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domingo, 12 de junio de 2022

Veo una voz. Viaje al mundo de los sordos.- Oliver Sacks (1933-2015)


Adiós a Oliver Sacks | La Crítica
Capítulo tercero


 «Pero aunque las obras de Stokoe se consideren retrospectivamente “explosivas” e “hitos”, y aunque retrospectivamente se considere que han desempeñado un papel decisivo como impulsoras del cambio posterior de conciencia, fueron prácticamente ignoradas en su época. El propio Stokoe lo recordaba comentando irónicamente:
 "La publicación en 1960 de Sign Language Structure provocó una curiosa reacción local. Todo el cuerpo docente de la Universidad Gallaudet, salvo el rector Detmold y uno o dos colegas, se lanzó encarnizadamente contra mí, contra la lingüística y contra el estudio del lenguaje de señas como lenguaje […] Si la recepción del primer estudio lingüístico de un lenguaje de señas de la comunidad sorda fue fría dentro de ésta, fue criógena en un gran sector de la educación especial, que era por entonces una entidad cerrada tan hostil al lenguaje de señas como ignorante de la lingüística".
 Desde luego el libro apenas tuvo eco entre sus colegas los lingüistas: las grandes obras generales sobre el lenguaje de la década de 1960 no hicieron ninguna alusión a él, no mencionaban siquiera el lenguaje de señas, en realidad. Tampoco Chomsky, el lingüista más revolucionario de nuestra época, cuando prometió en 1966 (en el prefacio de Cartesian Linguistics) un futuro libro sobre “lenguajes sustitutivos, por ejemplo, el lenguaje de gestos de los sordos”, descripción que situaba el lenguaje de señas por debajo de la categoría de verdadero lenguaje. Cuando Klima y Bellugi empezaron a estudiar el lenguaje de señas en 1970 tenían la sensación de territorio virgen, de una materia completamente nueva (esto era en parte reflejo de la originalidad de las propias investigadoras, esa originalidad que hace que cada materia parezca totalmente nueva).
  Pero lo más notable fue, en cierto modo, la reacción indiferente u hostil de los propios sordos, que parecería natural que hubiesen sido los primeros en apreciar y alabar los descubrimientos de Stokoe. Existen interesantes descripciones de esto (y de “conversiones” posteriores) aportadas por antiguos colegas de Stokoe, y por otras personas, todas las cuales tenían como primer lenguaje la seña, por ser sordos o hijos de padres sordos. ¿Cómo es posible que los que hablaban por señas no fuesen los primeros que apreciasen la complejidad estructural de su propia lengua? Sin embargo fueron precisamente los que hablaban por señas los menos comprensivos o los que más se resistieron a las ideas de Stokoe. Así, Gilbert Eastman (que luego se convertiría en un eminente dramaturgo por señas y uno de los más ardorosos defensores de Stokoe) nos dice: “Mis colegas y yo nos reíamos del doctor Stokoe y de su disparatado proyecto. Era imposible analizar nuestro lenguaje de señas”.
 Las razones son complejas y profundas y quizás no tengan paralelo en el mundo oyente-hablante. Nosotros (el 99,9 por ciento de nosotros) damos por supuestos como algo natural el habla y el lenguaje hablado; no sentimos ningún interés especial por el habla, jamás le dedicamos una reflexión ni nos preocupamos de si se analiza o no. Pero la situación es radicalmente distinta en el caso de los sordos y del lenguaje de señas. Los sordos tienen un sentimiento profundo y especial respecto a su propia lengua: suelen alabarla en términos tiernos y reverentes (y lo han hecho así desde Desloges, en 1779). El sordo siente la seña como una parte sumamente íntima e indiferenciable de su yo, como algo de lo que depende y también como algo que pueden quitarle en cualquier momento (como sucedió, en cierto modo, en la conferencia de Milán en 1880). Se muestra receloso, como dicen Padden y Humphries, con “la ciencia de los otros” , que creen que pueden superar su propio conocimiento del lenguaje de señas, un conocimiento que es “impresionista, global y no internamente analítico”. Sin embargo, paradójicamente, pese a todo ese sentimiento reverente, el sordo ha compartido a menudo la incomprensión y el menosprecio hacia el lenguaje de señas del oyente. (Una de las cosas que más impresionaron a Bellugi, cuando inició su estudio, fue que los propios sordos, pese a hablar el lenguaje de señas como primera lengua, no tenían ni idea de la gramática y la estructura interna de ésta y tendían a considerarla pura mímica).
