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miércoles, 30 de octubre de 2019

En la Patagonia.- Bruce Chatwin (1940-1989)


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«Thomas Bridges fue un hombre menudo, enhiesto, que creía en la providencia divina y no temía el peligro. Como era huérfano, lo adoptó George Packenham Despard, clérigo de Notunhhamsihre y secretario de la Patagonian Mission Society, quien lo llevó consigo a las Falklands. Vivía allí cuando  Jemmy Buton asesinó a los misioneros. Más adelante, continuó la labor de éstos y se radicó en Tierra del Fuego, aunque visitaba esporádicamente Inglaterra. Hacia 1886, al ver que los indios desaparecían gradualmente, comprendió que los días de la misión estaban contados y como tenía que mantener una familia de siete personas y carecía de perspectivas en Inglaterra, le pidió al presidente Roca un título de propiedad sobre las tierras de Harberton. Este paso lo convirtió en un réprobo a juicio de los puritanos.
 El joven Thomas Bridges había tenido el oído y la paciencia necesarios para pasar mucho tiempo en compañía de un indio llamado George Okkoko y dominar la lengua de la que Darwin se había burlado. Para su sorpresa, descubrió una complejidad sintáctica y un vocabulario que nadie había sospechado que pudieran existir en un pueblo "primitivo". A los dieciocho años resolvió compilar un diccionario que lo ayudara a "inculcarles, a mi satisfacción y de manera convincente, el amor de Jesús". Esta tarea gigantesca distaba de estar completa cuando falleció en 1898. Había recogido unas treinta y dos mil palabras sin haber empezado a agotar las reservas de expresión de los indios.
 El Dictionary sobrevivió a los indios y se convirtió en un monumento a su memoria. Yo he hojeado el manuscrito original de Bridges en el Museo Británico y me complace imaginar cómo el clérigo, con los ojos enrojecidos a altas horas de la noche, llenaba con su letra muy fina el volumen de guardas estriadas azules, mientras el viento ululaba sobre la casa. Sabemos que desesperaba de encontrar en aquel laberinto de palabras concretas el vocabulario apropiado para expresar los conceptos abstractos del Evangelio. Sabemos también que no toleraba la superstición de los indígenas y que nunca intentó comprenderla: el asesinato de sus colegas estaba demasiado próximo. Los indios detectaron esta veta de intolerancia y le ocultaron sus convicciones más íntimas.
 El dilema de Briges es muy común. Al comprobar que las lenguas "primitivas" eran pobres en palabras destinadas a expresar conceptos morales, muchas personas supusieron que dichos conceptos no existían. Pero las nociones de "bueno" y "malo", esenciales para el pensamiento occidental, carecen de sentido si no están implantadas en elementos concretos. Los primeros individuos que hablaron una lengua cogieron la materia prima de su entorno y la cohesionaron en metáforas para sugerir ideas abstractas. La lengua yaghana -y por inferencia todas las otras- actúa como un sistema de navegación. Los objetos dotados de nombre son los puntos fijos, alienados o comparados, que permiten que la persona que habla planee su próximo movimiento. Si Bridges hubiera descubierto la gama de metáforas yaghanas, nunca habría completado su obra. Sin embargo, lo que ha perdurado nos permite resucitar la claridad del pensamiento yaghán.
 ¿Qué habremos de pensar de un pueblo que definía la "monotonía" como "la ausencia de amigos varones"? ¿O que, para referirse a la "depresión" empleaba la palabra que describía la fase vulnerable del ciclo estacional del cangrejo, cuando éste se desprende de su viejo caparazón  y espera que se desarrolle otro? ¿O que hizo derivar "holgazán" del nombre del pingüino austral cuyo grito recuerda el rebuzno del asno? ¿O "adúltero" del nombre del alcotán, un halcón que revolotea de un lado a otro, cerniéndose inmóvil sobre su próxima víctima?
 He aquí sólo unos pocos de sus sinónimos:
 Cellisca = Escamas de pescado
 Cardumen de sardinetas = Mucosidad viscosa 
 Maraña de árboles caídos que bloquean el paso = Hipo
 Combustible = Algo quemado = Cáncer
 Mejillones fuera de estación = Piel arrugada = Vejez
 Algunas de sus asociaciones escapan a mi comprensión: Piel de foca = Familiares de un hombre asesinado.
 Otras me parecieron oscuras y después se aclararon:  El deshielo (de nieve) = Una cicatriz = Enseñanza.
 El proceso lógico es el siguiente:
 La nieve cubría el suelo como la costra cubre una herida. Se derrite y deja una superficie suave, lisa (la cicatriz). El deshielo anuncia el clima primaveral. En primavera la gente se pone en movimiento y empiezan las lecciones.
 Otro ejemplo: Una ciénaga = Una herida mortal (o mortalmente herido).
 Las ciénagas de Tierra de Fuego son colchones apelmazados de musgo, que destilan agua. Su color es amarillo opaco con manchas rojizas, como el de una herida abierta que supurara pus y sangre. Las ciénagas cubren el suelo de los valles, tendidas a lo largo como un hombre herido.
 Los verbos ocupan el primer lugar en esta lengua. Los yaghanes tenían un verbo dramático para captar cada contracción de los músculos, cada acción posible de la naturaleza o el hombre. […]
 Los yaghanes eran nómadas por naturaleza, aunque rara vez iban lejos. […] Y su lengua refleja la obsesión propia de los marinos por el tiempo y el espacio. Porque si bien no contaban hasta cinco, definían los puntos cardinales con especificaciones minuciosas y detectaban los cambios estacionales como un cronómetro de alta precisión.»

