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sábado, 4 de julio de 2020

Entre luz y oscuridad.- Harry Martinson (1904-1978)

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Vientos alisios (1945)
Li Kan habla bajo el árbol
V

  «No rechaces lo humano / con constantes referencias a lo supremo.
Es en el mundo de los sentidos, donde viven los dolores y la alegría, / donde se debe explicar nuestro mundo.
Lo evidente irrumpe en nuestros sentidos con la fuerza del sol. / El sol nos ofrece diariamente la vida desde lo supremo
pero en el reino de nuestros sentidos. / Sin confianza en este cimiento y esta bóveda de evidencias
no surge ninguna relación basada en la verdad tolerante para nosotros. / Verdad y justicia tienen en el mundo de los sentidos una de sus moradas,
esa morada es nuestra y esa morada es rica.
Pero estad seguros, hay una verdad superior que vigila todas las otras. / Las cuida como el sol protege los campos de las heladas.
Siempre estamos observados por el ojo vivificador de un sol libre. / Si descubrimos el prodigio de esto, nuestros sentidos tendrán ventanas al cielo.
La verdad no nos necesita. / Somos nosotros los que la necesitamos.
La verdad no es importante. / La importancia se la damos sólo nosotros.
[…]

***

 La inteligencia humana debe contar con las deficiencias del hombre. / Muchas veces no se trata de deficiencia alguna sino simplemente del tamaño del hombre,
la posibilidad de contener agua de la frágil vasija. Uno no puede / llenarla más hasta los bordes. De ahí ha surgido el insulto "cántaro".
Pero, ¿habéis oído a la aguadora, sentada junto a la fuente, mofarse / de su cántaro, sólo porque no le quepa ni una gota más de agua?
[…]
VIII

 Uno tiene que aprender las diferencias de naturaleza / entre lo que es tangible, lo fáctico y lo que es verdad.
Los hechos los tenemos por todas partes. / Lo factual se arremolina como arena en nuestros ojos
y ante todo lo que ocurre realmente al final nos volvemos sordos / y acabamos en la insensibilidad de lo real.
El hombre no es más que una pequeña vasija./ Su capacidad de absorber hechos y datos y conservarlos en su mente es limitada.
Así somos y así debemos entenderlo.
Después de las tormentas y los terremotos y las guerras / la multitud de datos que hay sobre ellos nos dejan insensibles,
como grillos cansados, enredados en la hierba / que se ha arremolinado y enmarañado.
Nos debatimos pataleando en un mundo de hechos y datos como en una insidiosa red.
Qué haríamos entonces si antes no nos aclarábamos / que la verdad es un estado de ánimo de la existencia
que se puede experimentar directamente, igual que uno siente / el resplandor del sol brillar evidente e imperturbable incluso después de haberse enmarañado la hierba.
La verdad está en el sol, no en las tormentas ocasionales. / La verdad entra en la mente cuando se producen cambios en los sentidos,
el día en que el hombre entiende la evidencia del sol como aparición, / no como la rutinaria lámpara que brilla sobre almas pazguatas y deseos irrisorios.
La verdad es la buena voluntad / de velar y existir en la reflexión.
[…]
X

