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domingo, 27 de abril de 2025

Nieve de primavera.- José Luis Trisán (1949)

     

III.- La memoria  

«Inventaste la muerte con tu ausencia,
y le diste tu nombre, el de María,
y le fuiste añadiendo, cada día, 
espesor, plenitud y consistencia.

Toda te desviviste en la querencia
de dar vida a la muerte. La nutría
tu derramado ser. Te devolvía
la criatura una bruma que silencia.

La muerte es ahora tú, y tú eres ella.
No puedo hablar contigo. Me responde
con tu voz otro ser. Tras de su huella

sigo un camino oscuro y desolado
que conduce al silencio en que se esconde
la respuesta a un oído a ti sellado.


***
 
Se te rinde la muerte, convencida
de que debe tenerte por modelo.
Los gestos, el hablar, la ropa, el pelo
te usurpa en juventud recién nacida.

Nocturna es la parodia de la vida,
nocturna vives otra en el subsuelo
donde falsa es la luna y falso el cielo,
y tú -la realidad- estás dormida.

Sólo la juventud imitadora,
temiendo que el modelo se despierte,
lo nubla en negación, porque lo adora.

Te impone lo imposible de un espejo
fundar la adolescencia de la muerte;
pero nunca has de verte en el reflejo.
[...]

IV.-Tus vacíos

Todo lo que supiste has olvidado.
No sabes ni quién eres ni quién fuiste.
Careces de motivos de estar triste.
Careces aun de ti. Te has refugiado

en donde no más tú, desdibujado
rectángulo de niebla que no existe.
Ni siquiera descansas: te aboliste.
Sólo descansa un yo si está habitado.

Despojos de memoria te sustento,
facciones, ademanes, forma, acento,
aunque ni en mi retrato puedas verte.

Soy tu fantasma, el yo soy que te puebla
de tristeza la mínima tiniebla.
Es tuya esa tristeza. Soy tu muerte.

***
 
Te fuiste de la vida tan temprano
que el tiempo no admitió la despedida
y ocupó tu lugar, vivió tu vida,
prolongó primavera y fue verano.

 Cosechas dio de ti, pero qué en vano,
la ficción natural inadvertida;
madurez te aportó, fruta venida
con grávida dulzura hasta la mano.

Y luego, la vejez. El tiempo duda,
tras su sombra camina vacilante,
mientras que sin saberlo se desnuda.

Morías, otra vez, en cada hoja
desprendida de ti, de tu imitante,
que no tiene una mano que lo acoja.
[...]

***

 El lápiz de carmín que, inacabado,
matizarte los labios aún espera,
no sabe que te has ido, que estás fuera,
que no puedes usarlo al otro lado.

Inútil vocación de enamorado
espesamente en sueños exagera
su deslizársete, de tal manera,
que pareces pintada demasiado.

Ausente de tus labios, fuiste a un viaje
sin retorno posible, a lejanía
en donde no se usa maquillaje.

Se acabará el carmín, formas extintas
pintando, pues las sueña, en demasía,
e ignorando que tú ya no te pintas.»


 [El texto pertenece a la edición en español de Ediciones La Palma, 1993, pp. 42-43, 58-59 y 63. ISBN: 84-87417-34-5.]

domingo, 29 de diciembre de 2024

Los sonetos del Cancionero.- Francesco Petrarca (1304-1374)

2ª parte (Ciclo: Tras la muerte de madonna Laura)
269

 «Cayeron la alta columna y el laurel verde
que sombra daban a mi fatigado pensamiento;
perdí lo que encontrar ya nunca espero
de norte a sur, o del mar índico al moro.
 Quitado me has, Muerte, el doble tesoro
que daban alegría y orgullo a mi vida;
ni compensarlo pueden tierra o imperio,
gema oriental ni la fuerza del oro.
 Pero, si lo consiente así el destino,
¿qué puedo sino tener el alma triste,
siempre húmedos los ojos y bajo el rostro?
 ¡Oh, vida nuestra, tan bella en apariencia!
¡Qué fácilmente pierdes en una mañana
lo que en muchos años penosamente se conquista!
[...]