    [El texto pertenece a la edición en español de Ediciones Península, 2000, en traducción de Eduardo Goligorsky. ISBN: 84-8307-259-9.]

miércoles, 19 de junio de 2019

El libro de la madera. Una vida en los bosques.- Lars Mytting (1968)

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Capítulo 4: El tajo 

«"A la gente le encanta partir leña. Es una actividad en la que los resultados se ven de inmediato." Frase atribuida a Albert Einstein.
 El ruido de la motosierra ha cesado y tu espalda comienza a recuperarse poco a poco del esfuerzo de cargar troncos pesados hasta el remolque. Por ahora el trabajo ha sido más que nada una cuestión de árboles grandes y pequeños; motores de dos tiempos, desrame, correas de carga y herramientas pesadas. Pero ahora empieza otra fase interesante. Es ahora, hendiendo y rajando, cuando los troncos se convertirán en leña. El corte y el secado son una pequeña ciencia aparte, y cuando llegue el invierno marcará la diferencia entre la leña buena y mala.
 Mucha gente tiene sus momentos más contemplativos cuando está delante del tajo, cortando leña. Es una buena mezcla entre repetición y variación y a menudo es el primer trabajo que se hace al aire libre después de un largo invierno. Se desempolvan el hacha o la astilladora y empieza a oírse el gruñir de las sierras de los jubilados, que vuelven a sentirse útiles. El olor a savia y a resina fresca inunda el aire y por fin llega el momento de citar las palabras de Hans Borli en su libro Hacha y lira, sobre el aroma de una pila de leña: es "como si la vida misma pasara, descalza / y con rocío en el pelo", "El aroma de la leña fresca / pervivirá entre tus recuerdos últimos cuando caiga el velo".
 Hender la leña con el hacha es, para muchos, la mejor parte del trabajo con la madera. En una fracción de segundo ésta se transforma en leña. De un golpe seco, la leña se abre y nos muestra su resplandeciente y aromática superficie cortada.
 Además, partir leña a hachazos es uno de los trabajos más primitivos que quedan al alcance del hombre moderno -primitivo en tanto que realizamos el trabajo exactamente de la misma manera que los primeros hombres-. No tenemos muchas ocasiones de empuñar una herramienta pesada con todas nuestras fuerzas. La concentración que requiere el golpe, con constancia y precisión, con un objeto de acero forjado despeja las preocupaciones de la vida moderna. El leñador no puede pensar en  mucho más en aquel momento, si no quiere acabar con el hacha clavada en un tobillo.
 El trabajo permite aprovechar fuerzas -la fuerza bruta- para luchar contra algo. Cuántos leñadores habrán perjurado contra un leño de pino terco y nudoso que les obligaba a sacar lo mejor de sí mismos. Meses más tarde, con una mezcla de autocomplacencia y admiración por la resistencia del árbol, admiran satisfechos cómo se va reduciendo a cenizas en la estufa.
 Requiere mucho esfuerzo, sí, pero ¿acaso tuvimos nuestras mejores experiencias en momentos en los que todo resultaba sencillo? De hecho, ¿no es particularmente gratificante para el hombre moderno practicar un trabajo ascético que se ha realizado de la misma manera desde el inicio de los tiempos? Un trabajo manual y medio pesado procura una serenidad que raramente se encuentra en las profesiones de hoy día. En la vida, ya sea en el trabajo o en casa, uno siempre puede ir un poco más allá. Quizá te dé la impresión de que las cosas mejorarán si ese día trabajas hasta las ocho, o si contestas los mails después de que se acuesten los niños. Casi todo luciría mejor si te las ingeniaras para sacar un rato de trabajo durante el fin de semana. Y en la vida privada siempre se puede ser más considerado, pasar más rato con los niños, hablar más de los temas que por alguna razón se evitan...