  Y, sin embargo, quizás esto no tenga por qué sorprendernos. Hay un viejo proverbio que dice que los peces son los últimos que identifican el agua. Y para los que hablan por señas, la seña es su medio y su agua, algo tan familiar y natural que no necesita ninguna explicación. Y, sobre todo, los usuarios de un lenguaje tienden a un realismo ingenuo, suelen ver su lengua como un reflejo de la realidad, no como una construcción. “Aquellos aspectos de las cosas que son para nosotros más importantes permanecen ocultos debido a su simplicidad y familiaridad”, dice Wittgenstein. Así pues, quizás haga falta un punto de vista exterior para mostrar a los usuarios naturales de un idioma que sus propias expresiones, que a ellos les parecen tan simples y transparentes, son, en realidad, enormemente complejas y contienen y ocultan el vasto andamiaje de un auténtico idioma. Esto es precisamente lo que pasó con Stokoe y los sordos. Louie Fant lo expone con mucha claridad:
 "Yo me crié, como la mayoría de los niños hijos de padres sordos, sin la menor conciencia de que el ameslán fuese un lenguaje. Y no me sacaron de mi error hasta que tuve treinta y tantos años. Lo hicieron personas que no eran usuarias naturales del ameslán, que habían penetrado en el campo de la sordera sin ninguna idea preconcebida, sin ningún punto de vista previo respecto a los sordos y su lenguaje. Observaban el lenguaje de señas de los sordos con ojos nuevos".
  Fant explica luego que, pese a trabajar en Gallaudet y llegar a conocer bien a Stokoe (e incluso a escribir un manual de iniciación al lenguaje de señas utilizando parte del análisis de Stokoe), siguió resistiéndose a la idea de que fuese un lenguaje real. Cuando abandonó Gallaudet para convertirse en miembro fundador del Teatro Nacional de los Sordos, en 1967, seguía manteniendo esta actitud igual que muchos otros; todas las obras de teatro eran en inglés por señas porque se consideraba el ameslán “inglés degradado no apto para la escena”. Él y otros utilizaron el ameslán una o dos veces casi sin darse cuenta cuando declamaban en escena, con efectos electrizantes, y eso les causó una impresión extraña. “En algún punto de los recovecos de mi mente —escribe Fant en esta época— había un convencimiento creciente de que Bill tenía razón, y que lo que nosotros llamábamos ‘lenguaje de señas real’ era en realidad ameslán”.
  Pero el cambio no llegó hasta 1970, cuando Fant conoció a Klima y a Bellugi, que le hicieron innumerables preguntas sobre “su” lenguaje:
 "Mi actitud fue experimentando un cambio radical a medida que se desarrollaba la conversación. Bellugi, a su manera cordial y simpática, me hizo darme cuenta de lo poco que sabía y o en realidad del lenguaje de señas aunque lo conociese desde la infancia. Los elogios que hizo de Bill Stokoe y de su obra me obligaron a preguntarme si no estaría perdiéndome algo".
  Y luego, por fin, unas semanas después:
  "Me convertí. Dejé de oponerme a la idea de que el ameslán fuese un lenguaje y me entregué a su estudio para poder enseñarlo como lenguaje".
 Y sin embargo (pese a hablar de “conversión”) los sordos habían sabido siempre, intuitivamente, que el lenguaje de señas era un lenguaje. Pero quizá fuese necesaria una confirmación científica para que este conocimiento se hiciese consciente y explícito, y llegase a ser la base de una conciencia audaz y nueva de su propio lenguaje.
Veo Una Voz. Oliver Sacks. Anagrama | Menéndez Libros Los artistas (nos recuerda Pound) son las antenas de la raza. Y fueron los artistas los que sintieron primero en sí mismos, y proclamaron, el alborear de esta nueva conciencia. Así, el primer movimiento que surgió tras la obra de Stokoe no fue pedagógico ni político ni social, fue artístico. El Teatro Nacional de los Sordos se fundó en 1967, sólo dos años después de que se publicara el Dictionary. Pero hasta 1973 (seis años más tarde) no encargó y representó una obra en auténtico lenguaje de señas. Hasta entonces sus representaciones fueron sólo transliteraciones en inglés, por señas, de obras inglesas. (A pesar de que durante las décadas de 1950 y 1960 George Detmold, decano de Gallaudet, dirigió una serie de obras en las que instaba a los actores a apartarse del inglés por señas y a interpretar en ameslán). Una vez vencida la resistencia, y asentada la nueva conciencia, ya nada pudo parar a los artistas sordos de todo tipo. Surgieron así la poesía por señas, el humor por señas, la canción por señas, el baile por señas…, únicas artes por señas que no podían traducirse en habla. Surgió una tradición bárdica, o resurgió, entre los sordos, con bardos por señas, oradores por señas, cuentistas por señas, narradores por señas, que transmitieron y difundieron la historia y la cultura de los sordos, y que, al hacerlo, elevaron aún más su nueva conciencia cultural. El Teatro Nacional de los Sordos ha viajado, y viaja, por todo el mundo, no sólo presentando la cultura y el arte sordos a los oyentes sino reafirmando el sentimiento de los sordos de tener una cultura y una comunidad mundiales.
