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domingo, 24 de diciembre de 2023

La conexión cósmica.- Carl Sagan (1934-1996)


Carl Sagan - Wikipedia
26.-La conexión cósmica


 «Desde los primeros tiempos, los seres humanos han reflexionado sobre el lugar que ocupan en el Universo. Se han preguntado si están conectados de alguna manera con el asombroso e inmenso Cosmos en el que la Tierra está inmersa.
 Hace muchos miles de años se inventó una seudo-ciencia llamada Astrología. Las posiciones de los planetas, al nacer un niño, se creía que desempeñaban un papel importantísimo en determinar su futuro. Los planetas, puntos de luz de eterno parpadear, eran dioses. En su vanidad, el hombre imaginó un Universo diseñado para su propio beneficio y perfectamente organizado para su uso particular.
 Quizá se supuso que los planetas eran dioses a causa de sus movimientos irregulares. La palabra “planeta” significa, en griego, vagabundo. El imprevisible comportamiento de los dioses en muchas leyendas puede haber correspondido con los, al parecer, también imprevisibles movimientos de los planetas. Se supone que se razonó así: Los dioses no se sujetan a normas; los planetas no se sujetan a normas; los planetas son dioses.
 Cuando la antigua casta sacerdotal astrológica descubrió que el movimiento de los planetas no era irregular, sino previsible, se guardaron la información para sí. No valía la pena preocupar innecesariamente al populacho, socavar sus creencias religiosas y erosionar las bases del poder político. Además, el Sol era la fuente de vida. La Luna, mediante las mareas, dominaba la agricultura, especialmente en las cuencas de ríos como el Indo, el Nilo, el Yangtze, y el Tigris-Éufrates. ¡Cuán razonable era entonces que estas luces menores, los planetas, ejercieran influencia sobre la vida humana, una influencia más sutil, pero no menos eficaz!
 La búsqueda de una conexión, el eslabón entre la gente y el Universo, no ha disminuido desde los albores de la astrología. A pesar de los avances de la ciencia, aún persiste tal necesidad.
 Ahora sabemos que los planetas son, aproximadamente, mundos como el nuestro. Sabemos también que su luz y gravedad no influyen en absoluto en el nacimiento de un niño. Sabemos que hay enormes cantidades de otros objetos —asteroides, cometas, pulsars, quasars, galaxias explosivas, agujeros negros, etcétera—, objetos desconocidos para los antiguos especuladores que inventaron la astrología. El Universo es muchísimo más grande de lo que pudieron haber imaginado.
 La Astrología no ha tratado de mantenerse a la altura de los tiempos. Incluso los cálculos de los movimientos planetarios y posiciones establecidos por la mayor parte de los astrólogos son normalmente inexactos.
 Ningún estudio muestra estadísticamente un índice de éxitos significativos al predecir, mediante sus horóscopos, el futuro o los rasgos de la personalidad de los recién nacidos. No hay ningún campo de radio-astrología, o astrología por rayos X, o astrología por rayos gamma, que tengan en cuenta las nuevas fuentes astronómico-energéticas descubiertas en años recientes.
 Sin embargo, la Astrología sigue siendo sumamente popular en todas partes. Por lo demás, hay diez veces más astrólogos que astrónomos. Un gran número, probablemente la mayor parte, de periódicos en los Estados Unidos publican diariamente sus secciones de horóscopos.
 Mucha gente joven, gente brillante y socialmente bien situada, siente gran interés por la Astrología. Satisface una necesidad interior de sentirse importantes como seres humanos en un Cosmos inmenso y asombroso, creer que de alguna manera nos relacionamos con el Universo, ideal de muchas experiencias religiosas y con drogas, el samadhi de algunas religiones orientales.
 Los grandes conocimientos de la astronomía moderna demuestran que, en algunos aspectos muy diferentes a los imaginados por los antiguos astrólogos, estamos conectados con el Universo.
 Los primeros científicos y filósofos —Aristóteles, por ejemplo— imaginaron que el cielo estaba hecho de un material diferente al de la Tierra, una especie de substancia celeste, pura e inmaculada. Ahora sabemos que éste no es el caso. Trozos del cinturón de asteroides llamados meteoritos, las muestras de la Luna traídas por los astronautas del Apolo y por las sondas soviéticas, el viento solar y los rayos cósmicos, que probablemente se generan por la explosión de estrellas y sus restos, todos ellos muestran la presencia de los mismos átomos que conocemos aquí, en la Tierra. La espectroscopia astronómica puede determinar la composición química de estrellas situadas a miles de millones de años luz de distancia. Todo el Universo está hecho con material familiar. Los mismos átomos y moléculas se hallan presentes a enormes distancias de la Tierra como lo están dentro de nuestro Sistema Solar.
