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domingo, 26 de octubre de 2025

Ideas. Historia intelectual de la humanidad.- Peter Watson (1943)

21.- La mente "india": las ideas en el Nuevo Mundo

   «Desde el punto de vista de la historia de las ideas, el descubrimiento de América fue un acontecimiento trascendental porque los nuevos territorios supusieron un desafío para las ideas que los europeos albergaban sobre la geografía, la historia, la teología y la naturaleza humanas. Además, en la medida en que América se convirtió en una fuente de artículos para los que existía una demanda en Europa, el descubrimiento del Nuevo Mundo tuvo un importante significado económico y, por tanto, político. A principios de la década de 1560, el abogado parisino Étienne Pasquier escribía: "Es asombroso que nuestros autores clásicos desconocieran por completo esta América a la que llamamos Nuevo Mundo". "Esta América" no sólo estaba fuera de la experiencia de los europeos, sino que estaba mucho más allá de sus expectativas. Aunque resultaran lejanas y desconocidas para muchos, África y Asia no dejaban de ser continentes sobre los que Europa siempre había sabido. América, en cambio, era algo absolutamente inesperado y ello nos ayuda a entender por qué los europeos tardaron tanto en adaptarse a las nuevas noticias.
 Adaptación es la palabra clave. En un principio, como nos recuerda John Elliott, la noticia de que Colón había avistado tierra provocó enorme excitación en el viejo continente. "¡Levantad el espíritu..., escuchad el nuevo descubrimiento!", escribió el humanista italiano Pedro Mártir de Anglería en una carta al arzobispo de Granada, el 13 de septiembre de 1943. Cristóbal Colón, informaba, "ha regresado sano y salvo. Dice que ha encontrado cosas admirables: ostenta el oro como prueba de las minas de aquellas regiones". De Anglería continúa explicando que Colón ha encontrado "salvajes pacíficos", hombres "que iban desnudos y vivían de lo que les proporcionaba la naturaleza. Tenían reyes; peleaban entre sí con palos y con arcos y flechas y, aunque estaban desnudos, rivalizaban por el poder y se casaban. Adoraban a los cuerpos celestes, pero la exacta naturaleza de sus creencias religiosas era todavía desconocida".
 Una indicación del impacto inicial producido por los descubrimientos de Colón nos la proporciona el hecho de que su primera carta se imprimió nueve veces en 1493 (para finales de siglo el texto alcanzaba ya las veinte ediciones). El francés Louis Le Roy escribió: "No creáis que existe algo más honorable... que la invención de la imprenta y el descubrimiento del nuevo mundo; dos acontecimientos que siempre he pensado es posible comparar no sólo con la antigüedad sino con la inmortalidad". En 1552, en su Historia General de las Indias, Francisco López de Gómara (no siempre un cronista fiable) nos ofrece el veredicto más famosos sobre 1942: "La mayor cosa después de la creación del mundo, sacando la encarnación y muerte del que le creó, es el descubrimiento de Indias".
 Sin embargo, John Elliott nos advierte de que la historia tiene también otro lado y de que muchos de los escritores del siglo XVI fueron incapaces de apreciar la importancia histórica de lo que Colón había conseguido. Por ejemplo, Colón murió en Valladolid pero el hecho ni siquiera se menciona en la crónica de la ciudad. Colón sólo consiguió el estatus de héroe de forma muy lenta. Un centenar de años después de su muerte se escribieron en Italia algunos poemas sobre él, pero sólo hasta 1614 aparece como héroe en un drama español, El Nuevo Mundo descubierto por Cristóbal Colón, de Lope de Vega.