  Aunque el arte es arte y la cultura cultura, pueden tener una función política y educativa implícita, y hasta explícita. El propio Fant se convirtió en protagonista y en maestro; el libro que publicó en 1972, titulado Ameslan: An Introduction to American Sign Language, fue el primer manual elemental del lenguaje de señas que siguió directrices explícitamente stokoeanas; fue una fuerza que contribuyó a que volviese a la enseñanza el lenguaje de señas. A principios de la década de 1970 empezó a retroceder el oralismo exclusivo, después de noventa y seis años, y se introdujo (o reintrodujo, pues había sido bastante frecuente en varios países ciento cincuenta años antes) la « comunicación total» (el uso del lenguaje hablado y el lenguaje de señas a la vez). Pero para conseguir eso hubo que superar una gran resistencia: Schlesinger nos cuenta que cuando defendía la reintroducción de los lenguajes de señas en la enseñanza recibió advertencias y cartas amenazadoras, y que su libro Sound and Sign provocó polémica cuando apareció en 1972 y se procuró “envolverlo en un papel de estraza vulgar como si fuese inaceptable”. El conflicto aún persiste y aunque se utilice y a en las escuelas el lenguaje de señas, es prácticamente siempre inglés por señas y no verdadero lenguaje de señas lo que se utiliza. Stokoe había dicho desde el principio que los sordos debían ser bilingües (y biculturales), que debían aprender el lenguaje de la cultura dominante, pero también e igualmente su propio lenguaje, la seña. Pero como la seña aún no se utiliza en las escuelas, ni en ninguna institución (salvo las religiosas), sigue estando predominantemente limitado, como hace setenta años, a un uso coloquial y demótico. Esto sucede hasta en Gallaudet (de hecho, la política oficial de la universidad ha sido desde 1982 que toda comunicación por señas e interpretación en clase se efectúe en inglés por señas) y fue un motivo importante de la rebelión.
  Lo personal y lo político siempre andan mezclados, y en este caso se mezclan además con lo lingüístico. Barbara Kannapell plantea esto cuando analiza cómo influyó en ella Stokoe, la nueva mentalidad, y cómo cobró conciencia de sí misma como persona sorda con una identidad lingüística especial (“mi lenguaje soy yo”) pasando luego a considerar la seña un elemento básico de la identidad comunal de los sordos (“rechazar el ameslán es rechazar a la persona sorda […] [pues] el ameslán es una creación personal de las personas sordas como grupo […] es lo único que tenemos que pertenece exclusivamente al pueblo sordo”). Estas consideraciones personales y sociales la impulsaron a crear en 1972 Orgullo Sordo, una organización dedicada a despertar la conciencia de los sordos.
  El desprecio a los sordos, las actitudes paternalistas, la pasividad sorda e incluso la vergüenza sorda eran demasiado comunes antes de principios de la década de 1970; se ve muy claramente en una novela de 1970, In This Sign, de Joanne Greenberg, y fue preciso que saliese el diccionario de Stokoe, y que los lingüistas legitimasen la seña, para que se iniciase un movimiento en dirección contraria, un movimiento hacia la identidad sorda y el orgullo sordo.
  Esto fue esencial pero no fue el único factor del movimiento de los sordos a partir de 1960: hubo otros de igual fuerza y confluyeron todos produciendo la revolución de 1988. Hay que tener en cuenta el talante de los años sesenta, con su sensibilidad especial hacia los pobres, los impedidos, las minorías; el movimiento de los derechos civiles, el activismo político, los diversos movimientos de “liberación” y de “orgullo”; todo esto estaba fraguándose a la vez que, venciendo gran resistencia, muy despacio, se legitimaba científicamente el lenguaje de señas y mientras los sordos iban acumulando poco a poco un sentimiento de amor propio y esperanza, y luchaban contra las imágenes y sentimientos negativos que les habían acosado durante un siglo. Había una tolerancia creciente, en general, hacia la diversidad cultural, una conciencia creciente de que las personas podían ser muy diferentes y sin embargo ser iguales y mutuamente valiosas; una conciencia creciente, en concreto, de que los sordos eran un “pueblo”, y no sólo un número de individuos aislados, anormales e incapacitados. Se pasó del criterio médico o patológico a un criterio antropológico, sociológico o étnico.»
  