 Estos estudios conducen a una notable conclusión. No solamente el Universo está en todas partes constituido por los mismos átomos, sino que los átomos, hablando en términos generales, están presentes en todas partes y en aproximadamente las mismas proporciones.
La conexión cósmica una perspectiva extraterrestre[1973] sagan carl … Casi toda la substancia de las estrellas y la materia interestelar entre estrellas es hidrógeno y helio, los dos átomos más simples. Todos los demás átomos son impurezas, constituyentes vestigiales. Esto también puede aplicarse a los grandes planetas exteriores de nuestro Sistema Solar, como Júpiter. Pero no es así en cuanto se refiere a los trozos comparativamente pequeños de roca y metal en la parte interior del Sistema Solar, como nuestro planeta Tierra. Esto ocurre porque los pequeños planetas terrestres tienen gravedades demasiado débiles para retener sus atmósferas originales de hidrógeno y helio, atmósferas que gradualmente han escapado al espacio.
 Los siguientes átomos más abundantes en el Universo son el oxígeno, carbono, nitrógeno y neón. Todo el Mundo ha oído hablar de estos átomos. ¿Por qué los elementos que más abundan en el plano cósmico son los más razonablemente corrientes en la Tierra, y no, por ejemplo, el Ytrio o el praseodimio?
 La teoría de la evolución de las estrellas está lo suficientemente avanzada para que los astrónomos puedan comprender sus diferentes clases y sus relaciones: cómo una estrella nace del gas y polvo interestelares, cómo brilla y se desarrolla mediante reacciones termonucleares en su ardiente interior, y cómo muere. Estas reacciones termonucleares son de la misma clase que las reacciones que fundamentan las armas nucleares (bombas de hidrógeno): la conversión de, cuatro átomos de hidrógeno en uno de helio.
 Pero en las posteriores etapas de la evolución estelar en el interior de las estrellas se alcanzan elevadas temperaturas, y los elementos más pesados que el helio se generan por procesos termonucleares. La astrofísica nuclear indica que los átomos más abundantes, producidos en estas gigantescas estrellas ardientes, son precisamente los átomos que más se encuentran en la Tierra y en cualquier otra parte del Universo. Los átomos pesados, generados en los interiores de los gigantes rojos, son arrojados al medio interestelar mediante un lento reflujo desde la atmósfera de la estrella, como nuestro propio viento solar, o por medio de poderosas explosiones estelares, algunas de las cuales pueden hacer que una estrella brille mil millones de veces más que nuestro Sol.
 Un reciente estudio espectroscópico con infrarrojos de estrellas en fusión descubrió que están lanzando al espacio silicatos, polvo de roca arrojado al medio interestelar. Las estrellas de carbono probablemente lanzan partículas de grafito al espacio cósmico que las rodea. Otras estrellas desprenden hielo.
 En sus primeras etapas históricas, probablemente algunas estrellas como el Sol lanzaron fuera de sí grandes cantidades de compuestos orgánicos al espacio interestelar; de hecho y mediante el empleo de métodos radioastronómicos, se encuentran moléculas orgánicas simples que parecen rellenar el espacio entre las estrellas. La nebulosa planetaria más brillante que se conoce (una nebulosa planetaria es una nube en expansión, por lo general rodeada por una estrella explosiva llamada nova) parece contener partículas de carbonato de magnesio.
 Estos átomos pesados —carbono, nitrógeno, oxígeno, silicio, y demás— flotan en el medio interestelar hasta que en algún momento posterior se da una condensación gravitacional local y se forman un nuevo sol y nuevos planetas. Este sistema solar de segunda generación está enriquecido por elementos pesados.
 El destino de los seres humanos puede no estar conectado de una manera profunda con el resto del Universo, pero la materia de que estamos hechos se halla íntimamente ligada a procesos que ocurrieron durante inmensos intervalos de tiempo y enormes distancias en el espacio lejos de nosotros. Nuestro Sol es una estrella de tercera generación. Todo el material rocoso y metálico sobre el cual nos encontramos el hierro de nuestra sangre, el calcio de nuestros dientes, o el carbono de nuestros genes se produjeron hace miles de millones de años en el interior de una gigantesca estrella roja. Estamos hechos de material estelar.
 Nuestra conexión molecular y atómica con el resto del Universo es un circuito cósmico real y nada caprichoso o imaginativo.
 Al explorar el firmamento que nos rodea con el telescopio y con las naves espaciales, es posible que surjan otros circuitos. Pueden ser una red de civilizaciones extraterrestres intercomunicadas a las que probablemente mañana tengamos que unirnos nosotros. La fallida declaración de la astrología —que las estrellas influyen sobre nuestros caracteres individuales— no será confirmada por la astronomía moderna.
 Pero la profunda necesidad humana de buscar y comprender nuestra conexión con el Universo, es un objetivo dentro de nuestro alcance.»