 Sentimientos e ideas se separan en el hendimiento de la existencia. / El mundo de las ideas se convierte entonces en un tribunal donde se
juzgan sueños y sentimientos, donde las corazonadas reciben su castigo. / La fría luz de la vanidad de la verdad
Entre luz y oscuridad - nordicalibros.comilumina con una claridad absurdamente reveladora todos los conmovedores árboles. / Entonces uno querría preguntar:
¿qué cazáis, cazadores? / ¿Cuál es el objetivo de vuestra caza del hombre?
Y en el otro lado: los sentimientos están en el banquillo de los acusados, / la sensatez es objeto de ultrajes, la inteligencia es un insulto,
ponen a la sabiduría contra el muro y la llaman asesina de la alegría, / a la señora de expresión amargada y cáncer de estómago
la nombran bruja. / Caza del hombre frente a caza del hombre.
¿Qué cazáis, pues, cazadores?
Aquí podemos ver ante nosotros las batallas humanas en el paisaje de la caza del hombre: / el odio mutuo de las generaciones,
el odio de las razas y el odio de los sexos, / y el odio de las clases y el odio de las categorías morales.
Allí utilizan la moral como arma contra la alegría duramente conseguida. / Allí funden la alegría en coros vocingleros que lanzan su odio contra la moral.
Yo les digo esto porque es una cosa obvia, / si la naturaleza, en tales circunstancias, no le solucionase la mayor parte de sus problemas al hombre,
refrescándolo, encendiéndole el sol, lloviendo / sobre él y la tierra, divirtiéndolo y arrastrándolo hacia sí
sus pensamientos, sentimientos y miradas, alejándolos de él mismo / y de todos los prójimos y adversarios,
entonces el hombre no sería más que un cazador de hombres.
Ahora la naturaleza le prepara al hombre un mundo donde su carácter agresivo / va poco a poco desvaneciéndose al viento, en la desolación y el olvido.
Le proporciona una buena encarnadura y / una mente de fácil cicatrización que no es la del yo ni la de las multitudes, sino la de la naturaleza.
Así pues el hombre es algo que no se debe tomar en serio. Le falta / auténtica veracidad.
Alternativamente es un veleta o una firme roca. / Raras veces descubre el arte de ver realmente lo que es.
Odiarlo carece totalmente de sentido. / Despreciarlo es una fatua presunción.
Amarlo es un arte / que a menudo tiene que aprenderse laboriosamente en su compañía.
Pero el sol que se levanta al alba es siempre más que amor, / siempre más que odio, ridículo, tristeza o desprecio,
siempre más que belleza. / Es la verdad más allá de esas menudencias que llamamos hechos
y que nos lanzamos mutuamente a los ojos en tal cantidad que parecen un cegador remolino de arena. / El sol, nuestro común amor, se levanta
y recorre con su luz vivificadora el mundo / donde retumban los cuernos de caza y de caza del hombre.
Las olas de toda rebelión envejecen pronto / y los senderos de toda rebelión pronto se convierten en carreteras.
Queda una cierta nostalgia hacia algo que no / es la rueda del deseo ni la de la venganza.
Cuando mejor es el hombre es cuando aspira al bien / que no es capaz de hacer
y deja de cultivar el mal para el que tiene mejores aptitudes. / Entonces tiene, al menos, una dirección. Dirección sin meta.
Está libre de desconsideradas ambiciones.»

    [El texto pertenece a la edición en español de Nórdica Libros, 2009, en traducción de Francisco J. Uriz. ISBN: 978-84-936695-5-3.]

lunes, 12 de agosto de 2019

Expulsión de la bestia triunfante.- Giordano Bruno (1548-1600)

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Diálogo segundo
Primera parte