272

 Huye la vida y no se detiene una hora, 
detrás viene la muerte a grandes pasos,
y las cosas presentes y pasadas
me dan guerra, e incluso las futuras;
 y el recordar y el aguardar me angustian
por igual, tanto que, a decir verdad,
si no tuviera de mí mismo piedad
estaría ya de estos pensamientos fuera.
 Evoco si alguna dulzura tuvo
el triste corazón; y por el otro lado
preveo a mi navegar turbados vientos;
 veo tormenta en el puerto, ya cansado
mi piloto, rotos mástil y jarcias,
y las bellas luces que miré, apagadas.

273

 ¿Qué haces? ¿Qué piensas? ¿Qué miras aún atrás
hacia el tiempo que ya volver no puede?
Alma desconsolada, ¿por qué vas
echando leña al fuego en que tú ardes?
 Las suaves voces y las dulces palabras
que, una por una, has descrito y pintado,
marcháronse del mundo; y, bien lo sabes,
es aquí inútil buscarlas, y tarde.
 ¡Oh! No renueves lo que nos da muerte;
no sigas un pensar vago, falaz,
mas firme y cierto, que a buen fin nos lleve.
 Busquemos el cielo, si aquí nada nos place;
que para nuestro mal aquella beldad vimos,
si viva y muerta había de quitarnos la paz.

274
 
 Dadme paz, oh mis duros pensamientos:
¿no es bastante que Amor, Fortuna y Muerte
me combatan en torno, y a las puertas,
para adentro encontrarme otros guerreros?
 Y tú, mi corazón, ¿aún eres cual eras?
Sólo a mí desleal, que espías feroces
vas agrupando, y te has vuelto aliado
de mis prestos y ligeros enemigos.
 En ti sus mensajes secretos el Amor,
en ti Fortuna abre toda su pompa,
y Muerte la memoria de esa herida
 que conviene destroce lo que de mí queda;
en ti los bellos pensamientos se arman de error:
por ello de mis males sólo a ti te culpo.
[...]

277

 Si Amor nuevo consejo no nos trae,
por fuerza convendrá perder la vida:
tanto miedo y dolor sufre el alma triste,
que el deseo vive y la esperanza ha muerto;
 por lo cual se desconcierta y desalienta
mi vida en todo, y noche y día llora,
cansada, sin gobierno en mar tormentoso,
y en vía dudosa sin guía de confianza.
 Imaginaria guía la conduce,
que la verdadera está bajo tierra, mejor dicho en el cielo,
desde donde más que nunca clara en el corazón reluce;
 mas no en los ojos, que un doliente velo
les contiene la deseada luz,
y a mí tan pronto me encanece el pelo.»

  [El texto pertenece a la edición en español de Bosch, casa editorial, 1981, en traducción de Atilio Pentimalli, pp. 523-537. ISBN: 84-7162-850-3.] 

domingo, 3 de noviembre de 2024

Cinco vidas.- Francisco Javier Martínez Cisneros (1963)

 

 De A la sombra de los menhires (1995)

IV
«Acostado a la sombra de los menhires
Persiguiendo el curso del sol
Escuchaba el coro de los albatros

Mi alma era un ramal de siglos extasiados
Mi alma era un castillo transparente
Mi alma era reciente como una mirada

Cuando resplandeció de pronto
El perfil de un navío
Maniobró
Y supe que era el mío

Y supe que era el barco
Cuando una de las aves echó a volar
Y convirtiose en un ángel dorado

VI

Porque la orilla un día termina de repente
Y las aves escapan hacia otras latitudes
Cómplices a través de la niebla

Sobre la tierra
Quedan las huellas y las plumas
Y fragmentado el viento
Marañas de desdeñosas hojas se suicidan

