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miércoles, 30 de octubre de 2019

En la Patagonia.- Bruce Chatwin (1940-1989)


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«Thomas Bridges fue un hombre menudo, enhiesto, que creía en la providencia divina y no temía el peligro. Como era huérfano, lo adoptó George Packenham Despard, clérigo de Notunhhamsihre y secretario de la Patagonian Mission Society, quien lo llevó consigo a las Falklands. Vivía allí cuando  Jemmy Buton asesinó a los misioneros. Más adelante, continuó la labor de éstos y se radicó en Tierra del Fuego, aunque visitaba esporádicamente Inglaterra. Hacia 1886, al ver que los indios desaparecían gradualmente, comprendió que los días de la misión estaban contados y como tenía que mantener una familia de siete personas y carecía de perspectivas en Inglaterra, le pidió al presidente Roca un título de propiedad sobre las tierras de Harberton. Este paso lo convirtió en un réprobo a juicio de los puritanos.
 El joven Thomas Bridges había tenido el oído y la paciencia necesarios para pasar mucho tiempo en compañía de un indio llamado George Okkoko y dominar la lengua de la que Darwin se había burlado. Para su sorpresa, descubrió una complejidad sintáctica y un vocabulario que nadie había sospechado que pudieran existir en un pueblo "primitivo". A los dieciocho años resolvió compilar un diccionario que lo ayudara a "inculcarles, a mi satisfacción y de manera convincente, el amor de Jesús". Esta tarea gigantesca distaba de estar completa cuando falleció en 1898. Había recogido unas treinta y dos mil palabras sin haber empezado a agotar las reservas de expresión de los indios.
 El Dictionary sobrevivió a los indios y se convirtió en un monumento a su memoria. Yo he hojeado el manuscrito original de Bridges en el Museo Británico y me complace imaginar cómo el clérigo, con los ojos enrojecidos a altas horas de la noche, llenaba con su letra muy fina el volumen de guardas estriadas azules, mientras el viento ululaba sobre la casa. Sabemos que desesperaba de encontrar en aquel laberinto de palabras concretas el vocabulario apropiado para expresar los conceptos abstractos del Evangelio. Sabemos también que no toleraba la superstición de los indígenas y que nunca intentó comprenderla: el asesinato de sus colegas estaba demasiado próximo. Los indios detectaron esta veta de intolerancia y le ocultaron sus convicciones más íntimas.
 El dilema de Briges es muy común. Al comprobar que las lenguas "primitivas" eran pobres en palabras destinadas a expresar conceptos morales, muchas personas supusieron que dichos conceptos no existían. Pero las nociones de "bueno" y "malo", esenciales para el pensamiento occidental, carecen de sentido si no están implantadas en elementos concretos. Los primeros individuos que hablaron una lengua cogieron la materia prima de su entorno y la cohesionaron en metáforas para sugerir ideas abstractas. La lengua yaghana -y por inferencia todas las otras- actúa como un sistema de navegación. Los objetos dotados de nombre son los puntos fijos, alienados o comparados, que permiten que la persona que habla planee su próximo movimiento. Si Bridges hubiera descubierto la gama de metáforas yaghanas, nunca habría completado su obra. Sin embargo, lo que ha perdurado nos permite resucitar la claridad del pensamiento yaghán.
 ¿Qué habremos de pensar de un pueblo que definía la "monotonía" como "la ausencia de amigos varones"? ¿O que, para referirse a la "depresión" empleaba la palabra que describía la fase vulnerable del ciclo estacional del cangrejo, cuando éste se desprende de su viejo caparazón  y espera que se desarrolle otro? ¿O que hizo derivar "holgazán" del nombre del pingüino austral cuyo grito recuerda el rebuzno del asno? ¿O "adúltero" del nombre del alcotán, un halcón que revolotea de un lado a otro, cerniéndose inmóvil sobre su próxima víctima?
 He aquí sólo unos pocos de sus sinónimos:
 Cellisca = Escamas de pescado
 Cardumen de sardinetas = Mucosidad viscosa 
 Maraña de árboles caídos que bloquean el paso = Hipo
 Combustible = Algo quemado = Cáncer
 Mejillones fuera de estación = Piel arrugada = Vejez
 Algunas de sus asociaciones escapan a mi comprensión: Piel de foca = Familiares de un hombre asesinado.
 Otras me parecieron oscuras y después se aclararon:  El deshielo (de nieve) = Una cicatriz = Enseñanza.
 El proceso lógico es el siguiente:
 La nieve cubría el suelo como la costra cubre una herida. Se derrite y deja una superficie suave, lisa (la cicatriz). El deshielo anuncia el clima primaveral. En primavera la gente se pone en movimiento y empiezan las lecciones.
 Otro ejemplo: Una ciénaga = Una herida mortal (o mortalmente herido).
 Las ciénagas de Tierra de Fuego son colchones apelmazados de musgo, que destilan agua. Su color es amarillo opaco con manchas rojizas, como el de una herida abierta que supurara pus y sangre. Las ciénagas cubren el suelo de los valles, tendidas a lo largo como un hombre herido.
 Los verbos ocupan el primer lugar en esta lengua. Los yaghanes tenían un verbo dramático para captar cada contracción de los músculos, cada acción posible de la naturaleza o el hombre. […]
 Los yaghanes eran nómadas por naturaleza, aunque rara vez iban lejos. […] Y su lengua refleja la obsesión propia de los marinos por el tiempo y el espacio. Porque si bien no contaban hasta cinco, definían los puntos cardinales con especificaciones minuciosas y detectaban los cambios estacionales como un cronómetro de alta precisión.»