  [El texto pertenece a la edición en español de Ediciones Orbis, 1986, en traducción de Jaime Piñeiro, pp.168-172. ISBN: 978-84-7634-115-5.]

martes, 12 de octubre de 2021

Cambio global. Impacto de la actividad humana sobre el sistema Tierra.- Carlos M. Duarte (1960) y otros


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7.-Escenarios de cambio global

7.3.-Escenarios del cambio global

 «Con el conocimiento de los cambios ambientales acontecidos y con la integración de los principales aspectos socioculturales, la “Evaluación de los Ecosistemas del Milenio” establece cuatro grandes escenarios generales que no se plantean como predicciones sino que pretenden explorar aspectos poco predecibles de los cambios en los motores de cambio global y en los servicios de los ecosistemas. Ningún escenario representa la continuidad de la situación actual, aunque todos parten de la situación y tendencias actuales. Los diferentes escenarios suponen un aumento de la globalización o un aumento de la regionalización, así como una actitud de reacción, donde sólo se afrontan los problemas cuando se convierten en algo evidente y, por otro lado la actitud de acción, donde la gestión activa de los ecosistemas busca deliberadamente la preservación a largo plazo de los servicios de los ecosistemas antes de que los problemas sean muy graves o remediables.

Escenarios 1 y 2: un mundo globalizado

 Escenario 1.- Manejo reactivo de los ecosistemas: “Orquestación Global”. Este escenario representa una sociedad conectada globalmente por el comercio global y la liberalización económica, que toma una actitud reactiva para la solución de los problemas de los ecosistemas. No obstante, también toma medidas efectivas para la reducción de la pobreza y las desigualdades y realiza inversiones públicas en infraestructuras y en educación. El crecimiento económico de este escenario es el más alto de los cuatro y se estima que la población humana en el 2050 será la más baja.

 Escenario 2.- Manejo proactivo de los ecosistemas: “Tecno-Jardín”. Este escenario representa una sociedad conectada globalmente; pero que depende en gran medida de tecnologías “verdes”, respetuosas con el medio ambiente, y una actitud proactiva en la resolución de los problemas ambientales. Depende de ecosistemas altamente gestionados para proporcionar los servicios de los que depende. El crecimiento económico es relativamente alto y tendente a acelerarse, mientras que la población en el 2050 estará en el término medio de los cuatro escenarios.

Escenarios 3 y 4: un mundo regionalizado

 Escenario 3.- Manejo reactivo de los ecosistemas: “Orden desde la fuerza”. Este escenario representa un mundo regionalizado y fragmentado, preocupado por la seguridad y la protección, que enfatiza los mercados regionales, presta poca atención a los bienes públicos y toma una actitud reactiva frente a los problemas ambientales. El crecimiento económico es el más bajo de los cuatro escenarios (especialmente bajo en los países en desarrollo) y tiende a disminuir mientras que el crecimiento de población será el más alto.

 Escenario 4.- Manejo proactivo de los ecosistemas: “Mosaico adaptativo”. En este escenario, las regiones, a la escala de cuencas hidrográficas, son el núcleo de la actividad política y económica. Las instituciones locales se fortalecen y las estrategias locales de manejo de los ecosistemas son comunes. Las sociedades desarrollan un manejo altamente proactivo de los ecosistemas. El crecimiento económico es inicialmente lento pero crece con el tiempo, y la población en el año 2050 es casi tan alta como en el escenario “Orden desde la fuerza”.