Allí permanece un hombre apagado
Su sombrero gris es negro
Ayer murió su mano

Y más sonoro es su nombre
Que la melancolía

XI

Deja en la puerta besos y caricias
Y entra como la luz sin ser sentida
Y acércate con esa juventud
Que sólo de tu cuerpo bebería

Pósate imperceptible sobre todas
Las cosas de mi vida y hazte tan
Necesaria que nunca te confunda
Ni en el amor ni en el llanto ni en la risa

Y rómpete en montones de secretos
Como un inmenso y desunido océano
Donde extraviar gaviotas y sirenas

Y aléjame por último las sombras
Que levantan los juicios de los hombres
Llenando de dolor los corazones


XV

 ¿Quién derramará sobre mí
Unas gotas de bálsamo?

Si llegara la muerte
Sería como el olvido vagando equivocado
Ojos de par en par abiertos

Y mis dudas
Mis indecisiones
Mis opacidades
Oh Dios si estás allá arriba
Cuando llegue la sombra
Con las alas del martín pescador
Y el aroma otoñal de las rosas
Conviértelo todo en copas
O nubes
O ríos de frescura

Algún día construirá el clamor
Un mundo de silencio

Y el mejor tiempo habrá sido»

  [El texto pertenece a la edición en español de Ediciones Tusitala, colección Erato, 2018, pp. 61, 64, 70 y 75. Depósito legal: Z-853-2018.]

domingo, 8 de septiembre de 2024

Sonetos completos.- Luis de Góngora (1561-1627)

116 (1610)

 «Señores Corteggiantes, ¿quién sus días
de cudicioso gasta o lisonjero
con todos estos príncipes de acero,
que me han desempedrado las encías?

Nunca yo tope con Sus Señorías,
sino con media libra de carnero,
tope manso, alimento verdadero
de Jesuitas sanctas Compañías.

Con nadie hablo, todos son mis amos;
quien no me da, no quiero que me cueste,
que un árbol grande tiene gruesos ramos.

No me pidan que fíe ni que preste,
sino que algunas veces nos veamos,
y sea el fin de mi soneto éste.

117 [CH 1611] 1610
En la partida del conde de Lemus y del duque de Feria a Nápoles y a Francia

 El Conde mi señor se fue a Nápoles;
el Duque mi señor se fue a Francia:
príncipes, buen viaje, que este día
pesadumbre daré a unos caracoles.

Como sobran tan doctos españoles,
a ninguno ofrecí la Musa mía,
a un pobre albergue sí, de Andalucía,
que ha resistido a grandes, digo Soles.

Con pocos libros libres (libres digo
de expurgaciones) paso y me paseo,
ya que el tiempo me pasa como higo.

No espero en mi verdad lo que no creo;
espero en mi consciencia lo que sigo:
mi salvación, que es lo que más deseo.
[...]


162. 19 de agosto de 1623
Infiere, de los achaques de la vejez, cercano el fin a que católico se alienta

 En este occidental, en este, oh Licio,
climatérico lustro de tu vida
todo mal afirmado pie es caída,
toda fácil caída es precipicio.

¿Caduca el paso? Ilústrese el juïcio.
Desatándose va la tierra unida;
¿qué prudencia, del polvo prevenida,
la ruina aguardó del edificio?

La piel no sólo, sierpe venenosa,
mas con la piel los años se desnuda,
y el hombre, no. ¡Ciego discurso humano!

¡Oh aquel dichoso, que la ponderosa
porción depuesta en una piedra muda,
la leve da al zafiro soberano!



163. 29 de agosto de 1623
De la brevedad engañosa de la vida

  Menos solicitó veloz saeta
destinada señal, que mordió aguda;
agonal carro por la arena muda
no coronó con más silencio meta,

que presurosa corre, que secreta,
a su fin nuestra edad. A quien lo duda
(fiera que sea de razón desnuda)
cada sol repetido es un cometa.

