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domingo, 30 de julio de 2023

Quién fuera Dios.- Tibor Fischer (1959)


Tibor Fischer - The Royal Literary Fund   «Nunca ayudes a nadie. Por muy diversas razones. Primera: los diez minutos que se te van ayudando a la ancianita a cruzar la calle o aguantando el peso del piano de cola de tu vecino son diez minutos que podrías haber empleado medrando profesionalmente. Diez minutos aquí y allá son muchos minutos. La lealtad es un vicio: si un amigo está en apuros, olvídate de él. No pierdas el tiempo ofreciendo consejos, consuelo o dinero. Búscate un amigo con futuro. Amigo que te necesita, amigo que te paraliza.
 Si el amigo sale del apuro, el destino ya se encargará de que os crucéis en algún lado… nada más latoso ni que más tiempo consuma que esforzarse por animar a otro porque se le ha muerto la mujer o quiere quitarse la vida. Una tele conviene más que un amigo deprimido. En vez de desperdiciar el tiempo escuchando penas, empléalo en congraciarte con tus superiores.
 ¿La honradez? La honradez es una patraña inventada y fomentada por los que no son honrados. Cualquiera que haya probado a ser honrado sabe lo doloroso y poco rentable que resulta. Naturalmente, los sinvergüenzas la alaban y la fomentan, porque si todos fuéramos como ellos habría demasiada competencia. Tiene que haber pardillos que se dejen engañar, forman parte esencial del ciclo económico.
 En cuanto a la solidaridad, si te pagan por ejercerla pues estupendo. Lo mismo que con las obras benéficas, si trabajas para una ONG (con tus vacaciones pagadas, tu pensión y tus gastos de representación), vale. Si no, olvídate.
 Ahora mismo os lo demuestro: ¿cuántos altos cargos conocéis que sean agradables? No todos los jefazos son seres despreciables, pero sí la mayoría. Los pocos que no lo son pueden considerarse como anomalías estadísticas. Las personas dignas de admiración por lo general deambulan por el mundo sin poder ni prestigio.
 Odio a los ricos. Los ricos de toda la vida me caen mal porque no se enteran de nada; cuando les cuentas lo dura que es la vida te miran con la misma perplejidad que si te hubieras dirigido a ellos en una lengua muerta siglos atrás.
 Los que son ricos porque se han hecho ricos me caen mal porque creen, faltaría más, que su riqueza se debe a méritos propios. Como el tipo al que le toca la lotería y da en creer que ejerce dominio sobre la lotería.
 Cada uno vive en la trampa de su propia vida. “Dinero lo hace cualquiera”, decía mi único vecino rico, un hombre listo y trabajador, que había hecho fortuna restaurando casas en una época en que el precio de la vivienda tenía patidifuso a todo quisque. “El dinero no es nada”, decía mi madre, pese a haberse criado en la pobreza. Algo de razón tenía.
 Pero para un hombre no es lo mismo. Lo suyo en parte es hacer dinero. Para las mujeres hacer niños. Para los hombres hacer dinero.
 Odio a los pobres. ¿Que no tienes dinero? ¿Ni trabajo? ¿Ni perspectivas? ¿Ni ambiciones? Pues nada, hombre, traes al mundo cuatro, cinco, seis criaturas, que ya las mantendrá el dinero de los demás contribuyentes. Tú sigue arrojando criaturas a la miseria. Y el colectivo de en medio tampoco se salva, tan ridículamente ufano con su adosado con jardín.
[…]
 Esta vez soy yo quien invita a Dave a tomar una copa.
 —No soy un hombre de suerte.
