Libro Octavo: Sobre la amistad
3.- Especies de amistad
«Ahora bien, estas razones son de índole diferente y,
por consiguiente, lo serán también los afectos y las amistades. Tres son, pues, las especies de amistad, iguales
en número a las cosas amables. En cada una de ellas
se da un afecto recíproco y no desconocido, y los que
recíprocamente se aman desean el bien los unos de los otros en la medida en que se quieren. Así, los que se
quieren por interés no se quieren por sí mismos, sino
en la medida en que pueden obtener algún bien unos
de otros. Igualmente ocurre con los que se aman por
placer; así, el que se complace con los frívolos no por
su carácter, sino porque resultan agradables. Por tanto,
los que se aman por interés o por placer, lo hacen, respectivamente, por lo que es bueno o complaciente para ellos, y no por el modo de ser del amigo, sino porque
les es útil o agradable. Estas amistades lo son, por tanto, por accidente, porque uno es amado no por lo que
es, sino por lo que procura, ya sea utilidad ya placer.
Por eso, tales amistades son fáciles de disolver, si las partes no continúan en la misma disposición; cuando
ya no son útiles o agradables el uno para el otro, dejan
de quererse.
Tampoco lo útil permanece idéntico, sino que unas
veces es una cosa, y otras, otra; y, así, cuando la causa
de la amistad se rompe, se disuelve también la amistad, ya que ésta existe en relación con la causa. Esta clase
de amistad parece darse, sobre todo, en los viejos (pues
los hombres a esta edad tienden a perseguir no lo agradable, sino lo beneficioso), y en los que están en el vigor
de la edad, y en los jóvenes que buscan su conveniencia. Tales amigos no suelen convivir mucho tiempo, pues
a veces ni siquiera son agradables los unos con los otros;
tampoco tienen necesidad de tales relaciones, si no obtienen un beneficio recíproco; pues sólo son agradables en tanto en cuanto tienen esperanzas de algún bien. Bajo tal amistad se sitúa también la hospitalidad entre extranjeros. En cambio, la amistad de los jóvenes parece
existir por causa del placer; pues éstos viven de acuerdo con su pasión, y persiguen, sobre todo, lo que les
es agradable y lo presente; pero con la edad también
cambia para ellos lo agradable. Por eso, los jóvenes se hacen amigos rápidamente y también dejan de serlo con
facilidad, ya que la amistad cambia con el placer y tal
placer cambia fácilmente. Los jóvenes son, asimismo, amorosos, pues la mayor parte del amor tiene lugar por
pasión y por causa de placer; por eso, tan pronto se
hacen amigos como dejan de serlo, cambiando muchas
veces en un mismo día. Pero éstos desean pasar los días
juntos y convivir, porque la amistad significa esto para ellos.
Es natural, sin embargo, que tales amistades sean
raras, porque pocos hombres existen así. Además, tales
amistades requieren tiempo y trato, pues, como dice el
refrán, es imposible conocerse unos a otros "antes de
haber consumido juntos mucha sal", ni, aceptarse mutuamente y ser amigos, hasta que cada uno se haya mostrado al otro amable y digno de confianza. Los que
rápidamente muestran entre sí sentimientos de amistad
quieren, sí, ser amigos, pero no lo son, a no ser que
sean amables y tengan conciencia de ello; porque el deseo de amistad surge rápidamente, pero la amistad no.»
[El texto pertenece a la edición en español de Editorial Gredos, 1985, en traducción de Julio Pallí Bonet, pp. 326-328. ISBN: 84-249-1007-9.]


