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domingo, 26 de julio de 2026

Tractatus Logico-Philosophicus.- Ludwig Wittgenstein (1889-1951)

«1.- El mundo es todo lo que es el caso.
1.1.-El mundo es la totalidad de los hechos, no de las cosas.
1.11.-El mundo viene determinado por los hechos y por ser éstos todos los hechos.
1.12.-Porque la totalidad de los hechos determina lo que es el caso y también todo cuanto no es el caso.
1.13.-Los hechos en el espacio lógico son el mundo.
1.2.-El mundo se descompone en hechos.
1.21.-Algo puede ser el caso o no ser el caso, y todo lo demás permanecer igual.
2.-Lo que es el caso, el hecho, es el darse efectivo de estados de cosas.
2.01.-El estado de cosas es una conexión de objetos (cosas).
2.011.-Poder ser parte integrante de un estado de cosas es esencial a la cosa.
2.012.-En la lógica nada es casual: si la cosa puede ocurrir en el estado de cosas, la posibilidad del estado de cosas tiene que venir ya prejuzgada en la cosa.
2.0121.-Parecería algo así como un azar que a la cosa capaz de darse de modo efectivo por sí misma le correspondiera posteriormente un estado de cosas.
Que las cosas puedan ocurrir en estados de cosas, es algo que debe radicar ya en ellas.
(Algo lógico no puede ser meramente posible. La lógica trata de cualquier posibilidad y todas las posibilidades son sus hechos).
Al igual que no podemos en absoluto representarnos objetos espaciales fuera del espacio, ni temporales fuera del tiempo, tampoco podemos representarnos objeto alguno fuera de la posibilidad de su conexión con otros.
Si puedo representarme el objeto en la trama del estado de cosas, no puedo representármelo fuera de la posibilidad de esa trama. 
2.0122.-La cosa es independiente en la medida en que puede ocurrir en todos los posibles estados de cosas, pero esta forma de independencia es una forma de interrelación con el estado de cosas, una forma de dependencia. (Es imposible que las palabras aparezcan de dos modos diferentes, solas y en la proposición).
2.0123.-Si conozco el objeto, conozco también todas las posibilidades de su ocurrencia en estados de cosas.
(Cualquier posibilidad de este tipo debe radicar en la naturaleza del objeto).
No cabe encontrar posteriormente una nueva posibilidad.
2.01231.-Para conocer un objeto, no tengo ciertamente que conocer sus propiedades externas, pero sí debo conocer todas sus propiedades internas.
2.0124.-Dados todos los objetos, vienen dados también con ellos todos los posibles estados de cosas.
2.013.- Cualquier cosa está, por así decirlo, en un espacio de posibles estados de cosas. Puedo representarme vacío ese espacio, pero no la cosa sin el espacio.
2.0131.-El objeto espacial debe encontrarse en el espacio infinito. (El punto espacial es un lugar argumental).
La mancha en el campo visual no tiene, ciertamente, por qué ser roja, pero ha de tener un color: tiene, por así decirlo, el espacio cromático en torno suyo. El tono ha de tener una altura, el objeto del sentido del tacto una dureza, etc.
2.014.-Los objetos contienen la posibilidad de todos los estados de cosas.
2.0141.-La forma del objeto es la posibilidad de su ocurrencia en estados de cosas.
2.02.-El objeto es simple.
2.0201.-Cualquier enunciado sobre complejos puede descomponerse en un enunciado sobre sus partes integrantes y en aquellas proposiciones que describen completamente los complejos.
2.021.-Los objetos forman la sustancia del mundo. Por eso no pueden ser compuestos.
2.0211.-Si el mundo no tuviera sustancia alguna, el que una proposición tuviera sentido dependería de que otra proposición fuera verdadera.
2.0212.-Sería entonces imposible pergeñar una figura del mundo (verdadera o falsa).
2.022.- Es manifiesto que por muy diferente del real que se piense un mundo ha de tener algo en común con él -una forma-.
2.023.- Lo que constituye esta forma fija son precisamente los objetos.»

