en todas partes constituido por los mismos átomos, sino que los átomos, hablando en términos generales, están presentes en todas partes y en aproximadamente las mismas proporciones.
La conexión cósmica una perspectiva extraterrestre[1973] sagan carl … Casi toda la substancia de las estrellas y la materia interestelar entre estrellas es hidrógeno y helio, los dos átomos más simples. Todos los demás átomos son impurezas, constituyentes vestigiales. Esto también puede aplicarse a los grandes planetas exteriores de nuestro Sistema Solar, como Júpiter. Pero no es así en cuanto se refiere a los trozos comparativamente pequeños de roca y metal en la parte interior del Sistema Solar, como nuestro planeta Tierra. Esto ocurre porque los pequeños planetas terrestres tienen gravedades demasiado débiles para retener sus atmósferas originales de hidrógeno y helio, atmósferas que gradualmente han escapado al espacio.
 Los siguientes átomos más abundantes en el Universo son el oxígeno, carbono, nitrógeno y neón. Todo el Mundo ha oído hablar de estos átomos. ¿Por qué los elementos que más abundan en el plano cósmico son los más razonablemente corrientes en la Tierra, y no, por ejemplo, el Ytrio o el praseodimio?
 La teoría de la evolución de las estrellas está lo suficientemente avanzada para que los astrónomos puedan comprender sus diferentes clases y sus relaciones: cómo una estrella nace del gas y polvo interestelares, cómo brilla y se desarrolla mediante reacciones termonucleares en su ardiente interior, y cómo muere. Estas reacciones termonucleares son de la misma clase que las reacciones que fundamentan las armas nucleares (bombas de hidrógeno): la conversión de, cuatro átomos de hidrógeno en uno de helio.
 Pero en las posteriores etapas de la evolución estelar en el interior de las estrellas se alcanzan elevadas temperaturas, y los elementos más pesados que el helio se generan por procesos termonucleares. La astrofísica nuclear indica que los átomos más abundantes, producidos en estas gigantescas estrellas ardientes, son precisamente los átomos que más se encuentran en la Tierra y en cualquier otra parte del Universo. Los átomos pesados, generados en los interiores de los gigantes rojos, son arrojados al medio interestelar mediante un lento reflujo desde la atmósfera de la estrella, como nuestro propio viento solar, o por medio de poderosas explosiones estelares, algunas de las cuales pueden hacer que una estrella brille mil millones de veces más que nuestro Sol.
 Un reciente estudio espectroscópico con infrarrojos de estrellas en fusión descubrió que están lanzando al espacio silicatos, polvo de roca arrojado al medio interestelar. Las estrellas de carbono probablemente lanzan partículas de grafito al espacio cósmico que las rodea. Otras estrellas desprenden hielo.
 En sus primeras etapas históricas, probablemente algunas estrellas como el Sol lanzaron fuera de sí grandes cantidades de compuestos orgánicos al espacio interestelar; de hecho y mediante el empleo de métodos radioastronómicos, se encuentran moléculas orgánicas simples que parecen rellenar el espacio entre las estrellas. La nebulosa planetaria más brillante que se conoce (una nebulosa planetaria es una nube en expansión, por lo general rodeada por una estrella explosiva llamada nova) parece contener partículas de carbonato de magnesio.
 Estos átomos pesados —carbono, nitrógeno, oxígeno, silicio, y demás— flotan en el medio interestelar hasta que en algún momento posterior se da una condensación gravitacional local y se forman un nuevo sol y nuevos planetas. Este sistema solar de segunda generación está enriquecido por elementos pesados.
 El destino de los seres humanos puede no estar conectado de una manera profunda con el resto del Universo, pero la materia de que estamos hechos se halla íntimamente ligada a procesos que ocurrieron durante inmensos intervalos de tiempo y enormes distancias en el espacio lejos de nosotros. Nuestro Sol es una estrella de tercera generación. Todo el material rocoso y metálico sobre el cual nos encontramos el hierro de nuestra sangre, el calcio de nuestros dientes, o el carbono de nuestros genes se produjeron hace miles de millones de años en el interior de una gigantesca estrella roja. Estamos hechos de material estelar.
 Nuestra conexión molecular y atómica con el resto del Universo es un circuito cósmico real y nada caprichoso o imaginativo.
 Al explorar el firmamento que nos rodea con el telescopio y con las naves espaciales, es posible que surjan otros circuitos. Pueden ser una red de civilizaciones extraterrestres intercomunicadas a las que probablemente mañana tengamos que unirnos nosotros. La fallida declaración de la astrología —que las estrellas influyen sobre nuestros caracteres individuales— no será confirmada por la astronomía moderna.
 Pero la profunda necesidad humana de buscar y comprender nuestra conexión con el Universo, es un objetivo dentro de nuestro alcance.»

