viernes, 15 de enero de 2016

"El amante".- Harold Pinter (1930-2008)


Resultado de imagen de harold pinter 
 Richard: Oye... Por cierto.
 Sarah: ¿Mmmmm?
 Richard: Te quiero hacer una pregunta.
 Sarah: Dime.
 Richard: ¿Se te ha ocurrido alguna vez pensar que mientras pasas la tarde siéndome infiel, yo estoy sentado en mi oficina, trabajando?
 Sarah: Qué pregunta tan rara.
 Richard: No. Tengo curiosidad.
 Sarah:  Nunca me has preguntado una cosa así.
 Richard: Pues había querido preguntártelo muchas veces. (Corta pausa)
 Sarah: Claro que he pensado.
 Richard: ¡Ah! ¿Has pensado?
 Sarah: Mmmmm. (Corta pausa)
 Richard: ¿Y cuál es tu actitud respecto a eso?
 Sarah: Lo vuelve todo... más picante.
 Richard: ¿De verdad?
 Sarah: Pues claro.
 Richard: ¿Quieres decir que mientras estás con él me imaginas haciendo gráficos y leyendo balances?
 Sarah: Bueno... sólo en ciertos momentos.
 Richard: Claro.
 Sarah: No todo el tiempo.
 Richard: ¡Es natural!
 Sarah: En determinados momentos.
 Richard: Claro, claro. Pero, en fin. ¿No me olvidas del todo?
 Sarah: De ninguna manera.
 Richard: Debo decir que es muy conmovedor. (Pausa)
 Sarah: ¿Cómo iba a olvidarte?
 Richard: No me parece tan difícil.
 Sarah: Estoy en tu casa.
 Richard: Sí, pero con otro.
 Sarah: Pero a quien quiero es a ti.
 Richard: ¿Cómo dices?
 Sarah: A quien quiero es a ti. [...]
 Richard: ¿O sea, que esta tarde pensaste en mí trabajando en mi oficina?
 Sarah: Desde luego. Aunque no fue una imagen muy clara.
 Richard: ¡Ah! ¿Y por qué no?
 Sarah: Porque sabía que no estabas en tu oficina. Sabía que estabas con tu amiga. (Pausa)
 Richard: ¿Estaba? [...] ¿Qué amiga?
 Sarah: ¡Por favor, Richard!
 Richard: Es simplemente la palabra lo que me choca.
 Sarah: La palabra. ¿Por qué? Yo soy completamente sincera contigo. ¿Por qué no puedes serlo tú conmigo?
 Richard: Pero es que no tengo una amiga. Conozco perfectamente bien a una prostituta. Hay un mundo de diferencia.
 Sarah: Pero admites... Tienes que admitir... que tienes...
 Richard: No hay nada que admitir. Es una completa y perfecta prostituta de la que no vale la pena hablar. Una fulana a la que se visita entre dos trenes. [...]
 Sarah: Debo decir que no esperaba que lo admitieras tan fácilmente.
 Richard: Nunca me lo habías preguntado. La franqueza ante todo. Es esencial para la salud del matrimonio. ¿No estás conforme?
 Sarah: Naturalmente.
 Richard: ¿Estás conforme?
 Sarah: Claro que sí.
 Richard: ¿Tú eres completamente franca conmigo?
 Sarah: Completamente".

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Realiza tu comentario: