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domingo, 2 de agosto de 2026

Dios y la nueva física.- Paul Davies (1946)

X.- Libre albedrío y determinismo

 «En la actualidad, muchos físicos se inclinan por la llamada interpretación de la teoría cuántica de los múltiples universos de Everett. Este enfoque (discutido brevemente en el capítulo 8) tiene curiosas consecuencias para el libre albedrío. De acuerdo con Everett, cada mundo posible se hace realidad y todos los mundos alternativos coexisten en paralelo. Esta multiplicidad de mundos se extiende a la elección humana. Supongamos que nos enfrentamos a una elección: ¿té o café? Según la interpretación de Everett, el Universo se divide inmediatamente en dos ramas. En una de las ramas tomamos té y en la otra café. ¡De este modo lo tenemos todo!
 La teoría de los múltiples universos parece satisfacer el criterio definitivo para la libertad de elección discutido más arriba. Cuando se produce la división, las circunstancias que conducen a cada resultado son verdaderamente idénticas en todos los aspectos (son de hecho el mismo Universo) aunque se hagan dos elecciones distintas (como dije anteriormente, nada puede verificar esta teoría, puesto que cualquiera debe quedar restringido a una de las ramas del Universo dividido). Sin embargo, la victoria parece pírrica. Si no podemos evitar hacer todas las elecciones posibles, ¿somos realmente libres? La libertad parece excesiva, destruida por su propio éxito. Queremos elegir té o café, pero no té y café.
 Ahora bien, el defensor de los múltiples universos respondería probablemente: "¡Ah! ¿Qué es lo entiende aquí por nosotros?" El "nosotros" que está tomando el té no es el "nosotros" que está tomando el café. Habitan universos distintos. Estos dos individuos a los cuales nos hemos referido un tanto a la ligera como "nosotros" diferirán, como mínimo, en su experiencia perceptual (por ejemplo, en el sabor de la bebida). No pueden ser la misma persona. Así que, una vez hecha la elección, no tomamos en realidad té y café. Uno de los dos "nosotros" es quien ha hecho la elección. De acuerdo con este punto de vista, decir que hemos preferido té en lugar de café no significa más que dar una definición de "nosotros". Decir "elijo té" significa simplemente que "soy un bebedor de té". Así, aunque un solo "nosotros" tuvo que enfrentarse a la elección, el resultado afecta a los dos individuos y no a uno solo. En la teoría de Everett, el yo se desdobla continuamente en incontables copias parecidas (sería interesante explorar las consecuencias que esto comporta para el concepto tradicional de un alma única).
 Se ha escrito mucho sobre la relación entre el libre albedrío y el tema de la responsabilidad y culpabilidad ante el delito. Si el libre albedrío es una ilusión, ¿por qué debe responder nadie de sus actos? Si todo está determinado, todos nosotros estamos atrapados en un curso de acontecimientos decidido antes de nuestra existencia. En un Universo múltiple de Everett, ¿no podría un delincuente aducir que uno de sus múltiples yo se vio obligado por las leyes de la mecánica cuántica a cometer el crimen? Quizá sería mejor apartarnos de este terreno espinoso y preguntarnos sobre la posición de Dios en un Universo determinista. Tan pronto como entra Dios en escena surge una avalancha de enigmas.
 ¿Puede Dios tomar decisiones y ejercer el libre albedrío?
 Si el hombre posee libre albedrío, Dios probablemente lo poseerá también. En este caso, muchos de los problemas anteriores sobre el concepto de libertad se extienden a Dios. Están, además, todas las confusiones habituales asociadas con una deidad infinita y omnipotente. Si Dios tiene un plan para el Universo, plan que implementa como parte de su voluntad, ¿por qué no creó simplemente un Universo determinista en el cual la consecución del objetivo final del plan fuera inevitable? O mejor todavía, ¿por qué no lo creó con este objetivo ya alcanzado? Sin embargo, si el Universo no es determinista, ¿estará limitado el poder de Dios por su incapacidad de predecir o decidir cuál va a ser el resultado?
 Se podría quizá aducir que Dios es libre de renunciar a una parte de su poder, si así lo desea. Él nos puede dar libertad para actuar en contra de su plan si así lo queremos, puede introducir el factor cuántico en los átomos para transformar su creación en un juego cósmico de azar. Sin embargo, esto introduce el problema lógico de cómo puede un ente omnipotente renunciar a una parte de su poder.
 La libertad asociada a la omnipotencia es bastante distinta de la libertad que disfrutan los seres humanos. Se puede ser libre de elegir té o café siempre y cuando dispongamos de las dos bebidas. No somos libres de hacer cualquier cosa que deseemos: atravesar el Atlántico a nado, por ejemplo, o convertir la Luna en queso. El poder humano es limitado y sólo podemos realizar una pequeña parte de nuestros deseos. Por el contrario, el poder de un Dios omnipotente no tiene límite, y un ser de estas características es libre de obtener todo cuanto desee.
 La omnipotencia plantea algunas embarazosas cuestiones teológicas. ¿Tiene Dios libertad para prevenir el mal? Si es omnipotente, la respuesta debe ser afirmativa. ¿Por qué entonces no lo evita? He aquí un argumento devastador debido a David Hume: si el mal del mundo se debe a la intención de Dios, entonces Él no es benevolente. Si en cambio, el mal es contrario a su intención, entonces no es omnipotente. No puede, pues, ser omnipotente y benevolente a la vez como sostienen la mayoría de las religiones.
 Una posible réplica a este argumento es que el mal se debe enteramente a las actividades humanas. Dado que Dios nos ha dado libertad, tenemos capacidad de hacer el mal y frustrar así el plan divino. Pero aún podemos decir que si Dios tiene libertad para prevenirnos de hacer el mal, ¿no debe compartir alguna responsabilidad si no hace nada para evitarlo? Cuando un padre permite a un niño travieso cometer tropelías molestando a los vecinos y causando destrozos, le asignamos normalmente gran parte de culpa. ¿Debemos, por tanto, llegar a la conclusión de que el mal forma parte del plan  divino o Dios, después de todo, no tiene libertad para impedirnos actuar contra él?
 Nuevos e interesantes enigmas aparecen al considerar la doctrina cristiana según la cual Dios trasciende el tiempo, puesto que el concepto de libertad de elección es intrínsecamente un concepto temporal. ¿Qué significado se debe dar a hacer una elección hecha no en un instante particular sino de un modo atemporal? Por otra parte, si Dios conoce el futuro de antemano, ¿qué significado debemos darle a un plan cósmico y a nuestra participación en él? Un Dios infinito conocerá lo que está sucediendo en todas partes, pero, como hemos visto, no hay un instante presente universal, de modo que el conocimiento de Dios se debe extender en el tiempo si se extiende en el espacio. Por tanto, debemos concluir que no tiene sentido que un Dios cristiano eterno tenga libertad de elección. Pero, ¿es concebible que el hombre posea una facultad de la cual no dispone su creador? Nos vemos forzados a llegar a la paradójica conclusión de que la libertad de elección es, en realidad, una restricción que padecemos, es decir, nuestra incapacidad de conocer el futuro. Dios, liberado de las rejas del presente, no tiene ninguna necesidad de libre albedrío.
 Los problemas parecen insuperables. La nueva física abre indudablemente nuevas perspectivas para el antiguo enigma del libre albedrío y el determinismo, pero no los resuelve. La física cuántica socava el determinismo, pero introduce sus propias dificultades en relación a la libertad, no siendo la menor de ellas la posibilidad de realidades múltiples. La teoría de la relatividad presenta un Universo que se extiende en el tiempo y en el espacio, pero todavía deja la puerta abierta para algún tipo de libertad de acción. Sin ninguna duda, los futuros avances en nuestra comprensión del tiempo arrojarán nueva luz sobre estos problemas fundamentales de nuestra existencia.»