«Saulino: Por favor, Sofía, antes de pasar a otra cosa explícame ese orden y disposición de divinidades que ha establecido Júpiter en los astros. Y en primer lugar dime por qué ha querido que en la sede más eminente (pues así es creído vulgarmente) esté la diosa Verdad.
 Sofía: Es muy fácil. Por encima de todas las cosas, Saulino, está situada la verdad, porque ella es la unidad que reside por encima de todo, es la bondad preeminente a cualquier cosa, porque una sola cosa es lo ente, lo bueno y lo verdadero; verdadero, ente y bueno es lo mismo. La verdad es aquella entidad que no es inferior a nada, porque si quieres imaginar algo anterior a la verdad preciso es que pienses que es distinto de la verdad; y si lo imaginas distinto de la verdad, necesariamente pensarás que no tiene verdad en sí y que es sin verdad, que no es verdadero, por lo que consiguientemente es falso, es cosa de nada, es nada, es no ente. No digamos ya que nada puede ser anterior a la verdad, si no es cierto que sea primero y superior a la verdad; y tal ser verdadero no puede ser más que por la verdad. Así, no puede haber otra cosa junto a la verdad y ser lo que precisamente es sin verdad, porque si no es verdadero por la verdad, no es ente, es falso, es nada. Igualmente, tampoco puede haber nada después de la verdad, ya que si es después de ella, es sin ella; si es sin ella, no es verdadero porque no tiene la verdad en sí; será, pues, falso, será por tanto nada. Así pues, la verdad es anterior a todas las cosas, está con todas las cosas y es posterior a todas las cosas; está por encima de todo, con todo, tras todo; tiene carácter de principio, de medio y de fin. Es anterior a las cosas a modo de causa y principio, mientras que las cosas dependen de ella; está en las cosas y es la sustancia de las mismas, mientras que éstas subsisten por ella; es posterior a todas las cosas, mientras que éstas se comprenden sin falsedad por ella. Es ideal, natural y nocional; es metafísica, física y lógica. Por encima de todas las cosas, pues, está la verdad; y aquello que está por encima de todas las cosas, aunque sea concebido según otra razón y se le nombre de diferente manera, preciso es que sea en sustancia la verdad misma. Por este motivo, pues, Júpiter ha querido razonablemente que en la parte más eminente del cielo se vea la verdad. Pero ciertamente lo que tú ves sensiblemente y puedes captar con el ápice de tu intelecto no es la verdad suma y primera, sino una cierta figura, cierta imagen y resplandor de esa verdad suprema que es superior a este Júpiter del que hablamos a menudo y que es el sujeto de nuestras metáforas.
 Saulino: Muy bien dicho, Sofía, porque la verdad es la cosa más pura, la más divina de todas. Incluso la divinidad y la pureza, la bondad y belleza de las cosas, es la verdad, la cual ni por violencia se quita, ni por antigüedad se corrompe, ni por ocultación disminuye, ni por participación se disipa, ya que el sentido no la confunde, el tiempo no la arruga, el lugar no la esconde, la noche no la interrumpe, la tiniebla no la oculta, sino por el contrario cuanto más y más se la impugna, tanto más resucita y crece. Se defiende sin defensor y protector, y por eso ama la compañía de pocos y de sabios, odia la multitud, no se muestra a quienes no la buscan por sí misma y no quiere manifestarse a quienes no se le presentan humildemente ni a quienes la buscan fraudulentamente. Por eso mora altísima, donde todos miran y pocos ven. Pero, ¿por qué le sigue la prudencia, Sofía? ¿Acaso porque los que quieren contemplar la verdad y quieren predicarla deben gobernarse con prudencia?
 Sofía: No es esa la razón. La diosa que está al lado y próxima a la verdad tiene dos nombres: providencia y prudencia. Se llama providencia en cuanto influye y se encuentra en los principios superiores; y se llama prudencia en la medida en que se efectúa en nosotros, al igual que se suele llamar sol tanto a lo que calienta y difunde la luz como también a la luz y al resplandor difusos que se hallan en el espejo y en otros sujetos. La providencia, por tanto, se dice de las cosas superiores y es compañera de la verdad; no está nunca sin ella y es la libertad misma y la misma necesidad, de manera que la verdad, la providencia, la libertad y la necesidad, la unidad, la verdad, la esencia, la entidad, todas son una unidad absolutísima, tal como en otra ocasión te haré entender mejor. Sin embargo, a propósito de la presente consideración, debes saber que ella produce en nosotros la prudencia, que está puesta y consiste en un cierto discurso temporal y es una razón principal que versa tanto sobre lo universal como sobre lo particular; tiene por damisela a la dialéctica y por guía a la sabiduría adquirida, llamada vulgarmente metafísica, la cual considera los universales de todas las cosas que caen dentro del ámbito del conocimiento humano. Las dos refieren todas sus consideraciones al uso de la prudencia, que tiene dos enemigas insidiosas que son dos vicios: a la derecha está la astucia, disimulo y malicia; a la izquierda la estupidez, inercia e imprudencia. Versa además la prudencia sobre la virtud deliberativa, al igual que la fortaleza lo hace sobre el ímpetu de la iracundia, la templanza sobre el consentimiento a las pasiones, la justicia sobre todas las acciones, tanto externas como internas.
 Saulino: De la providencia, pues, quieres que influya sobre nosotros la prudencia y que ella responda en el mundo arquetípico a esta prudencia que está en el mundo físico y que procura a los mortales el escudo con que fortalecerse con ayuda de la razón contra las adversidades, con que se nos enseña a adoptar más pronta y perfecta cautela allí donde mayores dispendios nos amenazan y se hacen temer; el escudo con que los agentes inferiores se acomodan a las cosas, a los tiempos y a las ocasiones y los ánimos y las voluntades no se cambian, sino que se adaptan. Procura, en fin, el escudo con que a los bien dispuestos nada acontece súbito e imprevisto, nada temen, mas todo esperan; de nada recelan, mas de todo se guardan acordándose del pasado, ordenando el presente y previendo el futuro. Ahora, dime: ¿por qué viene a continuación la Sabiduría y está al lado de la prudencia y de la verdad?»
 [El texto pertenece a la edición en español de Ediciones Altaya, 1995, en traducción de Miguel A. Granada. ISBN: 84-487-0219-0.]