 En un primer momento, el interés por el Nuevo Mundo se centraba en el oro que podía encontrarse en él y la enorme cantidad de almas que aguardaban a ser convertidas a la fe cristiana. En términos generales, los lectores de libros estaban más interesados en los turcos y en Asia que en América. Incluso en una fecha tan tardía como las últimas dos o tres décadas del siglo XVI, todavía se seguía pensando que el mundo tenía la misma configuración con que se lo describía en las cosmografías clásicas de Estrabón y Ptolomeo. (Colón parece haber empleado una versión publicada por Piccolomini en la década de 1480). En cierto sentido, el Renacimiento tiene en parte la culpa: gracias a los humanistas, lo antiguo se consideraba más valioso que lo nuevo.
 Los primeros hombres que viajaron al Nuevo Mundo eran soldados, clérigos, mercaderes y funcionarios con conocimientos jurídico y sobre ellos recayó inicialmente la tarea de comentar lo que veían. Un efecto de esto fue que se atendió más a la apariencia física de los nativos que al paisaje del nuevo continente. El mismo Colón se sintió algo decepcionado cuando contempló por primera vez a los habitantes de las Indias y comprobó que no eran en ningún sentido "monstruosos o físicamente anormales". Colón también señaló lo "pobres" que eran. Por otro lado, los nativos no eran ni moros ni negros, las dos razas con las que más familiarizada estaba la cristiandad medieval. ¿Cómo encajaban estos hombres en el relato bíblico? ¿Era posible acaso que el Nuevo Mundo fuera el Edén o el Paraíso? Todos los testimonios subrayan la inocencia, simplicidad, fertilidad y abundancia de los nativos, que iban desnudos sin sentir vergüenza alguna. Esta idea sedujo especialmente a ciertas figuras religiosas y a los humanistas. Aquellos miembros de las órdenes religiosas que se sentían desesperados o insatisfechos por el estado de la Iglesia europea vieron en el Nuevo Mundo una oportunidad de fundar de nuevo la primitiva iglesia de los apóstoles en un continente aún no corrompido por los vicios de la civilización europea.
 En 1607, el dominico español Gregorio García publicó una exposición muy completa de las distintas teorías que se habían propuesto para explicar el origen de los "indios" de América. Los europeos del siglo XVI creían en "un mundo planeado" al que había que incorporar América. Sin embargo, esto todavía dejaba muchas cosas por explicar. García defendía la idea de que el conocimiento que el hombre tenía "sobre un hecho dado" provenía de una de cuatro fuentes. Dos de éstas -la fe divina, tal y como se revelaba a través de las Escrituras, y la ciencia, que explicaba los fenómenos de acuerdo con sus causas- eran infalibles. El origen de los indios americanos planteaba un problema porque se trataba de algo que no aparecía en las Escrituras, "y el problema era demasiado reciente como para que existiese un caudal convincente de opiniones autorizadas".
 Si decidir cómo encajaba el Nuevo Mundo en el esquema de la historia esbozado en las Escrituras era una cuestión difícil de abordar, tanto exploradores como misioneros descubrieron que para evangelizar a los nativos era necesario tener algún conocimiento de sus costumbres y tradiciones y, por tanto, empezaron a indagar, con frecuencia con gran detalle, la historia de estos indígenas así como sus leyes hereditarias y de tenencia de la tierra, con lo que en cierto sentido dieron comienzo a la antropología aplicada.»

