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domingo, 5 de enero de 2025

Naturalistas curiosos.- Nikolaas Tinbergen (1907-1988)

 

Epílogo
Naturalistas curiosos en el mundo moderno

 «Creo que es natural que el hombre tenga de vez en cuando dudas acerca del valor de lo que está haciendo; en cualquier caso, a mí me asaltan dudas de este género. Me parece un pasatiempo fascinante estudiar el comportamiento de los animales en su medio natural. Me permite vivir al aire libre y en un hermoso entorno; da alas a mi ansia de observar y reflexionar, y conduce a descubrimientos. Hasta el hallazgo más trivial proporciona gran placer. Sin embargo, una y otra vez vuelve la embarazosa cuestión: ¿y qué? Un diablillo parece mirar por encima de nuestro hombro, regocijándose en avivar esta chispa de duda. Reflexionemos sobre ello, tratando de ponderar los pros y los contras -y por lo general terminaremos concluyendo que ha merecido la pena. La confianza y la tranquilidad de ánimo se restablecen - sólo durante un tiempo, pues las dudas continúan acechando.
 Cuando lo hacen, pongo a mi diablillo en retirada con los siguientes argumentos. Creo que ningún hombre tiene por qué avergonzarse de sentir curiosidad por la naturaleza. Puede incluso argüirse que para eso tiene el cerebro y que no existe mayor insulto a la naturaleza (y a uno mismo) que mostrar indiferencia hacia ella. Hay ocupaciones con una importancia decididamente inferior.
 Creo que el principal beneficio que nos proporcionan estas investigaciones es de índole intelectual. Adquirimos creciente conciencia de la inmensa diversidad de la vida animal y de la interminable variedad de las pautas de comportamiento. Pero también descubrimos que muchos detalles de esas pautas, tan corrientes a primera vista, son en realidad cualquier cosa menos corrientes -que están adaptadas para cumplir funciones muy especiales. Una y otra vez, detalles de los que no hemos hecho caso alguno, quizá por haberlos visto muy a menudo, resultan vitales para el éxito del animal. El simple hecho de que un insecto mimetizado permanezca, por lo común inmóvil durante el día, y se alimente sólo por la noche, adquiere gran trascendencia en cuanto conocemos la presión que lo ha hecho necesario -que muchos de sus predadores pueden ver el más ligero movimiento. Una vez sabemos esto, nuestra curiosidad se aguza y nuestros pensamientos y esfuerzos se encaminan a una exploración más detenida -en intensidad y amplitud. Descubrimos que las pautas de comportamiento, así como los arquetipos de color, de estos animales están adaptados de un modo mucho más intrincado de lo que habíamos pensado; que además de la inmovilidad, la selección del substrato, la adopción de la postura adecuada sobre aquél y, como sabemos ahora, el vivir muy apartado de otros iguales, forman parte de una "estrategia global de defensa". Asimismo fascina descubrir, paso a paso, por qué unas gaviotas tienen la faz blanca y otras llevan una máscara oscura; cómo ambos tipos de coloración son útiles en el contexto del nicho de cada especie y cómo, por ejemplo, el volver la cara de la gaviota reidora es un corolario inevitable del hecho de llevar una máscara facial oscura. Estando tan bien equipada para la defensa del territorio, tiene que contrapesar su eficacia a este respecto, asegurándose de que esa eficacia, en otro terreno, no vaya a poner en peligro el éxito de una tarea tan radicalmente distinta como es la formación de la pareja.
 [...] Hoy día se están realizando estudios de este tipo por un número creciente de biólogos de campo. Una y otra vez, sorprende ver que detalles totalmente insospechados de "cómo viven en realidad los animales" forman parte a menudo de su dotación de supervivencia. Y sin embargo, cuanto más se descubre, más se da uno cuenta de que lo realizado hasta el momento no es sino un rasguño en la superficie de lo que la selección natural es realmente capaz de conseguir: ¡cuántas cosas quedan por descubrir! Por ejemplo, el hecho de que las gaviotas tridáctilas se emparejen con tanta frecuencia con el mismo cónyuge año tras año podría parecer, a primera vista, apenas un hábito curioso. Pero John Coulson, de la Universidad de Durham, ha demostrado de forma concluyente que esta "constancia de pareja" les permite conseguir un mayor éxito reproductivo que si cambiaban de cónyuge (como muchas han de hacer si el compañero original muere durante el invierno). Esto significa que ese "hábito curioso" tiene, en realidad, un sentido funcional que también ocupa un lugar en nuestro relato de la "estrategia pro éxito" de la gaviota tridáctila. Significa asimismo que, de una manera misteriosa, los miembros de una pareja acrecientan, año tras año, su habilidad para cooperar en la cría de la pollada.   
 Otra cosa es cómo realizan este "rodaje" -todavía no se sabe-; y así, cada descubrimiento plantea de inmediato un nuevo interrogante. Es el convencimiento de que estamos todavía muy lejos de conocer la historia completa, lo que me lleva a escribir incluso sobre nuestros hallazgos más simples; porque quiero que esta exploración continúe. Por ello hemos de alertar a otros y ayudarles a compartir nuestra sensación de maravilla, de belleza, incluso de reverencia ante "las riquezas de la creación" -ante lo que ha producido la evolución por medio de la selección natural. La palabra "reverencia" expresa, hasta donde se me alcanza, lo que siente el naturalista curioso. La cacareada "fría, incisiva mirada" que el científico dirige a sus animales, no tiene por qué, como tan a menudo se sostiene, cegar sus sentimientos estéticos e incluso religiosos; al contrario, puede intensificarlos.
 Mas, como señalaba brevemente en la introducción, poco a poco nos vamos dando cuenta de que podemos rebatir al diablillo de la duda con un argumento más utilitario, de esos que atraen a ese demonio de gente que se preocupa más de la utilidad que de nuestra peculiar y personal manera de pasarlo bien. Cada vez es mayor el número de personas que empiezan a reconocer que las investigaciones sobre el comportamiento de los animales tienen que ver con el conocimiento de nosotros mismos. En este sentido, los estudios de adaptación ocupan un lugar destacado.»