martes, 19 de junio de 2018

Cometas.- Fred L. Whipple (1906-2004)


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«El cometa "cabelludo" ha desafiado durante mucho tiempo la explicación científica y todavía hoy mantiene parte de su antiguo misterio. Acaso una de las razones de que los cometas sigan siendo tan misteriosos es que no han recibido mucha atención en los últimos cuarenta años. Ningún cometa realmente brillante se ha presentado en los cielos septentrionales desde la última aparición del de Halley en 1910. Sin embargo, el continuo descubrimiento de pequeños cometas nuevos ha mantenido el interés por el tema entre unos cuantos astrónomos y se han realizado positivos avances para explicar alguno de los enigmáticos caracteres de estos fenómenos. ¿De qué están hechos los cometas? ¿De dónde vienen? ¿Por qué no son visibles más que cuando están a distancia relativamente corta del Sol? Yo me limitaré principalmente a los intentos que se han hecho para responder a estas preguntas.
 El problema que ha suscitado más vivas controversias es si los cometas se originan dentro del sistema solar o fuera. El problema se plantea a causa de la excentricidad de las órbitas de los cometas. A diferencia de los planetas, que se mueven en torno al Sol en órbitas regulares y casi circulares, casi todas en el mismo plano, los cometas poseen movimientos erráticos. Se mueven en todas las direcciones, sus trayectorias forman un revoltijo a través del cielo y sus órbitas están extremadamente alargadas en vez de ser circulares. La idea de que los cometas pueden proceder de fuera del sistema solar descansaba en el hecho de que algunas de sus órbitas son ligeramente hiperbólicas, es decir, curvas abiertas cuyo fin no puede alcanzarse nunca. Pero George van Biesbroeck, del Observatorio Yerkes, y E. Stromgen, de Dinamarca, y sus colaboradores han realizado recientemente investigaciones que parecen zanjar la cuestión. Al efecto, han trazado las trayectorias de unos veintidós cometas a los que se observó moviéndose en órbitas hiperbólicas o prácticamente parabólicas y pudieron demostrar que, en todos estos casos, estos cometas se movían en órbitas elípticas cuando entraban en la región planetaria central del sistema solar. Los cometas que seguían órbitas ligeramente hiperbólicas eran arrastrados a tales órbitas por virtud de las atracciones gravitatorias de los planetas mayores, principalmente Júpiter. Algunos de estos cometas se han marchado por una trayectoria hiperbólica y perdido para siempre para el sistema solar, pero sabemos que eran miembros del sistema solar antes de que las perturbaciones planetarias trastornaran sus órbitas.
 Esto no excluye, sin embargo, la posibilidad de que los cometas procedan originariamente del espacio interestelar y fueran capturados por los planetas y forzados a moverse en órbitas elípticas en torno al Sol. Pero hace casi treinta años el astrónomo Henry Norris Russell, de la Universidad de Princeton, demostró que esto había ocurrido en los últimos cien millones de años, aproximadamente. Argumentaba al efecto que, si tales capturas hubieran ocurrido recientemente y siguieran realizándose, observaríamos muchos cometas con órbitas hiperbólicas y no tan gran número de cometas con órbitas casi parabólicas -cometas con períodos de millones de años-. Esta conclusión ha sido confirmada recientemente por una investigación más minuciosa llevada a cabo por J. J. van Woerkon en Leyden (Holanda).
 Así pues, dejemos a un lado la hipótesis de que los cometas están siendo capturados o han sido capturados recientemente en una fábrica de cometas situada en el espacio interestelar. Son verdaderos miembros del sistema solar y no intrusos. Esta conclusión suscita inmediatamente nuevas cuestiones. Sabemos que los cometas deben tener una vida relativamente corta; un cierto número han desaparecido aun en el breve período desde que los astrónomos los han estado observando. Pero entonces, ¿cómo se ha mantenido el repuesto? ¿Se han formado recientemente o están siendo formados todavía en el sistema solar? En caso negativo, ¿cómo estos frágiles fenómenos han persistido a través de los tres mil millones de años que tiene de vida el sistema solar?