 Tal como sugieren estos escenarios, los motores directos e indirectos que van a afectar a los ecosistemas durante los próximos cincuenta años van a ser fundamentalmente los mismos que hoy. Sin embargo, va a cambiar la importancia relativa de los distintos motores de cambio. El cambio climático y la concentración de altos niveles de nutrientes en el agua van a ser problemas cada vez más importantes, mientras que el crecimiento de la población va a serlo relativamente menos. Los escenarios predicen que la rápida conversión de los ecosistemas para su empleo en agricultura, suelo urbano e infraestructuras va a seguir avanzando. Tres de los cuatro escenarios predicen mejoras al menos en algunos de los servicios de los ecosistemas. No obstante, en muchos casos los usos de los ecosistemas por parte de las personas aumentarán sustancialmente. Los cuatro escenarios prevén que va a continuar la rápida transformación de los ecosistemas. Se espera que entre un 10% y un 20% de los pastos y bosques actuales sean transformados debido a la expansión de la agricultura, las ciudades y las infraestructuras. Asimismo, los cuatro escenarios prevén que la pérdida de hábitats terrestres conducirá, de aquí al año 2050, a una fuerte caída de la diversidad local de las especies nativas y de los servicios asociados. Las pérdidas de hábitats previstas en los cuatro escenarios conducirán a extinciones a nivel mundial a medida que las poblaciones se ajusten a los hábitats restantes. Por ejemplo, el número de especies de plantas podría reducirse un 10-15% como consecuencia de la pérdida de hábitats entre 1970 y 2050.
 Los distintos escenarios sugieren que la gestión activa de los ecosistemas es, en general, ventajosa, y especialmente bajo condiciones cambiantes o novedosas. Las sorpresas en los ecosistemas son inevitables debido a que las interacciones implicadas son complejas y a que en la actualidad aún no se comprenden bien las propiedades dinámicas de los ecosistemas. Un planteamiento de acción activa es más beneficioso que un planteamiento de reacción frente a problemas porque la restauración de servicios de un ecosistema degradados o destruidos es más costosa en tiempo y dinero que la prevención de la degradación y no siempre es posible.
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Cambios previsibles en los servicios de los ecosistemas y en el bienestar humano

 Todos los escenarios indican que aumentará sensiblemente el empleo de los servicios de los ecosistemas por parte de los humanos. En muchos casos, esto conduce a un deterioro de la calidad de los servicios e incluso a una reducción de su cantidad. Es probable que la seguridad alimentaria siga fuera del alcance de gran parte de la población, y se espera que los recursos mundiales de agua dulce sufran cambios grandes y complejos que afecten a una proporción creciente de la población. La demanda creciente de pescado conduce a un mayor riesgo de colapso de las reservas marinas a escala regional, que podría ser contrarrestada si el crecimiento actual de la acuicultura consigue superar cuellos de botella actuales y reducir sus impactos ambientales.
 La contribución futura de los ecosistemas terrestres a la regulación del clima es incierta. La emisión o captación de carbono por los ecosistemas afecta a la cantidad de ciertos gases de efecto invernadero presentes en la atmósfera y de ese modo regula el clima de la Tierra. En la actualidad, los ecosistemas terrestres son un sumidero neto de carbono, que absorbe cerca del 20% de las emisiones de combustibles fósiles. Es muy probable que este servicio de regulación climática se vea afectado por los cambios en el uso de las tierras, aunque es difícil de predecir ya que nuestra comprensión de los procesos de respiración del suelo es limitada. Los servicios de los ecosistemas áridos y desérticos son especialmente vulnerables a los cambios y en especial a aquellos debidos al cambio climático, al estrés hídrico y a usos intensivos. El océano seguirá captando CO2 de la atmósfera, principalmente por la bomba de solubilidad, pues la bomba biológica ve reducida su actividad, o incluso podría bombear CO2 en sentido opuesto, hacia la atmósfera, por efecto del incremento de temperatura.
 Las acciones para incrementar un servicio de un ecosistema suelen causar la degradación de otros servicios, lo que a su vez causa daños importantes al bienestar humano. Ejemplos de esto son el aumento del riesgo de cambios  no lineales en los ecosistemas, la pérdida de capital natural, la agudización de la pobreza o el aumento de desigualdades entre grupos de población. Es difícil evaluar las implicaciones del cambio global sobre los ecosistemas y dar recomendaciones precisas para su gestión porque muchos de los efectos tardan en manifestarse, porque pueden ocurrir a cierta distancia y porque los actores que cargan con estos costes no suelen ser los mismos que los que recogen los beneficios de las alteraciones.
 En general, se espera que la salud humana mejore en el futuro en la mayoría de escenarios. Sólo el escenario que combina regionalización con una gestión de reacción podría llevar a una espiral negativa de pobreza, empeoramiento de la salud y degradación de los ecosistemas en los países en vías de desarrollo. La degradación de los servicios de los ecosistemas está afectando particularmente a la población más pobre y más vulnerable del planeta, y representa en ocasiones el principal factor generador de pobreza y eventualmente flujos migratorios. La pobreza, a su vez, tiende a aumentar la dependencia de los servicios que prestan los ecosistemas. Esto puede provocar más presión sobre los ecosistemas y acarrear una espiral descendente de pobreza y degradación de los ecosistemas en el futuro que se ha de prevenir con políticas claras que incorporen la evaluación de los servicios de los ecosistemas y los efectos de su pérdida en los escenarios macroeconómicos de las naciones.»