 [El texto pertenece a la edición en español de Salvat Editores, 1995, en traducción de Manuel Crespo, pp. 255-257. ISBN: 84-345-8965-6.]

domingo, 20 de junio de 2021

Supervivientes.- Java Rosenfarb (1923-2011)


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El último poeta de Lódz


 «Después de que los alemanes conquistaran Polonia, Shayevitch se trasladó con su mujer  y su hija al gueto de Lódz, donde ocupaban una cabaña sórdida y ruinosa en el número 14 de la calle Lotnicza. La cabaña tenía una estancia y un cobertizo que hacía las veces de cocina. Sus padres y sus hermanas encontraron alojamiento en otra calle. Sin trabajo ni medios de subsistencia, Shayevitch vivió desde el principio bajo la amenaza de la muerte por inanición. Sus preocupaciones se dividían en dos casas: la de sus padres y la suya.  Empezó a buscar frenéticamente algo que hacer. Naturalmente orgulloso, tímido, de habla suave, y siempre dubitativo sobre su valía como escritor, adquirió una ferocidad leonina en la lucha por la supervivencia de su familia. Llamaba a puertas, mendigaba, negociaba y presumía de su vocación de escritor para defender que merecía un trato especial.
 Hasta comienzos de 1941, él y su familia vivían de la limosna del departamento de ayuda social de Rumkowski. Había poca comida en la casa, pero mucho tiempo para escribir. Pasó de escribir prosa a escribir poesía, porque debió de sentir que la poesía expresaría mejor el estado de su mente y de su alma.
 Obtuvo trabajo como conserje y portero en el mercado de verduras, el gran espacio donde se distribuían las raciones de verduras entre la población del gueto. En los días en los que se repartía la ración de unos nabos, zanahorias y alguna patata, su trabajo era quedarse en la puerta y dejar que entrasen los hambrientos habitantes del gueto, unos pocos cada vez, que estaban en la cola de la calle. Debía aguantar el insoportable tumulto de la gente que intentaba colarse para no quedarse solamente con los restos.
 No hay palabras que puedan describir mejor el tormento que soportaba en esa época que la carta que escribió a Rosenberg el 30 de septiembre, donde se quejaba de que hasta entonces había aceptado el trabajo con estoicismo, aunque los consumidores y el director le habían hecho sufrir. Este último, escribe Shayevitch, “acostumbrado a tiempos pasados en los que un conserje se ponía de rodillas ante su amo, no me soporta. Además, alguien ha delatado mi secreto de ser un escritor yiddish, y el director no necesita más para despreciarme y convertirme en el objetivo de su risa burlona. Me ha costado mucho tiempo lograr que adopte una actitud adecuada”. Después se queja de los consumidores que se aprovechan de su rechazo a maltratar físicamente a nadie: “Me humillan hasta el punto de hacerme sangre… Basta con pasar por esa experiencia una sola vez para quedar herido hasta la profundidad del alma”.
 A continuación confiesa: “Le juro que nunca en mi vida he sentido tanta amargura. En el mes de Sivan murió mi padre y treinta días después mi madre. ¡Y cómo me duele en la conciencia no haber podido hacer nada para salvarlos! Ahora tengo que ver cómo mi mujer y mi hija de cinco años se marchitan. La niña está enferma a menudo y no tengo  ningún medio (para salvarla)”.
 También confiesa a Rosenstein: “Estoy escribiendo un largo poema sobre el gueto. Nuestra compañera, la señora Ulinover, me animó, dijo que el poema sería un monumento a nuestras experiencias en el gueto, y otros superlativos parecidos”.
 Añade: “Como seguro que sabe, el trabajo en el mercado dura desde el alba a la noche. La gente que aparece en mi poema revolotea a menudo en el centro de mi mente con sus súplicas; los más arrogantes con amargura y amenazas, mientras que quienes son más permisivos azotan mi corazón con amargos reproches: ‘¿Por qué nos dejaste? ¿Por qué no dices: Hágase la luz en nuestro caos contemporáneo? ¿Nos has convertido en pequeños demonios?’. Uno de ellos, medio monstruo  y medio payaso, se burla de mí: ‘¡Que Dios lo prohíba! ¡Quizás no vivas para terminar tu trabajo!’”
 Shayevitch anota: “Soy consciente de que la opinión que expresan algunas personas no carece de fundamento, de que en el gueto todo es nitchevo [una palabra polaca que significa ‘nada’]. Pero discrepo. Uno puede decir con la cabeza fría que precisamente en este momento difícil hay que prestar la máxima atención a la cultura”. Continúa adulando a Rosenstein: “Estoy convencido –no me importa lo que piense al respecto- de que sólo usted puede entender la sensación de abatimiento y vacío que tengo estos días. Usted es el único capaz de oír el menor sonido de la desesperación en el gueto”. Después de muchos otros cumplidos, pide que Rosenstein lo salve de la opresión material y el vacío moral en los que se ha hundido. “Por favor –suplica-, garantíceme las condiciones para realizarme de acuerdo a mi potencial. […] Confíe por favor en las posibilidades que duermen en mi interior. Póngase en el papel del Alto Sacerdote que entra en el Sanctasanctórum para encender la llama de la menorá. ¡Qué renacer podría llevar a mi vida! Creo en usted y, de nuevo, creo en usted!”.
 A finales de 1941, la situación en el gueto había empeorado. Impotente, Shayevitch veía cómo los miembros de su familia sucumbían uno tras otro a la enfermedad y el hambre. Además habían empezado las deportaciones masivas del gueto. El invierno era inmisericorde. No había madera ni briquetas de turba para calentar las casas. Alguna gente estaba tan desesperada que se unió a las deportaciones voluntariamente. Nadie pensaba que el camino que habían elegido esos deportados voluntarios los llevaba directamente a su aniquilación.
 Shayevitch se encontró entre aquellos que estaban en lo más bajo de la jerarquía del gueto, los más pobres entre los pobres, los primeros en ser enviados. Sabía que cualquier día recibiría “una invitación de boda” –como llamaban a las convocatorias a la deportación los habitantes del gueto- y que le ordenarían que se uniera, con su mujer y su hija, a la procesión.
 Fue entonces cuando dejó a un lado el largo poema en el que estaba trabajando y se puso a escribir “Lekh-Lekho”. En ese poema se muestra como un profeta, que intuye que esas marchas eran marchas hacia la separación y la muerte. Abre el poema con las siguientes palabras a su hija de seis años:

 Y ahora, Blimele, hija mía,  /  apaga tu alegría de niña,
 el río plateado de tu risa. / Nos preparamos para el camino desconocido.

 No me mires curiosa / con esos grandes ojos marrones,
 y no me preguntes por qué y para qué /  tenemos que dejar nuestro hogar.

También le pide a Blimele:

Resultado de imagen de java rosenfarb Ponte las medias calientes / que tu madre remendó
 anoche para ti / mientras cantaba y reía,

 sin saber que esa sería / su última risa alegre,
 como la vaca que muge y no imagina / la navaja en la mano del matarife. […]

 Y ahora, Blimele, hija mía, / no me sonrías con esos dientes blancos.
 Abandonar nuestra casa / es todo el tiempo que nos queda. […]

 Y aunque eres una niña pequeña / y quien enseña la Torá a su hija
 es un hombre indigno / que le enseña un pecado,

 ha llegado el día amargo / en el que debo enseñarte
 mi niña /  la horrible sección “Lekh-Lekho”.

 Pero, ¡cómo puede compararse esa orden / al sangriento lekh-lekho de hoy?
“Y Dios dijo a Abraham: / Vete de tu tierra”.

 En el poema Shayevitch y su hija dejan su casa y todos los objetos que se han transformado en testigos de sus viejas alegrías y actuales penas. Los objetos, convertidos en registros de la existencia diaria de la familia, expanden los símbolos. Los versos del monólogo poético del padre se presentan con la mayor simplicidad, como se habla con un niño, pero el padre no oculta a la niña la terrible verdad. La desnudez del lenguaje sugiere la contención de un grito ahogado en el silencio. En el texto original los versos tienen rimas muy simples y encajan en el lamento oculto en la cadencia del ritmo.
 No mucho después, Rosenstein le hizo a Shayevitch un favor extraordinario, gracias al que Shayevitch pudo seguir escribiendo su obra épica sobre el gueto de Lódz. Le consiguió un trabajo en una “cocina de gas”. Siempre escaseaban la leña y las briquetas de turba en el gueto, y casi nunca había carbón. Así, ocurría a menudo que, si un habitante del gueto tenía algo que cocinar en su cacerola, no tenía nada con lo que cocinarlo. Las cocinas de gas eran salas comunes equipadas con hornos de gas donde por unos pocos pfennigs se podían hacer unos trozos de patata o se podía calentar la ración de sopa. La función del supervisor en una cocina de gas de esas características era mantener el orden en la cola de gente que esperaba con sus cacerolas, vigilar el reloj y recoger el dinero. Desde que llevaba la cocina, Shayevitch podía escribir en los intervalos entre esas actividades. En el ruido de los silbantes quemadores y las cacerolas humeantes, así como en la agitación general causada por gente impaciente y agotada, componía sus versos en una hoja de papel de contabilidad cubierta de letras por un lado y limpia por el otro.»