 La respuesta parece ser que el sistema solar tiene una enorme población de cometas que se extienden hasta muy lejos en el espacio. Hace casi veinte años, el astrónomo estoniano E. Öpik calculó que la atracción gravitatoria del Sol puede mantener una familia de cometas que se extiende tan lejos como las estrellas más cercanas, algunas a cuatro años-luz, sin pérdida de una gran proporción de estos cometas aún durante estos tres mil millones de años. A la objeción de que las estrellas, al pasar a través de esta nube de cometas, les destruirían rápidamente contestó con una ingeniosa respuesta. Una estrella, al pasar a través de esa nube, es semejante a un proyectil que pasa a través de un enjambre de mosquitos. El proyectil eliminará una pequeña fracción de mosquitos sin perturbar el resto. Para los cometas la situación únicamente sería peligrosa si la estrella pasara bastante cerca del Sol para atraer al Sol lejos de los cometas. La probabilidad de tal aproximación es sumamente pequeña, aun en un largo período de tiempo.
 La importante idea de Öpik de un enorme enjambre de cometas extendido hasta las estrellas más cercanas escapó al conocimiento de muchos astrónomos hasta que ese enjambre fue redescubierto recientemente por J. Oort, de Leyden. Oort extendió el razonamiento para suministrar una clara descripción, no sólo de la manera en que se mantiene el almacén de cometas, sino también el proceso cómo pueden producirse las sacas. Al efecto, llamó la atención sobre el hecho muy conocido de que la mayoría de los cometas desaparecen cuando están a una distancia del Sol doble de la distancia de la Tierra; muy pocos son visibles más allá de Júpiter. Oort aceptó la hipótesis de que, cuando los cometas están lejos del Sol, se quedan completamente inactivos, es decir, las partículas y gases de que están compuestos cesan de volatilizarse o radiar energía. Esta inactividad en el "profundo frío" del espacio exterior a las órbitas planetarias es lo que permite a los cometas perdurar indefinidamente en un estado de "hibernación".
 Oort afirmó que la nube cometaria podía contener hasta 100.000 millones de cometas, de los cuales muy pocos se acercan tanto al Sol como los planetas. Sin embargo, en ocasiones, el paso fortuito de una estrella perturba los movimientos de tales cometas lo bastante para hacerles ingresar en la esfera de la atracción gravitatoria de Júpiter u otro planeta mayor. De este modo, los cometas son tomados uno a uno del "profundo río" del enjambre solar y empujados a órbitas de corto período. Una vez salidos del período de hibernación, se hacen activos y se desintegran en gas y partículas meteóricas durante unos cuantos cientos o unos cuantos miles de revoluciones en torno al Sol. La provisión total de cometas es tan grande, sin embargo, que, a pesar de estas capturas y de las pérdidas en el espacio interestelar, la nube de cometas ha persistido sin disminución notable durante el largo período de vida del sistema solar.
 Una vez resuelto el problema del almacenamiento y saca de los cometas, podemos atender al problema de su naturaleza física. La teoría más generalmente aceptada es que los cometas son grandes "bancos de cascajo" volantes -masas de pequeñas partículas sólidas mantenidas flojamente juntas por la gravedad-. Cuando un cometa se mueve en torno al Sol se supone que el banco de cascajo va siendo dividido y separado lentamente por la acción de fuerzas tales como el calor del Sol, la presión de la radiación, la perturbación de mareas, la rotación, etc. Esto produce las corrientes de material meteórico que se observan como lluvia de meteoros cuando la Tierra atraviesa las órbitas de ciertos cometas.»
 