 [El texto pertenece a la edición en español de Editorial Crítica, 2011, en traducción de Luis Noriega, pp. 699-702. ISBN: 978-84-7423-917-1.]

domingo, 7 de enero de 2024

El Corán.- Anónimo (¿...?)


Corán - Wikipedia, la enciclopedia libre
Azora 82

La hendidura (revelada en La Meca)

  «EN EL NOMBRE DE DIOS, EL INFINITAMENTE MISERICORDIOSO, EL MISERICORDIOSO SIN LÍMITES

1 Cuando el cielo se hienda,
2 cuando las estrellas se dispersen,
3 cuando los mares se desborden,
4 cuando los sepulcros sean vueltos del revés,
5 cada cual sabrá lo que adelantó y lo que retrasó.
6¡Oh hombre! ¿Qué te engañó acerca de tu Señor, el Infinitamente Generoso,
7 el que te creó, te dio forma y una disposición armoniosa,
8 quien te formó del modo en que quiso?
9 ¡No! Desmentís el Juicio
10 pero tenéis unos guardianes:
11 nobles escribas
12 que saben lo que hacéis.
13 Sí, los justos estarán en la Delicia,
14 mientras que los perversos estarán en el Infierno.
15 En él arderán el día del Juicio
16 y no se ausentarán de él.
17 ¿Y qué te hará saber qué es el día del Juicio?
18 Pero ¿qué te hará saber qué es el día del Juicio?
19 Será un día en que nadie podrá hacer nada por otro. Ese día la orden será totalmente de Dios. […]

Azora 87
El Altísimo (revelada en La Meca)

EN EL NOMBRE DE DIOS, EL INFINITAMENTE MISERICORDIOSO, EL MISERICORDIOSO SIN LÍMITES

1 Glorifica el Nombre de tu Señor, el Altísimo,
2 el que ha creado y ha igualado,
3 el que ha determinado, el que guía,
4 el que ha hecho brotar el pasto
5 y lo ha convertido después en heno oscuro…
6 Te haremos recitar, y no olvidarás
7 salvo lo que Dios quiera. Él conoce lo manifiesto y lo que se oculta.
8 Te conduciremos hacia la más fácil.
9 ¡Hazles pues recordar, cuando el Recuerdo sea provechoso!
10 Recordará el que teme,
11 y se apartará el más desdichado,
12 el que se consume en el gran fuego,
13 en el que no muere ni vive.
14 Triunfa el que se purifica
15 y recuerda el Nombre de su Señor y ora.
16 Pero preferís la vida de esta existencia,
17 mientras que la Otra es mejor y más duradera.
18 Esto es, en verdad, lo que hay en las Antiguas Páginas,
19 las páginas de Abraham y de Moisés. […]

Azora 90
La ciudad (revelada en La Meca)

EN EL NOMBRE DE DIOS, EL INFINITAMENTE MISERICORDIOSO, EL MISERICORDIOSO SIN LÍMITES

1  ¡No! ¡Juro por esta ciudad!
2  Tú estás establecido en esta ciudad.
3  ¡Juro por el padre y lo que ha engendrado!
4  Hemos creado al hombre en un estado de apretura.
5  ¿Acaso cree que nadie podrá contra él?
6  Dice: «He gastado una enorme riqueza».
7  ¿Acaso cree que no lo vio nadie?
8  ¿Acaso no le hemos dados dos ojos
9  y una lengua y dos labios?
10  ¿Acaso no lo hemos guiado a las dos vías elevadas?
11  Pero no supera la pendiente.
12  ¿Qué te hará saber qué es la pendiente?
13  Es la liberación de un esclavo
14  o alimentar en tiempos de penuria
15  a un huérfano allegado
Amazon.com: El Corán (Arca de Sabiduría) (Spanish Edition) eBook ...16  o a un pobre en la miseria.
17  Es ser de los que creen y se aconsejan mutuamente la paciencia y la misericordia.
18  Esos son los compañeros de la derecha.
19 En cuanto a aquellos que no han creído en Nuestros signos, esos son los compañeros de la izquierda.
20  Sobre ellos se cierra un fuego infernal. […]

Azora 93
La claridad de la mañana (revelada en La Meca)

EN EL NOMBRE DE DIOS, EL INFINITAMENTE MISERICORDIOSO, EL MISERICORDIOSO SIN LÍMITES

1 ¡Por la claridad de la mañana!
2 ¡Por la noche cuando está en calma!
3 Tu Señor no te ha abandonado ni te ha aborrecido.
4 Lo último es mejor para ti que lo primero.
5 Tu Señor te dará y quedarás satisfecho.
6 ¿Acaso no te encontró huérfano y te cobijó?
7 ¿No te encontró perdido y te guió?
8 ¿No te halló pobre y te enriqueció?
9 Al huérfano, no lo oprimas,
10 al mendigo, no lo rechaces,
11 y en cuanto al favor de tu Señor, comunícalo. […]