 —Eso dice todo el mundo —replica Dave—. Todo el mundo cree que es un fenómeno en la cama y que no ha tenido la suerte que debiera en la vida.
 —Pero en mi caso es verdad. No digo que no tenga buena suerte en el sentido de que cada seis meses me rompa una pierna, o que llegue a casa y me la encuentre hecha pasto de las llamas y a mi familia devorada por animales salvajes. A tanto no llego. Pero sí que es verdad que la suerte me pasa de largo.
 —No te quejes. Empieza a molestarme tu falta de dignidad.
 —Está bien. Cuando quieras te lo demuestro.
Quién fuera Dios (.): Amazon.es: Fischer, Tibor: Libros Vamos al supermercado Publix y escojo dos coles. Le pido a Dave que escoja una caja de salida para mí y otra para él. Los dos tenemos ante nosotros sendos carritos. Dave pasa por caja con su col en tres minutos, yo, en cambio, no me he desplazado un centímetro, y en mi cola una señora discute empecinadamente con la cajera sobre la validez de sus cupones de descuento. Dave me hace señas para que pase a otra caja donde hay un solo carrito. La caja registradora se estropea y la cajera busca en vano al encargado para que solucione el problema. Contemplo a una madre y su hija al otro lado: la hija tendrá unos dieciocho, la madre cuarenta. Cómo nos cambia el gusto. Escojo a la madre como objeto de especulación erótica para pasar el rato. Quince minutos más tarde pago por fin mi col.
 —¿Y eso qué demuestra? —pregunta Dave con sorna.
 —Lo repetimos si quieres.
 En el McDonald’s a Dave le sirven en dos minutos treinta segundos. El chico que atiende mi cola desaparece sus buenos cinco minutos, y hasta diez minutos más tarde no me despachan mi hamburguesa. En el Sears del centro comercial de Dadeland, Dave tarda treinta y cinco segundos en adquirir una camiseta amarillo canario. Yo, veintidós minutos. Le pido a Dave que escoja él los números y compre lotería para ambos. A Dave no le toca nada, pero acierta dos números. Yo, ni uno.
 —¿Seguro que no lo estás haciendo adrede? —pregunta—. Esto se está poniendo muy interesante.
 Al día siguiente hacemos una incursión en el mundo de los juegos de azar. A mí los juegos de azar siempre me han parecido un aburrimiento (a menos que vayas perdiendo o ganando una fortuna, y ese riesgo no estoy dispuesto a correrlo). Para la mayoría de nosotros jugar consiste en perder pequeñas cantidades de dinero una y otra vez, y en circunstancias no demasiado interesantes.
 Jugamos a la ruleta. Yo apuesto al negro. Dave al rojo. Despliego fichas de dólar por toda la mesa para diversificar el riesgo. Dave apuesta con fichas de cinco dólares. Gano dos veces, pues como bien dice Dave, nadie tiene mala suerte siempre, y porque lo que está en juego no es sólo mi suerte, sino la de todos mis compañeros de mesa. Dave gana dieciséis veces.
 —Tenemos que ir con cuidado con esto —dice—. Hay que jugar a todo o nada. Baloncesto. El Miami Heat: podemos apostar por ellos la próxima vez que jueguen. Pero nada de apuestas salvajes, porque entonces tu mala suerte dejaría de ser mala suerte, se convertiría en buena suerte y no ganaríamos, si hiciéramos una apuesta a lo grande.
 Creo haberle entendido. Empezamos a apostar cada vez que hay partido. Yo voy a lo seguro, Dave se arriesga. Yo pierdo, Dave gana, cantidades módicas. Quiere ofrecerme la mitad de las ganancias, pero le digo que eso gafaría nuestras apuestas. Pasándome el diez por ciento parece que el sistema funciona. Ya tengo ingresos.»