  [El fragmento pertenece a la obra que lleva por título "La nueva astronomía", a cargo de la revista "Scientific American", cuya versión en español ha sido publicada por Alianza Editorial, 1969, en traducción de Fernando Vela. Depósito Legal: M.12616-1969.] 
 

miércoles, 17 de febrero de 2016

"Mil soles espléndidos".- Hosseini Khaled (1965)


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 "El juicio de Mariam se había celebrado la semana anterior. No hubo abogados ni audiencia pública ni presentación o recusación de pruebas ni apelaciones. La acusada renunció a su derecho de pedir testigos. El proceso entero no duró ni un cuarto de hora.
 El jurado lo presidía el juez que se sentaba en el centro, un talibán de aspecto frágil. Estaba muy demacrado y tenía la piel amarillenta y curtida, y llevaba una rizada barba rojiza. Sus gruesas gafas delataban lo amarillo que tenía el blanco de los ojos. El cuello parecía demasiado delgado para sostener el intrincado turbante que le envolvía la cabeza.
 -¿Confiesas haberlo hecho, hamshira? -preguntó de nuevo con voz cansada.
 -Sí -respondió Mariam.
 El hombre asintió. O tal vez no. Era difícil decirlo porque le temblaban mucho las manos y la cabeza y Mariam evocó el temblor del ulema Faizulá. Para beber el té, no cogía él la taza. Hacía una seña al hombre de hombros fornidos que tenía a su izquierda, que respetuosamente se la acercaba a los labios. Después, el talibán cerraba los ojos amablemente en un elegante y mudo gesto de gratitud.
 Mariam se sentía desarmada ante él. Cuando hablaba, lo hacía con un deje de astucia y ternura a la vez. Su sonrisa era paciente. No la miraba con desprecio. No se dirigía a ella en tono despectivo ni acusador, sino de disculpa.
 -¿Entiendes de verdad lo que dices? -preguntó el talibán de rostro huesudo que se sentaba a la derecha del juez. Era el más joven de los tres. Hablaba deprisa y con arrogante suficiencia. Le había irritado que Mariam no supiera hablar pastún. A ella le dio la impresión de que era de esa clase de jóvenes pendencieros que disfrutaban mandando, que veían delitos por todas partes, como si tuvieran el derecho inalienable a juzgarlo todo.
 -Lo entiendo -asintió Mariam.
 -Lo dudo -dijo el joven talibán-. Dios nos ha hecho distintos a los hombres y las mujeres. Nuestros cerebros son distintos. Vosotras no sois capaces de pensar igual que nosotros. Los médicos occidentales y su ciencia lo han demostrado. Por eso nos basta con el testimonio de un varón, pero en cambio exigimos el de dos mujeres.
 -Admito que lo hice yo, hermano -declaró Mariam-, pero, si no, él la habría matado. La estaba estrangulando.
 -Eso dices tú. Pero las mujeres andan siempre jurando toda clase de cosas.
 -Es la verdad.
 -¿Tienes testigos, aparte de tu ambag?
 -No -respondió Mariam.
 -Pues entonces...-el talibán levantó las manos y soltó una risita.
[...]
 El juez cambió de posición sobre su cojín y esbozó una mueca de dolor.
 -Te creo cuando dices que tu marido era un hombre de mal genio -prosiguió, lanzando a Mariam una mirada severa y compasiva a la vez, a través de sus gafas-. Pero no puedo por menos que sorprenderme ante la brutalidad de tu acción, hamshira. Me preocupa lo que has hecho. Me preocupa que su hijo pequeño llorara por él en el piso de arriba mientras tú le matabas. Estoy cansado y me muero, pero quiero ser clemente. Deseo perdonarte. Sin embargo, cuando Alá me llame y me diga: "Pero no te correspondía a ti perdonar, ulema", ¿qué le diré?
 Sus compañeros asintieron y lo miraron con admiración.
 -Algo me dice que no eres una mala mujer, hamshira. No obstante, has cometido un acto malvado. Y debes pagar por lo que has hecho. La sharia es clara a ese respecto. Dice que debo enviarte a donde pronto iré yo también. ¿Lo entiendes, hamshira?
 Mariam se miró las manos y asintió.
 -Que Alá te perdone.
 Antes de que se la llevaran, entregaron un documento a Mariam y le indicaron que firmara bajo su declaración y la sentencia del ulema. Ante la mirada de los tres talibanes, Mariam escribió su nombre -la mim, la , la ya y la mim-, recordando la última vez que había firmado un documento, veintisiete años atrás, en la mesa de Yalil, en presencia de otro ulema".  
 