   [El texto pertenece a la edición en español del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2006, pp. 101-103. ISBN: 978-84-00-08452-3.]

jueves, 10 de junio de 2021

Informe sobre la Tierra: fundamentalmente inofensiva.- Douglas Adams (1952-2001)


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7

 «Arthur Dent había estado en algunos sitios infectos a lo largo de su vida, pero jamás había visto un puerto espacial con un letrero que dijera: “Incluso viajar sin esperanza es mejor que venir aquí”. Para dar la bienvenida a los visitantes, en el vestíbulo de llegadas se exhibía una foto del presidente de Ahoraqué, que sonreía. Era la única fotografía que podía encontrarse de él, y la habían tomado poco después de que se pegara un tiro, de modo que aun retocada lo mejor posible la sonrisa era más bien aterradora. Un lado de la cabeza estaba dibujado a lápiz. Y no habían cambiado de fotografía porque no se había encontrado sustituto para el presidente. Los habitantes habían tenido desde siempre una sola ambición, que era marcharse del planeta.
 Arthur se registró en un pequeño motel de las afueras de la ciudad y se sentó abatido en la cama, que estaba húmeda, y hojeó el pequeño folleto informativo, que también estaba húmedo. Decía que el planeta Ahoraqué recibió el nombre de las primeras palabras pronunciadas por los primeros colonos que llegaron allí después de años luz de vagar por el espacio en un esfuerzo por alcanzar los más remotos e inexplorados confines de la Galaxia. La ciudad principal se llamaba Puesvaya. No había más ciudades propiamente dichas. La colonización de Ahoraqué no había sido un éxito y la clase de gente que verdaderamente quería vivir en aquel planeta no era muy recomendable para hacer vida en común.
 El folleto mencionaba el comercio. La principal actividad económica era el comercio de pieles de puercos de las marismas, pero no estaba muy desarrollada porque nadie en su sano juicio quería comprar una piel de puerco de las marismas ahoraqueño. Dicho comercio sólo se mantenía a duras penas porque en la Galaxia había un considerable número de gente que no estaba en su sano juicio. Arthur se había sentido muy incómodo observando a ciertos ocupantes de la pequeña cabina de pasajeros de la nave.
 El folleto describía una parte de la historia del planeta. Era evidente que la intención de su autor había sido suscitar cierto entusiasmo por el lugar poniendo primero de relieve que no era frío y húmedo todo el tiempo, pero, al no poder añadir muchos rasgos positivos, el tono del artículo degeneraba rápidamente en cruel ironía.
 Hablaba de los primeros años de colonización. Decía que las principales actividades llevadas a cabo en Ahoraqué consistían en la captura, desuello e ingestión de puercos de las marismas ahoraqueños, únicas formas de vida animal supervivientes en Ahoraqué, pues todas las demás habían muerto o desaparecido mucho tiempo atrás. Los puercos de las marismas eran criaturas pequeñas y maliciosas, y el escaso margen que les faltaba para ser completamente incomestibles era el motivo por el que aún quedaba vida en el planeta. Entonces, ¿qué ventajas había, por pequeñas que fuesen, para que mereciese la pena vivir en Ahoraqué? Bueno, pues ninguna. Ni una sola. Incluso el hacerse ropa de abrigo con pieles de puercos de las marismas era un esfuerzo inútil y decepcionante, ya que las pieles eran inexplicablemente tenues y permeables. Eso provocó un montón de confusas conjeturas en los colonos. ¿Tenía el puerco de las marismas algún secreto para dar calor? Si alguien hubiera aprendido alguna vez el lenguaje que hablaban los puercos de las marismas, habría descubierto que no había ningún truco. Los puercos de las marismas eran tan fríos y húmedos como cualquier otra cosa del planeta. Nadie tuvo jamás el menor deseo de aprender el lenguaje de los puercos de las marismas por la sencilla razón de que dichas criaturas se comunicaban mediante fortísimos mordiscos en el muslo. Y en vista de cómo era la vida en Ahoraqué, la mayoría de las opiniones que un puerco de las marismas tuviese sobre la existencia podía expresarse fácilmente por ese medio.