   [El texto pertenece a la edición en español de Tusquets Editores, 2009, en traducción de Victoria Alonso Blanco, pp. 155-156 y 174-176. ISBN: 978-8483831731.]

martes, 26 de enero de 2021

Breve historia del lenguaje.- Steven Roger Fischer (1947)

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 1.-"Lenguaje" y comunicación animal

  «Los organismos que habitaron la tierra en sus etapas más tempranas desarrollaron mecanismos primitivos para intercambiar información sobre la especie, el sexo y los propósitos que los guiaban. La transmisión de estos mensajes se producía a través del medio natural más sofisticado: la comunicación química. La permanente necesidad que durante millones de años urgía a los seres a contactar con otros de la misma especie para procrear exigía métodos comunicativos cada vez más complejos. De este proceso evolutivo nació el “lenguaje”, entendido en su sentido más general.
 Los diversos lenguajes que se utilizan en la naturaleza difieren unos de otros. Cuanto más profundizamos en esta materia, mejor diferenciamos la capacidad comunicativa de cada especie, a través de definiciones cada vez más elaboradas del concepto de “lenguaje”.
 Definido en términos muy sencillos, lenguaje quiere decir “mecanismo de intercambio de información”. Bajo esta definición podemos incluir simultáneamente en el concepto de lenguaje la expresión facial, los gestos, las posturas, los silbidos, los signos manuales, la escritura, el lenguaje matemático, el lenguaje de programación (o de los ordenadores), etc. Esta definición incluye igualmente el "lenguaje” químico de las hormigas o la danza de las abejas (ahora sabemos que estos dos insectos utilizan además simultáneamente formas adicionales de expresión comunicativa).
 Y aún más: la definición reconoce como lenguaje los distintos intercambios de comunicación que se producen a través de medios bioacústicos (los sonidos emitidos por formas vivientes), en frecuencias que van más allá de la percepción humana. Por ejemplo, una persona de quince años discrimina como media tan sólo unas diez octavas, con el tono y la proximidad que se dan normalmente en una conversación; es decir, entre 30 y 18.000 herzios (ciclos por segundo). Los pájaros, las ranas, los sapos y los perros emiten sus sonidos vocales dentro de este espectro. Sin embargo, la mayoría de las demás criaturas parece que se comunican por debajo o por encima del escalón acústico que los humanos consideramos “normal”. Los infrasonidos representan las emisiones que se producen por debajo de los 30 herzios, como las que caracterizan a las ballenas rorcual, las ballenas azules, los elefantes, los cocodrilos, las olas marinas, los volcanes, los terremotos o las tormentas. El ultrasonido se produce por encima de los 18.000 herzios, frecuencia utilizada a menudo por los insectos (los habitantes más numerosos de la Tierra), los murciélagos, los delfines y las musarañas. Pero, aún así, el lenguaje traspasa los límites de la mera comunicación vocal. Entendido en términos universales, el lenguaje es el vínculo que aglutina el mundo animado y son los humanos quienes únicamente dibujan sus límites.
[…]       
 ¿Existe realmente un “lenguaje” no humano? O ¿es que estamos simplemente imponiendo el lenguaje sobre seres no humanos e interpretando quizá como lenguaje algo que realmente no lo es? Como dijo el filósofo Ludwig Wittgenstein: “Si los leones hablaran, no los entenderíamos”. La comunicación que mantienen entre sí los grandes simios cuando viven en libertad difiere notablemente de la que observamos entre estos animales y las personas en el laboratorio. La primera combina ampliamente la vocalización con el lenguaje corporal, mientras que la segunda pretende inducir a los simios en un entorno artificial a responder con símbolos o palabras propias de los humanos. Con todo, a través de buen número de controles se ha demostrado, más allá de toda duda, que aunque el medio sea artificial e inducido, estos experimentos en los que intervienen personas y animales abocan a una comunicación espontánea y creativa, es decir, al intercambio de información tangible a través de la voz o de signos. Los animales nos hablan, hablan con nosotros, de manera significativa, utilizando enlaces neuronales preexistentes.
 Con todo, la comunicación entre personas y animales no ha proporcionado apenas información sobre qué es lo que se comunican los animales unos a otros cuando viven en su entorno natural. Es posible que los primates transmitan mensajes muy complejos; pero desconocemos el contenido de la información que transmiten. Puede que las personas estemos enseñando a los loros grises africanos o a los bonobos a que se comuniquen con nosotros, pero los bonobos o los loros grises africanos no nos están enseñando a hablar como ellos.