 [El texto pertenece a la edición en español de Salvat Editores, 1994, en traducción de Jordi Vilá, pp. 166-169. ISBN: 84-345-8922-2 (Volumen 42).] 
 

domingo, 8 de febrero de 2026

El conde Lucanor.- Don Juan Manuel (1282-1348)

 
Cuento XVIII
Lo que sucedió a don Pedro Meléndez de Valdés cuando se le rompió la pierna

 «Un día, hablando el conde Lucanor con Patronio, su consejero, díjole así:
 -Patronio, vos sabéis que yo tengo un pleito con un señor, vecino mío, que es muy poderoso, y hemos convenido ir los dos a una villa, y que el que primero llegue se quede con ella; también sabéis que tengo reunida a toda mi gente y que estoy seguro de que si por misericordia de Dios yo pudiera ir probablemente ganaría la villa. Pero me preocupa mucho ver que no puedo hacerlo por no estar muy sano. Aunque la de la villa es pérdida muy grande, más me preocupa lo que la gente diga en elogio suyo y vituperio mío. Por la confianza que tengo en vos os ruego me digáis lo que en este conflicto debo yo hacer.
 -Señor conde Lucanor -respondió Patronio-, aunque no os falta razón para lamentaros, me gustaría que supierais lo que sucedió a don Pedro Meléndez de Valdés, que bien puede servir de regla para casos tales.
 El conde le pidió que se lo refiriera.
 -Señor conde Lucanor -dijo Patronio-, don Pedro Meléndez era un honrado caballero leonés, que tenía costumbre de decir, siempre que sufría una contrariedad: "Bendito sea Dios, que pues él lo ha hecho será por bien". Este don Pedro Meléndez gozaba de mucha privanza con el rey de León. Otros consejeros, enemigos suyos, llenos de envidia, le calumniaron, acusándole de tantos crímenes que el rey se resolvió a mandarle matar. Estando don Pedro en su casa llególe una orden del rey, que fuera inmediatamente a hablar con él. Los que le habían de matar estaban esperándole a media legua de donde él vivía. Yendo a cabalgar don Pedro Meléndez para ver al rey, cayó por una escalera y se rompió una pierna. Cuando aquellos de sus servidores que habían de acompañarle vieron lo que le había pasado lo sintieron mucho y empezaron a echarle en cara su confianza en Dios de este modo:
 -Ea, don Pedro, vos que siempre decís que lo que Dios hace es lo mejor, recibid la merced que Dios os ha hecho.
 Él respondióles que podían estar seguros de que, aunque esta desgracia les contrariara y les entristeciera, al final verían que, pues Dios lo había hecho, sería por bien. Y por más que replicaron no pudieron hacerle cambiar de opinión.
 Los que estaban esperando para matarle, por orden del rey, cuando vieron que no venía y supieron la causa, se fueron al rey y le dijeron por qué no habían podido cumplir su mandato.
 Don Pedro Meléndez pasó mucho tiempo sin poder cabalgar. En este tiempo se enteró el rey de que eran falsas las acusaciones de sus enemigos, a los que, en vista de ello, mandó prender; hecho esto, fue a ver a don Pedro, que seguía sin poder moverse, y le dijo cómo había sido calumniado y cómo él mandó que le mataran y, pidiéndole perdón, le hizo muchas mercedes para compensarle. Después de lo cual mandó ejecutar en su presencia a los que falsamente le habían acusado. Así libró Dios a don Pedro Meléndez de sus enemigos y calumniadores y resultó verdad que, como él decía, lo que Dios hace es siempre para bien.
 Vos, señor conde Lucanor, no os lamentéis por la contrariedad que ahora sufrís, mas tened por cierto en vuestro corazón que lo que Dios hace es siempre lo mejor; si así lo pensáis, él os sacará de todo con bien. Pero debéis saber que las cosas que pueden sucedernos son de dos clases: unas son aquéllas en que se puede poner remedio; las otras son aquéllas contra las que no es posible hacer nada. En las cosas que pueden remediarse debe el hombre buscar los medios para ello, sin esperar a que se enderecen por causalidad o por voluntad de Dios, ya que esto sería tentar a Dios; mas pues el hombre tiene entendimiento y razón, ha de hacer todo lo que pueda para poner remedio a sus desdichas. Por el contrario, en aquellas cosas en que no es posible hacer nada debemos creer que, pues Dios las dispone, son por nuestro bien. Y como la enfermedad que os ha sobrevenido es una de las cosas a que no podemos poner remedio, convenceos de que, pues Dios lo ha dispuesto, será por bien, y de que Dios hará que todo salga como deseáis.
 El conde vio que Patronio decía la verdad y le daba un consejo muy bueno, obró según él y le fue muy bien. Como don Juan creyó que este cuento era bueno lo hizo escribir en este libro y compuso unos versos que dicen así:
 No te quejes de lo que Dios hiciere,
que será por tu bien cuando Él quisiere.»

 [El texto pertenece a la edición en español de Editorial Castalia, 1990, en versión española moderna de Enrique Moreno Báez, pp. 71-73. ISBN: 84-7039-024-4.]


domingo, 17 de julio de 2022

SCUM (Manifiesto de la Organización para el exterminio del hombre).- Valerie Solanas (1936-1988)


Valerie Solanas, la asesina de Andy Warhol que quería 'exterminar ...  «Si todas las mujeres abandonaran a los hombres, se negaran a tener algo que ver con cualquiera de ellos, todos los hombres, el gobierno, y hasta la economía nacional se hundirían sin remedio. Incluso sin dejar a los hombres, las mujeres conscientes del alcance de su superioridad y de su poder sobre ellos, podrían adueñarse de todo en pocas semanas y someter totalmente a los hombres. En una sociedad sana, el macho trotaría obedientemente detrás de la mujer. El hombre es obediente, se somete con facilidad al yugo de cualquier mujer empeñada en dominarlo. El hombre, de hecho, desea desesperadamente someterse a las mujeres, vivir bajo la autoridad de su mamá, y abandonarse a sus cuidados. Pero no vivimos en una sociedad sana, y la mayoría de las mujeres no tienen la menor idea de la verdadera relación de fuerzas.
  El conflicto, pues, no se produce entre mujeres y hombres, sino entre las SCUM —las mujeres dominantes, libres, seguras de sí mismas, mordaces, violentas, egoístas, independientes, orgullosas, intrépidas, libres, arrogantes, que se consideran capaces para gobernar el universo, que han luchado contra viento y marea hasta alcanzar los límites de esta sociedad y están dispuestas a desenfrenarse y barrerlos— y las Hijas de Papá amables, pasivas, complacientes, cultivadas, educadas, dignas, subyugadas, dependientes, asustadas, grises, angustiadas, ávidas de aprobación, desconcertadas ante lo desconocido, que quieren seguir revolcándose en la cloaca (al menos, les resulta familiar), aferrarse a los amos, sentir a Papá a sus espaldas y apoyarse en fuertes bíceps; necesitan ver una cara fofa y peluda en la Casa Blanca, demasiado cobardes para enfrentarse a la horrorosa realidad del hombre, de Papá, que se han acomodado en la pocilga, han hecho causa común con las bestias, se adaptan y no conocen otra forma de vida, han rebajado sus mentes, sus pensamientos y sus percepciones al nivel del macho; que, carentes de juicio, de imaginación y de genio sólo pueden obtener estima en una sociedad masculina, que sólo pueden ocupar un lugar en el sol (o mejor, en el estiércol), como cluecas o en calidad de reposo del guerrero, que son rechazadas por las otras mujeres, que proyectan sus deficiencias, su masculinidad, sobre todas las mujeres a quienes consideran gusanos.
  Pero SCUM es demasiado impaciente para esperar y aguardar a que se produzca el deslavado de cerebro de millones de agujeros. ¿Por qué las mujeres impetuosas deben seguir arrastrándose miserablemente junto con todas estas aburridas mujeres-machos? ¿Por qué el destino de los seres capaces debería cruzarse con el de los tarados? ¿Por qué las imaginativas y activas deberían tener en cuenta a las pasivas y mediocres? ¿Por qué las independientes deberían patear locas junto con las que se amparan a Papá?
   Un comando de SCUM puede apoderarse del país en un año, dando por el culo al sistema a todos los niveles, destruyendo selectivamente la sociedad y asesinando.
   SCUM será la gran fuerza enculatoria, la fuerza del destrabajo. Los miembros de SCUM eligirán toda clase de profesiones y destrabajarán.
   Por ejemplo, las vendedoras y telefonistas SCUM, no cobrarán. Las operarias y oficinistas SCUM, cojerán el trabajo destruyendo el material en secreto. Las SCUM destrabajarán sistemáticamente hasta hacerse despedir, después buscarán un nuevo empleo para sabotear.
   SCUM tomará por asalto los autobuses, los taxis y los puestos de vender billetes; conducirán autobuses y taxis y entregarán billetes gratuitos al público.
   SCUM destruirá todos los objetos inútiles y dañinos como vidrieras, Gran Arte, etcétera.
   Después SCUM se apoderará de las antenas de radio y de TV, se encargará de aliviar de sus trabajos a todos los empleados que impedirán la entrada de SCUM en los estudios.
   SCUM arremeterá contra las parejas mixtas (hombre-mujer), que encuentre al paso y las deshará.
   SCUM matará a todos los hombres que no formen parte del Cuerpo Auxiliar Masculino de SCUM. Forman parte del Cuerpo Auxiliar Masculino los hombres que se emplean metódicamente en su propia eliminación, los hombres que practican el bien, fueren cuales fueren sus motivos y nieguen las reglas del juego de SCUM. He aquí  algunos ejemplos de los integrantes del Cuerpo Auxiliar: hombres que matan a hombres; biólogos que trabajan en investigaciones constructivas, en lugar de preparar la guerra biológica; periodistas, escritores, redactores jefe, editores y productores que difunden y promocionan las ideas capaces de servir a los objetivos de SCUM; los maricas que, con magnífico ejemplo, animan a otros hombres para desmachizarse y en consecuencia volverse relativamente inofensivos; hombres que prodigan generosamente dinero y todos los servicios necesarios; hombres que dicen la verdad —hasta ahora ninguno lo ha hecho nunca—, y guardan un comportamiento justo con las mujeres, que revelan la verdad sobre sí mismos, proporcionan a los descerebrados frases correctas que repetir y les dicen que el objetivo principal en la vida de una mujer es aplastar el sexo masculino. Para ayudar a los hombres en esta tarea, SCUM organizará Sesiones Miérdicas durante las cuales cada hombre presente pronunciará un discurso con la frase: soy una mierda, una mierda miserable y abyecta, y acto seguido procederá a enumerar los distintos aspectos de su mierdicidad. Su recompensa por esta actuación, será la oportunidad de confraternizar después de la sesión y durante toda una hora con las SCUM presentes. Se invitará a las mujeres amables y educadas para clarificar las dudas y los malentendidos que puedan tener acerca del sexo masculino; a los fabricantes y promotores de libros, películas porno, que nos conducen al día en que en las pantallas sólo se verá chupar y cojer (los hombres, como las ratas siguiendo el sonido de la flauta encantada, serán arrastrados hasta su perdición por los engañosos encantos de la Gata, y desbordados, abrumados por ella, se anegarán en esa carne pasiva que han sido siempre) los propagadores de drogas que apresuran la decadencia masculina.
   Pertenecer al Cuerpo Auxiliar Masculino es una condición necesaria pero no suficiente para formar parte de la lista de indultados de SCUM; no es suficiente practicar el bien: para salvar sus culos insignificantes, los hombres deben además evitar el mal. Entre los hombres más detestables y dañinos aparecen: los violadores, los políticos y todo su clan (propagandistas, miembros de los partidos políticos, etcétera); los cantantes y los músicos malos; los Presidentes del Directorio, los Gana-Pan, los agentes inmobiliarios, los propietarios de los restaurantes, los Grandes Artistas, los cobardes, los policías, los magnates, los científicos que trabajan en investigaciones en favor de la destrucción y la muerte o para la industria privada (casi todos los científicos), los mentirosos y los farsantes, los disc-jockeys, los hombres que se imponen aunque sea mínimamente a las mujeres, los hacendosos, los corredores de bolsa, los que hablan cuando no tienen nada que decir, los que deambulan ociosamente por las calles y estropean el paisaje con su presencia, los hipócritas, los artistas plagiarios, los sucios, los moscones, los hombres que dañan a una mujer, los que se dedican a la industria de la publicidad, los escritores, periodistas, redactores jefes, editores, etcétera, deshonestos; los censores, público y privado, todos los miembros de las fuerzas armadas, incluso los  reclutas (LBJ y McNamara dan las órdenes pero los oficiales de servicio las realizan) y particularmente los pilotos (si la Bomba estalla, no será LBJ quien la arrojará, sino el piloto). En el caso del hombre cuyo comportamiento puede considerarse tanto malo como bueno, una evaluación subjetiva y completa de su persona determinará si su comportamiento es, al hacer la síntesis, bueno o malo.
   Resulta muy tentador meter en el mismo saco a hombres y Grandes Artistas y a las mujeres hipócritas, etcétera, pero sería incómodo, pues no quedaría nadie. En toda mujer hay algo que, en mayor o menor grado huele a podrido, pero se debe a toda una vida de convivencia con los hombres. Eliminad a los hombres y las mujeres mejorarán. Las mujeres son recuperables; los hombres, no, aunque su comportamiento puede cambiar. Cuando SCUM les dé una patada en el culo, las mujeres se perfeccionarán rápidamente.
   Cuando dé por el culo al sistema, saquee, separe parejas, destruya y asesine, SCUM GANARÁ RECLUTAS. Ese será el papel de su núcleo de elite reclutadoras; el cuerpo minoritario; el líder de las actividades (las enculadoras, saqueadoras y destructoras) y el de la elite de la elite: las asesinas.
   La solución ya no es dejar que todo se derrumbe y vivir al margen. Dar por el culo al sistema, sí. La mayoría de las mujeres ya viven marginadas: nunca estuvieron integradas. Vivir al margen es dejar el campo libre a quienes se aprovecharán de él; marginarse es hacer justo lo que quieren que hagamos los líderes establecidos; es hacerle el juego al poder, al enemigo; fortalecer el sistema en vez de minarlo, ya que está absolutamente basado en la inactividad, en la pasividad, en la apatía y en la retracción de la masa de las mujeres. Sin embargo, desaparecer es una solución excelente para los hombres, y SCUM, con entusiasmo, le dará empuje.
   Buscar en uno mismo la salvación, contemplarse el ombligo, no es la solución, como nos quieren hacer creer quienes se largan a Katmandu. La felicidad se halla afuera de uno mismo, y se logra solamente por medio de las relaciones con los demás. Nuestro objetivo debería ser el olvido del propio yo, no la autocontemplación. El hombre, sólo capaz de esto último, convierte una falta fundamental en una virtud y otorga a la autocontemplación la categoría no solamente de bien sino de Bien Filosófico, y así hace que parezca profundo.
   A SCUM de nada le sirven las banderas, los desfiles o las huelgas para alcanzar sus fines. Tácticas semejantes son útiles solamente para las señoras amables y educadas que escrupulosamente llevan a cabo tales acciones porque poseen la garantía de su inutilidad. Además, sólo las mujeres-machos decentes y con una vida limpia, altamente entrenadas en sumergirse a sí mismas en la especie, se confunden con la masa y la muchedumbre. SCUM está constituido por individuos; SCUM no es una muchedumbre.
   Las acciones de SCUM serán llevadas a cabo por el número de personas estrictamente necesario. SCUM, además, egoísta, fría de cabeza, no expondrá tontamente su cabeza a las porras de los policías: eso es para las señoras de clase media, privilegiadas y educadas, que sienten gran estima por Papá y por el policía y manifiestan una fe ciega en la bondad intrínseca. Si SCUM realizara alguna vez una manifestación, marcharía sobre la cara estúpida y repugnante de Lyndon Johnson; si SCUM alguna vez va a la huelga, plantará largos cuchillos en la noche, no piquetes.
Descargar] SCUM: Manifiesto de la organización para el exterminio ... Las actividades de SCUM serán criminales no por simple desobediencia civil, por violar abiertamente la ley, sino para ir a la cárcel, para llamar la atención sobre la injusticia. Semejante táctica entra en el sentido del sistema y sólo sirve para apenas modificarlo, para cambiar ciertas leyes específicas. SCUM está en contra de todo el sistema, contra la idea misma de la ley y de gobierno. SCUM nace para destruir el sistema, no para lograr ciertos derechos dentro de él. Además SCUM —siempre egoísta, siempre fría— siempre evitará la detención y el castigo. SCUM actuará furtiva, sibilina, calmadamente (aunque a las asesinas SCUM siempre se las reconocerá).
  Tanto la destrucción como el asesinato serán selectivos y discriminados. SCUM está en contra de las revueltas histéricas e indiscriminadas, sin objetivos claros, que tan fatales resultan, a veces, para sus propios partidarios. SCUM nunca alentará, instigará o participará en revueltas de ninguna clase o cualquier otra forma de destrucción indiscriminada. SCUM, fría, furtivamente, cazará su presa y se moverá con sigilo, en la sombra, para matar. Su destrucción nunca provocará bloqueos en las rutas necesarias para el transporte de comida y abastecimientos esenciales; no contaminará o cortará el agua, ni bloqueará las calles y el tránsito hasta el extremo de que las ambulancias no puedan circular o impedir el funcionamiento de los hospitales.
   SCUM continuará destruyendo, saqueando, desorganizando y matando hasta que el sistema laboral-monetario cese de existir y se establezca la automatización total, o hasta que las mujeres necesarias cooperen con SCUM para alcanzar sus objetivos sin recurrir a la violencia, es decir, hasta que suficientes mujeres no trabajen o abandonen sus puestos de trabajo, comiencen a saquear, abandonen a los hombres y se nieguen a obedecer todas las leyes impropias de una sociedad verdaderamente civilizada. Muchas mujeres engrosarán las filas, pero habrá muchas otras, que hace tiempo se han rendido al enemigo, que están tan adaptadas a la condición animal, al machismo, (adoran las restricciones y las represiones, no saben qué hacer con la libertad) que siguen siendo aduladoras serviles y lameculos, así como los campesinos que cosechan arroz siguen siendo campesinos que cosechan arroz cuando un régimen derriba a otro. Unas pocas de las más veletas lloriquearán, se enfurruñarán y arrojarán sus juguetes y trapos de cocina al suelo, pero SCUM, su apisonadora, pasará, imperturbable, sobre ellas.
 Lograr una sociedad completamente automatizada es simple y rápido, en cuanto la demanda es pública. Los proyectos detallados para su creación ya existen, millones de personas trabajan en su realización. El logro apenas llevará algunas semanas, aún suprimido el sistema monetario, todos se sentirán felices de colaborar en la construcción de una sociedad automatizada. Señalará el principio de una era nueva y fantástica y el trabajo se realizará en medio de una atmósfera de fiesta.
 La supresión del dinero y la institución completa de la automatización son objetivos básicos para todas las otras reformas de SCUM; sin ellas, las demás resultarían imposibles; con ellas, se producirán rápidamente. El gobierno caerá automáticamente. Por medio de la automatización completa, cada mujer tendrá la posibilidad de votar directamente por medio de una máquina de votar electrónica instalada en su casa. Como el gobierno está casi totalmente ocupado en la regulación de la economía y en legislar contra asuntos estrictamente privados, la supresión del dinero y, con él, la de los machos empeñados en legislar la moral, significará que no habrá prácticamente nada que votar.
   Una vez desmanteladas las finanzas, ya no será necesario matar a los hombres, se les arrancará el único poder que tienen sobre las mujeres psicológicamente independientes. Podrán imponerse solamente con las lameculos, a quienes les gusta que alguien las someta. El resto de las mujeres se ocupará en intentar resolver los pocos problemas que queden por solucionar antes de centrarse en la cuestión de la eternidad y de la Utopía. Se renovará completamente la enseñanza, y millones de mujeres podrán, en pocos meses realizar trabajos de alto nivel intelectual que en la actualidad requieren años de aprendizaje (puede lograrse con facilidad pues nuestro objetivo educacional es educar y no perpetuar una minoría académica e intelectual). Resolverán los problemas de la enfermedad, la vejez, y la muerte y rediseñarán totalmente nuestras ciudades y el hábitat. Muchas mujeres, durante un tiempo, seguirán pensando que los hombres les interesan, pero en cuanto se acostumbren a la sociedad de mujeres y se concentren en la realización de sus proyectos, se darán cuenta de la total inutilidad y banalidad del macho.
  Los pocos hombres que queden en el planeta podrán arrastrar sus días mezquinos. Podrán hundirse en las drogas o pavonearse travestidos, observar a las mujeres poderosas en acción, como espectadores pasivos, intentando vivir por delegación. También podrán ir al centro suicida del vecindario más próximo y amistoso para morir allí, en las cámaras de gas, de muerte serena, rápida, sin dolor.
 Antes de que se instituya la automatización, antes de que los hombres sean reemplazados por las máquinas, el hombre debe ser útil a la mujer. Deberán recibir sus órdenes, satisfacer sus más mínimos caprichos, obedecer cualquiera de sus exigencias, adoptar una actitud de perfecta obediencia a su voluntad, en lugar de esta situación perversa y degenerada de los hombres de hoy, quienes no solamente existen, ensuciando  el mundo con su ignominiosa presencia, sino que se dejan lamer el culo por la masa de mujeres que se posternan ante ellos, los millones de mujeres que adoran piadosamente al Becerro de Oro. El perro conduce al amo, cuando en realidad, de no ser un marica travesti, lo más aceptable para el hombre es postrarse delante de la mujer, como un esclavo. Los hombres racionales desean ser aplastados, pisoteados, exterminados y masticados, tratados como lo que son, perros mugrientos, y confirmar así su ser repulsivo.
   Los hombres irracionales, los enfermos, los que intentan defenderse contra su repugnancia, al ver a las SCUM CARGAR SOBRE ELLOS, aullarán aterrados y se aferrarán a la Gran Mamá de las Grandes Tetas, pero las Tetas no les protegerán contra la arremetida de las SCUM; la Gran Mamá se aferrará al Gran Padre, quien, en un rincón, se cagará en sus dinámicos calzoncillos. Sin embargo, los hombres racionales, no patearán ni pelearán ni armarán una lamentable pataleta; se quedarán mansamente sentados, relajados, gozando del espectáculo, dejándose llevar por las olas hasta su fatal extinción.»

 *S.C.U.M.: Society for Cutting Up Men: Organización para el Exterminio del Hombre.

  [El texto pertenece a la edición en español de Editorial Perfil Libros, 2009, en traducción de Ana María Becciu, ISBN 950-639-108-4.]

miércoles, 1 de junio de 2022

Los perros de la guerra.- Frederick Forsyth (1938)


Biografia de Frederick Forsyth
Primera parte: La montaña de cristal

Capítulo 4

   «Manson cambió de tema, sin dejar de mirar el mapa.
 —Dígame algo relativo a las tribus que viven allí.
 —Hay dos —respondió Endean—. El este del río, hasta el final de la tierra interior, es territorio de los vindúes. A propósito, más vindúes viven al otro lado de la frontera oriental. Ya le dije que las fronteras eran arbitrarias. Los vindúes viven prácticamente en la edad de piedra. Raras veces cruzan el río y abandonan su región selvática. El llano que se extiende al oeste del río hasta el mar, incluida la península donde se levanta la capital, es el país de los cayas. Odian a los vindúes y, a su vez, son odiados por éstos.
  —¿Cuál es la población?
  —Casi imposible de contar en el interior. Oficialmente, se cifra en doscientos veinte mil en todo el país. Es decir, treinta mil cayas y unos ciento noventa mil vindúes. Pero son números aleatorios, aunque, probablemente, el cálculo de los cayas es bastante exacto.
  —Entonces, ¿cómo diablos pudieron celebrar unas elecciones? —preguntó Manson.
  —Éste es uno de los misterios de la creación —dijo Endean—. En todo caso, fue un verdadero lío. La mayoría de ellos no sabían lo que eran unas elecciones ni por quién votaban.
  —¿Y qué me dice de la economía?
  —Es prácticamente nula —respondió Endean—. El país vindú no produce nada. La mayoría de sus pobladores se limitan a ir tirando con el ñame y el casabe que producen en las parcelas desbrozadas por las mujeres en la selva, que son muy pocas. A menos que les paguen bien, prefieren estarse con los brazos cruzados. Los hombres se dedican a la caza. Los niños son presa fácil del paludismo, el tracoma, la esquistosomiasis y la falta de nutrición.
  En los tiempos coloniales había, en el llano costero, plantaciones de cacao de baja calidad, café, algodón y plátanos. Eran propiedad de blancos, que empleaban mano de obra indígena. No se trataba de productos de primera calidad, pero bastaban para conseguir, con la potencia colonial como comprador europeo garantizado, las divisas fuertes necesarias para pagar unas importaciones mínimas. Después de la independencia, tales plantaciones fueron nacionalizadas por el Presidente, que expulsó a los blancos y las dio a los paniaguados de su partido. Actualmente están casi arruinadas, invadidas por la mala hierba.
  —¿Puede darme algunas cifras?
  —Sí, señor. El año anterior a la independencia, la producción total de cacao, que era la cosecha principal, fue de treinta mil toneladas. El año pasado, fue de mil toneladas, y no hubo compradores. Todavía se está pudriendo en el suelo.
  —¿Y el café, el algodón y los plátanos?
  —Los plátanos y el café quedaron prácticamente en nada por falta de cuidado. El algodón fue víctima de una plaga, y no había insecticidas.
  —¿Cuál es la situación económica actual?
  —Un desastre. Bancarrotas, un papel moneda que no vale nada y una imposibilidad total de realizar importaciones. Hubo donativos de las Naciones Unidas, de los rusos y de la antigua potencia colonial; pero, como el Gobierno vende sus productos a otros y se embolsa el dinero, inclusos aquéllos han renunciado a prestar ayuda.
  —Una auténtica República banana, ¿eh? —murmuró Sir James.
 —En todos los sentidos. Son venales, viciosos, brutales. Sus aguas costeras son ricas en peces, pero no pueden pescar. Los dos barcos de pesca que tenían eran patroneados por blancos. Uno de los patrones fue apaleado por los matones del Ejército, y ambos se largaron. Los motores se oxidaron, y las embarcaciones fueron abandonadas. Los indígenas sufren falta de proteínas. No hay bastantes cabras y gallinas para su subsistencia.
  —¿Cómo están en cuanto a sanidad?
  —Hay un hospital en Clarence, a cargo de las Naciones Unidas. Es el único del país.
  —¿Y de médicos?
  —Había dos zangareños que poseían el título de doctor en Medicina. Uno de ellos fue detenido y murió en la cárcel. El otro huy ó al extranjero. Los misioneros fueron expulsados por el Presidente, como agentes imperialistas. Eran misioneros médicos, además de sacerdotes y predicadores. Las monjas solían enseñar a las enfermeras, pero también ellas fueron expulsadas.
  —¿Cuántos europeos hay?
  —En el interior, probablemente ninguno. En la zona costera, un par de técnicos agrónomos, enviados por las Naciones Unidas. En la capital, unos cuarenta diplomáticos, veinte de ellos pertenecientes a la Embajada rusa, y los demás, repartidos entre las Embajadas francesa, suiza, americana, alemana occidental, checa y china, si es que podemos llamar blancos a los chinos. Aparte éstos, unas cinco personas en el hospital de las Naciones Unidas, otros cinco técnicos encargados del generador eléctrico, de la torre de control del aeropuerto, de las obras hidráulicas, etcétera. Por último, puede haber otros cincuenta, entre comerciantes, capataces y hombres de negocios, que se quedaron esperando tiempos mejores.
  En realidad, hubo un poco de jaleo hace seis semanas, y uno de los hombres de las Naciones Unidas estuvo a punto de morir apaleado. Los cinco técnicos no médicos amenazaron con marcharse y se refugiaron en sus respectivas Embajadas. Es posible que, a estas horas, se hayan largado y a, en cuyo caso, los servicios de agua y de electricidad y el aeropuerto dejarán muy pronto de funcionar.
  —¿Dónde está el aeropuerto?
  —Aquí, en la base de la península, detrás de la capital. No tiene categoría internacional; por consiguiente, quien quiera volar hasta allí, tiene que tomar un avión de la “Air Afrique” hasta la República situada al Norte, y en ésta, un pequeño bimotor que hace el viaje a Clarence tres veces por semana. La concesión pertenece a una empresa francesa, aunque, en la actualidad, no puede decirse que sea rentable.
  —¿Qué amigos tiene el país, diplomáticamente hablando?
  Endean meneó la cabeza.
  —No tiene ninguno. A nadie le interesa tanto desorden. Incluso la Organización de la Unidad Africana se siente incomodada por este país. Está tan dejado de la mano de Dios, que nadie lo menciona siquiera. Como no va ningún periodista, faltan noticias sobre él. El Gobierno es rabiosamente antiblanco, y nadie se atreve a enviar personal para cualquier empresa. Nadie invierte nada, porque nada está a salvo de ser confiscado por cualquier pelagatos que luzca la insignia del partido. Éste tiene una organización juvenil que reparte garrotazos a diestro y siniestro, de modo que todo el mundo vive aterrorizado.