  [El texto pertenece a la edición en español de Ediciones Orbis, 1986, en traducción de Jaime Piñeiro, pp.168-172. ISBN: 978-84-7634-115-5.]

viernes, 18 de diciembre de 2020

Tao Te Ching.- Lao Tsé (¿c. 570 a.C. - 490 aC.?)


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  «5.- La materia —sea aquella que está en el cielo o la que está en la tierra— es imparcial con todas las criaturas, sean plantas, animales o personas; a pesar de esto, es un sostén para todos.
 De la misma manera, la persona sabia es imparcial con los demás. El espacio sobre la tierra está vacío y libre, así como el espacio dentro de un fuelle o una flauta. Y cuanto más espacio existe para una actividad, más eficiente esta actividad puede ser.
 Quien interfiere en asuntos ajenos y encima habla demasiado se vuelve insoportable para los demás.
 Por lo tanto, es mejor siempre seguir el principio de la no interferencia y mantener la tranquilidad. […]

  9.- No hay que verter agua en un vaso lleno. Y no tiene ningún sentido afilar demasiado la hoja del cuchillo. Y si la sala entera está repleta de oro y jaspe, ¿quién podrá resguardarla?
 El exceso en todo provoca la desgracia.
 Cuando el trabajo ha sido terminado, hay que retirarse.
 Estas son las leyes de la armonía sugeridas por Tao. […]

  23.- ¡Habla menos y sé más sencillo!
 El viento fuerte no sopla toda la mañana; la lluvia intensa no dura todo el día. ¿De quién depende esto? Del cielo y de la tierra.
 El cielo y la tierra, aunque son grandes, no pueden engendrar nada eterno, mucho menos el hombre.  Por eso es mejor servir al Tao Eterno.
 Y el que con sus obras sirve a Tao obtiene el derecho a alcanzar la Unión con Éste.
 Quien se ha refinado hasta el estado de Te (virtud) se vuelve idéntico a Te (virtud).
 Quien se ha refinado hasta el estado de Tao se vuelve idéntico a Tao.
 Quien es idéntico a Te  (virtud) obtiene el éxtasis de Te (virtud).
 Quien es idéntico a Tao obtiene el éxtasis de Tao.
 Pero una persona indigna no tiene tal posibilidad.
 ¡Es irrazonable dudarlo! […]

  27.- Quien conoce el Camino encontrará la dirección correcta aun sin una senda bien marcada por las pisadas. Quien sabe hablar no se equivoca. Quien sabe contar no comete errores en la cuenta. El mejor tesoro no tiene cerradura, pero nadie puede abrirlo. Los mejores lazos son aquellos que no se mantienen con nada material, pero es imposible romperlos.
 La persona sabia es capaz de salvar a los seres humanos y los salva constantemente. Ella sabe ayudar y no los deja sin apoyo en la desgracia. ¡Así actúa la sabiduría profunda!
 Ella también aconseja a las personas de mal y ellas, con su ayuda, pueden encontrar el Soporte.
 Sin embargo, si las personas de mal no valoran su ayuda ni aman al Soporte, la persona sabia las deja, pues no aprecia la comunicación con tales personas.
 ¡Esto es muy importante y profundo!
 
Otra versión-traducción de los mismos fragmentos:
 
 V.-El universo no tiene sentimientos; todas las cosas son para él como perros de paja.
 El sabio no tiene sentimientos; el pueblo es para él como un perro de paja.
 El universo es como un fuelle, vacío, pero nunca agotado.
 Cuanto más se mueve, más produce.
 Quien más habla menos le comprende.
 Es mejor incluirse en él. […]

 IX.- Más vale renunciar antes que sostener en la mano un vaso lleno sin derramarlo.
La espada que usamos y afilamos continuamente no conservará mucho tiempo su hoja. Una sala llena de oro y jade nadie la puede guardar.
Quien se enorgullece de sus riquezas atrae su propia desgracia.
Retirarse de la obra acabada, del renombre conseguido, esa es la ley del cielo.  […]

 XXIII.- Hablar poco es lo natural. Un huracán no dura toda la mañana. Un aguacero no dura todo el día.
¿Quién hace estas cosas? El cielo y la tierra.
Si las cosas del cielo y la tierra no pueden durar eternamente, ¿cómo las cosas del hombre?
Así, quien sigue el Tao se une al Tao. Quien sigue la virtud, se une a la virtud. Quien sigue el defecto, se une al defecto.
Quien se identifica con una de estas cosas, por ella es acogido.
Pero a esto no se da suficiente crédito.  […]