Azora 103
El atardecer (revelada en La Meca)

EN EL NOMBRE DE DIOS, EL INFINITAMENTE MISERICORDIOSO, EL MISERICORDIOSO SIN LÍMITES

1 ¡Por el atardecer!
2 En verdad, el ser humano está destruido,
3 salvo quienes han creído y han obrado rectamente, y se han aconsejado mutuamente la verdad, y se han aconsejado mutuamente la paciencia. […]

Azora 112
La pureza esencial (revelada en La Meca)

EN EL NOMBRE DE DIOS, EL INFINITAMENTE MISERICORDIOSO, EL MISERICORDIOSO SIN LÍMITES

1 Di: “Él es Dios Único,
2 Dios, la Totalidad,
3 no ha engendrado ni ha sido engendrado,
4 y no hay nada que se le asemeje”.»


 [El texto pertenece a la edición en español de Ediciones Edaf, 2011, en traducción de Andrés Guijarro Araque, pp. 468, 476, 480, 483, 493 y 502. ISBN: 978-84-4142-141-7.]

sábado, 19 de febrero de 2022

El paraíso perdido.- John Milton (1608-1674)


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Libro IV


 «"Única compañera que conmigo / compartes sola estas delicias todas,
tú, más preciada que ellas todas juntas; / es preciso que el Poder que nos ha hecho
y este Mundo para nosotros ha creado, / sea totalmente bueno y de su bien
tan franco y liberal como infinito, / ya que del polvo nos ha levantado
y nos ha puesto aquí entre tanta dicha, / sin que nada de su mano merezcamos
y nada hacer podemos de que tenga / necesidad; él sólo nos exige
un único servicio y éste es fácil: / de todo árbol que en este Paraíso
da deleitoso fruto y tan variado, / uno solo no quiere que toquemos,
el fruto de ese Árbol de la Ciencia, / plantado junto al Árbol de la Vida,
tan cerca está la muerte de la vida, / sea la muerte lo que sea, algo
terrible debe ser sin duda; porque / bien sabes que Dios dijo que muerte era
probar de ese árbol, única prenda ésta / de nuestra obediencia, de entre todas
las muestras de poder y autoridad / que nos ha conferido, y el dominio
sobre todas las criaturas que habitan / la tierra, el mar y el aire. Siendo así,
que no nos aflija esta restricción / tan mínima, a nosotros que gozamos
de plena libertad para servirnos / de todo lo demás y de escoger
delicias infinitas y variadas; / antes loémosle siempre y ensalcemos
su generosidad, y prosigamos / la agradable tarea de podar
estas frondosas plantas y atender / estas flores, que si fuera onerosa,
contigo resultara placentera”.
 Entonces Eva le contestó: “Oh, tú, / para quien y de quien formada fui
con carne de tu carne, y sin el cual / objeto no tendría, guía y cabeza
mías, lo que has dicho es justo y cierto. / Porque a él debemos toda alabanza
y diaria acción de gracias, sobre todo / yo, que disfruto de la mejor parte
al poseerte a ti, preeminente / con tanta diferencia, mientras tú
una consorte que sea igual a ti / no es posible que halles en parte alguna.
Ese día recuerdo con frecuencia, / cuando por vez primera desperté
del sueño y me encontré recostada / y a la sombra, bajo un dosel de flores,
sin acertar quién era y dónde estaba, / y de dónde y cómo allí me habían traído.
Nada lejos de mí se oía un sonido / murmurante de aguas que brotaban
de una gruta y en líquida llanura / se esparcían y se remansaban
tan puras como el ámbito del cielo; / allí me encaminé sin experiencia
previa, y me asomé a la verde orilla / para mirar el claro y liso lago
que a mí me parecía un firmamento. / Al doblarme a mirar, apareció
justo enfrente, sobre el acuoso brillo, / una figura inclinada hacia mí:
retrocedí y ella retrocedió / mas complacida enseguida me volví
y ella, complacida, enseguida se volvió, / devolviéndome la mirada con
simpatía y amor; allí mis ojos / hubiera yo clavado hasta ahora,