  —¿Qué me dice de los rusos?
 —Su misión es la más importante y, probablemente, aconsejan al Presidente en cuestiones de política exterior, de las que nada sabe en absoluto. Casi todos sus consejeros son indígenas educados en Moscú, aunque él no estudió personalmente en la capital soviética.
  —¿Existe allí algún valor en potencia? —preguntó Sir James.
  Endean asintió lentamente con la cabeza.
  —Con una buena dirección y un buen trabajo, creo que es suficiente para que la población pudiese vivir con relativa prosperidad. La población es poco numerosa y no tiene grandes necesidades; podría bastarse por sí misma en lo tocante a la comida y el vestido, elementos básicos de una buena economía local, y conseguir, con una pequeña cantidad de divisas fuertes, el complemento de artículos necesarios. Esto sería muy factible, y además, las necesidades son tan pocas, que las organizaciones de ayuda y de caridad podrían suministrarle todo lo necesario; pero resulta que su personal es invariablemente molestado; su equipo, saqueado o destruido, y sus donativos, robados y vendidos en exclusivo beneficio del Gobierno.
  —Dice usted que los vindúes son incapaces de trabajar de firme. ¿Qué opina de los cayas?
  —Lo mismo —dijo Endean—. Se pasan todo el día sentados o se ocultan en la espesura si presienten alguna amenaza. Su fértil llano les dio siempre lo necesario para vivir, y les basta con ello para sentirse satisfechos.
   —Entonces, ¿quién trabajaba las haciendas en los tiempos coloniales?
  —¡Ah! La potencia colonial llevó allí a unos veinte mil trabajadores negros de otras regiones. Arraigaron en el país y siguen viviendo en él. Contando sus familias, son unos cincuenta mil. Pero, al no haber sido manumitidos por la potencia colonial, no participaron en las elecciones al declararse la independencia. Si hay alguien que trabaje, son todavía ellos.
  —¿Dónde viven? —preguntó Manson.
LOS PERROS DE LA GUERRA | FREDERICK FORSYTH | Comprar libro ...  —Unos quince mil siguen viviendo en sus chozas de las antiguas haciendas, aunque, con toda la maquinaria destruida, es muy poco lo que pueden hacer. Los demás se dirigieron a Clarence, y allí se ganan la vida lo mejor que pueden. Viven en una serie de barrios de barracas, detrás de la capital, junto a la carretera del aeropuerto.
  Durante cinco minutos, Sir James Manson contempló el mapa que tenía delante, reflexionando profundamente sobre una montaña, un presidente loco, una camarilla de consejeros educados en Moscú y una Embajada rusa. Después, suspiró.
  —Un lugar francamente desolador.
   —Emplea usted unos términos muy suaves —dijo Endean—. Todavía realizan ejecuciones rituales ante el populacho, en la plaza principal. Las víctimas son descuartizadas a machetazos. Todo un espectáculo.
 —¿Y a quién se debe este paraíso terrenal?
  Por toda respuesta, Endean sacó, una fotografía y la puso sobre el mapa.
  Sir James Manson contempló la efigie de un africano de edad madura, ataviado con sombrero de copa, negro chaqué y pantalón de corte. Sin duda, la foto correspondía a su toma de posesión, pues varios oficiales coloniales aparecían en segundo término, en la escalinata de una gran mansión. La cara que se veía bajo el reluciente sombrero de copa no era redonda, sino larga y enjuta, con profundas arrugas a ambos lados de la nariz. Tenía caídas las comisuras de la boca, y esto le daba una expresión de profundo desagrado por algo. Pero lo más notable eran sus ojos. Tenían una fijeza mate, como sólo se ve en los ojos de los fanáticos.
  —He aquí al hombre —dijo Endean—. Loco como una cabra y malvado como una serpiente de cascabel. El Papá Doc de África Occidental. Visionario; espiritista; destructor del yugo del hombre blanco; redentor de su pueblo; estafador; ladrón; jefe de Policía y verdugo de los sospechosos; inquisidor; interlocutor del Todopoderoso: he aquí al Señor Supremo de Todas las Cosas, Su Excelencia el Presidente Jean Kimba.
  Sir James Manson escrutó largamente el rostro del hombre que, sin saberlo, tenía en sus manos diez mil millones de dólares en platino.
  Me pregunto —pensó—, si el mundo se daría cuenta de su muerte”.
  No dijo nada; pero, después de escuchar a Endean, había decidido preparar este suceso.
  Seis años antes, la potencia colonial que gobernara el enclave llamado hoy Zangaro, consciente de la opinión mundial, había resuelto otorgarle la independencia. Se hicieron apresurados preparativos entre una población absolutamente carente de experiencia en el gobierno autónomo, y se fijaron para el año siguiente la declaración de independencia y las elecciones generales.
  En medio de aquella confusión, surgieron cinco partidos políticos. Dos de ellos eran exclusivamente de tribu, pretendiendo el uno defender los intereses de los vindúes, y el otro, los de los cayas. Los otros tres inventaron sus propias plataformas políticas y pretendieron atraerse al pueblo valiéndose de las divisiones tribales. Uno de ellos estaba constituido por el grupo conservador, dirigido por un hombre que había ostentado cargos públicos con los colonialistas y era apoyado por éstos. Afirmaba que mantenía estrechos lazos con el país protector, el cual, aparte otras cosas, garantizaba el papel moneda local y compraba los productos exportables. El segundo partido era de centro, pequeño y débil, acaudillado por un intelectual con título de profesor europeo. El tercero era radical, y su jefe, un hombre que había estado varias veces en la cárcel por motivos de seguridad: Jean Kimba.
  Mucho antes de las elecciones, dos de sus auxiliares, que, mientras estudiaban en Europa, habían sido descubiertos por los rusos —al advertir su presencia en manifestaciones anticoloniales callejeras— y que habían aceptado becas para terminar sus estudios en la Universidad “Patricio Lumumba”, de las afueras de Moscú, salieron secretamente de Zangaro y se trasladaron en avión a Europa. Se habían entrevistado con emisarios de Moscú y recibido, como resultado de sus conversaciones, cierta suma de dinero y muchos consejos de carácter práctico.
  Gracias a este dinero, Kimba y sus hombres formaron patrullas de matones políticos, reclutados entre los vindúes, prescindiendo por completo de la minoría caya. Las patrullas políticas pusieron manos a la obra en las tierras del interior, donde no había Policía. Varios agentes de los partidos rivales acabaron de mala manera, y las patrullas visitaron a todos los jefes de clan de los vindúes.»