     [El texto pertenece a la edición en español de Xórdica Editorial, 2016, en traducción de Daniel Gascón, pp. 178-183. ISBN: 978-84-16461-06-6.]

miércoles, 28 de octubre de 2020

Ébano.- Ryszard Kapuscinski (1932-2007)

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El pozo

  «Los somalíes constituyen un solo pueblo de varios millones de habitantes. Tienen lengua, historia y cultura comunes. Al igual que territorio. Y la misma religión: el islam. Una cuarta parte de esta comunidad vive en el sur y se dedica a la agricultura, cultivando sorgo, maíz, fríjoles y plátanos. Pero la mayoría se compone de nómadas, propietarios de rebaños. Precisamente me hallo ahora entre ellos, en un vasto territorio semidesértico, allá por entre Berbera  y Las Anod. Los somalíes se dividen en varios clanes grandes (tales como issaq, daarood, dir, hawiye) y éstos, a su vez, en clanes menores, que se cuentan por decenas, y estos últimos, finalmente en grupos emparentados, por centenares e incluso miles. Los lazos familiares, las alianzas y los conflictos entre todas estas comunidades y constelaciones de linaje conforman la historia de la sociedad somalí.
 El somalí nace en algún lugar junto a un camino, en una cabaña-refugio o, simplemente, bajo el cielo raso. Jamás sabrá su lugar de nacimiento, que tampoco será inscrito en parte alguna. Al igual que sus padres, no tendrá una aldea o un pueblo natal. Tiene una única identidad: la que marca su relación con la familia, el grupo de parientes y el clan. Cuando se encuentran dos desconocidos, empiezan diciendo: ¿Que quién soy? Soy Soba, de la familia de Ahmad Abdullah, la cual pertenece al grupo de Mussa Araye, que, a su vez, pertenece al clan de Hasean Said, el cual forma parte de la unión de clanes isaaq, etc. Tras semejante presentación, le toca el turno al segundo desconocido, quien procederá a facilitar los detalles de su origen y definir sus raíces, y ese intercambio de información , que se prolonga durante largo rato, resulta sumamente importante, pues ambos desconocidos intentan averiguar lo que los une o separa, y si se fundirán en un abrazo o se abalanzarán el uno sobre el otro con un cuchillo. A todo esto, la relación particular entre las dos personas, su simpatía o antipatía mutuas, no tiene ninguna importancia; la actitud hacia el otro, amistosa u hostil, depende de cómo se presentan en el momento dado las relaciones entre sus respectivos clanes. La persona privada, particular, el individuo, no existe; sólo cuenta como parte de este u otro linaje.
 Cuando el niño cumple ocho años se le concede un gran honor: a partir de este momento, junto con sus compañeros, se encargará de cuidar de un rebaño de camellos, el tesoro más preciado de los nómadas somalíes. Entre ellos, todo se mide por el valor de los camellos: la riqueza, el poder, la vida. Sobre todo la vida. Si Ahmed mata a un miembro de otra familia, la suya tiene que pagar a la del muerto una indemnización. Si ha matado a un hombre, cien camellos; y si a una mujer, cincuenta. Si no, ¡habrá guerra! Sin camellos la persona no puede existir. Se alimenta de la leche de las hembras. Traslada su casa a lomos del animal. Sólo vendiéndolo puede fundar una familia: entrar en posesión de una esposa exige pagar un precio, siempre en camellos, a los parientes de la elegida. Finalmente, salvará la vida, pagando la correspondiente indemnización con dichos animales.