lamentándome en un vano deseo / de no haberme una voz así advertido:
‘Lo que allí ves, hermosa criatura, / eres tú misma y contigo viene y va;
mas sígueme y te llevaré adonde / hay quien, no en sombra, aguarda tu llegada
y tus tiernos abrazos, aquél cuya / imagen eres tú, de él gozarás
inseparablemente, pues es tuyo; / y le darás una multitud de hijos
semejantes a ti: y te llamarán / por ello madre de la raza humana’.
¿Qué podía yo hacer sino seguir / la voz hacia adonde invisiblemente
me guiaba? Hasta que al fin te vi, / bello y erguido, es cierto, al pie de un plátano;
pero me pareciste menos bello, / menos suavemente atractivo, menos
delicadamente dulce que la plácida / imagen que había visto sobre el agua,
yo me volví, pero tú me seguiste / y en voz alta llamaste: ‘Vuelve, hermosa
Eva, ¿de quién huyes? Si de quien huyes / eres carne de su carne y huesos de
Resultado de imagen de john milton el paraiso perdidosus huesos; para darte el ser te di / el lado más cercano al corazón,
substancia viva, para así tenerte / a mi lado desde ahora en adelante,
mi inseparable y preciado consuelo. / Como parte de mi alma yo te busco
y te reclamo la otra mitad mía’. / Con tu mano gentil la mía cogiste
y yo accedí, y desde aquel momento, / vi cuánto a la belleza aventajaban
la gracia varonil y la sapiencia, / ya que es ésta lo único que es bello”.
 Así habló nuestra madre universal, / y con ojos de cándido atractivo
conyugal y de modesto abandono, / medio abrazada se inclinó hacia nuestro
primer padre; parte del pecho túrgido / y desnudo se encuentra junto al de él,
oculto bajo la cascada de oro / de su suelto cabello. Deleitado
por su belleza, Adán, y sus sumisos / encantos le sonrió lleno de amor,
igual que Júpiter sonríe a Juno / cuando hincha las nubes que derraman
las flores sobre mayo; y de besos /  puros colmó sus labios de mujer.
El Diablo se volvió preso de envidia, / y al mirarlos celoso y malicioso
de soslayo, se lamentó a sí mismo: / “¡Visión odiosa y atormentadora!
Así estos dos, encerrados en el / paraíso de sus propios brazos,
el Edén más feliz disfrutarán / de un cúmulo de dichas sobre dichas ,
mientras yo, arrojado en el Infierno, / carezco de felicidad y amor
y sólo una ansiedad feroz, que no es / el más leve de todos mis tormentos,
permanece aún insatisfecha / y me consume de pena e impaciencia:
sin embargo, conviene no olvidar / lo que he aprendido de su propia boca.
No parece que todo esto sea suyo: / allí se yergue un árbol que es fatal,
llamado de la Ciencia y les ha sido / prohibido probar. ¿Por qué prohibida
la ciencia? Esto es sospechoso y absurdo. / ¿Por qué a envidiar les iba esto el Señor?
¿Puede ser un delito el saber, puede / ser muerte?  ¿Acaso viven solamente
por la ignorancia? ¿Es el feliz estado / de que gozan prueba de su obediencia
y de su fe? ¡Oh, cuán hermosa base / para fundar en ella su ruina!
En su ánimo, por ende, excitaré / un deseo más grande de saber
y rechazar decretos envidiosos, / inspirados por la mera intención
de mantenerlos sometidos, cuando / la ciencia podría haberlos nivelado
con los dioses. De aspirar a tales, / gustarán de su fruto y morirán.
¿Qué puede suceder más verosímil? / Mas primero con cuidadoso celo
debo reconocer este jardín / y no dejar rincón sin explorar.
Sólo el acaso puede conducirme / donde pudiera hallar a algún errante
espíritu del Cielo, al margen de una / fuente, o retirado en la espesura
umbrosa, y consiga obtener de él / lo que aún me falta por saber.
Entretanto vivid lo que podáis, / feliz pareja; y hasta mi regreso
disfrutad de vuestros breves placeres, / pues largos sufrimientos seguirán”.»

