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lunes, 12 de agosto de 2019

Expulsión de la bestia triunfante.- Giordano Bruno (1548-1600)

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Diálogo segundo
Primera parte

«Saulino: Por favor, Sofía, antes de pasar a otra cosa explícame ese orden y disposición de divinidades que ha establecido Júpiter en los astros. Y en primer lugar dime por qué ha querido que en la sede más eminente (pues así es creído vulgarmente) esté la diosa Verdad.
 Sofía: Es muy fácil. Por encima de todas las cosas, Saulino, está situada la verdad, porque ella es la unidad que reside por encima de todo, es la bondad preeminente a cualquier cosa, porque una sola cosa es lo ente, lo bueno y lo verdadero; verdadero, ente y bueno es lo mismo. La verdad es aquella entidad que no es inferior a nada, porque si quieres imaginar algo anterior a la verdad preciso es que pienses que es distinto de la verdad; y si lo imaginas distinto de la verdad, necesariamente pensarás que no tiene verdad en sí y que es sin verdad, que no es verdadero, por lo que consiguientemente es falso, es cosa de nada, es nada, es no ente. No digamos ya que nada puede ser anterior a la verdad, si no es cierto que sea primero y superior a la verdad; y tal ser verdadero no puede ser más que por la verdad. Así, no puede haber otra cosa junto a la verdad y ser lo que precisamente es sin verdad, porque si no es verdadero por la verdad, no es ente, es falso, es nada. Igualmente, tampoco puede haber nada después de la verdad, ya que si es después de ella, es sin ella; si es sin ella, no es verdadero porque no tiene la verdad en sí; será, pues, falso, será por tanto nada. Así pues, la verdad es anterior a todas las cosas, está con todas las cosas y es posterior a todas las cosas; está por encima de todo, con todo, tras todo; tiene carácter de principio, de medio y de fin. Es anterior a las cosas a modo de causa y principio, mientras que las cosas dependen de ella; está en las cosas y es la sustancia de las mismas, mientras que éstas subsisten por ella; es posterior a todas las cosas, mientras que éstas se comprenden sin falsedad por ella. Es ideal, natural y nocional; es metafísica, física y lógica. Por encima de todas las cosas, pues, está la verdad; y aquello que está por encima de todas las cosas, aunque sea concebido según otra razón y se le nombre de diferente manera, preciso es que sea en sustancia la verdad misma. Por este motivo, pues, Júpiter ha querido razonablemente que en la parte más eminente del cielo se vea la verdad. Pero ciertamente lo que tú ves sensiblemente y puedes captar con el ápice de tu intelecto no es la verdad suma y primera, sino una cierta figura, cierta imagen y resplandor de esa verdad suprema que es superior a este Júpiter del que hablamos a menudo y que es el sujeto de nuestras metáforas.
 Saulino: Muy bien dicho, Sofía, porque la verdad es la cosa más pura, la más divina de todas. Incluso la divinidad y la pureza, la bondad y belleza de las cosas, es la verdad, la cual ni por violencia se quita, ni por antigüedad se corrompe, ni por ocultación disminuye, ni por participación se disipa, ya que el sentido no la confunde, el tiempo no la arruga, el lugar no la esconde, la noche no la interrumpe, la tiniebla no la oculta, sino por el contrario cuanto más y más se la impugna, tanto más resucita y crece. Se defiende sin defensor y protector, y por eso ama la compañía de pocos y de sabios, odia la multitud, no se muestra a quienes no la buscan por sí misma y no quiere manifestarse a quienes no se le presentan humildemente ni a quienes la buscan fraudulentamente. Por eso mora altísima, donde todos miran y pocos ven. Pero, ¿por qué le sigue la prudencia, Sofía? ¿Acaso porque los que quieren contemplar la verdad y quieren predicarla deben gobernarse con prudencia?
 Sofía: No es esa la razón. La diosa que está al lado y próxima a la verdad tiene dos nombres: providencia y prudencia. Se llama providencia en cuanto influye y se encuentra en los principios superiores; y se llama prudencia en la medida en que se efectúa en nosotros, al igual que se suele llamar sol tanto a lo que calienta y difunde la luz como también a la luz y al resplandor difusos que se hallan en el espejo y en otros sujetos. La providencia, por tanto, se dice de las cosas superiores y es compañera de la verdad; no está nunca sin ella y es la libertad misma y la misma necesidad, de manera que la verdad, la providencia, la libertad y la necesidad, la unidad, la verdad, la esencia, la entidad, todas son una unidad absolutísima, tal como en otra ocasión te haré entender mejor. Sin embargo, a propósito de la presente consideración, debes saber que ella produce en nosotros la prudencia, que está puesta y consiste en un cierto discurso temporal y es una razón principal que versa tanto sobre lo universal como sobre lo particular; tiene por damisela a la dialéctica y por guía a la sabiduría adquirida, llamada vulgarmente metafísica, la cual considera los universales de todas las cosas que caen dentro del ámbito del conocimiento humano. Las dos refieren todas sus consideraciones al uso de la prudencia, que tiene dos enemigas insidiosas que son dos vicios: a la derecha está la astucia, disimulo y malicia; a la izquierda la estupidez, inercia e imprudencia. Versa además la prudencia sobre la virtud deliberativa, al igual que la fortaleza lo hace sobre el ímpetu de la iracundia, la templanza sobre el consentimiento a las pasiones, la justicia sobre todas las acciones, tanto externas como internas.
 Saulino: De la providencia, pues, quieres que influya sobre nosotros la prudencia y que ella responda en el mundo arquetípico a esta prudencia que está en el mundo físico y que procura a los mortales el escudo con que fortalecerse con ayuda de la razón contra las adversidades, con que se nos enseña a adoptar más pronta y perfecta cautela allí donde mayores dispendios nos amenazan y se hacen temer; el escudo con que los agentes inferiores se acomodan a las cosas, a los tiempos y a las ocasiones y los ánimos y las voluntades no se cambian, sino que se adaptan. Procura, en fin, el escudo con que a los bien dispuestos nada acontece súbito e imprevisto, nada temen, mas todo esperan; de nada recelan, mas de todo se guardan acordándose del pasado, ordenando el presente y previendo el futuro. Ahora, dime: ¿por qué viene a continuación la Sabiduría y está al lado de la prudencia y de la verdad?»
 [El texto pertenece a la edición en español de Ediciones Altaya, 1995, en traducción de Miguel A. Granada. ISBN: 84-487-0219-0.]