Confiésalo Cártago, ¿y tú lo ignoras?
Peligro corres, Licio, si porfías
en seguir sombras y abrazar engaños.

Mal te perdonarán a ti las horas,
las horas que limando están los días,
los días que royendo están los años.


164. 1623
Dilatándose una pensión que pretendía

 Camina mi pensión con pie de plomo,
el mío, como dicen, en la huesa;
a ojos yo cerrados, tenue o gruesa,
por dar más luz al mediodía la tomo.

Merced de la tijera a punta o lomo
nos conhorta aun de murtas una mesa;
ollai la mejor voz es portuguesa,
y la mejor ciudad de Francia, Como.

No más, no, borceguí; mi chimenea,
basten los años que ni aun breve raja
de encina la perfuma o de aceituno.

¡Oh cuánto tarda lo que se desea!
Llegue; que no es pequeña la ventaja
del comer tarde al acostarse ayuno.»

 [El texto pertenece a la edición en español de Editorial Castalia, 1981, en edición de Biruté Ciplijauskaité, pp.184-185 y 246-249. ISBN: 84-7039-086-4.]
 

sábado, 16 de marzo de 2019

Lírica (Sonetos).- Félix Lope de Vega (1562-1635)


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Soneto de repente

«Un soneto me manda hacer Violante;
en mi vida me he visto en tal aprieto,
catorce versos dicen que es soneto,
burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara consonante,
y estoy a la mitad de otro cuarteto;
mas si me veo en el primer terceto,
no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando,
y aun parece que entré con pie derecho,
pues fin con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo, y aun sospecho
que estoy los trece versos acabando:
contad si son catorce, y está hecho.

[Escucha este poema en el enlace: Un soneto me manda hacer Violante.]

 
Soneto
Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.

[Escucha este poema en el enlace: Desmayarse, atreverse, estar furioso.]

 
¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno obscuras?

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de mis plantas puras!

Cuántas veces el ángel me decía:
"Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía!"

¡Y cuánta hermosura soberana:
"Mañana le abriremos",  respondía
para lo mismo responder mañana!


[Escucha este poema en el enlace: ¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?]


 Picó atrevido un átomo viviente...

Picó atrevido un átomo viviente
los blancos pechos de Leonor hermosa,
granate en perlas, arador en rosa,
breve lunar del invisible diente;

ella dos puntas de marfil luciente
con súbita inquietud bañó quejosa,
y torciendo su vida bulliciosa,
en un castigo dos venganzas siente.

Al expirar la pulga, dijo:"¡Ay triste,
por tan pequeño mal, dolor tan fuerte!"
"¡Oh pulga -dije yo-, dichosa fuiste!;

detén el alma y a Leonor advierte
que me deje picar donde estuviste,
y trocaré mi vida con tu muerte."

[Escucha este poema en el enlace: La pulga.]

 Ir y quedarse, y con quedar partirse...

Ir y quedarse, y con quedar partirse,
partir sin alma y ir con alma ajena,
oír la dulce voz de una sirena
y no poder del árbol desasirse;

arder como la vela y consumirse
haciendo torres sobre tierna arena;
caer de un cielo, y ser demonio en pena,
y de serlo jamás arrepentirse;

hablar entre las mudas soledades,
pedir prestada sobre fe paciencia,
y lo que es temporal llamar eterno;

creer sospechas y negar verdades,
es lo que llaman en el mundo ausencia,
fuego en el alma, y en la vida infierno.»

[Escucha este poema en el enlace: Ir y quedarse y con quedar partirse.]

    [Los poemas pertenecen a la edición virtual de la Biblioteca Miguel de Cervantes.]

viernes, 16 de marzo de 2018

La lira de las musas.- Gabriel Bocángel (1603-1658)


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Soneto: sobre un lugar de San Agustín, en la Ciudad de Dios, que desmenuza la calidad de la muerte.

«Este morir, esta postrera suerte
es imagen del miedo repetida;
en cuanto a ser imagen tan temida,
pues la imaginación la hace tan fuerte.