    [El texto pertenece a la edición en español de Ediciones Península, 2000, en traducción de Eduardo Goligorsky. ISBN: 84-8307-259-9.]

domingo, 27 de octubre de 2019

Hijos de las nubes.- Sophie Caratini (1948)

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La adopción
 Nuevo encuentro con los saharauis

«-¿Cómo te llamas?
 -Safía.
 -¿De dónde vienes, qué vienes a hacer a Zuerat?
 Cuento de nuevo mi itinerario. Mis interlocutores parecen apreciar mi franqueza, pero bajan la cabeza, desconcertados. ¿Están decepcionados por lo limitado de mis capacidades? Es posible. En todo caso, su portavoz (¿es el líder, el mayor, el mejor intérprete?) comienza a exponerme la situación del Sáhara Occidental:
 -Nuestro país ha sido progresivamente cercado por las fuerzas coloniales francesas de Mauritania, Argelia y Marruecos. Cuando los españoles llegaron a las costas del Sáhara, hacia 1900-1905, negociaron al principio, con los nómadas, una especie de contrato de alquiler sobre algunos puntos de la costa. A continuación se instalaron en la costa a cambio de un alquiler que los habitantes consideraron como un tributo. Crearon mercados y favorecieron el comercio, sobre todo el de armas. Cuando las tribus del conjunto de Sáhara se unieron para resistir el avance francés, que amenazaba el sur, y luego el norte, los españoles se comportaron en apariencia como auténticos aliados: hasta 1934 prohibieron a los franceses y a sus tropas franquear la frontera y nuestro territorio se convirtió en un refugio para todos los resistentes. Allí encontraban fusiles, mercancías, comida y era un punto de reagrupamiento. Pero cuando los franceses ocuparon el conjunto del Sáhara argelino, todo Marruecos y toda Mauritania, España empezó, por su lado, a conquistar el interior de las tierras del Sáhara, y los habitantes descubrieron que habían sido engañados. El poder impulsó una política paternalista. Al principio, era casi imperceptible, pero después se dieron cuenta de que estaban colonizando todo el país. Distribuyeron mucho dinero para comprar a los notables y los nómadas terminaron convirtiéndose en asistidos. Entonces acabaron perdiendo poco a poco su territorio y el control de su economía. Habían sido neutralizados, pero no se habían sometido. La prueba es que en 1956, cuando Marruecos alcanzó la independencia, quisieron aliarse con los elementos más determinados del Ejército de Liberación marroquí, que pretendían expulsar a los cristianos de los territorios españoles y de Mauritania. Pero esto no funcionó entre ellos, pues los marroquíes querían dirigirlo todo. A continuación, los otros se pusieron de acuerdo para arrinconarlos: franceses, españoles y hasta el sultán de Marruecos. En febrero de 1958, organizaron una operación militar para aplastar cruentamente la resistencia de los habitantes. La llamaron Operación escobillón. A continuación los países del Magreb y de África Occidental obtuvieron la independencia: Marruecos, Túnez, Mauritania, Senegal, Mali y Argelia, todos. Menos el Sáhara español. Claro que España hizo todo lo posible para no llamar la atención, porque había descubierto fosfatos en Seguia al Hamra. Para conformar a los saharauis, gastó aún más dinero. Halagaron a los