    [El texto pertenece a la edición en español de Editorial Anagrama, 2006, en traducción de José Manuel Álvarez Flórez. ISBN: 978-84-339-6194-5.]

domingo, 16 de mayo de 2021

Escrito en el cuerpo.- Jeanette Winterson (1959)


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Los sentidos especiales


 «Un rápido declive tras la remisión es característico del cuerpo enfermo de leucemia. La remisión puede lograrse por radioterapia o quimioterapia o simplemente ocurre, nadie sabe por qué. Ningún médico puede predecir con exactitud si la enfermedad se va a estabilizar ni por cuánto tiempo. Esto puede decirse de todos los cánceres. El cuerpo baila consigo mismo.
 La progenie de la célula enferma deja de dividirse o el ritmo disminuye radicalmente, el crecimiento del tumor se detiene. Puede que el paciente deje de sufrir dolores. Si la remisión llega pronto en la prognosis, antes de que los efectos tóxicos del tratamiento hayan apaleado el cuerpo hasta lograr una nueva y completa sumisión, puede que el paciente se sienta bien. Desgraciadamente, es bastante probable que el precio de unos pocos meses más de vida, o de unos pocos años, sea pérdida del cabello, decoloración de la piel, enfriamiento crónico, fiebre y alteraciones neurológicas. Ésa es la apuesta.
 El problema es la metástasis. El cáncer tiene una propiedad única: puede viajar desde el lugar de origen hasta los tejidos más distantes. Normalmente es la metástasis lo que mata al paciente, y la biología de la metástasis es lo que los médicos no entienden. No están preparados para entenderla. La idea que un médico tiene del cuerpo es una serie de trozos que hay que aislar y tratar según sea necesario; que el cuerpo enfermo actúe como un todo es un concepto desconcertante. La medicina holística es para curanderos y chiflados, ¿no? No importa. Haz rodar el carrito de las drogas, bombardea el campo de batalla, intenta aplicar la radiación directamente sobre el tumor. ¿No funciona? Saca palancas, sierras, cuchillos y agujas. ¿El bazo del tamaño de una pelota de fútbol? Medidas desesperadas para enfermedades desesperadas. Sobre todo porque la metástasis suele producirse antes de que el paciente vea a un médico. No les gusta decírtelo, pero si el cáncer ya está avanzado, tratar el problema obvio, ya sea pulmón, pecho, piel, intestino o sangre, no altera la prognosis.
 Hoy he ido al cementerio y he estado andando entre las tumbas, pensando en los muertos. La familiar calavera y los huesos cruzados de las tumbas más antiguas me pesaban con su inquietante alegría. ¿Por qué esas cabezas sonrientes despojadas de todo  lo humano parecen tan satisfechas? Que las calaveras sonrían resulta repugnante para los que llegan con flores oscuras y caras serias de duelo. Ésta es tierra de duelo, un lugar de silencio y aflicción. Para nosotros, con abrigo y bajo la lluvia, la combinación del cielo gris y tumbas grises resulta opresiva. Así acabaremos todos, pero no pensemos en eso. Mientras el cuerpo sea sólido y resista ese viento afilado como un cuchillo, no pensemos en la profundidad del barro ni en la paciente hiedra cuyas raíces consiguen dar con nosotros.
 Seis hombres con abrigos largos y bufandas blancas llevaban el cuerpo a la tumba. Aunque llamarla tumba en ese momento sería dignificarla. En un jardín será una zanja para una nueva esparraguera. Se llena de estiércol y se coloca la planta. Un agujero optimista. Pero ésta no es la zanja de una esparraguera, sino el último lugar de descanso de los fallecidos.
 Mirar el ataúd. Es de roble macizo, no de contrachapado. Las asas son de bronce, no de acero lacado. El forro interior es de pura seda rellena de esponja marina. La seda natural se pudre con gran elegancia. Rodea el cuerpo de airosos jirones. Los forros acrílicos, baratos y populares, no se descomponen. Es como si te enterraran dentro de un calcetín de nailon.
 Aquí, el bricolage no ha tenido éxito. Hay algo macabro en hacerse el propio ataúd. Puedes comprar piezas de madera para hacer barcos, casas, muebles de jardín, pero no ataúdes. Aunque si llevaran los agujeros taladrados y bien alineados, no creo que se produjeran desastres. ¿No sería el gesto más afectuoso que se pueda tener con el amado?
 En el funeral de hoy se amontonan las flores; pálidos lirios, rosas blancas y ramas de sauce llorón. Siempre se empieza bien y luego llega la apatía y los tulipanes de plástico en una botella de leche. La alternativa es un jarrón imitando porcelana de Wedgwood junto a la lápida, llueva o haga sol, y en lo alto un ramillete silvestre comprado en la cadena Woolworth.
 Me pregunto si se me escapa algo. Quizá lo semejante se atrae y por eso las flores están marchitas. Quizá ya están marchitas cuando las ponen. Quizá la gente cree que en un cementerio las cosas deben estar muertas. Hay cierta lógica en la idea. Quizá es de mala educación ensuciar todo el lugar con la floreciente belleza del verano y el esplendor del otoño. Para mí preferiría una berberis roja contra una losa de mármol de color crema.
 Pero volvamos al agujero, como todos haremos. 1’85 de longitud, 1’85 de profundidad y 0’70 de anchura es lo corriente, aunque se admiten variaciones a petición del cliente. El agujero es un gran nivelador, porque por mucha fantasía que le metan dentro, por fin ricos y pobres ocupan el mismo lugar. Aire rodeado de barro. El Gallípoli básico, como dicen los del oficio.
 El agujero lleva su trabajo. Dicen que eso es algo que el público no aprecia. Es un trabajo anticuado y largo, y tiene que llevarse a cabo hiele o granice. Cavar mientras el cieno te empapa las botas. Apoyarse en la pared para tomarse un respiro y calarse hasta los huesos. En el siglo XIX, los enterradores morían con frecuencia por culpa de la humedad. En aquellos tiempos, cavar la propia tumba no era una frase retórica.
 Para los que se quedan, el agujero es un lugar espantoso. Un abismo de vértigo y pérdida. Es la última vez que estás junto a la persona que amas y tienes que abandonarla en una oscura sima donde los gusanos van a emprender su tarea.
Resultado de imagen de escrito en el cuerpo anagrama Para la mayoría, la imagen del cadáver justo antes de que cierren la tapa dura toda la vida, y eclipsa otros recuerdos más agradables. Antes de bajar el cuerpo, como dicen en el depósito, hay que lavarlo, desinfectarlo, drenarlo, tamponarlo y maquillarlo. No hace tantos años estas faenas se hacían en casa, pero entonces no eran faenas, sino actos de amor.
 ¿Qué haríais vosotros? ¿Dejar el cuerpo en manos de extraños? El cuerpo que ha yacido a tu lado en la salud y en la enfermedad. El cuerpo que aún ansían tus brazos, muerto o no. Cada músculo te era familiar, conocías secretamente el movimiento de los párpados durante el sueño. Éste es el cuerpo donde está escrito tu nombre, pasando a manos de extraños.
 Tu amada ha descendido a una tierra lejana. La llamas, pero tu amada no oye. La llamas en los campos y los valles pero tu amada no responde. El cielo está mudo y cerrado, no hay nadie en él. La tierra es dura y seca. Tu amada no volverá por ese camino. Quizá sólo os espera un velo. Tu amada espera en las colinas. Ten paciencia y ve con pies ligeros, abandonando tu cuerpo como si fuera un rollo de escritura.
 Me alejé del funeral y subí hacia la parte privada del cementerio. Habían dejado que creciera salvaje. La hiedra ceñía ángeles y biblias abiertas. La maleza estaba viva. Las ardillas que saltaban entre las tumbas y el mirlo que cantaba en un árbol no estaban interesados en la mortalidad. A ellos les bastaban los gusanos, las nueces y el amanecer.
 “Amada esposa de John”. “Hija única de Andrew y Kate”. “Aquí yace alguien que amó sin prudencia, pero demasiado bien”. Ceniza a las cenizas, polvo al polvo.
 Bajo los acebos, dos hombres cavaban una fosa con rítmica determinación. Uno se tocó la gorra al verme pasar y me sentí parte de un fraude al recibir una simpatía que no me correspondía. En el día que agonizaba, el sonido de la pala y las voces bajas de los hombres me parecían alegres. Ellos volverían a casa, se tomarían una taza de té y se lavarían. Era absurdo que la ronda de la vida fuese, incluso aquí, tan alentadora.
 Miré el reloj. Pronto sería la hora de cierre. Debía irme, no por miedo, sino por respeto. El sol, poniéndose tras la hilera de abedules, llenaba el sendero de sombras alargadas. Las inflexibles lápidas reflejaban la luz y ésta doraba las letras profundamente grabadas, brillaba a lo largo de las trompetas de los ángeles. La tierra bullía de luz. No el amarillo ocre de la primavera, sino el grávido carmín del otoño. La estación de la sangre. Ya estaban disparando en el bosque.
 Apresuré el paso. Perversamente, quería quedarme. ¿Qué hacen los muertos de noche? ¿Avanzan sonriendo al viento que silba entre sus costillas? ¿Qué les importa el frío? Me soplé las manos y llegué a la verja cuando el guarda nocturno estaba echando la pesada cadena con su candado. ¿Me estaba encerrando fuera, o encerrándolos a ellos dentro? Me guiñó un ojo como un conspirador y se dio unas palmaditas en la ingle, de donde colgaba una linterna eléctrica de cincuenta centímetros de longitud.
 -Nada se me escapa –dijo.»