¿Cuándo es, pues, el morir? (porque se acierte).
¿Al querer espirar? No, que aún hay vida.
¿Es cuando el alma está ya desasida?
Eso es estar ya muerto, que no es muerte.

¿Acaso es el morir aquel instante
del aliento postrero? ¿Es aquel punto
que el último suspiro en quietud trueca?

No, porque todo punto es semejante
al vivir cierto o al estar difunto.
Pues, ¿cuándo es el morir? Cuando se peca.


Soneto: amante tan acostumbrado a su mal que se halla bien con él.

Ya de puro dolor no siento,
que es ya naturaleza mi cuidado,
y a los males estoy tan enseñado
que temo más la dicha que el tormento.

Sobra el desdén y basta el pensamiento
para acabar un pecho enamorado,
que el que aguarda a morir de desdeñado
piadoso tiene el propio sentimiento.

Muere y renace amor en unos ojos
más veces que su luz el sol advierte,
ya viva en oro, en sombra ya teñida.

Mas, ¡ay amor!, disculpo tus enojos;
que, si para vivir me das la muerte,
¡pregunto para qué has de darme vida!


Soneto: su amante a Celia que afectaba la blancura y el adorno

¿Qué engaños, Celia, qué locuras mueve
un ciego error, y loco más que ciego,
si, cuando yo compito con el fuego,
estudias exceder la blanca nieve,

si el oro vago das al viento leve,
cuando a su error mi libertad entrego,
o apuestas con la vid lasciva luego
reduciéndole a tanto anillo breve?

Guárdate, no la víbora severa
de edad futura la de agora rompa,
antes que el fruto de tu abril ignores.

¿No te riyeras de la primavera,
si nos negase con inútil pompa
los frutos, por gozar siempre las flores?


Soneto: A un soldado de quien se refiere que, matándole en un hecho de armas, se quedó un rato en pie después de muerto

Tu obstinado cadáver nos advierte
que hay vida muerta, pero no vencida,
pues sólo en tu valor, sólo en tu vida
algo miró después de sí la muerte.

Fuerte es la Parca, pero tú más fuerte;
no se debió a su golpe tu caída;
tú contra ti la ayudas ya rendida,
que ¿quién pudiera, sino tú, vencerte?

Tú dividiste el trance indivisible
de morir y postrarte, tan altivo
que en el daño común no hallas ejemplo.

¿Cuánto más que inmortal y que invencible
contemplaré que fuiste cuando vivo,
si el cadáver intrépido contemplo?»


[El extracto pertenece a la edición en español de Ediciones Cátedra. ISBN: 84-376-0540-7.]

lunes, 19 de febrero de 2018

Sonetos.- Juan de Tassis, conde de Villamediana (1582-1622)


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El que fuere dichoso será amado

«El que fuere dichoso será amado
y yo en amor no quiero ser dichoso,
teniendo mi desvelo generoso
a dicha ser por vos tan desdichado.

Sólo es servir, servir sin ser premiado;
cerca está de grosero el venturoso;
seguir el bien a todos es forzoso,
yo sólo sigo el bien sin ser forzado.

No he menester ventura para amaros;
amo de vos lo que de vos entiendo,
no lo que espero, porque nada espero;

llévame el conoceros a adoraros;
servir más, por servir, sólo pretendo;
de vos no quiero más que lo que os quiero.


 
Determinarse y luego arrepentirse

Determinarse y luego arrepentirse;
empezar a atrever y acobardarse;
arder el pecho y la palabra helarse;
desengañarse y luego persuadirse.

Comenzar una cosa y advertirse;
querer decir su pena y no aclararse;
en medio del aliento desmayarse,
y entre el amor y el miedo consumirse.

En las resoluciones detenerse;
hallada la ocasión no aprovecharse,
y perdido de cólera encenderse.

Y sin saber por qué, desvanecerse:
efectos son de amor; no hay que espantarse,
que todo del amor puede creerse.