 El rebaño que poseen todos los grupos familiares se compone de camellos, cabras y ovejas. Aquí no se puede cultivar la tierra. Es una arena seca y abrasadora  en que no germina nada. De modo que el rebaño se convierte en la única fuente de ingresos, de vida. Pero los animales necesitan de agua y pastos. Y aquí, incluso en la estación de las lluvias no abundan, y en la seca la mayoría de los pastos desaparecen del todo y los arroyos y los pozos pierden mucha profundidad , cuando no toda el agua. Entonces llegan la sequía y el hambre, y muere el ganado así como mucha gente.
 Ahora el pequeño somalí empieza a conocer su mundo. Lo aprende. Esas acacias solitarias, esos baobabs gigantes gigantescos se convierten en señales que le dicen dónde está y por dónde debe caminar. Esas rocas altas, esos barrancos verticales llenos de piedras, esas peñas rocosas salientes le indican el camino, le enseñan las direcciones y no le permiten perderse. Pero el paisaje en cuestión, que en un principio le parece legible y conocido, no tarda en despojarle del sentimiento de seguridad. Pronto resulta que los mismos lugares y laberintos, las mismas composiciones de señales que lo rodean ofrecen un aspecto en la época quemada por la sequía y otro diferente, cuando, en la estación de las lluvias, se cubren de un verde frondoso; que las mismas crestas y hendiduras rocosas cobran unas formas, profundidad y color en los horizontales rayos del sol de la mañana y otras, muy distintas, al mediodía, cuando caen sobre ellas rayos verticales. Sólo entonces comprenderá el chiquillo que un mismo paisaje entraña un sinfín de composiciones que varían y cambian y que hay que saber cuándo y en qué orden se suceden y qué significan, qué le dicen y qué le advierten.
Resultado de imagen de kapuscinski ébano  Y ésta es su primera lección: que el mundo habla haciéndolo en muchas lenguas, y que constantemente hay que aprenderlas. Aunque a medida que pasa el tiempo, el chico recibe también otra lección: conoce a su planeta, el mapa del mismo y los caminos e itinerarios en él señalados, sus direcciones, trayectorias y trazado. Aunque, aparentemente, no se vea nada alrededor, nada más que extensiones desnudas y desiertas, lo cierto es que estas tierras las cruzan numerosos caminos y senderos, rutas e itinerarios, cierto que invisibles en la arena y entre las rocas, pero no menos impresos de modo imborrable en la memoria de las gentes que llevan siglos atravesándolos. En este lugar empieza el gran juego somalí, el juego de la supervivencia, de la vida: dichas rutas conducen de pozo en pozo, de pasto en pasto. Como consecuencia de guerras, conflictos y regateos seculares, cada grupo familiar, cada unión y clan tiene sus propias rutas, pozos y pastos reconocidos por la tradición. La situación casi roza lo ideal cuando se trata de un año de lluvias abundantes y pastos frondosos, cuando los rebaños cuentan con un número de cabezas moderado y no han nacido demasiados niños. Pero basta que llegue la sequía -lo que, al fin y al cabo, se repite a menudo-, para que desaparezca la hierba y se sequen los pozos. Entonces, toda esa red de caminos y senderos, tan primorosamente tejida durante años para que los clanes al trasladarse no se topen unos con otros y no pisen territorio ajeno, de pronto pierde vigencia, se enmaraña, resquebraja y estalla en mil pedazos. Empieza una búsqueda desesperada de pozos en los que aún hay agua, intentos de alcanzarlos a cualquier precio. Desde todas partes, los hombres conducen a sus rebaños a esos escasos lugares donde todavía se conservan briznas de hierba. La estación seca se convierte en época de fiebre, tensión, furia y guerras. Afloran entonces los peores rasgos del ser humano: la desconfianza, la astucia, la avaricia y el odio.»
 
  [El texto pertenece a la edición en español de Ediciones Folio, 2004, en traducción de Agata Orzeszek, pp.200-203. ISBN: 84-413-1966-9.]
 

miércoles, 1 de mayo de 2019

El gen egoísta.- Richard Dawkins (1941)


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XI.-Memes: los nuevos replicadores

«El nuevo caldo es el caldo de la cultura humana. Necesitamos un nombre para el nuevo replicador, un sustantivo que conlleve la idea de una unidad de transmisión cultural, o una unidad de imitación. "Mimeme" se deriva de una apropiada raíz griega, pero deseo un monosílabo que suene algo parecido a "gen". Espero que mis amigos clasicistas me personen si abrevio mimeme y lo dejo en meme. Si sirve de algún consuelo, cabe pensar, como otra alternativa, que se relaciona con "memoria" o con la palabra francesa même. En inglés, debería pronunciarse "mi:m". Ejemplos de memes son: tonadas o sones, ideas, consignas, modas en cuanto a vestimenta, formas de fabricar vasijas o de construir arcos. Al igual que los genes se propagan en un acervo génico al saltar de un cuerpo a otro mediante los espermatozoides o los óvulos, así los memes se propagan en el acervo de memes al saltar de un cerebro a otro mediante un proceso que, considerado en su sentido más amplio, puede llamarse de imitación. Si un científico escucha o lee una buena idea, la transmite a sus colegas y estudiantes. La menciona en sus artículos y ponencias. Si la idea se hace popular, puede decirse que se ha propagado, esparciéndose de cerebro en cerebro. Como mi colega N. K. Humphrey claramente lo resumió en un previo borrador del presente capítulo: "... se debe considerar a los memes como estructuras vivientes, no metafórica, sino técnicamente. Cuando plantas un meme fértil en mi mente, literalmente parasitas mi cerebro, convirtiéndolo en un vehículo de propagación del meme, de la misma forma que un virus puede parasitar el mecanismo genético de una célula anfitriona. Y ésta no es sólo una forma de expresarlo: el meme, para -digamos- 'creer en la vida después de la muerte', se ha realizado en verdad físicamente, millones de veces, como una estructura del sistema nervioso de los hombres individuales a través del mundo."
 Consideremos la idea de Dios. Ignoramos cómo surgió en el acervo de memes. Probablemente se originó muchas veces mediante "mutaciones" independientes. En todo caso es muy antigua, ciertamente. ¿Cómo se replica? Mediante la palabra escrita o hablada, con ayuda de una música maravillosa y un arte admirable. ¿Por qué tiene un valor tan alto de supervivencia? Recordemos que aquí el "valor de supervivencia" no significa valor para un gen en un acervo génico, sino valor para un meme en un acervo de memes. La pregunta significa realmente: ¿qué hay en la idea de un dios que le da estabilidad y penetración en el medio cultural? El valor de supervivencia del meme dios en el acervo de memes resulta de la gran atracción psicológica que ejerce. Aporta una respuesta superficialmente plausible a problemas profundos y perturbadores sobre la existencia. Sugiere que las injusticias de este mundo serán rectificadas en el siguiente. Los "brazos eternos" sostienen un cojín que amortigua nuestras propias insuficiencias y que, a semejanza del placebo de un médico, no es menos efectivo que éste por el hecho de ser imaginario. Éstas son algunas de las razones de por qué la idea de Dios es copiada tan prontamente por las generaciones sucesivas de cerebros individuales. Dios existe, aun cuando sea en la forma de un meme con alto valor de supervivencia, o poder contagioso, en el medio ambiente dispuesto por la cultura humana.
 Algunos de mis colegas me han sugerido que esta exposición del valor de supervivencia del meme dios da por supuesto lo que queda por probar. En último análisis desean siempre retroceder a la "ventaja biológica". Para ellos no es suficiente decir que la idea de un dios ejerce una "gran atracción psicológica". Desean saber por qué es así. La atracción psicológica significa una atracción que experimentarían los cerebros y éstos son diseñados por la selección natural de los genes en los acervos génicos. Desean saber alguna forma por la cual el poseer un cerebro con tales características mejora la supervivencia de los genes.
 Siento gran simpatía hacia esta actitud y no dudo que existen ciertas ventajas genéticas en tener cerebros del tipo que tenemos. Pero, sin embargo, pienso que estos colegas, si estudiasen cuidadosamente las bases de sus propias hipótesis, encontrarían que dan por supuesto tanto como yo. Fundamentalmente, la razón por la cual es una buena política el que intentemos explicar los fenómenos biológicos en términos de ventaja para los genes, es que los genes hacen réplicas de sí mismos. Tan pronto como el caldo primario presentó las condiciones en que las moléculas pudieron hacer copias de sí mismas, los propios replicadores asumieron la dirección del proceso. Durante más de tres mil millones de años, el ADN ha sido el único replicador del cual vale la pena preocuparse en el mundo. Pero eso no quiere decir que mantenga estos derechos monopolistas para siempre. Siempre que surjan condiciones en las cuales un nuevo replicador pueda hacer copias de sí mismo, estos nuevos replicadores tenderán a hacerse cargo de la situación y a empezar un nuevo tipo de evolución propia. Una vez que empiece dicha evolución, en modo alguno se verá necesariamente subordinada a la antigua. La antigua evolución seleccionadora de genes, al hacer los cerebros, proveyó el "caldo" en el cual surgieron los primeros memes. Una vez que surgieron estos memes capaces de hacer copias de sí mismos, se inició su propio y más acelerado tipo de evolución. Nosotros, los biólogos, hemos asimilado la idea de evolución genética tan profundamente que tendemos a olvidar que ésta es sólo uno de los muchos posibles tipos de evolución.
 Por la imitación, considerada en su sentido más amplio, es como los memes pueden crear réplicas de sí mismos. Pero así como no todos los genes que pueden hacer copias lo efectúan con éxito, así también algunos memes tienen un éxito mayor que otros en el acervo de memes. Este hecho es análogo al de la selección natural.»
 
   [El texto pertenece a la edición en español de Salvat Editores, 1993, en traducción de Juana Robles Suárez y José Tola Alonso. ISBN: 84-345-8885-4.]

jueves, 22 de noviembre de 2018

Dersu Uzala.- Vladimir Arseniev (1872-1930)


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Segunda parte
7.-A través de bosques, ríos y pantanos

