jueves, 7 de abril de 2016

"El poder cambia de manos".- Czeslaw Milosz (1911-2004)


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Primera parte. Verano de 1944
VI

 "Martyniak sabía ya que era imprudente cualquier expansión. Pero se sentía incapaz de sermonear a sus compañeros.
 -Mira, Repko, esto es lo que yo pienso: si hemos sobrevivido a los alemanes, hemos de seguir viviendo ahora como sea. De nada nos servirá andarnos con filosofías. No hay más problema que buscar una buena combinación y, ¿cuál es para nosotros la mejor combinación? ¿Dónde estaremos mejor? En una fábrica, eso es seguro. Aunque no tuviéramos dinero para empezar, nuestro puesto está en una fábrica, donde tendremos comida y un refugio. Y si hay redadas y deportaciones, no van a llevarse a los obreros de la fábrica. Todo el mundo está convencido de eso. Es más, nuestros conocidos que han estado en Rusia y vienen con las tropas, nos aconsejan lo mismo: meteos en una fábrica lo antes posible.
 A través de la neblina lucía un sol débil. Repko se desabrochó la cazadora y tocó el forro de franela.
 -Es verdad. Pero me parece que es demasiado pronto. Todos andan por ahí haciendo lo posible por ganar algo. Pero yo estoy harto de esta vida de perro. Durante toda la guerra no había más salida que el mercado negro; si no, se moría uno de hambre. Y ahora lo que entra en casa lo trae la mujer, que es la que sigue haciendo el estraperlo. Los hombres, la verdad, debemos dedicarnos a cosas de hombres. Yo debía apuntarme en uno de esos cursos que han abierto, porque no sé nada de nada.
 -Es el momento indicado -dijo Martyniak-, pues el que ahora empiece bien, ascenderá pronto. Hay muchos sitios para colocarse.
  -Sí. Eso creo yo. Por lo pronto espero que tendremos dónde alojarnos. Los alemanes habrán dejado muchas cosas.  Aquel será nuestro Lejano Oeste, como dicen los norteamericanos. Hay que tener pupila, porque todo andará revuelto por allá. A las mujeres y a los hijos no podremos llevarlos por ahora; no creo que lo pasaran bien.
 Martyniak pensó que debía casarse. ¿Si no se hubiera quedado viudo antes de la guerra, se habría metido en aventuras y conspiraciones? De uno u otro modo tenía que rehacer su vida.
 Por fin, el motor se puso en marcha. Karwowski exclamó triunfalmente:
 -¡No hay nada como conocer a su propia máquina! ¡Así la vence uno siempre! Bueno, si esperamos al ingeniero no será por mi culpa.
 -Ahí viene -dijo Martyniak.
 A unos centenares de metros del lugar donde se hallaban, apareció el ingeniero Wolski, con un petate a la espalda, pantalones de golf y zapatos de esquiar, avanzando por la carretera por entre las casas del pueblo.
 -Antes de la guerra no habría podido ser director de una fábrica. Es demasiado joven -dijo Repko.
 -Aseguran que domina su oficio. Hay pocos así. Ellos no necesitan afiliarse a ningún partido.
 -La intelligentsia. Tenían dinero para estudiar una carrera y luego se hicieron insustituibles. Yo, por encima de todo, estoy dispuesto a que mis hijos estudien. Sin especializarse no hay manera de ser nada.
 -¿Qué le puede importar a él todo lo que pase? Tendrá la dirección y el trabajo gordo lo haremos nosotros. En fin, será cuestión de poner manos a la obra. A fuerza de trabajar en la forja se convierte uno en herrero.
 Repko se puso bien la gorra y se levantó.
 -Yo no entiendo ni pum de papel. Pero ya veremos.
 Karwowski estaba ya al volante. Tocaba el claxon llamando al ingeniero, que se acercaba:
 -¡Nuestra "limousine" está en marcha! ¡Vamos, señoras y señores!"

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