notables, les concedieron un simulacro de participación en el gobierno y les pagaron generosamente. Enviaron a sus hijos a la Universidad de Madrid, y otros fueron a estudiar a las universidades árabes de los países del Magreb: en Rabat, Argel y Túnez. Casi todos volvieron con la intención de luchar por la independencia. Pero la negociación no era posible. Los españoles no querían escuchar y además los jóvenes no podían tomar la palabra en las reuniones de los notables. Entonces crearon el Frente Polisario, que declaró la lucha armada el 20 de mayo de 1973. Queremos construir una sociedad justa e igualitaria. Nuestras tradiciones prueban que somos capaces de ello. Los habitantes del desierto siempre practicaron la solidaridad, la ayuda mutua y el sentido del honor. Entre nosotros no hay clases explotadoras ni reyes ni emires. Queremos recuperar el concepto de propiedad compartida de la antigua sociedad nómada. Somos un pueblo libre y orgulloso y en nosotros tenemos con qué construir una sociedad moderna mucho más democrática que la vuestra. El rey Hassán II no quiere apoyarnos: tiene la desvergüenza de proclamar que el Sáhara Occidental y toda Mauritania le pertenecen y que el Marruecos histórico se extiende desde el Mediterráneo hasta las orillas del río Senegal. Todo el mundo sabe que eso no es verdad. Ahora, toda la población saharaui se enfrenta a las autoridades españolas. Al principio sólo se trataba de manifestaciones pacíficas que reivindicaban la justicia social. Pero los soldados dispararon sobre la muchedumbre. Esa es la razón de que el movimiento se haya convertido en lucha armada. Ahora nos preocupa mucho el papel que quieren que desempeñe el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya, pues todo el mundo está contra nosotros. Por eso estamos documentándonos sobre la historia de la región. Tenemos que conseguir todos los libros, documentos o simples informaciones que nos permitan estudiar en profundidad la cuestión. En este sentido, tu proyecto de investigación sobre la historia y las tradiciones de los erguibat nos interesa mucho. ¿Sabes?, los erguibat sólo son una parte de la población del Sáhara. No debes limitarte al estudio de esta única tribu, que no es ni más ni menos importante que las otras.
 El joven habló largo rato en medio de un silencio atento. Sus compañeros lo escucharon muy concentrados, subrayando su discurso con miradas y gestos dirigidos hacia mí, como si quisieran hacerme sentir físicamente la intensidad de su aprobación y que yo la compartiera. Pues en realidad fue un discurso. Un discurso casi oficial pese a las circunstancias de la clandestinidad: yo soy a sus ojos un representante del mundo occidental. Las últimas frases fueron pronunciadas con fuerza y no se me escapó la llamada en ellas implícita. Me están dirigiendo un ruego, cuyo alcance y contenido no consigo adivinar. Ante tanto patetismo, mi respuesta resulta completamente anodina:
 -Es necesario que comience por algo. Si no me limito a un grupo, corro el riesgo de dispersarme. Además, me parece que los erguibat, al menos por lo que he aprendido hasta ahora, viven de manera muy semejante a la de los demás. Su estudio puede servir de ejemplo, es una primera aproximación.»