  [El texto pertenece a la edición en español de Ediciones Altaya, 1997, en traducción de Jacobo Muñoz e Isidoro Reguera, pp. 15-21. ISBN: 84-487-0119-4.]

domingo, 20 de marzo de 2022

Filosofía de la expresión.- Giorgio Colli (1917-1979)


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La apariencia

La representación como dato

  «No es posible definir la representación, su campo es demasiado vasto. El sentimiento más interior, el instante de Goethe o el éxtasis de Plotino, es ya una representación, como el pensamiento más abstracto y universal también es una representación. Desde el puro punto de vista categorial se puede asignar una esencia a la representación, que será la relación. De hecho, la representación es el único dato primitivo.
 Sólo es posible darle una denominación como “reevocación”, es decir como explicación metafísica de su significado.

El mundo es representación

 El mundo que se ofrece a nuestra mirada, lo que tocamos y lo que pensamos, es representación, como desde las antiguas Upanishad y de Parménides en adelante han comprendido todas las especulaciones penetrantes. En este punto se puede ser tajante.
 Pero el mundo es representación en tanto que está subordinado a la categoría de la relación. En efecto, la representación no tiene sustancia, es una simple relación, una conexión fluctuante entre dos términos –llamados provisionalmente sujeto y objeto- inestables, cambiantes, continuamente variables, transformándose el uno en el otro, de modo que lo que en una representación es sujeto será objeto en otra.
 Si se quiere considerar el mundo como sustancia, no en tanto que sustraído a la esfera de los datos primitivos, sino precisamente este mundo que es representación, es necesario buscar algo inmediato, de lo que el mundo indique el ser. El mundo será entonces sustancia en un sentido únicamente categorial, expresará algo oculto, sustraído a la sensación y al pensamiento.

 Goce del contemplador

 Captar la intuición, o ser atrapado por el pathos, de que el mundo en el que vivimos es una apariencia, una ilusión, con la consistencia de un sueño o, en términos sin énfasis, una representación, es una experiencia nada insólita –como estado de ánimo- en los años jóvenes, pero es decisiva cuando alcanza un grado férvido y perdurante de intensidad. No se trata de un descubrimiento de ayer: hay que retroceder casi tres mil años, cuando se busca su origen.
 Quien está afectado por este pathos tiene tendencia a la contemplación, porque intuir significa contemplar; y contemplar es distanciarse del fondo de la vida. Quien está inmerso en ella no puede sentir su ilusoriedad. Conocer es perder algo del manantial de la vida.
 Pero el goce del instante, paradójicamente, es más intenso en el conocedor. La visión instantánea de un fragmento de vida es conmovedora para quien se aleja de la vida, suspende sus impulsos de apropiación, y al hacerlo se desvanece, derramándose fuera de sí, en la imagen reconocida como ilusoria. El ahorro de la acción se traduce en adquisición de potencia: quien asiste a un espectáculo recibe fuerza.

 La vida y el fondo de la vida

 Como una niebla iridiscente que sale de oscuros pantanos o de una húmeda pradera, así es el mundo de las cosas que nosotros llamamos vida –“aspectos múltiples que abandonan y mudan los senderos tormentosos de la vida”- pero a la que seguramente es más justo designar como el velo de otra vida, como el sueño de un dios. En Grecia, esta visión adopta la figura de Fanes. Algo está oculto en lo profundo.