Silencio, en tu sepulcro deposito

Silencio, en tu sepulcro deposito
ronca voz, pluma ciega y triste mano,
para que mi dolor no cante en vano
al viento dado y en la arena escrito.
Tumba y muerte de olvido solicito,
aunque de avisos más que de años cano,
donde hoy más que a la razón me allano,
y al tiempo le daré cuanto me quito.
Limitaré deseos y esperanzas,
y en el orbe de un claro desengaño
márgenes pondré breves a mi vida,
para que no me venzan asechanzas
de quien intenta procurar mi daño
y ocasionó tan próvida huida.
¡Oh, cuánto dice en su favor quien calla!
  
¡Oh cuánto dice en su favor quien calla!
porque de amar, sufrir es cierto indicio,
y el silencio el más puro sacrificio
y adonde siempre amor mérito halla.

Morir en su pasión sin declaralla
es de quien ama el verdadero oficio,
que un callado llorar por ejercicio
da más razón por sí, no osando dalla.

Quien calla amando, sólo amando muere,
que el que acierta a decirse no es cuidado;
menos dice y más ama quien más quiere.

Porque si mi silencio no os ha hablado,
no sé deciros más que, si muriere,
harto os ha dicho lo que yo he callado.
»
 

viernes, 5 de enero de 2018

Lírica (Sonetos).- Anónimo (ss. XVI-XVII)


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Cuando en tus brazos, Filis, recogiéndome

«Cuando en tus brazos, Filis, recogiéndome,
el pecho me descubres, hermosísimo,
allí donde el tocar es sabrosísimo
estás un breve rato entreteniéndome.

Y cuando lo que quiero concediéndome,
un beso das sabroso, otro dulcísimo,
y en aquel deleite süavísimo,
deleite das y tomas respondiéndome,

las hojas de los árboles meneándose,
al céfiro mil vientos sucediéndole,
serían perezosas, imitándonos.

Mas cuando el dulce fin viene llegándose,
la noche se hace día bendiciéndole,
y la luna se alegra contemplándonos.

El vulgo comúnmente se aficiona

El vulgo comúnmente se aficiona
a la que sabe que es doncella y moza,
porque ansí le parece al que la goza
que le coge la flor de su persona.

Yo, para mí, más quiero una matrona
que con mil arteficios se remoza,
y, por gozar de aquel que la retoza,
una hora de la noche no perdona.

La doncella no hace de su parte,
cuando la gozan, cosa que aproveche,
ni se menea ni da dulces besos.

Mas la otra lo hace de tal arte,
y amores os dirá, que en miel y leche
convierte las médulas de los huesos.

Una nueva locura se ha asentado

Una nueva locura se ha asentado
en los entendimientos desta era,
que no hay quien a la hermosa dama quiera,
si no es discreta y sabia en sumo grado.

Por la hermosura no dan un cornado,
y adóranla si es fea y es parlera,
como si en el aviso consistiera
tener la dama el cuerpo bien formado.

¡O necio humor, no amor, mas devaneo!
¡Como, porque es astuta, la raposa
y no como, por simple, la gallina!

Cualquiera vaya, pues, tras su deseo,
que de mujeres quiero la hermosa,
pues hermosura busco y no dotrina.

Ninguna mujer hay que yo no quiera

Ninguna mujer hay que yo no quiera,
a todas amo y soy aficionado;
de toda suerte, condición y estado,
todas las amo y quiero en su manera.

Adoro la amorosa y la austera,
por la discreta y simple soy penado,
y por morena y blanca enamorado,
ora sea casada, ora soltera.

Todo lo que Dios cría es buena cosa,
tan mujer es aquésta como aquélla,
lo que tiene la una, la otra tiene.