     [El texto pertenece a la edición en español de Ediciones Cátedra, 2004, en traducción de Esteban Pujals, pp. 197-200. ISBN: 84-376-0591-1.]

miércoles, 19 de mayo de 2021

El alma.- Tertuliano (155-220)


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Cuarta parte (54-58): Escatología

La morada de las almas después de la muerte según la opinión de algunos filósofos

 «LIV.- 1.- Por consiguiente, a partir de aquí vamos a exponer ya a dónde será conducida el alma. Casi todos los filósofos –los que, de cualquier modo que les apetece, reivindican, sin embargo, la inmortalidad para el alma (como Pitágoras, como Empédocles, como Platón) y los que le conceden algún tiempo desde la salida [del cuerpo] hasta la conflagración del universo (como los estoicos)- ponen sólo sus almas, o sea, las de los sabios, en las moradas superiores.
 2.-Platón, en verdad, no concede esto a ciegas a las almas de los filósofos, sino a las de aquellos que, por supuesto, hayan adornado la filosofía con el amor hacia los adolescentes. Por tanto, también entre los filósofos tiene la impureza un gran privilegio. Así, pues, en Platón las almas sabias son elevadas al éter, en Ario, al aire, entre los estoicos a la región sublunar.
 3.-De los cuales, ciertamente, me asombro por el hecho de que relegan a una región cerca de la tierra las almas ignorantes, mientras aseguran que son instruidas por las sabias, que moran en regiones muy superiores. Con una tan gran distancia de sus moradas, ¿dónde estará la región de la escuela? ¿Por qué medio las discípulas acudirán a unas maestras tan lejanas? Y por otra parte, para unas almas que van a perecer inmediatamente con la conflagración ¿cuál será el uso y el provecho de la instrucción póstuma?
 4.-Las almas restantes las arrojan a los infiernos. Platón, en el Fedón, los describe como el seno de la tierra, adonde confluyendo y donde, sedimentándose todas las infamias de las bajezas del mundo, exhalan un vapor más espeso, por así decirlo, que el fango de sus inmundicias y acumulan allí un aire peculiar.