  [El texto pertenece a la edición en español de Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2008, en traducción de Juan Vivanco Gefaell. ISBN: 978-84-96327-44-3.]

miércoles, 29 de mayo de 2019

Sapiens. De animales a dioses.- Yuval Noah Harari (1976)


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Parte II: La revolución agrícola
5.-El mayor fraude de la historia
La trampa del lujo

«Hace unos 18.000 años, la última época glacial dio paso a un período de calentamiento global. A medida que aumentaban las temperaturas, también lo hicieron las precipitaciones. El nuevo clima era ideal para el trigo y otros cereales de Oriente Próximo, que se multiplicaron y se expandieron. La gente empezó a comer más trigo y, a cambio, y sin darse cuenta extendieron su expansión. Puesto que era imposible comer granos silvestres sin aventarlos previamente, molerlos y cocerlos, las gentes que recogían estos granos los llevaban a sus campamentos temporales para procesarlos. Los granos de trigo son pequeños y numerosos, de modo que algunos caían inevitablemente en el camino al campamento y se perdían. Con el tiempo, cada vez más trigo creció a lo largo de los senderos favoritos de los humanos y alrededor de sus campamentos.
 Cuando los humanos quemaban bosques y malezas, esto también ayudaba al trigo. El fuego eliminaba árboles y matorrales, lo que permitía que el trigo y otras hierbas monopolizaran la luz solar, el agua y los nutrientes. Allí donde el trigo se hacía particularmente abundante y también lo eran los animales de caza y otras fuentes de alimento, las tropillas humanas podían abandonar de manera gradual su estilo de vida nómada y establecerse en campamentos estacionales e incluso permanentes.
 Al principio pudieron haber acampado durante cuatro semanas, durante la cosecha. Una generación más tarde, al haberse multiplicado y extendido las plantas de trigo, el campamento de cosecha pudo haber durado cinco semanas, después seis, y finalmente se convirtió en una aldea permanente. A lo largo de todo Oriente Próximo se han descubierto indicios de estos poblados, en particular en el Levante, donde la cultura natufia floreció entre 12500 y 9500 a.C. Los natufios eran cazadores-recolectores que subsistían a base de decenas de especies silvestres, pero vivían en aldeas permanentes y dedicaban gran parte de su tiempo a la recolección  y procesamiento de cereales silvestres. Construían casas y graneros de piedra. Almacenaban grano para las épocas de escasez. Inventaron nuevos utensilios, como guadañas de piedra para la recolección del trigo silvestre, y morteros y manos de mortero de piedra para molerlo.
 En los años posteriores a 9500 a.C., los descendientes de los natufios continuaron recolectando y procesando cereales pero también empezaron a cultivar de maneras cada vez más refinadas. Cuando recolectaban granos silvestres, tenían la precaución de dejar aparte una fracción de la cosecha para sembrar los campos en la siguiente estación. Descubrieron que podían conseguir resultados mucho mejores si sembraban los granos a una cierta profundidad del suelo y no repartiéndolos al azar sobre la superficie. De manera que comenzaron a cavar y labrar. Gradualmente empezaron también a eliminar las malas hierbas de los campos, a impedir la presencia de parásitos, y a regarlos y fertilizarlos. A medida que se dirigían más esfuerzos al cultivo de los cereales, había menos tiempo para recolectar y cazar especies salvajes. Los cazadores-recolectores se convirtieron en agricultores.
 No hubo un solo paso que separara a la mujer que recolectaba trigo silvestre de la mujer que cultivaba trigo domesticado, de manera que es difícil decir exactamente cuándo tuvo lugar la transición decisiva a la agricultura. Pero, hacia 8500 a.C., Oriente Próximo estaba salpicado de aldeas como Jericó, cuyos habitantes pasaban la mayor parte del tiempo cultivando unas pocas especies domesticadas.