 Solidez de la representación

 De este modo, el mundo de las cosas no sería más que una concatenación, una estructura cognoscitiva. Frente a ello, se ha aludido al fondo de la vida, a algo oculto, pero por ahora esto es menos que una hipótesis, es una sugerencia y una sugestión. Por otra parte, este mundo de la representación sería apariencia de un mundo más consistente y concreto de lo que parece a primera vista. Aunque esta realidad manifiesta se reduzca a una trama de puras relaciones, esto no le impone un límite grosero en el sentido de que, suprimido un sujeto de conocimiento empírico o universal, quedara por ello suprimido el mundo. Si se afirma la inconsistencia del sujeto, o por lo menos que el sujeto no es un término fijo o final, ya no se podrá decir que la realidad de este mundo esté determinada tan banalmente.
 Llamamos ilusoria a esta realidad porque estamos habituados a entender por realidad verdadera a algo en sí, independiente de nosotros y por consiguiente también de nuestro conocimiento. Pero lo que tiene derecho a llamarse cabalmente realidad es únicamente esta realidad ilusoria. Al mundo oculto, si tiene sentido aludir a él, no le corresponde el atributo de la realidad, porque no le corresponde ningún atributo: los predicados pertenecen a la representación.
 Y así, el universo de la naturaleza, el cielo y las estrellas con sus presuntas leyes, el hombre y su historia, con sus pensamientos más sutiles y sus acciones más rotundas, todo ello no es otra cosa sino representación, y por tanto es lícito interpretarlo como un dato cognoscitivo. Todos los demás nombres que la acción humana puede proponer con la pretensión de desvelar algo sustancial, elemental, algo unificador del caleidoscopio de la experiencia, los nombres de idea, espíritu, voluntad, instinto, acción, potencia, no están justificados y no explican nada, revelan simplemente la intrusión de conceptos metafísicos en la interpretación de los nexos dinámicos que la representación como tal, sin ayuda trascendente o trascendental, ya posee en sí. Mirando el mundo del devenir de este modo, con expresión rigurosa y sintética, deberá decirse en general que, en tanto no se reduzca a puros términos de conocimiento y de relación representativa, no existe en ningún modo aquello que se designa con el nombre de acción.
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 ¿El sujeto como elemento común?

   Cada vez que se analiza una representación se encuentra un objeto, incluso en el ámbito de una  relación, es decir según una perspectiva, como una proyección determinada. Pero es vano buscar el punto desde el que se abre esta visión: en el momento en el que se descubre se convierte en objeto, absorbiendo en sí al viejo objeto, y una vez más el origen de la perspectiva se nos escapa.
 Si en el interior de una representación, como su contenido, todo análisis se encuentra siempre con un objeto, ¿será preciso entonces examinar las condiciones de la representación, sus conexiones, para descubrir algo del sujeto? En cualquier serie conexa de representaciones existe un doble elemento común, que siempre está fuera de la representación simple: del lado del objeto, es decir de lo que debe postularse como sustrato común a todos los diferentes objetos de la representación, deberá tratarse de un elemento que esté más acá de la serie de la representaciones; y del lado del sujeto, frente a su fuga indefinida como la de una imagen en un espejo, el elemento común a una serie de representaciones es el nexo que las une y que eventualmente vincula sus objetos simples en el interior.
 De ese modo se le reconoce al sujeto una función condicionante respecto del objeto: empíricamente, es la comunión entre las representaciones la que nos pone sobre la pista del sujeto, y psicológicamente la búsqueda está guiada por lo que era anterior y lo que será posterior, en la esfera de la memoria. El elemento común, constante, persistente, es la condición para una confrontación entre las representaciones. El sujeto más universal será algo común a la serie –o a la serie de series- de representaciones más amplia.

 La acción es una qualitas occulta

  En consecuencia, el conocimiento existe, pero no hay un portador del conocimiento. Y si no hay un portador del conocimiento, ¿cómo podría existir un portador de la acción? Por otra parte, sin portador de la acción ni siquiera es concebible una voluntad y la acción misma, sin un portador que le sea propio, es absurda. ¿Quién actuaría?
 El concepto de acción resulta así ficticio, es una abreviatura, una aproximación, un salir del paso expeditivo que asume como unidad (metafísica) lo que en términos de conocimiento –que son los únicos datos aceptables- se reduce a una serie intrincada de nexos entre representaciones.

 La ilusión del idealismo

 No es el sujeto quien crea la realidad, no es el yo quien crea el ser, ya que cada representación contiene el sujeto, o mejor lo implica, pero no está creada por el sujeto.»
  