Los infiernos según la opinión cristiana

 LV.-1.-Nosotros [=los cristianos] creemos que los infiernos no son una desnuda cavidad ni una sentina del mundo a cielo abierto, sino un vasto espacio en el foso y en el abismo de la tierra, una escondida profundidad en sus entrañas mismas, ya que leemos que los tres días de su muerte fueron cumplidos por Cristo en el corazón de la tierra, o sea, en una oquedad recóndita, interior y oculta en la tierra misma, cerrada dentro de ella y edificada sobre abismos todavía más profundos.
 2.-Ahora bien, si Cristo es Dios, como también es hombre (muerto según las Escrituras y sepultado según las mismas), observó también esta ley cumpliendo en los infiernos la norma de la muerte humana, no ascendió a las regiones más altas de los cielos sin antes descender a las regiones más bajas de la tierra, para darse allí a conocer a los patriarcas y profetas; luego tienes también que creer que es subterránea la región de los infiernos y rechazar con el codo a aquellos que, con bastante orgullo, piensan que son demasiado buenas para los infiernos las almas de los fieles –¡los siervos están sobre su señor y los discípulos sobre su maestro!- si, por casualidad, han desdeñado tomar el consuelo de esperar la resurrección en el seno de Abrahán.
 3.-Pero para esto –dicen- fue Cristo a los infiernos, para que no fuésemos nosotros. Por otra parte, si existiese la misma cárcel para todos los muertos, ¿qué diferencia habría entre paganos y cristianos? En este caso, ¿para qué exhalarás el alma hacia el cielo, estando allí Cristo todavía a la derecha del Padre, no habiéndose oído aún la orden de Dios por medio de la trompeta del arcángel, no habiendo sido aún arrebatados en el aire al encuentro de Cristo –con los que, muertos en Cristo, resucitarán los primeros- aquellos a los que su llegada habrá encontrado en el siglo? No está abierto el cielo para nadie, con la tierra aún intacta, por no decir cerrada. En verdad, el reino de los cielos se abrirá con el fin del mundo.
 4.-Pero nuestro lugar de reposo ¿estará en el éter con los pederastas de Platón, o en el aire con Ario, o cerca de la luna con los endimiones de los estoicos? Al contrario –respondes-, en el paraíso, adonde ya entonces han emigrado desde los infiernos los patriarcas y los profetas, apéndices de la resurrección del Señor. ¿Y cómo es que la región del paraíso –que está colocada bajo el altar, revelada en espíritu a Juan- no mostró en ella más almas que las de los mártires? ¿Cómo es que Perpetua, mártir valerosísima, al acercarse el día de su pasión, en la revelación del paraíso sólo vio allí a los mártires, sino porque la espada que guarda la entrada del paraíso no deja pasar más que a aquellas que han muerto en Cristo, no en Adán?
 5.-La muerte nueva por Dios y extraordinaria por Cristo es acogida en una morada diferente y especial. Reconoce, por tanto, la diferencia del pagano y del fiel en la muerte, si –como el Paráclito advierte- sucumbes por Dios, no entre fiebres suaves y divanes, sino en el martirio, si tomas tu cruz y sigues al Señor, como él mismo mandó. La única llave del paraíso es tu sangre. Tienes también un opúsculo redactado por mí Sobre el paraíso, en el cual he establecido que toda alma es depositada en los infiernos hasta el día del Señor.

Las almas descienden a los infiernos inmediatamente después de la muerte; caso de los insepultos, los prematuros y los muertos violentamente.