 La ignorancia que mostrábamos los humanos sobre la mayoría de las especies animales, incluso la arrogancia con que las observábamos hasta mediados del siglo XX, fue sustituida en la segunda mitad por una confianza exagerada en la igualdad intrínseca de todos los seres, que llegó a postular que los intelectos de unos y otros eran equivalentes. Esta dialéctica irracional ha encontrado en nuestros días un equilibrio más sensato, según el cual se admite que los animales en libertad utilizan “cierto tipo de lenguaje”, que pueden ser adiestrados para comunicarse, espontánea y creativamente, con las personas y con otros animales utilizando medios artificiales o poco naturales y que el nivel de inteligencia (definida ésta en términos humanos) que alcanza este tipo de comunicación entre personas y animales puede equipararse con la que muestran los niños pequeños. Debemos aceptar, por otra parte, que comparar niveles de inteligencia entre seres no humanos quizá sea una cuestión inútil.
 No debemos pensar que la lengua que aprenden y que de manera activa utilizan estos animales distintos de nosotros resulta poco importante o efímera para ellos. En los primeros años de la década de los setenta el chimpancé Bruno aprendió ameslan; en 1982 el proyecto había concluido y Bruno fue trasladado a un laboratorio médico. En 1992, Bruno, de manera espontánea, seguía utilizando el ameslan, con lo cual los técnicos del laboratorio se animaron a aprenderlo para comunicarse con él. Otros simios han enseñando voluntariamente a sus colegas, incluso a su prole, modos de comunicación humanos que habían aprendido con anterioridad. Estos animales, una vez adquirido el lenguaje artificial, lo consideran un elemento esencial de relación social. Quizá esta valoración sea innata.
 Lo más importante de todo esto es que el estudio de la comunicación animal y del “lenguaje” en general nos permite plantear hipótesis más inteligentes sobre la evolución que ha seguido el lenguaje humano. No es casual que los animales que parecen estar más próximos al “lenguaje”, tal y como nosotros lo concebimos, aunque la vocalización únicamente se consiga a través de medios electrónicos, sean también los que están genéticamente más emparentados con el género humano. El concepto que la humanidad tiene de lo que representa el lenguaje es necesariamente antropocéntrico. Lo que buscamos en los animales no es el lenguaje; es el lenguaje humano. Desde el momento en que diseñamos procedimientos para obtener lenguaje de nuestros compañeros de viaje, nos solemos limitar a ingenios humanos. La mayoría de las investigaciones que se llevan a cabo sobre el lenguaje entre personas y animales, hasta los más objetivos, crean un medio artificial, centrado en lo humano, que tiene poco que ver con las lenguas naturales. En este sentido es admirable contar con investigadores de la talla de Patterson y Savage-Rumbaugh; para ellos el contenido semántico de las miradas, los gestos, las posturas y la orientación de los grandes simios representan “modos de comunicación” que, también en el laboratorio, deben recibir la misma importancia que la capacidad de estos seres de emitir frases o de utilizar el teclado.
Resultado de imagen de steven roger fischer ¿Qué es lo que hace únicos a los seres humanos? Ya no podemos identificarnos como especie capaz de crear herramientas. Tampoco parece que ostentemos la patente del lenguaje. Puede que los seres humanos seamos sencillamente los animales que han desarrollado una forma de “comunicación más compleja” y la que ha producido unos beneficios hasta ahora insólitos a quienes la generaron.
 Para concluir con una definición lo más precisa posible, diremos que el lenguaje es el medio a través del cual se transmiten pensamientos complejos utilizando símbolos arbitrarios –enunciados gramaticales o su expresión gráfica- con una sintaxis significativa. Aunque la humanidad haya creído hasta ahora que tal definición se ajustaba únicamente al homo sapiens, los resultados de los experimentos que se han realizado recientemente con personas y animales van forzando a que reconsideremos estos supuestos ancestrales.
 Probablemente lo mejor sea considerar que nuestros colegas animales son gestores, muy similares a nosotros, que intentan conseguir a través de distintos métodos comunicativos que otras criaturas les obedezcan en cosas que beneficien al individuo, al grupo y a la especie. Este juego entre la gestión y la valoración podría explicar el desarrollo de la comunicación animal en general: en la naturaleza lo que realmente importa para sobrevivir y crecer no es lo que se dice, sino lo que se consigue, a través del comportamiento comunicativo. En este proceso cada vez más elaborado de gestión y valoración, aparece la comunicación a través de un lenguaje oral, que no sólo sirve de base a la interacción entre los distintos miembros del grupo, sino de vehículo al pensamiento complejo, al menos en términos comparativos. Y esto parece que sólo surge de manera natural en una familia.
 La de los homínidos.»
 