   [El texto pertenece a la edición en español de Ediciones Siruela, 2004, en traducción de Miguel Morey, pp. 37-43. ISBN: 84-7844-270-7.]

jueves, 9 de julio de 2020

Mujeres esclavas de todos los tiempos.- Jean-Michel Deveau (1941)

Se acabó la esclavitud?
6.-Trabajo, torturas y revueltas

  «Según la definición del Código Negro (art. XLIV) las esclavas son "seres muebles y como tales entran en la comunidad". Se heredan, se compran o se venden igual que si fueran picos o arados. Comercializando así la fuerza del trabajo se definía la primera función del esclavo, quien, hombre o mujer, es ante todo un trabajador. Los propietarios así se lo hacen saber a sus intendentes y administradores cuando les escriben dándoles sus instrucciones. Las de Stanislas Foäche, un colono de El Havre, constituyen un verdadero código del trabajo en el que se ven definidas las tareas de cada sexo. La rentabilidad, cree este hombre meticuloso, pasa por el orden. Se obtiene mucho más por medio de la creación de costumbres, a las que el esclavo se habitúa sin reflexionar, que por la fuerza y la violencia. Debe "resultar de ello su propio bienestar y el interés del propietario, cosas ambas que deben ser inseparables". Para lograrlo tan sólo existe un medio: "castigar sin pasión y recompensar con discernimiento". La disciplina pasa por una jerarquía donde el mando del taller está asegurado por un esclavo llamado comendador. "Es necesario que los comendadores sean respetados y toda respuesta insolente que reciban debe ser castigada con severidad". Algunas ventajas materiales indican su posición de superioridad, tales como ropas mejores, una cabaña espaciosa y confortable, una mejor comida. Seguros de su autoridad se hacen harenes a su medida y ejercen un derecho de pernada que a los demás esclavos les cuesta mucho soportar. El barniz moralizante del Grand Siècle, añadido a la preocupación por el orden, no lo admitía. En 1664, De Tracy, lugarteniente general de América, trataba de mantener el orden: "Se ha prohibido a todos los comendadores de gente contratada y de negros pervertir a las negras so pena de recibir veinte azotes de liana por parte del maestre de las Altas Obras, la primera vez, y cuarenta la segunda, cincuenta golpes y la flor de lis marcada en la mejilla la tercera". El propio título revela ya de por sí la autoridad del personaje y es por ello por lo que no hallamos más que hombres. La historiadora Arlette Gautier no ha encontrado más que a una sola mujer en 1844, mientras que en 1792 algunos colonos comenzaban a plantearse el reclutamiento de éstas para dirigir las factorías de niños. Ellas resultarían más convenientes "tanto por su dulzura, que es el atributo de su sexo, como porque entienden más de los cuidados necesarios aún a los jóvenes". Y no sólo de los cuidados, sino también de la educación. La idea era pedir a estas mujeres que formaran esclavos obedientes y exclusivamente preocupados por los intereses de su amo. Consideradas inadecuadas para forjar una alienación semejante o víctimas de los prejuicios masculinos en materia de autoridad, lo cierto es que el proyecto quedó olvidado en el baúl de los buenos propósitos. Esta exclusión no hizo sino seguir la lógica de la sociedad que rechaza la autoridad de las mujeres. Establecido este principio, sigue habiendo una gran variedad de funciones posibles. La condición de la esclava será radicalmente distinta según el lugar que ella ocupe.
 Las más desgraciadas parten con los hombres al gran taller al que están reservados los trabajos de fuerza. Excavan canales, talan árboles, cortan cañas sin ningún miramiento hacia ellas. Los días comienzan con el canto de gallo en medio del restallar de los látigos que llaman a reunión. La salida hacia los campos se hace en filas en un orden cuasi militar. Hasta la puesta del sol bregan bajo la mirada despiadada del comendador, que no concede más que una hora u hora y media de descanso al mediodía. Wimpffen cuenta su indignación al ver "a un grupo de negros y negras, apoyados contra la tapia, o en cuclillas, esperando mientras bostezan que la mano de su amo señale la hora del trabajo con grandes azotes en sus nalgas o en sus hombros". Impresionado al principio por este látigo de mango corto, Wimpffen no ve ninguna salida en el engranaje de violencia. Los blancos parten del postulado de que "hay negros a los que es preciso pegar para que se muevan", previenen esta indolencia y "consideran el método de pegar mucho más cómodo que el de enseñar. De ahí que, una vez roto con este correctivo, resulte imposible obtener nada del negro si no es a base de rigor". Acababa de descubrir la resistencia pasiva, primera forma de rebelión opuesta a los blancos tanto por las mujeres como por los hombres.