 XXVII.- Un buen caminante no deja huellas. Un buen orador no se equivoca ni ofende. Un buen contable no necesita útiles de cálculo. Un buen cerrajero no usa barrotes ni cerrojos, y nadie puede abrir lo que ha cerrado. Quien ata bien no utiliza cuerdas ni nudos, y nadie puede desatar lo que ha atado.
Así, el sabio que siempre ayuda a los hombres, no los rechaza. El sabio que siempre conserva las cosas, no las abandona. De él se dice que está deslumbrado por la luz.
Por esto, el hombre bueno no se considera maestro de los hombres; y el hombre que no es bueno estima como buenas las cosas de los hombres.
No amar el magisterio ni la materia de los hombres, y aparentar ignorancia, siendo iluminado, éste es el secreto de toda maravilla.

Otra versión-traducción de los mismos fragmentos:
 
 5.-El cielo y la tierra no tienen benevolencia alguna. Para ellos todos los seres son como peleles.
El sabio tampoco es benevolente. Para él todos los seres son como peleles.
El espacio entre cielo y tierra es semejante a un fuelle, está vacío, pero no se hunde; cuanto más se mueve, más sale de él.
Hablar nos deja vacíos.
Más vale conservar lo esencial.  […]

 9.-Si quieres conservar un bien, añadiéndole más y más, malgastas tu energía.
Resultado de imagen de tao ching librodotLa espada que se afila sin cesar no conservará su filo mucho tiempo.
Una sala llena de oro y jade no podrá ser protegida eternamente.
Quien se enorgullece de sus riquezas y méritos atrae sobre sí la desgracia.
Retirarse una vez acabada la obra, he ahí el Tao del Cielo.  […]

 23.-Economizar las palabras es lo natural. Un ciclón no dura una mañana. Ni un aguacero se prolonga todo el día.
¿Quién los origina? El cielo y la tierra.
Si ni siquiera cielo y tierra consiguen algo permanente, ¿cómo podría lograrlo el ser humano?
Si tu conducta busca el Tao, te harás uno con el Tao.
Si tu conducta busca la virtud, experimentarás la virtud.
Si tu conducta busca la renuncia, experimentarás la renuncia.
Si te haces uno con el Tao, el Tao te dará la bienvenida.
Si experimentas la virtud, la virtud te acogerá.
Si abrazas la renuncia, la renuncia no te abandonará.  […]

 27.- El buen caminante no deja huellas.
El buen orador no necesita desmentir.
El que sabe calcular no necesita ábaco.
Quien sabe cerrar no necesita candado ni llaves, y sin embargo, nadie puede abrir lo que él cierra.
Quien sabe atar no precisa cuerdas ni nudos, y sin embargo, nadie puede desatar lo que él ata.
El sabio siempre conoce el modo de salvar a las personas; por eso para él no existen hombres reprobables.
Sabe cuidar todas las cosas; por eso no hay cosas viles para él.
A esto se le llama clarividencia.
¿Qué es un hombre bueno? Es el maestro de un hombre no-bueno.
¿Qué es un hombre no-bueno? Es la materia de un hombre bueno.
Quien no aprecia a su maestro, quien no ama a su materia, aunque cumpla su tarea perderá el tiempo.
Ésa es la clave del misterio.»
 
     [El texto de la 1ª versión pertenece a la edición en español de Vladimir Antonov, 2008, en traducción de Anton Teplyy, pp. 5, 7 y 15-18. El texto de la 2ª versión pertenece a la edición en español de tipsdefengshui.com, pp. 5-7, 14 y 16-17. El texto de la 3ª versión pertenece a la edición en español de librodot.com, pp. 27, 33, 51 y 56.]
 

miércoles, 11 de diciembre de 2019

El excelso Protocreador, más viejo que los días.- San Columba de Iona (521-597)


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«El excelso Protocreador, más viejo que los días, el Increado, / estaba al margen del origen de todo principio y límite:
es y será por los siglos de los siglos infinitos. / Su Hijo unigénito -Cristo- y el Espíritu Santo
son coeternos con Él en la gloria eterna de su deidad. / No proclamamos tres dioses, sino "Único Dios" los definimos.
(Sin quebrantar la fe en las tres gloriosísimas personas).