   [El texto pertenece a la edición en español de Editorial Anagrama, 1998, en traducción de Encarna Castejón, pp. 209-215. ISBN: 84-339-1498-7.]

miércoles, 14 de octubre de 2020

Cuzary.- Jehuda Halevi (1075-1141)

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Discurso quinto

  «12. Haber: Consta la existencia de la alma de los movimientos y del sentimiento de los animales, que diffieren de los movimientos de lo elementos; y se llama la causa dellos, alma o facultad animal; y se dividen las facultades animales en tres partes: la primera, es aquella en que se iguala el animal con la planta, y esta es la facultad vegetativa; la segunda es aquella en que se iguala el hombre con los demás animales y esta es la facultad vital o sensitiva; la tercera es aquella en que es singularizado el hombre, y se llama la facultad racional; y consta el caso de la alma universal genérica, de las operaciones, las quales prosceden de las formas que alcançan a la materia, no de parte de la materia en quanto materia, que el cochillo no corta por la parte que tiene de cuerpo, sino porque tiene forma de cochillo; y ansi mismo el animal no siente ni se mueve porque es cuerpo, sino porque tiene la forma de animalidad, la qual se llama alma. Estas formas se llaman perfecciones, porque con ellas se perficionan las disposiciones de las cosas; y la alma es perfección; y ay perfección primera y perfeccion segunda; la primera es el principio de las operaciones; y la segunda es la esencia de las operaciones que prosceden del principio; y la alma es perfeccion primera, porque es principio de lo que proscede del principio. La perfección, o es perfección de cuerpo, o es perfección de substancia que no es cuerpo; y la alma es perfeccion de cuerpo. El cuerpo, o es natural o es artificial; y la alma es perfección de cuerpo natural. El cuerpo natural, o es organico o no es organico, esto es, que se perfecionan sus operaciones con órganos, o sin órganos; y la alma es perfeccion de cuerpo natural, organico, que tiene animalidad en potencia; a saber, que es el principio de las operaciones animales que tiene en potencia y está dispuesto para ellas. Pruevase que la alma no es engendrada de la mixtion de los elementos del cuerpo, por quanto la cosa que es engendrada de la mixtión de diversos simples, es por uno de dos modos: o que señorea en el compuesto uno de los simples o más de uno, y entonces será la forma que alcançare conforme el simple que señoreare en el tal compuesto; o que sean superados los simples en la mixtión, sin quedar ninguno dellos en su forma, y desto se engendrará una forma intermedia conforme a la tal mixtión; y siendo que la alma no es de la especie de ninguna cosa de los elementos del cuerpo, siguese que no es sino forma que le viene de fuera; ansí como la forma del vaso hecho de materia compuesta de agua y tierra, que no es de la especie de las formas de la agua y tierra de que es compuesto.
 El principio de las facultades es la facultad nutritiva; y la engendrativa es en el fin; y la argumentativa en el medio, que liga y ajunta el principio con el fin; y la engendrativa tiene prioridad, y aunque parezca que es ultima, ella domina primero en la materia dispuesta para recebir la animalidad, y la viste la forma que le conviene, con el ministerio de la augmentativa y la nutritiva, y después dexa el regimiento a las dos hasta el tiempo del engendrar; la facultad engendrativa es servida; y la nutritiva, sirve; y la augmentativa, sirve y es servida; y la nutritiva tiene las quatro notorias facultades que la sirven.
 Todo el que se mueve, se mueve con voluntad de sentimiento, y si no fuera ansi, seria el sentimiento para nada, y la Sabiduría no dá ninguna cosa para nada y sin necesidad, ni para hazer daño, ni dexa de dar ninguna cosa necessaria o útil; a tanto, que hasta los animales cónchiles, aunque parescen quiescentes, tienen encogimiento y estendimiento, y si fueren bueltos sobre sus cuestas, se moveran hasta que se vuelven sobre sus vientres, para allegar a si el alimento.
 Los sentidos exteriores son notorios; pero los interiores, el principio dellos es el sentido común; por quanto lo que es sabroso y lo que no es sabroso, no se aprehende sino por experiencia, y es necessario poner la facultad de la fantasia para guardar las formas de las cosas percebidas por los sentidos, que es el sentido común; y la facultad de la memoria, que guarda y conserva en si las cosas aprehendidas de las formas sensibles; y la facultad imaginativa, que inova formas imaginarias que no ay en la fantasia; y la facultad cogitativa para alcançar con ella lo que es cierto de lo que inovò la imaginativa, y deshacer algunas cosas falsas que de nuevo formò; y lo que juzga por verdad, lo reduce a la memoria; y la facultad motiva para allegar lo que es necesario y util, y apartar y rebotar lo que es dañoso.
 Todas las facultades de los animales son aprehensivas, o motivas; las motivas, o mueve para atraer lo que es util, que es la concupiscible; o mueve para rebotar lo que es dañoso, que es la irascible. Las aprehensibles son dos especies: o exteriores, como los sentidos exteriores; o interiores y ocultos, como los sentidos ocultos y internos; y la facultad motiva obra por el dominio de la facultad cogitativa, sirviéndose con la imaginativa; y este es el summo grado de los animales brutos, que no se les deve atribuyr la facultad motiva para adereçar las causas del sentido común y la imaginativa; sino que la imaginativa fue instituyda en ellos para adereçar las causas del movimiento, y en los racionales es al contrario desto, que les fue dado el movimiento para el uso de la alma racional, que obra y contempla.
 Los cinco sentidos son notorios, y sus objetos son también notorios; por medio dellos se alcança la figura, el numero, el grandor, el movimiento y el descanso.
 Consta haver el sentido común, de que nos otros juzgamos (por comparación) quando vemos la miel, que es dulce; y esto es porque tenemos una facultad común a los cinco sentidos, y esta facultad es la fantasia; y obra en la vigilia y en el sueño.
Resultado de imagen de cuzary Despues desto es la facultad que compone las cosas que se ajuntan en el sentido común, y las separa y divide, sin apartarse de las formas del sentido común; y esta es la imaginativa, que algunas vezes es verdadera y otras vezes es falsa; pero la fantasia es siempre verdadera.
 Despues desta es la facultad cogitativa, y es la facultad que juzga de la cosa que se deve buscar y la cosa de que se deve huyr; y no ay en la fantasia ni en la imaginativa juyzio, sino solo formación y concepto.
 Despues desta es la facultad conservativa, que tiene memoria de las cosas que aprehendió la facultad cogitativa; como es, que el lobo tiene odio y el hijo tiene amor; y lo bueno y lo malo, lo que es verdad y lo que es falso, toca a la facultad cogitativa, pero la memoria conserva lo que aprueba la cogitativa; y la facultad imaginativa, usando della el animal bruto, se llama imaginativa, y usando della el racional, se llama cogitativa; el sentido común está en la parte anterior del celebro, y la imaginativa en el medio, y la memoria en la parte posterior, y la cogitativa en todo el celebro, pero la mayor parte en el lugar de la imaginativa; y todas estas facultades mueren y perescen en peresciendo sus órganos, y no tiene el racional conservación o eternidad aunque se atribuya a si singularmente lo mejor destas facultades por qualquiera via de la singularidad, y que las haga existir en si; esto es lo que se colige de las palabras de los Philosophos en lo que es abaxo de la alma racional; […]»
 