 LVI.-1.- Se presenta ahora una discusión: si esto sucede justo enseguida de la salida [del cuerpo], o si alguna razón retiene aquí provisionalmente a ciertas almas, o si es posible que aun las recibidas en los infiernos comparezcan después por propia voluntad o por un mandato.
 2.-No faltan, por cierto, argumentos suasorios a favor de estas opiniones. Se ha creído que a los insepultos no se les hace entrar en los infiernos antes que hayan recibido los honores debidos, de acuerdo con el Patroclo homérico, que, en sueños, reclama apremiantemente a Aquiles la sepultura, porque, de otra manera, él no podía acercarse a las puertas de los infiernos, al rechazarlo lejos las almas de los sepultados.
 Ahora bien, más allá de una licencia poética, reconocemos también aquí la diligencia de la piedad de Homero [por los muertos]. En efecto, tanto más encomió la premura de la sepultura cuanto, incluso su tardanza, la censuró como ultrajante para las almas; a la vez también, para que nadie, reteniendo en casa al difunto, él mismo resulte, con él, más atormentado por la enormidad de un consuelo alimentado de dolor. De este modo, Homero ha imaginado las quejas del alma de un insepulto con dos fines: para que, con la inmediatez del funeral, quede a salvo el honor de los cuerpos y se modere el duelo de cuantos aman al difunto.
Resultado de imagen de tertuliano el alma 3.-Por otra parte, ¡qué infundado es pensar que el alma aguarde los honores debidos al cuerpo, como si algo de ellos se lo llevara consigo a los infiernos! Mucho más infundado si se estima como un agravio para el alma la demora de la sepultura, cuando eso debería acogerlo con los brazos abiertos como un favor; pues, en todo caso, la que no ha querido morir preferirá ser separada [del cuerpo] más tarde hacia los infiernos: amará al heredero que no cumple los deberes de la piedad [funeraria], gracias al cual goza todavía de la luz. O si es, ciertamente, un agravio ser echado más tarde bajo tierra (y el motivo del agravio es el retraso de la sepultura), es injusto en extremo que el agravio caiga sobre aquella a la que no puede serle imputada la demora de la sepultura, que concierne, evidentemente, a los parientes.
 4.-Aseguran también que las almas sorprendidas por una muerte prematura vagan por aquí hasta que se cumpla el resto de las edades con las que habrían continuado viviendo si no hubiesen muerto intempestivamente. Ahora bien, o a cada una le han sido fijados unos tiempos, y no creo que unos tiempos fijados puedan ser arrebatados anticipadamente; o si, ciertamente, han sido fijados, pero, sin embargo, son mutilados por voluntad de Dios o por algún poder, en vano son mutilados si ahora se espera que sean completados; o si no han sido fijados, no habrá, en este caso, un resto de tiempos por cumplir.
 5.-Todavía añadiré: he aquí que ha muerto, por ejemplo, un bebé bajo las fuentes de los pechos, o supón un niño impúber, supón un púber, que, sin embargo, debería haber vivido ochenta años. ¿Cómo es posible que su alma pase aquí después de la muerte los años anticipadamente arrebatados? En realidad, el alma no puede experimentar la edad sin el cuerpo, porque las edades actúan por medio de los cuerpos. Pero reconsideren también los nuestros [=los cristianos] aquello de que las almas recibirán en la resurrección los mismos cuerpos en los que salieron [de la vida].
 6.-Por tanto, se esperarán las mismas dimensiones de los cuerpos y las mismas edades que las causan. Entonces, ¿de qué modo el alma de un niño puede pasar aquí los tiempos que le han sido arrebatados, para resucitar octogenaria en un cuerpo de un mes? O, si será necesario completar aquí aquellos tiempos que habían sido determinados, ¿acaso también el plan de vida –que, determinado aquí juntamente con ellos, les ha tocado en suerte a los años-, lo recorrerá aquí igualmente el alma, de modo que, a partir del fin de la infancia, desee las cosas asignadas a la niñez, y, a partir del fin de la adolescencia, participe en las cosas fuertes de la juventud, y, a partir del fin de la juventud, aprecie las cosas graves de la madurez: saque rédito al dinero, trabaje la tierra, navegue, pleitee, se case, se fatigue, afronte las enfermedades y todas aquellas cosas, tristes y alegres, que, con los tiempos, le estaban reservadas?
 7.-Ahora bien, ¿cómo se podrán pasar estas cosas sin el cuerpo? ¿Cómo [se podrá pasar] una vida sin vida? Pero resultarán vacíos unos tiempos que sólo deben ser cumplidos con el mero trascurso. Por tanto, ¿qué impide que esas cosas sean cumplidas en los infiernos, donde, igualmente, no se da el uso de ellas? Por esto, afirmamos que toda alma en cualquier edad en que se haya ido, en ella permanecerá hasta ese día en que se le promete aquello perfecto regulado según la medida de la plenitud angélica.
 8.-Del mismo modo, serán tenidas como expulsadas de los infiernos aquellas almas que se cree han sido arrancadas [del cuerpo] violentamente, sobre todo por medio de las atrocidades de los suplicios, quiero decir: de la cruz, del hacha, de la espada, de las fieras; ahora bien, no son violentas estas muertes que decreta la justicia, vengadora de la violencia. Y por tanto –dirás-, queden desterradas de los infiernos todas las almas de los criminales. En este caso, te obligo a decidir una de dos: los infiernos o son buenos o son malos; si decides que son malos, deben caer también allí las almas pésimas; si decides que son buenos, ¡por qué también las almas muertas prematuramente, las no casadas, las puras e inocentes en razón de la edad, las juzgas entretanto [=mientras se cumple el resto del tiempo fijado a cada una] indignas de los infiernos?»

   [El texto pertenece a la edición en español de Editorial Ciudad Nueva, 2016, en traducción de Salvador Vicastillo, pp. 343-359. ISBN: 978-84-9715-337-9.]