      [El texto pertenece a la edición en español de Alianza Editorial, 2003, en traducción de Paloma Tejada Caller, pp. 11-12 y 40-44. ISBN: 84-206-5501-5]
 

viernes, 22 de julio de 2016

"La necesidad del arte".- Ernst Fischer (1899-1972)


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Capítulo 5: La pérdida y el descubrimiento de la realidad
El arte y las masas

 "Los esfuerzos de la literatura y del arte socialistas para descubrir nuevas realidades sociales fueron temporalmente frenados por la burocracia e incluso hoy todavía estos esfuerzos pueden chocar con una oposición burocrática. Las dificultades de la época de transición por la que pasamos actualmente obedecen a causas más profundas, sin embargo, que la simple interferencia burocrática. La tarea decisiva de la literatura y del arte socialista contemporáneos -la representación de la nueva realidad con medios de expresión apropiados- está íntimamente ligada a otro problema contemporáneo: la entrada de millones de hombres en la vida cultural.
 En la época en que Goethe escribía Faust, el noventa por ciento de los habitantes del Gran Ducado de Weimar eran analfabetos. El arte y la literatura eran un privilegio de una minoría muy reducida. La sociedad industrial, en cambio, tiene necesidad de personas que sepan leer y escribir. Los conocimientos y, con ellos, la necesidad de más conocimientos, han aumentado al mismo tiempo que la industria: "Una de las funciones más importantes del arte -escribía Walter Benjamín- ha sido siempre crear una demanda para la cual todavía no ha sonado la hora de la satisfacción total."
 André Breton decía: "Una obra de arte sólo tiene valor si en ella vibra el futuro." Pero, aparte de esta anticipación del futuro por la "vanguardia", existe la necesidad de reconquistar el terreno perdido, que toma esencialmente la forma de una necesidad de distracciones. Aprovechar esta demanda es el objetivo esencial de los productores y distribuidores del "arte de masas" en el mundo capitalista. Las inmensas posibilidades de la reproducción mecánica permiten distribuir buenos libros en escala masiva, reproducir buenos cuadros en gran cantidad, "poner en conserva" buenas obras musicales y proyectar buenas películas ante millones de espectadores. Pero el mundo capitalista ha descubierto grandes posibilidades de beneficios produciendo estupefacientes artísticos. El productor de estos estupefacientes parte del supuesto de que la mayoría de los consumidores son trogloditas y de que debe satisfacer sus instintos bárbaros. A partir de este supuesto, suscita efectivamente estos instintos, los mantiene despiertos y los estimula sistemáticamente. La visión de ensueño se comercializa: la muchacha pobre se casa con el millonario; el joven humilde supera con la fuerza bruta todos los obstáculos y vence a todos sus adversarios en  un mundo hostil y complejo. El tema del cuento de hadas es actualizado y lanzado al mercado. Y todo esto en un época en que los escritores y artistas luchan contra los clisés y buscan dolorosamente los medios de reproducir una nueva realidad.
 Este divorcio es inquietante: por un lado, la necesaria búsqueda de nuevos medios para expresar nuevas realidades, la conciencia de que "nuestros medios artísticos se han agotado; estamos cansados de ellos y buscamos nuevas vías" (Thomas Mann); por otro lado, masas humanas para las cuales incluso el arte antiguo es algo absolutamente nuevo y que todavía deben aprender a distinguir lo bueno de lo malo; su gusto no ha sido formado todavía y está por crear su facultad de apreciación de la calidad. En la novela Doktor Faustus de Thomas Mann, el compositor Adrian Leverkühn cree que todo el arte debe ser liberado "de su soledad frente a una minoría educada llamada 'el público', pues esta minoría dejará pronto de existir, no existe ya y entonces el arte se quedará solo, solo hasta la muerte, a menos que encuentre el camino del 'pueblo' o, para decirlo en otros términos menos románticos, de los seres humanos". Si esto se produjese el arte "se consideraría nuevamente como el servidor de una comunidad, de una comunidad unificada por algo más que la instrucción, una comunidad que no tendría cultura sino que sería, quizá, cultura... un arte íntimamente ligado a la humanidad."
 En la Unión Soviética se asiste a un intenso esfuerzo en este sentido. En la sociedad burguesa moderna, el arte se considera como una especie de fantasía, de distracción, indigno de la atención o la política. El mundo socialista toma el arte en serio".  