 El trabajo físico da otro tipo de serenidad. Cuando la leña está partida, está partida. No hay que cambiarla o mejorarla. Las frustraciones diarias entran en la leña y más tarde en la estufa. Una de las cualidades más maravillosas de la madera es que se acabará quemando. Nunca la estudiará un comité, nadie la comparará con un leño de la competencia. En algún momento del invierno, los leños que quedaron mal cortados o que partiste con mano torpe arderán en la hoguera y darán idéntico calor que los perfectos, y además, ¿no resulta pero que muy gratificante quemar esa raíz de pino particularmente odiosa?
 Anne-Berit Tuft, una curtida líder sindicalista de Oslo, cuenta que, durante una época en que su empresa se vio involucrada en negociaciones de recortes de personal, en un arranque de disgusto y tristeza se marchó a su cabaña con un único objetivo en mente: cortar leña. Incluso los leños más torcidos y reticentes tuvieron que rendirse ante el fastidio que llevaba acumulado en aquel momento. Pocos días después, todo estaba partido y apilado, y Tuft volvió a la capital con las pilas renovadas y dispuesta a ponerse manos a la obra.

 La "edad de la leña"
 
 En los países nórdicos, no es raro que a los aficionados a la leña alguna vez se les diga que han llegado a la "edad de la leña", o han contraído la "enfermedad de la leña". Son calificativos para personas que con frecuencia han dejado atrás los sesenta y pasan todo su tiempo libre cortando leña. Por lo visto no se detienen hasta que mueren, o bien hasta que la propiedad y el garaje están llenos a rebosar. En Noruega existen pocos estudios antropológicos sobre el corte de leña entre particulares, pero una investigación que llevó a cabo la Universidad de Ciencias Agrícolas de Suecia en 2007 confirma que la "edad de la leña" es un estado perfectamente mensurable. Tras recolectar datos de 900 familias en el campo -el criterio era que tuviesen una estufa de leña-, los resultados no dejaban lugar a dudas: los que más tiempo le dedican a la leña son los hombres mayores de sesenta años; sólo el 29% de las mujeres se interesa por ella, y en tales casos la edad media es algo inferior a la de los hombres. La mayor parte del esfuerzo de las mujeres se invierte en el apilado.
 Los métodos de trabajo resultaron idénticos al margen de la edad -el aficionado medio cortaba con motosierra y partía con una astilladora hidráulica, aunque el 10% seguía usando la sierra manual y el 21% cortaba con hacha-. Las herramientas empleadas tenían, de media, trece años y las hachas más de quince. Otra respuesta que dejó estupefactos a los investigadores: más de un tercio de las 900 personas que participaron en el estudio no cambiaría sus herramientas aunque les ofreciesen piezas nuevas y mejores sin costes.
 Una de las principales conclusiones de este estudio afirmaba que el trabajo con leña manifiesta la voluntad de sustento de la gente. Los hombres jóvenes que aún no tenían familia apenas mostraban interés por la leña, pero al llegar a los treinta o cuarenta años empezaban a cortar cada vez más leña, y una vez que empezaban no se rendían hasta pasados los setenta. La culminación llegaba alrededor de la edad de jubilación. A esa edad los hombres dedicaban, de media, casi cien horas anuales a actividades relacionadas con la leña. La conclusión parece evidente: los pensionistas no sólo tienen más tiempo libre, sino que también necesitan un contexto en el que puedan realizar un trabajo útil.»
 