«Aquel día, tuvimos ocasión de ver la manera en que los cosacos atrapan las abejas. Estábamos tomando el té, cuando uno de ellos se apoderó de una copa que contenía restos de miel.  Pronto aparecieron las abejas, una detrás de otra. Unas llegaban, otras se llevaban una gota y se apresuraban a volver. Un cosaco llamado Murzine tuvo la idea de localizar los insectos. Observó la dirección por la cual desaparecían las abejas y se colocó, con su copa de miel, de aquel lado. Al cabo de un minuto, llegó una abeja. Cuando volvió a partir, el cosaco la siguió con la mirada mientras pudo, avanzando en el sentido de su vuelo; después, esperó la llegada de la segunda y de la tercera; así, sin interrupción, continuando sus manejos. De esta forma se dirigió, lenta pero seguramente, hacia la colmena, cuyo camino le indicaban las mismas abejas. Para esta caza hay que armarse de paciencia.
 Al cabo de una hora y media, aproximadamente, Murzine estuvo de regreso contando que había encontrado el domicilio de las abejas y contemplado una escena que le había impulsado a volver para buscar a sus camaradas. Las abejas -decía-, hacían la guerra a las hormigas. Sin tardanza nos pusimos en camino, provistos de una sierra, un hacha, calderos y cerillas. Murzine nos precedía para mostrarnos el camino. Bien pronto vimos un gran tilo, inclinado en un ángulo de 45 grados y rodeado de abejas. El enjambre casi completo estaba abajo, cerca de las raíces. Éstas, enroscadas, formaban una pendiente suave. Alrededor de la abertura, se habían amontonado las abejas, teniendo frente a ellas una legión igualmente compacta de hormigas negras. Era curioso observar a estas dos tropas enemigas, enfrentadas una contra otra sin decidirse a la ofensiva. Patrullas de hormigas corrían por todos lados y las abejas venían a atacarlas desde arriba. Los bichitos terrestres se defendían con rabia, posadas sobre el vientre y abriendo sus mandíbulas al máximo. Algunas veces, las hormigas ensayaban un movimiento giratorio, y trataban de atacar a las abejas por detrás pero las patrullas aéreas las descubrían y una parte de las abejas se desplazaba hacia el lado amenazado, cerrando de nuevo el camino a las hormigas.
 Nosotros mirábamos esta lucha con interés. ¿Quién iba a ganar? ¿Llegarían las hormigas a entrar en la colmena? ¿Quiénes serían las primeras en ceder? Quizá las adversarias se separarían después de la puesta de sol, para volver a sus domicilios y reanudar el combate por la mañana; pudiera ser que el sitio de la colmena durase ya algunos días.
 No se sabe el cariz que hubiera tomado esta batalla, si los cosacos no hubieran acudido en socorro de las abejas, poniéndose a verter sobre las hormigas el agua que habían tenido tiempo de hervir. Los bichitos se crisparon, se agitaron y perecieron por millares. Las abejas se excitaron terriblemente. Por precaución, alguien las roció a su vez con agua hirviente. El enjambre se elevó instantáneamente en el aire. ¡Había que ver la huida súbita de los cosacos! Pero las abejas los alcanzaban, los picaban en la nuca y en el cuello. Al cabo de un minuto, no quedó nadie cerca del árbol. Los hombres se agruparon a cierta distancia, lanzando juramentos y reuniéndose con sus camaradas. Después, de golpe, pusieron también cara de asustados, sacudieron las manos y huyeron aún más lejos.
 Se decidió dejar a las abejas el tiempo necesario para que se calmaran. Al final de la tarde, dos cosacos volvieron a la colmena pero no encontraron ya ni miel ni abejas, ya que la colmena había sido saqueada por los osos. Tal fue el final de nuestra carrera hacia la miel salvaje.
 Durante nuestro recorrido posterior, atravesando la montaña, tuvimos que atravesar cinco desfiladeros muy pantanosos, donde el légamo era casi infranqueable. Los cosacos trataron de conducir los caballos apartándose del camino, pero esto fue peor aún. Los soldados cortaron sauces para afirmar el terreno movedizo y los arrojaron a los pies de los caballos. Si bien esta fajina poco sólida facilitaba el paso a los hombres, ofrecía un apoyo insuficiente para los caballos; éstos no hacían más que tropezar y caer. Fue necesario quitarles de nuevo las sillas y transportar las cargas sobre nuestra propia espalda. No obstante, acabamos por franquear bien aquel pantano.
 Al llegar a suelo firme, el destacamento hizo un alto. [...] De repente, algo así como una cinta larga y oscura apareció no lejos de nosotros. Los tiradores se alarmaron. Era un gran reptil que se deslizaba sobre la hierba hacia la maleza. Los soldados corrieron por los dos costados de la serpiente sin osar acercársele, espantados por sus dimensiones. Al cabo de un minuto, el reptil llegó hasta un árbol derribado y se escondió en él. Era un tronco hueco y podrido. Alguien tomó un palo y lo hundió en la abertura. Como respuesta, escuchamos un zumbido de insectos y vimos en seguida que salían abejorros por la abertura. O sea, que tenían allí su guarida. Pero, ¿por dónde había desaparecido la serpiente? ¿Había ido a hacer una visita a los abejorros? ¿Cómo podía ser que no se hubiesen agitado en esta ocasión, como acababan de hacerlo cuando se hundió el palo en el tronco?
 Aquello interesaba a todo nuestro grupo. Los soldados se pusieron a partir el árbol. Como estaba podrido, cayó fácilmente en pedazos. Cuando estuvo abierto, descubrimos la serpiente, que se enroscaba lentamente y trataba de esconderse entre los despojos del árbol; pero esto no pudo salvarla. Se le cortó la cabeza de un golpe de hacha y se la sacó fuera. Era uno de esos ofidios llamados pythons schrenk, una especie de culebra muy grande.
 El reptil medía un metro noventa.
 El hueco del árbol, estrecho al principio, se ensanchaba un poco hacia el fondo. Plumones de pájaro, mechones de pelo, hierba fina y seca y, además la piel que había quedado después de la muda de la serpiente, probaban que su guarida estaba ciertamente allí, mientras que la de los abejorros se encontraba un poco separada, más cerca de la abertura. Cada vez que el reptil abandonaba el árbol o volvía a entrar, pasaba al lado de los insectos. Éstos y el ofidio hacían evidentemente buena sociedad y en modo alguno chocaban entre sí.»
 