 Con el paso a aldeas permanentes y el incremento de los recursos alimentarios, la población empezó a aumentar. Abandonar el estilo de vida nómada permitió a las mujeres tener un hijo cada año. Los hijos se destetaban a una edad más temprana: se les podía dar de comer gachas y avenate. Las manos sobrantes se necesitaban perentoriamente en los campos. Pero las bocas adicionales hicieron desaparecer pronto los excedentes de comida, de manera que tuvieron que plantarse más campos. Cuando la gente empezó a vivir en poblados asolados por las enfermedades, cuando los niños se alimentaban más de cereales y menos de la leche materna, y cuando cada niño competía por sus gachas con más y más hermanos, la mortalidad infantil se disparó. En la mayoría de las sociedades agrícolas, al menos uno de cada tres niños moría antes de alcanzar los veinte años de edad. Sin embargo, el aumento de los nacimientos todavía superaba el aumento de las muertes; los humanos siguieron teniendo un número cada vez mayor de hijos.
 Con el tiempo, el "negocio del trigo" se hizo cada vez más oneroso. Los niños morían en tropel y los adultos comían el pan ganado con el sudor de su frente. La persona media en el Jericó de 8500 a.C. vivía una vida más dura que la persona media en el Jericó de 9500 a.C. o de 13000 a.C. Sin embargo, nadie se daba cuenta de lo que ocurría. Cada generación continuó viviendo como la generación anterior, haciendo sólo pequeñas mejoras aquí y allá en la manera en que se realizaban las cosas. Paradójicamente, una serie de "mejoras", cada una de las cuales pretendía hacer la vida más fácil, se sumaron para constituir una piedra de molino alrededor del cuello de estos agricultores.
¿Por qué cometió la gente este error fatal? Por la misma razón que, a lo largo de la historia, ésta ha hecho cálculos equivocados. La gente era incapaz de calibrar todas las consecuencias de sus decisiones. Cada vez que decidían hacer un poco más de trabajo extra (cavar los campos en lugar de dispersar las semillas sobre la superficie del suelo, pongamos por caso), la gente pensaba: "Sí, tendremos que trabajar más duro. ¡Pero la cosecha será muy abundante! No tendremos que preocuparnos nunca más por los años de escasez. Nuestros hijos no se irán nunca más a dormir con hambre". Tenía sentido. Si trabajabas más duro, tendrías una vida mejor. Ése era el plan.
 La primera parte del plan funcionó perfectamente. En efecto, la gente trabajó más duro, pero no previó que el número de hijos aumentaría, lo que significaba que el trigo excedente tendría que repartirse entre más niños. Y los primeros agricultores tampoco sabían que dar de comer a los niños más gachas y menos leche materna debilitaría su sistema inmunitario y que los poblados permanentes se convertirían en viveros para las enfermedades infecciosas. No previeron que al aumentar su dependencia de un único recurso alimentario en realidad se estaban exponiendo cada vez más a la depredación y a la sequía. Y los granjeros tampoco previeron que en los años de bonanza sus graneros repletos tentarían a ladrones y enemigos, lo que les obligaría a empezar a construir muros y a hacer tareas de vigilancia.
 Entonces, ¿por qué los humanos no abandonaron la agricultura cuando el plan fracasó? En parte, porque hicieron falta generaciones para que los pequeños cambios se acumularan y transformaran la sociedad, y a esas alturas nadie recordaba que habían vivido de forma diferente. Y en parte debido a que el crecimiento demográfico quemó las naves de la humanidad. Si la adopción del laboreo de la tierra aumentó la población de la aldea de 100 personas a 110, ¿qué diez personas habrían aceptado voluntariamente morirse de hambre para que las demás pudieran volver a los buenos y viejos tiempos? La trampa se cerró de golpe.
 La búsqueda de una vida más fácil trajo muchas privaciones, y no por última vez. En la actualidad nos ocurre a nosotros. ¿Cuánto jóvenes graduados universitarios han accedido a puestos de trabajo exigentes en empresas potentes, y se han comprometido solemnemente a trabajar duro para ganar dinero que les permita retirarse y dedicarse a sus intereses reales cuando lleguen a los treinta y cinco años? Pero cuando llegan a esa edad, tienen hipotecas elevadas, hijos que van a la escuela, casa en las urbanizaciones, dos coches como mínimo por familia y la sensación de que la vida no vale la pena vivirla sin vino realmente bueno y unas vacaciones caras en el extranjero. ¿Qué se supone que tienen que hacer, volver a excavar raíces? No, redoblan sus esfuerzos y siguen trabajando como esclavos.»
 