 Creó a los ángeles buenos, a los órdenes y a los Arcángeles, / Principados y Tronos, Potestades y Virtudes
para que su bondad no fuese ociosa y se manifestara / en todos sus dones, la majestad y largueza de la Trinidad,
y en ellos se revelaran los privilegios celestes / con toda la grandeza y sublimidad posibles.

De la cima del reino del cielo y del esplendor de su angélica / morada, soberbio por la belleza de su fulgente hermosura,
Lucifer, a quien Él había creado, rodó al abismo; / los ángeles apóstatas se vieron arrastrados en la lúgubre caída
del promotor de la gloria vana y de la envidia obstinada, / mientras todos los demás permanecían en sus principados.

El gran dragón, repugnantísimo, terrible y viejo, / que fue la resbaladiza serpiente, más sabia que todas
las bestias y animales más feroces de la tierra, / consigo arrastró al abismo de las regiones infernales
y de las diversas cárceles a la tercera parte de los astros, / y a quienes rehuían la verdadera luz, precipitados por el Devorador.

El Excelso, al concebir la máquina y la armonía del mundo, / hizo el cielo y la tierra; creado había el mar, las aguas,
los gérmenes de las hierbas, los arbustos con sus ramas, / el sol, la luna y los astros, el fuego y todo lo necesario,
aves, peces y rebaños, bestias y animales, / y al fin, al primer hombre para que a su capricho los rigiese.

 Y al par fueron creados los astros, luminarias del cielo, / y los ángeles cantaron alabanzas al Señor, celeste Artista,
por la admirable creación de tan inmensas proporciones; con un egregio coro, dieron gracias al Señor
por su amor y su proyecto, don inexistente en la Naturaleza.

 Con el engaño y seducción de nuestros dos primeros padres, / por segunda vez el diablo rodó al abismo junto con sus satélites,
cuyos rostros horrendos y vuelo estrepitoso / espantaban a los débiles hombres aterrados por el miedo,
incapaces de contemplar aquello con sus ojos carnales. / Ahora están atados por haces de cadenas en las ergástulas.

 Éste, apartado de los demás, fue expulsado por el Señor: / el espacio aéreo que ocupaba invadido se vio por el tropel
de sus satélites, torbellino de traidores invisibles, / para que, imbuidos de malos ejemplos y de crímenes,
jamás separados ni por leyes ni por muros, los hombres / no puedan fornicar públicamente a la vista de todos.

 Las nubes arrastran aguaceros invernales desde fuentes / tres veces más profundas que las olas del mar océano,
que las regiones del cielo, que los cerúleos torbellinos; / beneficiosas serán para sementeras, viñedos y plantíos,
agitadas por los vientos emergidos de donde abundan, / cada uno de los cuales, alternativamente, agitan los estanques marinos.

 Caduca, tiránica y momentánea, la gloria de los reyes / del presente mundo sujeta está a la voluntad de Dios.
He ahí a los gigantes, gimiendo bajo las aguas tras sufrir / grandes heridas, consumidos por las llamas y suplicios
del Cocito, ahogados por las turgentes Caribdis, / sumergidos por las ondas de la Escila y despedazados en los escollos.

 El Señor regula a menudo las aguas condensadas en la nubes, / para que no se precipiten de repente arrastrando a su paso
cuanto hallan. Sus veneros más fecundos, como pechos, / flotan pausadamente por diferentes regiones de la tierra,
heladas o calientes, según las diversas estaciones, / de modo que los ríos jamás fluyan carentes de caudal.

 Por los poderes celestiales del Dios supremo penden / el globo de la vasta tierra y su órbita sobre el abismo plantados,
teniendo por soporte a Dios y la poderosa mano del Omnipotente. / Columnas como postes los sustentan,
promontorios y roquedos de sólidos cimientos, / como asentados en unas bases inmóviles.

 Nadie duda que el infierno está en las profundidades, / que allá moran las tinieblas, gusanos, bestias feroces;
que allá el fuego sulfuroso en voraces llamaradas arde; / que allá sólo alaridos de hombres hay, llanto y crujido de dientes;
allá el llanto terrible y antiguo de la Gehenna; / allá, el ardor de las llamas, el espanto de la sed y el hambre.

 Sabemos, por haberlo leído, que los habitantes de las entrañas del mundo, / postrados de rodillas, suplican de continuo al Señor que se apiade;
mas es para ellos imposible atrás volver el libro escrito, / sellado con siete sellos por las profecías de Cristo,
que se sellará de nuevo después de mostrarse vencedor, / cumpliendo así las proféticas predicciones de su venida.»

    [El texto pertenece a la edición en español de Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, en traducción de Manuel A. Marcos Casquero y José Oroz Reta. ISBN: 84-7914-326-6.]