domingo, 14 de febrero de 2016

"Escritos".- San Francisco de Asís (1181-1226)

 
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Cántico del Hermano Sol o Alabanzas de las criaturas

 "Altísimo, omnipotente, buen señor,
tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor y toda bendición.
A ti solo, Altísimo, corresponden
y ningún hombre es digno de hacer de ti mención.
Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas
especialmente el señor hermano sol,
el cual es día, y por el cual nos alumbras.
Y él es bello y radiante con gran esplendor;
de ti, Altísimo, lleva significación.
Loado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas,
en el cielo las has formado luminosas y preciosas y bellas.
Loado seas, mi Señor, por el hermano viento,
y por el aire y el nublado y el sereno y todo tiempo
por el cual a tus criaturas das sustento.
Loado seas, mi Señor, por la hermana agua,
la cual es muy útil y humilde y preciosa y casta.
Loado seas, mi Señor, por el hermano fuego,
por el cual alumbras la noche
y él es bello y alegre y robusto y fuerte.
Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la madre tierra,
la cual nos sustenta y gobierna
y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba.
Loado seas, mi Señor, por aquéllos que perdonan por tu amor
y soportan enfermedad y tribulación.
Bienaventurados aquéllos que las soporten en paz
porque por ti, Altísimo, coronados serán.
Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la muerte corporal
de la cual ningún hombre viviente puede escapar.
¡Ay de aquéllos que mueran en pecado mortal!:
bienaventurados aquéllos a quienes encuentre en tu santísima voluntad
porque la muerte segunda no les hará mal.
Load y bendecid a mi Señor,
y dadle gracias y servidle con gran humildad".

Carta a las autoridades de los pueblos

"A todas las autoridades y cónsules, jueces y gobernantes de toda la tierra y a todos los demás a quienes lleguen estas letras, el hermano Francisco, vuestro pequeñuelo y despreciable siervo en el Señor Dios, os desea a todos vosotros salud y paz.
 Considerad y ved que el día de la muerte se aproxima (Gén 47,29). Os ruego, por tanto, con la reverencia que puedo, que no echéis en olvido al Señor ni os apartéis de sus mandamientos a causa de los cuidados y preocupaciones de este siglo que tenéis, porque todos aquellos que lo echan al olvido y se apartan de sus mandamientos son malditos (Sal 128,21) y serán echados por él al olvido (Ez 33,13). Y cuando llegue el día de la muerte, todo lo que creían tener, se les quitará (Lc 8,18). Y cuanto más sabios y poderosos hayan sido en este siglo, tanto mayores tormentos sufrirán en el infierno (Sab 6,7). Por lo que os aconsejo firmemente, como a señores míos, que, habiendo pospuesto todo cuidado y toda preocupación, recibáis benignamente el santísimo cuerpo y la santísima sangre de nuestro Señor Jesucristo en santa memoria suya. Y tributad al Señor tanto honor en medio del pueblo que os ha sido encomendado que cada tarde se anuncie por medio de pregonero, o por medio de otra señal, que se rindan alabanzas y gracias por el pueblo entero al Señor Dios omnipotente. Y si no hacéis esto, sabed que tendréis que dar cuenta ante el Señor Dios vuestro, Jesucristo, en el día del juicio (Mt 12,36).
 Los que guarden consigo este escrito y lo observen, sepan que son benditos del Señor Dios".