   [El texto pertenece a la edición en español de De Bolsillo, 2017, en traducción de José Ferrer Aleu. ISBN: 978-84-9759-675-6.]

sábado, 30 de enero de 2021

La ventana indiscreta y otros relatos.- Cornell Woolrich (1903-1968)

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Proyecto de asesinato

  «Dos mujeres merendaban juntas en un elegante salón de té lleno de gente. No quedaba ni una mesa libre y tan sólo por casualidad se veía algún hombre entre la clientela. A esas horas, los hombres están, por lo general, ocupados en su trabajo. Docenas de voces femeninas, en plena conversación, vibraban en el aire.
 A no ser por la tez color café con leche de las camareras, las ropas estivales de las clientas y el sopor cálido de la atmósfera, se hubiera podido creer que se trataba de un local situado en la Quinta Avenida y no de una de las islas tropicales que dependen de Estados Unidos.
 En nada se distinguían aquellas dos mujeres de las demás que allí estaban. Ambas eran elegantes, bellas y aproximadamente de la misma edad: al borde de la treintena o poco más. Una de ellas era rubia; la otra, la más bajita, morena y de piel clara. La rubia lucía una alianza. La morena, no. Realmente, en nada se distinguían de las otras mujeres que se reúnen en los cuatro extremos del mundo a esa misma hora en  lugares semejantes.
 Podría suponerse que su conversación tampoco se distinguía en nada de lo corriente: la nueva moda de sombreros, la longitud de las faldas en la nueva temporada, si es más favorecedor recogerse el cabello sobre la nuca o dejárselo suelto, algún chisme sabroso o alguna calumnia. La rubia, Pauline Baron, había convertido la conversación en un monólogo. La morena, Mary Stewart, se contentaba con escucharla, mostrando su conformidad con movimientos de cabeza o con algún comentario.
 Ambas tenían un aire natural, desenvuelto. Mary Stewart sostenía un cigarrillo entre sus cuidados dedos; de cuando en cuando Pauline se llevaba la taza a los labios y graciosamente bebía un sorbo de té. Su conversación, sin duda alguna, debía de versar acerca del mejor modo de detener una carrera en la media  o acerca de las “ocasiones” que se encuentran en los almacenes.
 Pero si alguien se hubiera acercado lo suficiente a la pequeña mesa para poder oír…
 Pauline había dejado de hablar en aquel momento y hubo una breve pausa. Luego, Mary, sacudió la ceniza del cigarrillo.
 -Entonces, si lo odias hasta ese punto, si ya no puedes soportar la vida con él por más tiempo y si además él se niega a devolverte la libertad, ¿por qué no lo matas? –sugirió tranquilamente-. ¿No lo has pensado nunca?
 Paulina la miró, como preguntándose si hablaba en serio o bromeaba.
 -Sí, desde luego, lo he pensado muchas veces –respondió con calma-. Pero ¿a qué me conduce eso? Son cosas que a una se le ocurren…
 -Sí, como a todo el mundo en una ocasión u otra –dijo Mary, moviendo la cabeza, comprensiva-. A mí me pasa con frecuencia… sin pensar en nadie preciso… teóricamente se podría decir.
 Pauline suspiró con tristeza:
 -¿A qué conduce hablar de esto? Aunque me propusiera hacerlo, no tendría valor. Las mujeres que matan a sus maridos acaban detenidas, van a los tribunales y la prensa levanta un escándalo.
 -Sí –respondió Mary, encogiéndose de hombros-, cuando son lo bastante estúpidas para dejarse capturar.
 -En esos asuntos, todas acaban cayendo.
 -Porque lo hacen mal –advirtió su amiga, bebiendo un sorbo de té antes de encender otro cigarrillo-. La gente suele recurrir a sistemas violentos: el revólver, el cuchillo o incluso el veneno. De ese modo, es inevitable que los detengan. Pero existen otros medios. Si yo quisiera desembarazarme de alguien, matar a alguien… -se interrumpió para preguntar-: ¿No te escandalizo, verdad?
 -Por supuesto que no. Las amigas sinceras, como nosotras, pueden hablar de esto con entera franqueza. Comprenderás que no voy a discutir estos asuntos con cualquiera…
 -Ni yo tampoco. Además, estamos hablando en teoría –recordó Mary, agitando el cigarrillo con un gesto gracioso-. En estos casos, lo importante es buscar el punto débil de esa persona y atacar por ahí. Esas historias de tiros o de cuchilladas quedan para los criminales. A una persona inteligente le basta con usar el cerebro para cometer impunemente un asesinato.
 Paulina miró a su amiga con interés.
 -No he comprendido muy bien qué quieres decir con lo del punto débil.
 -Te lo explicaré. Tomemos a tu marido de ejemplo. ¿Qué es lo que más le aterroriza?
 -Nada. Tiene un valor extraordinario.
 -Todo el mundo siente terror ante algo, aunque lo demás no le asuste –insistió Mary-. Tú vives con él y debes saberlo.
 -No, no lo sé –reconoció Pauline tras meditarlo.
 -Un ser humano que no sienta temor no existe. Piénsalo. ¿Le asusta el fuego? ¿El agua? ¿La altura?
 Pauline seguía reflexionando mientras movía la cabeza.
 -No, lo estoy pensando y no acierto… A menos que… Sí, ahora recuerdo algo… No fue importante pero… Sí, creo que le aterrorizan las serpientes.
 -A la mayor parte de la gente le ocurre lo mismo.
 -Cierto, pero en el caso de mi marido me pareció mucho más fuerte.
 -Bien, eso es exactamente lo que buscamos. Explícame cómo fue.
Resultado de imagen de la ventana indiscreta  y otros relatos -Estábamos en un cine de Nueva York… poco antes de venir aquí. Proyectaron un noticiario que contenía un breve reportaje sobre una granja donde criaban serpientes. Fue sólo un momento, las serpientes se retorcían en el suelo y enseguida pasaron a otro asunto. Nadie se alteró sensiblemente en la sala, excepto mi marido, que se levantó y abandonó su butaca. Creí que iba a los lavabos, pero, como te decía, antes de que pudiera llegar a la salida, trataban ya otro tema. Entonces pareció calmarse y volvió a su asiento; me di cuenta de que se secaba la frente. Más tarde, cuando regresábamos a casa, le pregunté qué le había ocurrido y me contestó que le horrorizaban tanto las serpientes que no podía soportar verlas. No le pregunté el motivo ni él me lo dijo: no hemos vuelto a hablar de este asunto.
 -Por aquí hay muchas serpientes –comentó Mary pensativa-. No en la ciudad, claro, pero las plantaciones de caña de azúcar están atestadas. –Volvió un poco la cabeza para despedir el humo-. Conozco a una vieja indígena, una especie de curandera, que las captura en grandes cantidades. Las emplea para sus remedios, me parece…
 Interrumpió la frase. Pauline mantenía la vista baja, como hipnotizada por alguna mancha del mantel.
 -Por tanto –siguió diciendo Mary-, para volver a nuestro ejemplo, por ahí deberíamos atacar. Éste es su talón de Aquiles: su fobia a las serpientes. Si tu marido creyera que hay una serpiente en libertad en su casa…
 -¿Cómo iba a creerlo? ¿Simplemente porque se lo dijéramos?
 -No, no sería suficiente. Aunque la imaginación se alimenta de fantasmas, es necesario darle un punto de partida para que trabaje. No, sería preciso que hubiera una serpiente en la casa; luego, su imaginación haría el resto.
 -No comprendo cómo…
 Mary suspiró, como un profesor ante un alumno torpe.
 -Según nuestros cálculos, basta la presencia de una serpiente para que tenga un ataque de terror, ¿no es cierto?
 -Sí, pero eso no bastaría para causarle la muerte.
 -Claro, si no pasara de ahí. Pero si la tensión se mantuviera durante algún tiempo, estoy segura de que le provocaría la muerte.
-¿Y cómo mantener la tensión? Por mucho miedo que tuviera Donald, buscaría un revólver para matarla.
 Mary alzó las cejas para mostrar la impaciencia que le causaba tanta incomprensión.
 -Bien, tú debes ingeniártelas para que no lo haga. Te he dado el punto de partida para llevar a cabo tu plan. Si se lo permites, no cabe duda de que huirá o intentará matarla y la cosa no pasará de un susto horrible. Pero si le quitas la libertad de movimiento, si lo reduces a la impotencia y mantienes su terror en ebullición durante mucho tiempo, eso acarrea la muerte, una muerte causada por la imaginación. ¿Comprendes?
 La rubia Pauline, la esposa de Donald Baron, no dijo nada y se limitó a morderse las uñas.»
 
  [El texto pertenece a la edición en español de Editorial Espasa Calpe, 2008, en traducción de Jacinto León, pp. 67-71. ISBN: 978-84-670-2835-5.]