    [El texto pertenece a la edición en español de Penguin Random House, 2017, en traducción de Joadoménec Ros. ISBN: 978-84-9992-622-3.]

lunes, 28 de agosto de 2017

"La formación de la humanidad".- Richard Leakey (1944)


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13.-La génesis de la agresividad en el hombre
Los efectos del asentamiento entre los !kung*

«La mayoría de los cazadores-recolectores se volvieron sedentarios y agricultores hace ya muchos milenios. Hoy todavía existen algunos, pero muchos de estos grupos se hallan en vías de adoptar una existencia sedentaria, lo cual brinda una excelente oportunidad para el estudio de algunas de las implicaciones sociales del cambio. Este tipo de transición la están experimentando algunos !kung, quienes están siendo objeto de un estudio atento. Dice Richard Lee: "Existe una contradicción fundamental en la transición por la que atraviesan los !kung; es la que existe entre compartir, que es el elemento central de la forma de vida del cazador-recolector, y ahorrar, o controlar los recursos, lo cual, asimismo, es el elemento central de la forma de vida agrícola y ganadera. La comida de un campamento !kung se reparte inmediatamente entre residentes y visitantes sin distinción; si los ganaderos hicieran lo mismo con su ganado y los labradores con su grano, en seguida se arruinarían. Muchas familias padecen a causa de tales exigencias conflictivas."
 [...] La causa principal de que los !kung adopten gradualmente la agricultura es la presión por parte del gobierno. Durante años los !kung han vivido  en íntimo contacto con los agricultores y hoy, hasta cierto punto, están copiando las prácticas ganaderas y agrícolas de éstos. Un campo !kung típico mide menos de una hectárea, tiene una forma más o menos ovalada y no suele ser de regadío. Sus cosechas más importantes son de maíz, melones, sorgo y tabaco. De todas, la más difícil es, con mucho, la de tabaco, que requiere un riego constante y buena sombra. [...]
 Del campo se ocupan predominantemente las mujeres. Los hombres dedican mucho tiempo a sus animales, de modo que pasan muchas más horas lejos del poblado que sus esposas. Dice Richard Lee: "Esta división del trabajo está teniendo importantes implicaciones políticas. Para empezar, el trabajo de los hombres con los rebaños les pone en contacto con los agricultores locales, oportunidad generalmente negada a las mujeres. Y como las estructuras políticas locales están siendo cada vez más importantes para los !kung, ello supone que, a diferencia de antes, el poder es en gran parte una prerrogativa de los hombres. En segundo lugar, cuando los animales están crecidos, el ganado suele venderse, lo que da a los hombres acceso a una economía de dinero. La mayor parte del producto agrícola de las mujeres se destina a la subsistencia, de manera que también desde este ángulo quedan más o menos excluidas de una importante institución nueva. Fabrican y venden una especie de cerveza de miel, pero sus ingresos no son nada comparados con los que se obtienen del ganado."
 Patricia Draper ha llevado a cabo un estudio especial sobre interacciones sociales entre los !kung que están cambiando su estilo de vida y dice que le da la "fuerte impresión de que el igualitarismo sexual de la maleza está siendo socavado en los poblados !kung sedentarios." Se lamenta de que los papeles de cada sexo se estén definiendo con mayor rigidez, de modo que ahora los hombres se inclinan a desentenderse de algunas tareas por considerarlas "no de hombre" o "inadecuadas" para ellos. Esto apenas ocurría antes. "En el monte, las mujeres se sienten orgullosas de la contribución diaria regular que hacen a la comida de la familia... También mantienen el control de la comida que han recolectado después del regreso al poblado", indica Patricia Draper. El cambio de categoría de las mujeres bajo el nuevo estilo de vida es sorprendente.