    [El texto pertenece a la edición en español de Editora Nacional, 1979, en edición preparada por Jesús Imirizaldu, pp.231-234. ISBN: 84-276-0495-5.]
 

sábado, 25 de julio de 2020

Las cartas que no llegaron.- Mauricio Rosencof (1933)

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III.-Días sin tiempo

   «El patio y la cocina eran tu imperio, mamá.
 Vos sos, en mi memoria, el aroma del tuco y las cretonas, vos sos la casa, mamá, cómo no se dieron cuenta de que vos eras la casa, que echarte a vos era echar la casa, cómo. Y, sin embargo, al asilo.
 Eso, mamá, lo supe en una visita. Me lo contaron en una visita, porque "yo tenía que saberlo", en esas visitas cuarteleras, por la frontera, barbudo, chupado, sucio, ahí me dijeron, desalojo, asilo, hogar de ancianos.
 Y fue en el retorno al interminable territorio de dos por uno del calabozo, que comenzaron mis conversaciones con papá.
 Acá, los pensamientos rebotan. Las palabras pensadas, rebotan. Porque pronunciar, lo que se dice pronunciar, no dejan. Ni el grito, nada. En este territorio reina el silencio, infinito, tanto, que cuando se apagan las voces exteriores, ese toque de silencio -fíjate que para anunciar el silencio tienen que hacer ruido-, cuando ese toque se produce -digo- uno acá, atento, puede percibir la actividad ruidosa de las arañas. Las arañas tejen, y uno percibe el chirriar de sus agujitas, y si por ahí les cae una mosca ni te imaginás el bochinche, la mosca se desgañita, el guardia le va a parar el carro, no ves que tocó a silencio, y ahí le cae ella, a la carga patas largas, hay que apurar la matanza que viene ganao por tierra, y le aplica el pentotal; cómo es que todavía no han sintetizado el pentotal arácnido como anestesia, no, se quedaron con la otra, esa especie de gas que te transporta en menos que contaste tres y que el laboratorio suizo o suizo-alemán o alemán te inocula, arácnidos de la medicina; y cuando la tiene bajo sus pies, Juanita -que así se llama- la succiona, absorbe, aspira, draculita del muro. Pues bien. Eso, todo eso, lo escucho. Tanto, que me desvela. Me desvela el tiempo del coginche, cuando la araña macho la pastorea recorriendo las paredes del calabozo, siempre por el mismo trillo, a una velocidad que, salvando las proporciones, ni Jesse Owens, hasta que ancla en el rincón de las arañas y ahí se miran, ella es más grande, grande, y se miran, se seducen hasta que atracan y cruje la cama. En el silencio mandan los ruidos. El tableteo de las patas del bichito de la humedad -que dos por tres masco-, sobre el hormigón del piso, es un redoble rítmico, delicado, ideal para fondo de bolero. Pero lo que más suena es uno. Los bronquios, suenan. El cuore suena. El roce de los vaqueros chirría; todas las noches, cada vez más, duermo con ellos, vivo con ellos, envejecen conmigo, y chirrían, cada vez más, se quejan. Y si hay mosquitos, ni te cuento. Porque a las hélices se une la amenaza, la concentración de uno para ver cuándo se apagan porque se posan, helicópteros, coleópteros, qué sé, yo, y ahí aterrizan y el manotazo, que cuando cae bien ensangrenta y las ondas de la palmada rebotan, como rebota todo, acá es dos por uno, oferta, te la vendo, regalo, canjeo, rebota. Rebota todo, Viejo, y te escribo para adentro, te conmino a que aguantes, vos que en materia de aguante me podés dar curso, vos, Viejo, a vos te argumento lo que ya sabés y no precisás, y te lo reitero, exijo, explicito, digo, para vos y para mí, para mí, que necesito como vos lo que te digo. Y es tan violento todo, todo tan intenso, que llegué donde estabas y vos estuviste acá y dos por tres venías y sé que yo estoy ahí y yo te oí y vos me viste y nadie lo cree, nadie entiende, y yo lo cuento o no lo cuento, lo cuento poco,  a alguno que otro y no me animo a escribirlo, porque van a pensar que es verso, fantasía, imaginación. Que crean lo que crean, vos y yo lo sabemos y chau. Basta.