Mujeres esclavas de todos los tiempos: Amazon.es: Deveau, Jean ... Algunas fueron trasladadas de ese infierno al del molino desde el mes de enero hasta el de junio en la temporada de la molienda, es decir, en la de la cosecha de la caña de azúcar. Hay que apresurarse porque las cañas comienzan a agriarse tres días después de haber sido cortadas. Un ir y venir incesante de los campos al molino prolonga el trabajo de día y de noche sin interrupción. Se reserva a las mujeres la trituración de las cañas entre los cilindros hidráulicos o por medio de caballos. […] Para mantener a las trabajadoras despiertas se las obligaba a fumar y a cantar. Permanecían nueve horas seguidas delante del molino, dormían sólo tres horas, y vuelta a empezar. Las lisiadas son numerosas, con dedos amputados o bien algún brazo. […]
 Las demás factorías no presentaban tanto peligro y no exigían una actividad tan sostenida. En los cafetales son ellas las que abren zanjas para plantar y llevan a cabo la recolección junto con los hombres que aseguran por sí solos el desbroce. En las plantaciones de índigo son los hombres quienes abren los hoyos y los vuelven a tapar, poniendo las mujeres únicamente el grano. En las plantaciones de caña, son ellas las que escardan y abonan la tierra. Al igual que en África, se les confiaba el cuidado del jardín y de los animales de la casa. Las de más edad vigilaban a los niños, enseñándoles un poco de catecismo y algunas oraciones. Hemos visto ya el papel de las comadronas. Éstas se encargaban a menudo del mantenimiento de la enfermería. En la hacienda Foäche, la enfermera es "inteligente, esmerada y temerosa. Sabiéndola llevar, será de una ayuda inestimable. Era antiguamente cocinera y panadera, y como todos los individuos inteligentes se ha mostrado competente en todo aquello en que ha sido empleada. No es, por suerte, vieja". Concubinas del médico si se terciaba, su situación privilegiada les confería un papel social, puesto que eventualmente podían hacerle un favor a la esclava que se tomaba un día de reposo pretextando una enfermedad imaginaria. Pero sobre todo conservaban las recetas médicas para las plantas conocidas en África y aliviaban a los verdaderos enfermos, mejor que los Diafoirus de la medicina colonial de la época. En la hacienda Fleuriau, la enfermera de la casa era asistida por una sirvienta y dos comadronas. En una palabra, las más privilegiadas tanto en la ciudad como en la selva servían a sus amos. Al vivir en su intimidad, iban mejor vestidas, estaban mejor alimentadas y llegaban a compartir un poco de afecto. Se elegía a chiquillas de seis o siete años a las que se mantenía casi una década, tras lo cual eran mandadas a las factorías. Tan sólo el ama de llaves permanecía en activo. Ésta guardaba las llaves y custodiaba las provisiones, mujer de confianza como era, en posesión de una indiscutible autoridad. La responsabilidad de la gestión cotidiana de la vivienda del amo le incumbía por completo. […] Había igualmente otras con derecho a un trato considerado, tales como las lavanderas o sobre todo las costureras, a las que se mandaba a veces a Francia para que aprendiesen su oficio y que costaban hasta cinco o seis mil libras. Cosa curiosa, una de las esclavas más privilegiadas era la que estaba encargada del gallinero de la casa, […]
 Cuando la esclava no está ya en condiciones de trabajar se le encomienda alguna pequeña tarea que le permite desempeñar una última función y justifica de este modo la comida que el amo le sigue ofreciendo. Así figuran en la lista de las propiedades uno o dos ancianos que hacen eventualmente de memoria viva para la comunidad. Algún día habrá que evaluar el papel que éstos desempeñaron en la formación de una cohesión de clase y acaso de una puesta en entredicho del sistema. En Cuba "se ponía al anciano a guardar la puerta del barracón o de la pocilga si había ganado mayor. En caso contrario, ayudaba a las mujeres en la cocina […] Ellos iban y venían, lo cual les dejaba tiempo  libre para dedicarse a la brujería. No se les castigaba y apenas sí se les prestaba atención. Lo único que se les pedía era que se mantuvieran tranquilos y obedientes". Encontramos el mismo ambiente en la hacienda Foäche, en Santo Domingo.»