   [El texto pertenece a la edición en español de Penguin Random House, 2016, en traducción de Kristina Solum y Antón Lado. ISBN: 978-84-204-2414-9.]
 

lunes, 28 de agosto de 2017

"La formación de la humanidad".- Richard Leakey (1944)


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13.-La génesis de la agresividad en el hombre
Los efectos del asentamiento entre los !kung*

«La mayoría de los cazadores-recolectores se volvieron sedentarios y agricultores hace ya muchos milenios. Hoy todavía existen algunos, pero muchos de estos grupos se hallan en vías de adoptar una existencia sedentaria, lo cual brinda una excelente oportunidad para el estudio de algunas de las implicaciones sociales del cambio. Este tipo de transición la están experimentando algunos !kung, quienes están siendo objeto de un estudio atento. Dice Richard Lee: "Existe una contradicción fundamental en la transición por la que atraviesan los !kung; es la que existe entre compartir, que es el elemento central de la forma de vida del cazador-recolector, y ahorrar, o controlar los recursos, lo cual, asimismo, es el elemento central de la forma de vida agrícola y ganadera. La comida de un campamento !kung se reparte inmediatamente entre residentes y visitantes sin distinción; si los ganaderos hicieran lo mismo con su ganado y los labradores con su grano, en seguida se arruinarían. Muchas familias padecen a causa de tales exigencias conflictivas."
 [...] La causa principal de que los !kung adopten gradualmente la agricultura es la presión por parte del gobierno. Durante años los !kung han vivido  en íntimo contacto con los agricultores y hoy, hasta cierto punto, están copiando las prácticas ganaderas y agrícolas de éstos. Un campo !kung típico mide menos de una hectárea, tiene una forma más o menos ovalada y no suele ser de regadío. Sus cosechas más importantes son de maíz, melones, sorgo y tabaco. De todas, la más difícil es, con mucho, la de tabaco, que requiere un riego constante y buena sombra. [...]
 Del campo se ocupan predominantemente las mujeres. Los hombres dedican mucho tiempo a sus animales, de modo que pasan muchas más horas lejos del poblado que sus esposas. Dice Richard Lee: "Esta división del trabajo está teniendo importantes implicaciones políticas. Para empezar, el trabajo de los hombres con los rebaños les pone en contacto con los agricultores locales, oportunidad generalmente negada a las mujeres. Y como las estructuras políticas locales están siendo cada vez más importantes para los !kung, ello supone que, a diferencia de antes, el poder es en gran parte una prerrogativa de los hombres. En segundo lugar, cuando los animales están crecidos, el ganado suele venderse, lo que da a los hombres acceso a una economía de dinero. La mayor parte del producto agrícola de las mujeres se destina a la subsistencia, de manera que también desde este ángulo quedan más o menos excluidas de una importante institución nueva. Fabrican y venden una especie de cerveza de miel, pero sus ingresos no son nada comparados con los que se obtienen del ganado."