 Un campamento !kung en el monte consiste en una colección estrechamente unida de siete o más cabañas sencillas, alineadas en círculo y con fachada al centro. Así describe Patricia Draper la vida en él. "En el campamento, todos pueden ver (y, a menudo, oír) siempre a todos, ya que no hay lugares privados a los que la gente pueda retirarse. Incluso de noche permanecen en el espacio visualmente abierto, durmiendo solos o con otros miembros de la familia en torno a hogueras encendidas frente a las cabañas." La intimidad colectiva es la característica más sobresaliente de este tipo de asentamiento. Se intercambian noticias, se resuelven disputas  y se comparte la comida; todo ocurre dentro de este foco intensamente social.
 En el poblado agrícola, la vida es distinta. Aquí, las casas están dispersas y, a menudo, dispuestas en torno a un corral de ganado. Las entradas de las casas ya no miran directamente a la vida del poblado. La gente ya no mantiene un contacto físico mutuo estrecho. "En un asentamiento nómada, una oleada de comida, lleva consigo una oleada de emociones y de sentimientos, oleada que es frenada en el poblado agrícola", se lamenta Richard Lee. Además, la combinación de la vida sedentaria con el acceso al dinero ha llevado a la gente a empezar a acumular riquezas materiales en forma de ropas y otros "bienes de consumo".
 [...] Patricia Draper les preguntó a algunas mujeres !kung qué vida era mejor: la de una mujer !kung o la de una mujer herero. Kxaru!a, una mujer cincuentona, respondió: "Las mujeres !kung están mejor. Entre los herero, si un hombre está enojado con su mujer, puede meterla en casa, cerrar la puerta y maltratarla. Nadie puede ir a separarlos. No se puede hacer otra cosa más que oír sus gritos. Cuando los !kung nos peleamos, los demás se entrometen." Sus compañeras asintieron con la mayor seriedad. Es evidente que, para estas mujeres, la vida es algo más que lo que pueden ofrecer la agricultura y el progreso material que ésta conlleva: su estructura de intimidad social es su vida.
 El viraje a la agricultura también está afectando a los niños !kung. "En el monte, los chiquillos de ambos sexos realizan por igual pequeñas tareas", explica Patricia Draper, "y su papel no está diferenciado por el sexo, es decir, no hay unas tareas fijas para niños y otras para niñas... En cambio, en los poblados fijos hay una tendencia a considerar a los hijos como futuros operarios. Los chicos, por ejemplo, ayudan al cuidado de los animales, mientras que las niñas trabajan con su madre en el campo o la ayudan en casa." [...]
 Una consecuencia práctica muy marcada del nuevo estilo de vida de los !kung es el notable aumento de la tasa de natalidad. Antes, las mujeres daban a luz una vez cada cuatro años, mientras que, ahora, en los poblados de asentamiento agrícola reciente la tasa se acerca a un parto cada dos años y medio.»
 
 *Los !kung (también escrito !xun) son un pueblo San, que viven en el desierto de Kalahari entre Botsuana, Namibia y Angola. Hablan la lengua !kung, que se destaca por su amplio uso de consonantes clic o chasquido consonántico.