 Arthur hojeó el folleto hasta encontrar lo que buscaba. Al final había unos mapas del planeta. Eran bastante toscos y chapuceros, pues probablemente no tenían mucho interés para nadie, pero le revelaron lo que quería saber.
 Al principio no se dio cuenta porque los mapas estaban puestos en sentido contrario al que cabía esperar, y por tanto resultaban enteramente confusos. No cabe duda de que arriba y abajo, norte y sur, son denominaciones absolutamente arbitrarias, pero estamos acostumbrados a mirar las cosas de la forma en que estamos habituados a verlas y Arthur tuvo que volver los mapas del revés para poder entenderlos.
 En el extremo superior izquierdo de la página había una enorme masa de tierra que se estrechaba en una cintura diminuta y luego volvía a henchirse como una enorme coma. En la parte derecha había una amalgama de amplias formas que le resultaba familiar. Los contornos no eran exactamente los mismos y Arthur ignoraba si se debía a la tosquedad del mapa, a que el nivel del mar era más alto o, bueno, a que las cosas eran diferentes en aquel planeta. Pero los indicios eran concluyentes.
 No cabía duda de que era la Tierra.
 O, mejor dicho, no cabía duda de que no era la Tierra.
 Simplemente se parecía mucho y ocupaba las mismas coordenadas del espacio temporales. Cualquiera sabía las coordenadas que ocupaba en la Probabilidad.
 Suspiró.
 Comprendió que, probablemente, aquello era lo más cerca de casa que iba a llegar. Lo que significaba que se encontraba lo más lejos posible de casa. Abatido, cerró de golpe el folleto y se preguntó qué demonios iba a hacer en aquella tierra.
 Se permitió una sorda carcajada ante aquella ocurrencia. Consultó su viejo reloj y lo sacudió un poco para darle cuerda. Según su propia escala temporal, llegar allí le había costado un año de penosos viajes. Un año desde el accidente en el hiperespacio en el que Fenchurch había desaparecido como por ensalmo. En un momento dado estaba sentada junto a él en el Desplomjet; al momento siguiente la nave había dado un salto perfectamente normal en el hiperespacio y, cuando volvió a mirar, Fenchurch ya no estaba. Su asiento ni siquiera estaba caliente. Su nombre ni siquiera figuraba en la lista de pasajeros.
 Cuando presentó la reclamación, la compañía mostró cierta inquietud. En los viajes espaciales ocurren muchas cosas extrañas, que suelen reportar un montón de dinero a los abogados. Pero cuando le preguntaron de qué sector galáctico procedían Fenchurch y él contestó que de ZZ9 Plural Z Alfa, los de la compañía adoptaron una actitud de absoluta tranquilidad que no acabó de gustar a Arthur. Hasta se rieron un poco, aunque con simpatía, claro está. En el contrato del billete le indicaron una cláusula que recomendaba no viajar por el hiperespacio a los seres cuyo ciclo vital se hubiese originado en algunas de las zonas Plural, advirtiendo de que, si lo hacían, sería por su propia cuenta y riesgo. Todo el mundo lo sabía, le aseguraron. Se rieron un poco entre dientes y sacudieron la cabeza.
 Al salir de las oficinas de la compañía, Arthur temblaba ligeramente. No sólo había perdido a Fenchurch de la forma más completa y absoluta posible, sino que le daba la impresión de que cuanto más tiempo pasaba en la Galaxia más parecía aumentar la cantidad de cosas de las que no tenía la menor idea.