 Patricia Draper ha llevado a cabo un estudio especial sobre interacciones sociales entre los !kung que están cambiando su estilo de vida y dice que le da la "fuerte impresión de que el igualitarismo sexual de la maleza está siendo socavado en los poblados !kung sedentarios." Se lamenta de que los papeles de cada sexo se estén definiendo con mayor rigidez, de modo que ahora los hombres se inclinan a desentenderse de algunas tareas por considerarlas "no de hombre" o "inadecuadas" para ellos. Esto apenas ocurría antes. "En el monte, las mujeres se sienten orgullosas de la contribución diaria regular que hacen a la comida de la familia... También mantienen el control de la comida que han recolectado después del regreso al poblado", indica Patricia Draper. El cambio de categoría de las mujeres bajo el nuevo estilo de vida es sorprendente.
 Un campamento !kung en el monte consiste en una colección estrechamente unida de siete o más cabañas sencillas, alineadas en círculo y con fachada al centro. Así describe Patricia Draper la vida en él. "En el campamento, todos pueden ver (y, a menudo, oír) siempre a todos, ya que no hay lugares privados a los que la gente pueda retirarse. Incluso de noche permanecen en el espacio visualmente abierto, durmiendo solos o con otros miembros de la familia en torno a hogueras encendidas frente a las cabañas." La intimidad colectiva es la característica más sobresaliente de este tipo de asentamiento. Se intercambian noticias, se resuelven disputas  y se comparte la comida; todo ocurre dentro de este foco intensamente social.
 En el poblado agrícola, la vida es distinta. Aquí, las casas están dispersas y, a menudo, dispuestas en torno a un corral de ganado. Las entradas de las casas ya no miran directamente a la vida del poblado. La gente ya no mantiene un contacto físico mutuo estrecho. "En un asentamiento nómada, una oleada de comida, lleva consigo una oleada de emociones y de sentimientos, oleada que es frenada en el poblado agrícola", se lamenta Richard Lee. Además, la combinación de la vida sedentaria con el acceso al dinero ha llevado a la gente a empezar a acumular riquezas materiales en forma de ropas y otros "bienes de consumo".
 [...] Patricia Draper les preguntó a algunas mujeres !kung qué vida era mejor: la de una mujer !kung o la de una mujer herero. Kxaru!a, una mujer cincuentona, respondió: "Las mujeres !kung están mejor. Entre los herero, si un hombre está enojado con su mujer, puede meterla en casa, cerrar la puerta y maltratarla. Nadie puede ir a separarlos. No se puede hacer otra cosa más que oír sus gritos. Cuando los !kung nos peleamos, los demás se entrometen." Sus compañeras asintieron con la mayor seriedad. Es evidente que, para estas mujeres, la vida es algo más que lo que pueden ofrecer la agricultura y el progreso material que ésta conlleva: su estructura de intimidad social es su vida.
 El viraje a la agricultura también está afectando a los niños !kung. "En el monte, los chiquillos de ambos sexos realizan por igual pequeñas tareas", explica Patricia Draper, "y su papel no está diferenciado por el sexo, es decir, no hay unas tareas fijas para niños y otras para niñas... En cambio, en los poblados fijos hay una tendencia a considerar a los hijos como futuros operarios. Los chicos, por ejemplo, ayudan al cuidado de los animales, mientras que las niñas trabajan con su madre en el campo o la ayudan en casa." [...]
 Una consecuencia práctica muy marcada del nuevo estilo de vida de los !kung es el notable aumento de la tasa de natalidad. Antes, las mujeres daban a luz una vez cada cuatro años, mientras que, ahora, en los poblados de asentamiento agrícola reciente la tasa se acerca a un parto cada dos años y medio.»
 
