domingo, 22 de octubre de 2017

"La burrita «Non»".- José María Sánchez-Silva (1911-2002)


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«Y así habló el principal:
 -Pues en vista de todo el bien que has hecho y de todo el mal con que te han pagado, aquí te quedarás con tus hermanos y con nosotros para siempre, y ahora irás a ver la isla y luego elegirás un asno de tu edad para esposo. Y sé muy bien venida entre nosotros, amén.
 Y todos los animales, que habían guardado silencio respetuoso mientras el principal hablara, se vinieron hacia ella con grandes muestras de contento, aplaudiendo a su manera y tirándole besos y haciéndole cariños y arrumacos, hasta que don Ángel puso orden y le dijo:
-Vente ahora conmigo y te presentaré a todos y tú serás presentada como verdadera y única burrita "Non", que es lo que eres.
 Y los animales comentaban entre ellos el nombre nuevo de su hermanilla recién llegada. Comenzaron a caminar y la burrita fue siendo presentada a los otros animales. Todos eran conocidos, porque sus títulos sonaban desde antiguo, no sólo en su corazón y en el de todos los otros animales vivos de la tierra, sino también en el de los hombres, las mujeres y los niños.
 Y estaban allí, con todos los fabulosos primates de la Creación, a los cuales Adán bautizara uno por uno, también los del Arca de Noé con la paloma y los del Antiguo Testamento con la ballena de Jonás en el agua y los leones de Daniel en tierra y el corderillo de Abraham y el gran pez de Tobías y la burra de Balaam, que la saludó muy alegre. Vio al gallo de la Pasión, al caballo de San Pablo, al cuervo de San Benito, al ciervo de San Humberto y a todas las bestezuelas de San Francisco de Asís y también los peces de San Antonio de Padua asomaban sus cabecitas a la orilla del agua, y pastaban los bueyes de San Isidro y nadaba el pez de San Blas y hasta labraba el perro de San Roque, que sí tenía rabo y nadie se lo había cortado.
 Y vio después, siempre con don Ángel, a la cierva de Sertorio y a la de Genoveva de Brabante y al caballo "Incitatus", que fue deshonrado por Calígula con el cargo de cónsul; y también saludó al perro sin cola de Alcibíades, al león de Androcles y a "Argos", el perro de Ulises, que murió de alegría al reconocer a su amo viéndole tantos años después; y al lobo de Caperucita Roja y a un gran grupo de perros, entre los cuales está "Barry", el San Bernardo que salvó cuarenta vidas humanas, y "Gachiko", el perrillo japonés que esperó a su amo durante siete años saliendo a buscarle cada día a la estación, sin saber que se había muerto en otra ciudad...
 Se pasmaba mucho la burrita "Non" y entonces vio, que se lo señalaba don Ángel, un grupo de animales diferentes entre los cuales estaban, con el Patito Feo, las golondrinas de Bécquer y el toro "Civilón", de Covaleda, que fue indultado en el ruedo de la plaza de Barcelona y murió en paz de viejo, cerca de su ama Carmencita.
 Entraban en una sombreada y fresca parte por donde andaban caballos y asnos en fraternal camaradería, con algunos mulos también, y estaban allí el famoso caballo "Bucéfalo" y el de Atila, bajo cuyas patas no crecía la hierba según dijeron y sí creció, y también "Babieca" del Cid y el caballo de Fernán González, con el azor muy tieso a la grupa, y casi todos los caballos españoles del Descubrimiento y la Conquista de América, y en seguida venían los casi doscientos pollinos que cita la Biblia, alrededor de los asnillos de Belén, de Egipto y de Jerusalén, que ella sabía por su madre, y no lejos andaba "Rocinante" de Don Quijote con el asno de Sancho Panza, que era llano y simpático si los hay.
 Era allí mismo donde gustaban de estar, entre borricos, otros animales muy conocidos como "Crin Blanca", el caballo que se fue al mar con su amigo niño y no volvió, o Bambi y el pato, el perro, el ratón, el elefante y tantos más de Walt Disney, aunque de verdad y no pintados.
 Conque parecía que todo había acabado, cuando don Ángel miró mucho a la burrita y le dijo:
 -Adrede no te he presentado a un burrito para que tú lo reconozcas, si puedes.
 Y mandándole salir del grupo en que se hallaba, allá salió un guapo burro y "Non", al verlo, se puso colorada, pero no supo decir quién era. Y entonces don Ángel dijo:
 -Pues es el español "Platero".
 Y "Platero" saludó y la burrita lo miró mucho y entonces don Ángel dijo:
 -Con que, como está soltero, podrías elegirlo por marido...
 Y la burrita no sabía qué decir de tan avergonzada como estaba, pero su corazón le cantaba caliente, alegre y saltando en el pecho, y sólo dijo:
 -Como yo soy española y andaluza también...
 Con lo cual "Platero" avanzó hacia ella tan contento y, mientras don Ángel y los animalillos de Dios se reían, los dos borricos se alejaron trotando hacia el alto bosque de árboles de sombra. Y "Platero" dijo, encantado:
 -¡Y podremos tener burritos!
 Y soltó un alegre rebuzno.
 Y entonces la burrita "Non", que caminaba junto a "Platero" su prometido, pensaba que toda ella se llenaría pronto de blanca y dulce leche, como mamá "Corza" y podría criar sanos y fuertes a sus burritos y aún, con la que le sobrase, aliviar por los inviernos la tos de los pastores fumadores, cuando una odiosa voz resonó poderosamente sobre el gran cielo y pareció nublarlo. Decía con ira:
 -¡Arre, "Chula"!
 La burrita "Non" prestó atención con doloroso sobresalto y pensó rápidamente en cómo aquella astrosa voz podría estar sonando allí, tan cerca del bello Prometido. Conque abrió los ojos y se vio en el suelo de la calle, chorreando sudor, agua y sangre entre la gente. [...] Todavía duraba en su cabeza el eco del arrechula cruel del trapero Jenaro, cuando lo vio a su lado con la vara en alto, gritando:
 -¡Upa, "Chula", que creí que te habías muerto!
[...] Y al fin echó a andar la burra con el carro y, recordando lo visto y oído hacía tan poco en otro mundo muchísimo mejor que éste, sintió el corazón azotado por una oleada de pena y pensó en todos  los animales y en todos los hombres al mismo tiempo, mientras subía la cuesta y una baba espesa le colgaba del belfo por el esfuerzo.»
 

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