 Justo en el momento que más absorto estaba en aquellos vagos recuerdos, llamaron a la puerta de la habitación. Abrieron inmediatamente y apareció un individuo gordo y desgreñado con la única maleta de Arthur.
 -¿Dónde le dejo…? –preguntó el recién llegado.
Resultado de imagen de douglas adams informe sobre la tierra No llegó a decir más porque de pronto se produjo una violenta conmoción y se derrumbó pesadamente contra la puerta, tratando de desprenderse de una pequeña y asquerosa criatura que había surgido con un grito de la húmeda noche para clavarle los dientes en el muslo, traspasándole incluso la gruesa protección de cuero que llevaba en aquella parte. Hubo un breve y horrible barullo de insultos y golpes. El hombre gritó frenéticamente señalando algo con el dedo. Arthur cogió un pesado garrote colocado junto a la puerta expresamente para esas circunstancias y dio un trancazo al puerco de las marismas.
 El animal se apartó súbitamente y retrocedió cojeando, aturdido y calamitoso. Se volvió  con aire anhelante al extremo de la habitación, con la cola metida entre las patas traseras y se quedó mirando nerviosamente a Arthur, sacudiendo la cabeza hacia un lado de forma incongruente y repetida. Parecía tener la mandíbula dislocada. Lloraba un poco y barría el suelo con la cola húmeda. Sentado en el umbral, el individuo gordo que traía la maleta de Arthur estaba soltando maldiciones, intentando contener la hemorragia del muslo. Tenía la ropa empapada de lluvia.
Arthur observó al puerco de las marismas sin saber qué hacer. El animal lo miraba con aire interrogativo. Trató de acercarse a él, haciendo ruiditos lastimeros y quejosos. Movía penosamente la mandíbula. De pronto saltó al muslo de Arthur, pero no tenía fuerza para apretar con la mandíbula dislocada y cayó al suelo, gimiendo tristemente. El individuo gordo se puso en pie de un salto, empuñó el garrote, golpeó al puerco de las marismas hasta dejarle los sesos hechos una pulpa pegajosa en la tenue alfombra y permaneció inmóvil, jadeante, como desafiando al animal a que hiciese el más mínimo movimiento.
 Entre los restos de la cabeza hecha puré, el globo de un ojo del puerco de las marismas miraba a Arthur con aire de reproche.
 -¿Sabe usted qué quería decir? –preguntó Arthur con voz queda.
 -Pues, nada de particular –contestó el hombre-... Sólo pretendía ser amable. Y ésta es nuestra manera de ser amables –añadió, blandiendo el garrote.
 -¿Cuándo sale el próximo vuelo? –preguntó Arthur.
 -Creía que acababa de llegar.
 -Sí. No era más que una breve visita. Sólo quería ver si éste era el sitio indicado. Lo siento.
 -¿Quiere decir que se ha equivocado de planeta? –preguntó el hombre en tono sombrío-. Es curioso, la cantidad de gente que dice eso. Sobre todo los que viven aquí.
 Miró los restos del puerco de las marismas con un resentimiento profundo y ancestral.
 -Oh, no. Es el planeta adecuado, ya lo creo –repuso Arthur, recogiendo el folleto húmedo que estaba sobre la cama y guardándoselo en el bolsillo-. Está bien, gracias. Me llevaré esto –añadió, cogiendo la maleta. Se dirigió a la puerta y miró afuera, hacia la noche fría y lluviosa.
 -Sí, es el planeta adecuado, desde luego –repitió-. El planeta correcto y el universo equivocado.
 Un pájaro describió círculos sobre su cabeza mientras él se ponía de nuevo en marcha hacia el puerto espacial.»

   [El texto pertenece a la edición en español de Editorial Anagrama, 2015, en traducción de Benito Gómez Ibáñez, pp. 79-85. ISBN: 978-84-339-7686-4.]