   [El texto pertenece a la edición en español de Ediciones Martínez Roca, 2001, en traducción de José Ramón Monreal. ISBN: 84-270-2741-9.]

domingo, 29 de marzo de 2020

¡Divinas! Modelos, poder y mentiras.- Patricia Soley-Beltrán (1962)

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5.-Glamour, poder y silencio
 Compro, luego existo

«El universo mercantil se expande gracias a las primeras agencias de publicidad, creadas en 1870, y a la multiplicación de nuevas estrategias comerciales: desfiles, catálogos para las compras por correo en áreas rurales y pequeños pueblos, ampliación de la gama de productos, desarrollo de artículos para diferentes segmentos de edad y aparición de la obsolescencia programada. La tienda tradicional como lugar comunitario para el comercio y la socialización se sustituye paulatinamente por espacios donde se fomenta el ensueño industrial y la adquisición. El culto a la novedad ofrece un semblante de entretenimiento. Se inicia la práctica de ver escaparates como un paseo gratis por una quimera de vida fabulosa: se visitan las tiendas buscando vivir la experiencia del lujo, sin tener ninguna compra específica en mente. La profusión se diseña para tentar a la clientela. Surgen los primeros casos de cleptomanía.
 Progresivamente inmersos en esta portentosa abundancia, los objetos de consumo empiezan a cobrar vida propia. Lo regalos de Navidad se convierten en vehículos para la emoción familiar. Ágilmente, entre finales del XIX y principios del XX, se crean otras ocasiones para el regalo emocional: San Valentín, el Día de la Madre, el del Padre, etc. El precio del objeto se llega a equiparar a la intensidad del amor y el propio cortejo amoroso se torna una evaluación del potencial romántico según estándares consumistas: ¿el hombre puede proveer suficientemente? ¿Está la mujer dispuesta a premiar con favores sexuales el gasto que el hombre realiza invitándola? Se dan casos de divorcio por incapacidad del cónyuge masculino de suministrar lo que se considera necesario. La responsable de una tienda de alta joyería especializada en anillos de compromiso de diamante me ha relatado historias espeluznantes acerca de las humillaciones mutuas que las parejas se infligen al tratar de medir su amor según el tamaño de la piedra. "Eau My Gold!", exclama el eslogan de una colonia jugando con la expresión Oh, my God!, gold ("oro") y eau ("agua"). La educación de los niños y sus problemas de comportamiento han sido también progresivamente colonizados por la lógica del objeto. Al asociar los bienes de consumo con el desarrollo emocional y la guía pedagógica, la manipulación consumista entra a formar parte de la pedagogía popular hasta nuestros días, en los que el consumismo se ha generalizado como una compensación para problemas en otros aspectos de la vida.
 La carga de significado que se deposita sobre las cosas las transforma en fetiches, es decir, en objetos de culto a los que se atribuye poderes: la facultad de transmitir amor, de hacernos felices, de conquistar a alguien, de excitarnos sexualmente o de transformar mágicamente nuestras vidas. Gracias a un proceso circular, los objetos secuestran el sentido y sustituyen el mensaje del cual eran inicialmente meros vehículos. Se designa una emoción (el amor, por ejemplo) mediante una cosa (un diamante) y se toma la causa del regalo (la expresión de cariño) por su efecto (el tamaño de la piedra preciosa). La mercancía se apropia del mensaje y éste se vuelve tal sólo en relación con el producto. La lucidez de Benjamin retrató magistralmente los albores de este proceso: "La moda se opone a lo orgánico. Empareja el cuerpo vivo con el mundo inorgánico. Ante lo vivo, defiende los derechos del cadáver. El fetichismo que sucumbe al atractivo de lo inorgánico es su nervio vital. El culto a la mercancía presiona dicha fetichización en beneficio propio." Se expande así una red de significado que gira alrededor del culto al dinero y a las mercancías como ostentadores de códigos culturales.