   [El texto pertenece a la edición en español de Ediciones Folio, 2004, en traducción de Teresa Ramonet. ISBN: 84-413-1994-4.]
 

miércoles, 14 de noviembre de 2018

Manifiesto para la supervivencia.- Edward Goldsmith (1928-2009) y otros


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La estrategia para el cambio. Hacia la sociedad estable
Introducción

«2.1.0.-Las condiciones principales de una sociedad estable -una sociedad que a todos los efectos puede sostenerse indefinidamente, dando óptima satisfacción a sus miembros- son: 1) perturbación mínima de los procesos ecológicos; 2) conservación máxima de primeras materias y energía (una economía de stocks más que de flujos); 3) una población en la que el nuevo aporte sea igual a la pérdida, y 4) un sistema social dentro del cual el individuo pueda disfrutar de las tres primeras condiciones, en lugar de sentirse limitado por ellas.
 2.1.1.-La consecución de estas cuatro condiciones exigirá un cambio controlado y bien orquestado en múltiples frentes y este cambio tendrá lugar probablemente a través de siete operaciones: 1) una operación de control, merced a la cual la destrucción del medio ambiente se reduzca todo lo posible por medios técnicos; 2) una operación de congelación, en la cual se detengan las tendencias actuales; 3) sustitución sistémica, por la cual los componentes más peligrosos de estas tendencias sean reemplazados por sustitutos tecnológicos, cuyo efecto es menos deletéreo a corto plazo, pero que a largo plazo será cada vez más ineficaz; 4) sustitución sistemática, por la cual estos sustitutos tecnológicos sean reemplazados por otros "naturales" o autorreguladores, es decir, que actúan o se retiran sin perturbar indebidamente los procesos normales de la ecosfera y que, por tanto, probablemente se podrán mantener durante períodos muy largos de tiempo; 5) la invención, promoción y aplicación de tecnologías alternativas, que sean conservadoras de la energía y las primeras materias, y que, por estar diseñadas para comunidades económicas relativamente "cerradas", es probable que no perturben apenas los procesos ecológicos (por ejemplo, la tecnología intermedia); 6) descentralización de la política y de la economía a todos los niveles y formación de comunidades suficientemente pequeñas para ser, hasta cierto punto, autorreguladoras y autárquicas, y 7) educación para tales comunidades.
 2.1.2.-Como veremos al examinar de qué forma pueden conseguirse nuestras cuatro condiciones, unos cambios exigirán sólo algunas de estas operaciones, en otros varias operaciones serán realizadas de modo casi simultáneo, y en otros, por último, unas comenzarán mucho antes de que otras hayan terminado. La utilidad del concepto de operación es simplemente clarificar la orquestación del cambio.
 2.1.3.-Al presentar estas propuestas somos conscientes de que un cambio apresurado o desordenado es muy perturbador y, en última instancia, lleva en sí su propio fracaso; pero tampoco olvidemos que el calendario a que debe atenerse cualquier propuesta para una actuación curativa ha sido muy acortado por la dinámica del crecimiento exponencial (de la población, agotamiento de los recursos y contaminación) y por la escala e intensidad, apenas advertidas, de nuestra destrucción de los procesos ecológicos, de los cuales dependemos nosotros, los humanos y todas las demás formas de vida. Por consiguiente, dentro de estas limitaciones hemos cuidado de idear y sincronizar nuestro programa de forma que se minimicen tanto el desempleo como el gasto de capital. Creemos posible pasar de una sociedad expansionista a una sociedad estable sin perder puestos de trabajo ni aumentar el gasto real. Sin embargo, de modo inevitable, habría cambios considerables, geográficos y funcionales, en cuanto a los puestos de trabajo disponibles y a las exigencias de inputs de capital  y éstos pueden desencadenar inmensas presiones sociales contraproducentes. No obstante, con una concepción e instrumentación cuidadosas y sensibles de un programa totalmente integrado, esas presiones deben ser mínimas; por otra parte, un estilo abierto de gobierno debe inspirar la confianza y cooperación del público en general, tan esenciales para el éxito de esta empresa.
 2.1.4.-Otra observación debemos hacer antes de pasar a examinar con mayor detalle los diversos cambios exigidos. Conforme se vayan cambiando o reemplazando todos y cada uno de los muchos componentes o variables socioeconómicos de la sociedad industrial, habrán de surgir diversos puntos de presión. Es fácil imaginar, por ejemplo, una situación en la que el 25% de las variables socioeconómicas estén diseñadas para una sociedad estable y que, por definición, se ajusten mal a una sociedad expansiva. Esta situación puede presentar más inconvenientes que ventajas. Cuando alcanzamos el punto en el que el 50% de las variables están adaptadas a la estabilidad y el otro 50% a la expansión, es probable que las dificultades y tensiones sean enormes, pero después cada cambio y cada reemplazamiento traerá otros nuevos, y la conformación de una sociedad sostenible y satisfactoria resultará mucho más fácil. Es difícil para el cerebro humano imaginar la secuencia temporal de cambios complejos y absolutamente imposible concebir exactamente las interacciones de los diversos componentes. Aun pensando la locura que representa el esperar que los computadores piensen por nosotros, creemos que tienen un papel importante que desempeñar, demostrando las consecuencias que para los sistemas ecológicos y sociales puede tener un gran número de cambios a lo largo de un período dado de tiempo.»
 
   [El texto pertenece a la edición en español de Alianza Editorial, 1972, en traducción de Miguel Paredes. Depósito legal: M. 18.677-1972.]