 […]
 Uno tiene, mi Viejo, uno es poseedor, papá, de lo que podríamos llamar o denominar un pensamiento racional. De ahí que en materia de bola, diera poca a las situaciones, anécdotas (para mí nunca pasaron de anécdotas), de las historias extrasensoriales, comunicaciones telepáticas, el "Yo ya estuve una vez", esas cosas. Me encontré con el tema y con gusto en la literatura. Jamás en la historia, que es ciencia.
Las Cartas Que No Llegaron (HISPANICA): Amazon.es: ROSENCOF ... En la historia nunca se vio que Napoleón recibiera una voz que le anunciara "No te bajes del caballo, rajá", cuando Waterloo se le iba a la B, ni Trotski tuvo la intuición o anunciación de que Mercader venía con el encargo. Jamás. Algo hay en las fantasías histórico-religiosas; pero hay mucho cuentito, palomita blanca vidalitay, que te anuncia el fin de la menstruación y el embarazo, o el palito de Moisés que ya quisiera el hada de Pinocho. Te dejo de lado el historial barrial, el "Me vino como una cosa, vecina", y se le dieron las tres cifras. No. No a la menina santa a quien se le incorporó el espíritu de no sé qué curandero alemán y ahora te receta en el idioma de las walkirias, aunque no tiene la menor idea de dónde queda el Rin, o el otro que recibió a un cirujano y te opera con el cuchillito de pelar papas, como si nada. No. En cambio, en la literatura, sí. Desde la muchachita de Thomas Mann, que se desmaya en una escalera al recibir el impacto de la muerte de su hermana, sin haber llegado a recibir una carta que venía en viaje donde sólo se anunciaba la enfermedad; hasta el caso conocido de los hermanos Corso, de novela. Pero también en Yeats y Priestley y Chesterton, con aquel personaje contemporáneo que al ver pasar, desde la baranda de un puente, un navío cualquiera, ríe y pronuncia palabras que no conocía pero que su acompañante descifra y eran de un galés antiguo y marinero. Sus ancestros, Viejo, eran navegantes. Él, hoy, sólo dactilógrafo. Vos perdoname, papá, pero tu historia del pueblito nunca la tomé en serio. Eso de que la vecina gritara a las dos de la mañana de que a la madre la habían enterrado viva  esa misma tarde, y que el berrinche que armó fue tal que fueron al cementerio, con farol y pala al hombro, y vieron que la mamá estaba muerta pero no cuando la enterraron: se había comido los dedos y en el cajón había sangre. Vos contabas, Viejo, que estabas ahí, que eras vecino, que fuiste con ellos. Pero a mí me salió el racional, y dije o te dije o me dije, "Andá  a saber", "leyenda de pueblo chico, tipo lobizón de fogón gaucho". Más te digo. Cuando desde acá se me empezaron a dar algunas cosas, como aquel sueño en que llevaba a la nieta, Viejo, a conocer La Paz y la lápida de granito de León, y ella en una visita me contó que había tenido un sueño en el que paseaba en un parque conmigo, pero que no era un parque, y cuando terminó de contarme el sueño, hizo una pausa de punto y aparte, y me preguntó, sin asociación dónde estaba enterrado León. Casualidad, pensé. Hasta que, claro, se empezaron a dar otras, y me dije "Andá a saber", y hasta me cité a Hamlet, "Hay más misterios en el cielo y la tierra de los que caben en tu fantasía"; pero nunca más allá. Nunca la racionalización científica del hecho, si es que era un hecho, porque ahí, papá, vivías sin sol ni estrellas ni libro, media ración y un territorio en el que una vuelta colocaron una tarima que no te autorizaban a usar y entré a vivir parado, como en un 130 lleno a La Paz, que nunca llegaba a destino, así que mi territorio real era la imaginación, la fantasía, la locura reglamentada en la medida de lo posible. Entonces -¿entendés?-, esos acontecimientos, si lo eran, esos hechos o más bien anécdotas, estaban en la frontera entre lo real y lo que no. Hasta que llegó la Palabra.»

    [El texto pertenece a la edición en español de Editorial Alfaguara, 2002. ISBN: 84-204-5103-7.]