 En este contexto, las marcas reemplazan valores compartidos, al tiempo que ofrecen códigos seguros de comportamiento ante la falta de compromiso con símbolos comunes tradicionales en un entorno globalizado y culturalmente inestable. Por sus prácticas de consumo les conoceréis: surge una comunidad estética global que se reconoce a sí misma gracias a un esperanto material. Al igual que una religión, los mandamientos para la adoración y consumo del objeto pueden incluir o excluir, pero, en cualquier caso, sus prácticas sólo pueden emerger en aquellos grupos sociales en los que el aspecto material del consumo puede subordinarse a los procesos simbólicos. El consumo es, en sí mismo, un signo de lujo que puede, sin embargo, ser usado en clave patriótica como expresión de buena ciudadanía y solidaridad económica, tal como hizo el presidente George Bush en los días posteriores al ataque a las Torres Gemelas de Nueva York.
Divinas! - Soley-Beltran, Patrícia - 978-84-339-6384-0 - Editorial ... El conformismo y la homogeneidad no sirven al capitalismo de consumo, mientras que sí lo hacen la variación permanente, el rechazo de las tradiciones, el ansia de liberación y desecato. Por esta razón, la cultura de consumo se presenta como una anticultura liberadora que rompe con las convenciones establecidas y desarrolla una antropología filosófica del capitalismo según la cual uno de los rasgos esenciales de la humanidad es su deseo de novedades, el rechazo de lo antiguo, el ansia de traspasar límites y, muy importante, la avidez, la acumulación de experiencia, bienes, dinero. Se siguen cooptando corrientes contraculturales y culturas marginales para convertirlas en estrategias comunicativas de lo novedoso como rebelión: Keith Richards, guitarra de los Rolling Stones, anuncia maletas, los raperos de los suburbios zapatillas y los presos de las cárceles estadounidenses inspiran la moda de los pantalones caídos. Se romantiza a los rebeldes, los outsiders, lo underground y la vida rockera, que se presentan como parte de un sistema de valores que favorece el hedonismo y la flexibilidad, la ruptura con las jerarquías y la transgresión. Se nos anima a asociarnos libremente, a rechazar constreñimientos de cualquier tipo: familiares, cívicos o religiosos. "Soy Dewarista", anuncia la camiseta de Quentin Tarantino publicitando una marca de whisky en España (algunas personalidades de Hollywood obtienen grandes beneficios con anuncios que no se atreverían a protagonizar en su país de origen). A saber, la máxima del "Dewarismo" como ideología es: "el sufrimiento no es la clave del éxito".
 Esta asimilación de lo contracultural se apropia perversamente de consignas y genuinas preocupaciones políticas de un modo oportunista, lo cual tiene como consecuencia la banalización de la contracultura y las reivindicaciones políticas y la despolitización del espacio público en favor del consumo como práctica hedonista. Benetton -una de las marcas fabricadas en el Rana Plaza, la factoría textil de Bangladesh que se derrumbó en 2012- tiene el cinismo de dedicar un anuncio al "Desempleado del año", aun siendo en la fecha de escritura de este ensayo una de las empresas que todavía no ha indemnizado a sus víctimas. La fallida compañía de cirugía Corporación Dermoestética se publicitaba a página completa el 8 de marzo, Día de la Mujer Trabajadora, presentando sus servicios como una recompensa al trabajo de las mujeres. La recurrente apropiación de discursos feministas críticos está de moda tanto para publicitar cigarrillos extralargos como para anunciar cremas antiedad y gimnasios u organizar un desfile simulando una manifestación de maniquís con pancartas pro igualdad de derechos. "¿Deseos de revolución? Empieza por tu cabeza", insta un producto capilar para estar "bellísima". A diferencia de la religión, en la que se guarda el cumplimiento, en moda la regla obligatoria es el placer, la irreverencia y la subversión. Para ser Revolutionary, como la marca de tejanos, se debe potenciar lo emocional, lo instintivo, lo fútil, lo lúdico. En consecuencia, se denosta la capacidad pensar, el raciocinio. "Be stupid", aconsejaba la campaña de Diesel de 2010 ilustrada con un sinfín de auténticas tonterías.
 La mirada cultural fashion lo permea todo, sin licencia ni perdón. Suprime cualquier dominio externo a ella y responde al lamento como una coacción a su libertad.»

       [El texto pertenece a la edición en español de Editorial Anagrama, 2015. ISBN: 978-84-339-6384-0.]