martes, 26 de enero de 2016

"La segunda guerra mundial".- Winston Churchill (1874-1965)


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Prólogo

 "En esta obra he adoptado, dentro de lo posible, el sistema que empleara Defoe en sus "Memorias de un caballero", en las que el autor teje el relato y el examen de grandes acontecimientos militares y políticos, sobre el cañamazo de las experiencias personales de un individuo. Yo soy quizá el único hombre que ha conocido los dos máximos cataclismos de la Historia desde los altos puestos de mando. Y si bien es cierto que en la primera guerra mundial desempeñé cargos de responsabilidad aunque de carácter subalterno, durante la segunda gran contienda con Alemania fui por espacio de más de cinco años jefe del Gobierno de Su Majestad. Ahora escribo, por consiguiente, desde un punto de vista diferente, y con mayor autoridad de lo que me fue posible hacerlo en mis anteriores libros.
 Casi todo mi trabajo oficial lo despaché dictando a los secretarios. De este modo expedí, durante la época en que fui primer ministro, informes, disposiciones, telegramas personales y minutas que forman un total aproximado de un millón de palabras. Tales documentos, formulados día tras día bajo la presión de los hechos y con los elementos de juicio disponibles en el momento de redactarlos, han de mostrar, sin duda, muchas deficiencias al ser examinados aisladamente. Agrupados dan, empero, una idea clara de los tremendos acontecimientos, tal como los veía en el momento de producirse, quien tenía sobre sus hombros la responsabilidad principal de las decisiones relativas a la guerra y a la política del Imperio británico y de los Dominios.
 Dudo que exista o haya existido jamás semejante dietario, por decirlo así, de la dirección de la guerra y la administración pública. No pretendo darle el nombre de historia, porque esto incumbe a otra generación. Pero sí me atrevo a afirmar que es una contribución a la historia que habrá de prestar un servicio a los hombres de mañana.
 Estos treinta años de actuación abarcan y expresan el esfuerzo intenso de mi vida, y me ilusiona la idea de que se me juzgue a través de ellos. Me he mantenido fiel a mi norma de no criticar nunca "a posteriori" ninguna medida de guerra o de política, a menos que con anterioridad hubiese yo expuesto, pública o formalmente, mi opinión o advertencia sobre el particular. Desde luego, a la luz de la realidad subsiguiente, he suavizado muchos de los rigores de la controversia contemporánea.
 Me ha dolido tener que dar cuenta de semejantes desacuerdos con muchas personas a quienes quise o respeté; pero sería grave error no exponer a la consideración del futuro las lecciones del pasado. Que nadie menosprecie a los hombres dignos y bienintencionados cuyos actos se reseñan en estas páginas, sin antes hacer examen de la propia conciencia, sin pasar revista a la forma en que ha cumplido sus deberes públicos y sin aplicar las enseñanzas del pasado a su conducta futura.
 No pretendo en modo alguno que todo el mundo esté conforme con lo que digo y mucho menos aún que goce del favor popular lo que estoy escribiendo. Me limito a aportar mi testimonio de acuerdo con los elementos de que dispongo. He tomado todas las precauciones posibles para comprobar cada uno de los hechos que cito. Con todo, la publicación de los documentos requisados u otro género de revelaciones, hacen salir constantemente a la luz muchas cosas que pueden dar un aspecto distinto a las conclusiones por mí formuladas. Por esto es de suma importancia conocer las auténticas notas contemporáneas de los hechos y las opiniones expresadas, cuando todo eran tinieblas.
 Cierto día el presidente Roosevelt me dijo que estaba solicitando públicamente sugestiones acerca de cómo debería llamarse la segunda gran conflagración mundial. Yo le respondí sin titubear: "La Guerra Innecesaria". Nunca ha habido una guerra más fácil de evitar que ésta que acaba de hacer naufragar las cosas que en el mundo dejara a flote la contienda anterior.
 La inmensa tragedia humana llega a su culminación con el hecho de que después de todos los esfuerzos y sacrificios de cientos de millones de seres y tras las dos victorias sucesivas de la causa justa, no hemos encontrado aún la Paz o la Seguridad y nos hallamos, por el contrario, bajo la amenaza de peligros todavía mayores que los que hemos superado".  

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