martes, 17 de noviembre de 2015

"Filosofía a mano armada".- Tibor Fischer (1959)


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El Universo y yo
 
 "Con todo, nueve de cada diez veces los representantes del Cielo pueden tomar a los muchachos de la Razón cuando llega el momento de aislar la mente, y hacer pruebas contra el miedo, pruebas contra las pruebas. Admitamos que Dios elige encarnarse en el año 0 d.C. en una familia de carpinteros de Judea, o que pasar información a unos comerciantes de camellos no es más absurdo que las bromas subatómicas de los bosones z.
 Desde el descubrimiento de la civilización, cuando la gente perdió los sabañones de la edad de hielo y una vez descortezado el lenguaje refinado durante la era holocénica, ¿qué zeta está sucediendo y qué podemos hacer al respecto?
 ¿Somos algo más que trucos del polvo? ¿Primates de primera? Quiero decir que el universo parece ser una espantosa montaña de problemas para tratarse de una broma pesada.
 Y nosotros, los jockeys de las ideas, ¿qué podemos ofrecer de todo nuestro largo exprimir de conceptos? Son los productos derivados de la filosofía, la matemática, la astronomía y la biología los que han cubierto algún terreno, los que han proporcionado cierto bienestar. La sabiduría nunca ha sido capaz de extenderse más allá del lapso de tiempo de una vida. Los hechos actúan como bolas de nieve. Tenemos 1083. De acuerdo con los que llenan las bañeras, ése es el número de electrones en el universo. Supongamos que estén equivocados, elevemos la cifra a 10100. Un googol. ¿Puede el negocio producir una figura, un garabato tan poderoso, tan abarcador como ése? Tan verdadero. Tan bien formado. Pero tenemos más cómos de los que sabemos usar; nuestras colonias de porqués persisten vacías. Y si Zubiri tiene razón al afirmar que los profesionales de la física, los diseccionadores del pescado y los promotores de partículas nos dejan metafísicamente sedientos, no puedo coincidir con él cuando afirma que los refrescos los proporciona el negocio.
 Se me ha pagado para examinar todo esto, a diferencia de aquéllos que hurgan en el forro del mundo después de la desgracia, la pérdida, el fracaso. Me alegro de que nadie esté en posición de pedir que le devuelvan el dinero. No tengo mucho que mostrar: una pila de libros, el más viejo de los tópicos: ¿qué estamos haciendo aquí? Pero lo cierto es que los tópicos suelen ser verdades de las que estamos aburridos.
 Uno puede luchar con eso hasta que su mente explota; es como tratar de levantar un balde dentro del cual uno está de pie.
 Descubrimos.
 Estoy sentado en este bar lleno de gente desgraciada, que se comporta como si fuera feliz. Afirmará que este momento es tan fuerte que podría cansar a la eternidad. La gente me dice que no lo haría. Quizá todo sea un gran truco. Quizá, de pronto, todo el mundo se volverá hacia mí y dirá: ¡sorpresa, Eddie! Sólo estamos bromeando sobre tu condición de mortal. Sólo estamos poniendo una venda en los ojos de tu inmortalidad. [...]