 *Los !kung (también escrito !xun) son un pueblo San, que viven en el desierto de Kalahari entre Botsuana, Namibia y Angola. Hablan la lengua !kung, que se destaca por su amplio uso de consonantes clic o chasquido consonántico.
 

jueves, 11 de agosto de 2016

"El pensamiento prefilosófico. Egipto y Mesopotamia".- H.A. Frankfort (1897-1954), J.A.Wilson y T. Jacobsen


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Mito y realidad

"Los antiguos, al igual que los salvajes modernos, vieron siempre al hombre como parte de la sociedad y a ésta como inmersa en la naturaleza, dependiendo de las fuerzas cósmicas. Para ellos, no había oposición entre la naturaleza y el hombre y, por tanto, no existía la necesidad de aprehenderlos siguiendo modos de conocer diferentes. En efecto, tal como se pondrá en claro en el curso de esta obra, los fenómenos naturales eran concebidos, en general, en relación con la experiencia humana, y ésta, a su vez, era referida a los acontecimientos cósmicos. Así, tropezamos con una distinción entre los antiguos y nosotros que es de enorme importancia para nuestra investigación.
 La diferencia fundamental entre las actitudes del hombre moderno y las del antiguo, con respecto al medio que lo rodea, es que para el contemporáneo, que se apoya en la ciencia, el mundo de los fenómenos es, ante todo, un "ello", algo impersonal; en tanto que para el hombre antiguo y, en general, para el primitivo, es enteramente personal y se le trata de "tú".
 Esta formulación es más profunda que las usuales interpretaciones "animistas" o "personalistas". Pone de manifiesto, en efecto, lo inadecuado de esas teorías aceptadas corrientemente. Porque la relación entre "yo" y "tú" es enteramente sui generis. Podemos explicar mejor su cualidad única, comparándola con otras dos maneras de conocer: la relación entre sujeto y objeto y el vínculo que se establece cuando "comprendemos" a otro ser viviente.
 Desde luego, la correlación "sujeto-objeto" es la base del conocimiento científico; en ella descansa su posibilidad. La segunda manera de conocer es el curioso conocimiento directo que obtenemos cuando "comprendemos" un ser que tenemos enfrente -su temor, por ejemplo, o su ira-. Por lo demás, ésta es una de las formas de conocimiento que tenemos la honra de compartir con los animales.
 Las diferencias que se acusan entre la relación "yo" y "tú" y las otras dos son la siguientes: cuando determina la identidad de un objeto la persona desempeña un papel activo. En cambio, cuando "comprende" a otra criatura, ya sea a otro hombre o a otro animal, es esencialmente pasivo, aun cuando su acción subsecuente pueda no serlo. En este caso, recibe sobre todo una impresión. Por tanto, el tipo de conocimiento es directo, emotivo y desarticulado. El conocimiento científico, por el contrario, es articulado e indiferente, desde el punto de vista emotivo.
 Ahora bien, el conocimiento que "yo" tengo de "ti" transcurre entre un juicio activo y la acción pasiva de "sobrellevar una impresión"; entre lo intelectual y lo emotivo, lo articulado y lo desarticulado. El "tú" puede ser problemático pero, a pesar de ello, algo transparente. El "tú" es una presencia viva, cuyas cualidades y facultades pueden ser articuladas en alguna forma -y no como resultado de una indagación activa- sino porque el "tú", como presencia, se revela a sí mismo.
 Hay, además, otra diferencia importante. Un objeto, un "ello" siempre puede vincularse científicamente con otros objetos y tenerse como parte de un grupo o de una serie. La ciencia insiste en enfocar al "ello" de esta manera, de aquí que la ciencia pueda comprender a los objetos y a los acontecimientos como regidos por leyes universales que permiten predecir su comportamiento bajo circunstancias definidas. por su parte, el "tú" es único. Tiene el carácter sin precedentes, sin paralelo y, a la vez, imprevisible, de lo individual, cuya presencia sólo se conoce en tanto que se revela por sí misma. Además, el "tú" es no es simplemente contemplado o comprendido, sino que es experimentado emocionalmente, en una relación dinámica y recíproca. Así se justifica el aforismo de Crawley: "El hombre primitivo sólo tiene una manera de pensar, un modo de expresión, haciendo uso de sólo una parte de la oración: la personal." Lo que no significa (como a menudo se ha pensado) que el hombre primitivo imparta características humanas a un mundo inanimado para explicar los fenómenos naturales. Sencillamente, el primitivo no conoce un mundo inanimado. Por esta simple razón no "personifica" los fenómenos inanimados, ni llena un mundo vacío con los espíritus de los muertos como el "animismo" nos ha hecho creer.
 Para el hombre primitivo, el mundo no es inanimado ni vacío, sino pleno de vida; y esta vida posee individualidad en el hombre, en la bestia, en la planta y en todo fenómeno que se presenta -el trueno, el oscurecimiento repentino, una imponente y desconocida claridad en el bosque, la piedra que de repente le hace daño cuando tropieza en una cacería-. Cualquier fenómeno puede surgir ante él, en todo tiempo, no como un "ello" sino como un "tú". Al enfrentarse a él, el "tú" revela su individualidad, sus cualidades, su voluntad".