lunes, 30 de marzo de 2015

"Los Milagros de Nuestra Señora".- Gonzalo de Berceo (1190-1264)

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"El ladrón devoto

Había un ladrón malo que prefería hurtar / a ir a las iglesias o a puentes
                                                                                                    levantar;
solía con lo hurtado su casa gobernar, / tomó costumbre mala que no podía
                                                                                                               dejar.
Si otros males hacía, esto no lo leemos; / sería mal condenarlo por lo que no
                                                                                                           sabemos,
pero baste con esto que ya dicho tenemos. / Si hizo otro mal, perdónelo Cristo,
                                                                                                en el que creemos.
Entre todo lo malo tenía una bondad / que al final le valió y le dio salvedad:
creía en la Gloriosa de toda voluntad, / y siempre saludaba hacia su majestad.
Decía "Ave María" y más de la escritura / y se inclinaba siempre delante su figura,
decía "Ave María y más de la escritura, / tenía su voluntad con esto más segura.
Como aquel que mal anda en mal ha de caer, / una vez con el hurto lo hubieron de prender;
como ningún consejo lo pudo defender / juzgaron que en la horca lo debían poner:
Lo llevó la justicia para la encrucijada / donde estaba la horca por el concejo alzada;
cerrándole los ojos con toca, bien atada, / alzáronlo de tierra con la soga estirada.
Alzáronlo de tierra cuanto alzarlo quisieron, / cuantos estaban cerca por muerto lo tuvieron:
mas si antes supiesen lo que después supieron / nunca le hubieran hecho todo lo que le hicieron.
La Madre gloriosa, tan ducha en acorrer, / la que suele a sus siervos en sus cuitas valer, 
a este condenado quísolo proteger, / recordóse el servicio que le solía hacer.
Puso bajo sus pies, donde estaba colgado, / sus manos preciosísimas; túvolo levantado:
no se sintió por cosa ninguna embarazado, / ni estuvo más vicioso nunca, ni más pagado.
Al fin al tercer día vinieron los parientes, / vinieron los amigos y vecinos clementes;
venían por descolgarlo rascados y dolientes / pero estaba mejor de lo que creían las gentes.
Lo encontraron con alma bien alegre y sin daño, / estaría tan vicioso si yaciera en un baño.
Bajo los pies, decía, tenía tal escaño / que no habría mal ninguno aunque colgara un año.
Cuando esto le entendieron aquellos que lo ahorcaron / tuvieron que su lazo flojo o se lo dejaron; 
mucho se arrepentían que no lo degollaron: / ¡tanto gozaban de eso cuanto después gozaron!
Y estuvieron de acuerdo toda esa mesnada / en que los engañó una mala lazada,
que debían degollarlo con hoz o con espada: / por un ladrón no fuera la villa deshonrada.
Fueron por degollarlo los mozos más livianos / con buenos serraniles grandes y bien adianos;
metió Santa María entre medio las manos / y quedaron los cueros de su garganta sanos.
Al ver que en modo alguno lo podían nocir / que la Madre gloriosa lo quería encubrir,
tomaron su partido, cesaron de insistir / y hasta que Dios quisiese lo dejaron vivir.
Lo dejaron en paz que siguiese su vía, / porque no querían ir contra Santa María;
su vida mejoró, se apartó de folía, / cuando cumplió su curso murióse de su día.
A Madre tan piadosa, de tal benignidad, / que en buenos como en malos ejerce su piedad
debemos bendecirla de toda voluntad. / Aquel que la bendijo ganó gran heredad.
Las mañas de la Madre y las del que parió / semejan bien calañas a quien las conoció:
Él por buenos y malos, por todos descendió; / Ella, si la rogaron, a todos acorrió".

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