domingo, 4 de enero de 2015

"Expulsión de la bestia triunfante".- Giordano Bruno (1548-1600)


  

"Para haceros ver a ti, Júpiter, y a vosotros, dioses, que en casa del Ocio no faltan las personas doctas y letradas, ocupadas en los estudios, además de aquéllas ocupadas en los negocios de las que hemos hablado, ¿os parece a vosotros que en casa del Ocio se está ocioso en lo que a la vida contemplativa se refiere, donde no faltan gramáticos que disputar sobre qué ha sido anterior, si el nombre o el verbo, de por qué el adjetivo se pone delante y detrás del sustantivo, de por qué a la hora de hablar alguna cópula como por ejemplo et se pone delante y alguna otra como por ejemplo que se pone detrás, cómo es que la e y la d añadiéndole la lanza y partiendo la d por la mitad viene a representar fácilmente el retrato de aquel dios de Lampsaco que cometió el asinicidio por envidia o sobre quién es el autor a quien debe atribuirse legítimamente el libro de los Priapea, si el Marón mantovano o bien el sulmonés Nasón? Dejo a un lado otros muchos y hermosos motivos similares y aún más graciosos que éstos.
  Tampoco faltan allí dialécticos que investigan si Crisaorio, que fue discípulo de Porfirio, tenía la boca de oro por naturaleza o bien por reputación o solamente de nombre; si el Peri Hermeneias debe ponerse delante o bien detrás o bien delante o detrás ad libitum de las Categorías; si el individuo indefinido debe ser numerado y puesto en medio como un sexto predicable o bien figurar como escudero de la especie y caudatorio del género; si tras ser expertos en el silogismo debemos aplicarnos primeramente al estudio de los Posteriores, donde se concluye el arte del juicio, o bien pasar inmediatamente a los Tópicos, en los que se lleva a la perfección el arte inventiva; si es preciso practicar los argumentos capciosos ad usum vel ad fugam vel in abusum; si los modos que forman las proposiciones modales son cuatro o cuarenta o cuatrocientos; me callo otras mil bellas cuestiones.
  Hay allí físicos que se preguntan si puede haber ciencia de las cosas naturales, si el sujeto es ente móvil o cuerpo móvil o ente natural o cuerpo natural; si la materia tiene otro acto que el entitativo; dónde está la línea en que coinciden lo físico y lo matemático; si hay o no creación y producción de la nada; si la materia puede darse sin la forma; si varias formas sustanciales pueden estar juntas al tiempo que otras innumerables preguntas similares a éstas acerca de cosas evidentísimas son puestas en cuestión con investigaciones inútiles.
  Los metafísicos se rompen allí la cabeza a propósito del principio de individuación, a propósito del sujeto ente en cuanto ente, en torno a la prueba de que los números aritméticos y las magnitudes geométricas no son la sustancia de las cosas, acerca de las ideas sobre si es cierto que tienen el ser subsistencial por sí mismas; a propósito del ser y de la esencia; acerca del ser mismo o diferente, subjetiva y objetivamente; acerca de los accidentes iguales en número en uno o más sujetos; acerca de la equivocidad, univocidad y analogía del ente; acerca de la conjunción de las inteligencias y de los orbes estelares, si se da por modo de alma o bien por modo de motor; si en una magnitud finita puede darse una virtud infinita; sobre la unidad o pluralidad de los primeros motores; sobre la escla del progreso finito o infinito en causas subordinadas y acerca de tantas cosas semejantes que vuelven locas a tantas cogullas y extraen el jugo de la nuca a tantos protósofos".