Agora sea fea, agora hermosa,
siempre es tenella por hermosa y bella,
que en la mujer el hombre se conviene.»

domingo, 24 de diciembre de 2017

Obra poética.- Baltasar del Alcázar (1530-1606)


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Canción I

«Tres cosas me tienen preso / de amores el corazón:
la bella Inés, y jamón / y berenjenas con queso.
Una Inés, amantes, es / quien tuvo en mí tal poder
que me hizo aborrecer / todo lo que no era Inés.
Trájome un año sin seso, / hasta que en una ocasión
me dio a merendar jamón / y berenjenas con queso.
Fue de Inés la primer palma; / pero ya juzgarse ha mal
entre todos ellos cuál / tiene más parte en mi alma.
En gusto, medida y peso / no les hallo distinción:
ya quiero Inés, ya jamón, / ya berenjenas con queso.
Alega Inés su beldad; / el jamón, que es de Aracena;
el queso y la berenjena, / su andaluza antigüedad.
Y está tan en fil el peso / que, juzgado sin pasión,
todo es uno: Inés, jamón, / y berenjenas con queso.
Servirá este nuevo trato / destos mis nuevos amores
para que Inés sus favores / nos los venda más barato,
pues tendrá por contrapeso, / si no hiciere razón,
una lonja de jamón / y berenjenas con queso.


Soneto

 Yo acuerdo revelaros un secreto
en un soneto, Inés, bella enemiga;
mas, por buen orden que yo en éste siga,
no podrá ser en el primer cuarteto.
 Venidos al segundo, yo os prometo
que no se ha de pasar sin que os lo diga;
mas estoy hecho, Inés, una hormiga,
que van fuera ocho versos del soneto.
 Pues ved, Inés, qué ordena el duro hado,
que teniendo el soneto ya en la boca
y el orden de decillo ya estudiado,
 conté los versos todos y he hallado
que, por la cuenta que a un soneto toca,
ya este soneto, Inés, es acabado.


Madrigal

Rasga la venda y mira lo que haces,
rapaz; que en esta edad no es hecho honroso
romperme el sueño y las antiguas paces;
desarma el arco, déjame en reposo,
porque la helada sangre no aprovecha,
ni es dispuesto sujeto
donde haga su efecto
la venenosa yerba de tu flecha.
Pero si determinas
con tus armas divinas,
rompiendo mis entrañas,
hacerme historiador de tus hazañas,
ablanda el pecho désta que te priva
de tu imperio y valor con su dureza,
igual a su belleza,
si no quieres, Amor, que, cuando escriba,
forzado en las cadenas,
cante por tus hazañas las ajenas.»


[El extracto pertenece a la edición de Cátedra. ISBN: 84-376-0174-6.]
 

jueves, 21 de abril de 2016

"Poesías".- Fernando de Herrera (1534-1597)


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 Viví gran tiempo en confusión perdido

 "Viví gran tiempo en confusión perdido,
y todo de mí mismo enajenado;
desesperé de bien, que en tal estado
perdí la mejor luz de mi sentido.

Mas cuando de mí tuve más olvido,
rompió los duros lazos al cuidado
de Amor el enemigo más honrado;
y ante mis pies lo derribó vencido.

Ahora, que procuro mi provecho,
puedo decir que vivo, pues soy mío,
libre, ajeno de Amor y de sus daños.

Pueda el desdén, Antonio, en vuestro pecho
acabar semejante desvarío
antes que prevalezcan sus engaños.


Donde el dolor me lleva vuelvo el paso

Donde el dolor me lleva vuelvo el paso,
tan cansado y perdido que no tengo
para arribar fuerza, y nunca vengo
a conceder holganza al cuerpo laso.

El mal me sigue de uno en otro paso
perpetuo y grave, tal que lo sostengo
sólo por entender que en mí me vengo
de cuanta pena por Amor yo paso.

Si en este afán, que ha de acabarse tarde,
osara esperar bien, fuera descanso
dulce y regalo mi mortal congoja.

Mas ya remedio no vendrá que guarde
el corazón caído, y más me canso
cuando el trabajo intenso en algo afloja.