Los diez peores

 1.-La receta de Johannes Van Helmont para hacer un ratón. (Admiro la modestia de la escala.)
 2.-La noción de Fourier de que en la nueva era de la justicia los mares se convertirán en naranjada.
 3.-La condena que hizo Voltaire de Buffon (convirtiéndose él mismo en un bufón, por lo tanto) argumentando éste que las conchas de mar descubiertas sobre las montañas fueron dejadas allí por los que iban de picnic y no por las lluvias antediluvianas.
 4.-Aristóteles y su idea de que el pecho es el asiento del intelecto.
 5.-Los árboles anatíferos de Duret.
 6.-La receta del alquimista Paracelso para hacer crecer a un hombre. (Coges un zapallo, lo dejas que se pudra, y obtienes tu homúnculo.)
 7.-Gorgias el supersofista declara que nada existe y luego se erige a sí mismo una estatua en oro.
 8.-Condorcet: Esquisse d'un tableau historique des progrés de l'esprit humain (1794). Su novísima idea de la décima época (1789-), la abolición de la estupidez. (Ya casi llegamos, está justo a la vuelta de la esquina.)
 9.-El Projet de paix perpétuelle de Saint-Pierre (1713). No más guerras en Europa. (El cheque está en el correo.)
 10.-La vida: solitaria, pobre, espantosa, brutal y corta. No. Algunas veces el cheque está en el correo. La vida no fue así para Hobbes; anduvo a tortas con Galileo, Descartes, Harvey. Tuvo una linda pensión. Llegó a vivir noventa y un años. De hecho, si hay algo que puede decirse en favor de la filosofía es que parece promover la longevidad.
 ¿Con cuáles de nuestras creencias o prácticas se van a partir de risa en el futuro? Quizás el futuro no dé oportunidad. Quizá nosotros no le demos oportunidad al futuro. Tenemos a la vista una estupenda catástrofe. Para todas las palizas que ha recibido, este siglo ha sido bastante generoso con un montón de gente. La primera mitad fue belicosa, pero mientras hay montones de guerras, desastres, enfermedades, zadrugas dedicados a descuartizar zadrugas (las disputas más crueles siempre se producen entre aquellos que resultan imposibles distinguir para los de fuera), los gorgojos del mal en cualquiera de sus innumerables formas se hacen más populares en los países que carecen de restaurantes franceses de nota, y por lo tanto no tienen mucho peso; las cosas se han aligerado en el frente del apocalipsis, lo cual es siempre una mala señal. Oliuqnart odaisamed átse odot, atsug em on. [...]
Nunca es demasiado temprano para almorzar
 ¿Qué otra cosa podíamos hacer más que volver luego al restaurante de pescados? Si funciona una vez, hazlo otra vez y otra vez. Y otra vez, hasta que te veas obligado a pensar.
 Wilbur se mostraba enérgicamente hostil a todo tipo de rutina o modelo. Solía caminar hasta la facultad cada día por una ruta diferente (por fidelidad a tal programa se vio obligado a desvíos de media hora para cubrir una distancia de cinco o diez minutos hasta el collége). "La mente está lista para quedarse ciega en cualquier momento." Se negaba a enseñar dos veces la misma lección, lo que causaba miedo y consternación en el comercio de ideas, no fuera a ser que su política se convirtiera en un precedente o costumbre no muy bien recibida. Cada año se mudaba de casa y, además de pasarse todo el tiempo metiendo y sacando libros de las cajas, siempre estaba estudiando idiomas nuevos, aficiones nuevas. "La mente cuelga los guantes en cuanto se le da media oportunidad. Si es fácil, no tiene sentido hacerlo." Para mí, ser un ser ya es bastante agotador.
 Tuve un instante de elevación y medité introspectivamente acerca de tantos otros grupos de deshonestidad y perjuicio que eluden la atención policial: agentes inmobiliarios, políticos, albañiles, presidentes de organizaciones internacionales, dentistas: los sospechosos más obvios. Es indudable que, por ejemplo, si reunidos en una pradera se acordonara a todos los vendedores de autos usados y se los ametrallara debidamente, el mundo sería un lugar más habitable. Una conducta como ésa está relativamente mal vista en los círculos académicos, pero no deja de ser un mejoramiento de lo más efectivo si uno ametralla a la gente apropiada.
 El robo de bancos, si se lleva adelante filosóficamente, no hace daño a nadie. Emocionamos. Entretenemos. Estimulamos la economía. Aceleramos los corazones. Provocamos pensamiento. Y además incuestionablemente, es una mera ilusión. Uno se lleva el dinero, pero ¿dónde va a parar? A un banco. Como el agua, el dinero está atrapado en un ciclo, se mueve de banco en banco. Sólo lo sacamos fuera para que le dé un poco el aire fresco".