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domingo, 7 de mayo de 2023

Antropología de la pornografía.- Bernard Arcand (1945-2009)


Bernard Arcand - Alchetron, The Free Social Encyclopedia
Capítulo 2: Los debates

Las razones de la rabia

 «Los ejemplos podrían ser multiplicados, pero no dirían mejor hasta qué punto ciertas mujeres se sienten profundamente turbadas por la pornografía. La miseria y el horror no faltan sin embargo en el mundo, pero raramente se encuentran términos tan duros para describir una rabia tan entera. A tal punto que los debates se enconan y los intercambios de ideas se vuelven prácticamente imposibles. Muchos otros aspectos de la condición de las mujeres, desde el salario desigual hasta la amenaza de violación, son considerados no sólo como indisociables sino literalmente como equivalentes de la pornografía. Incluso hasta el momento en que, tal como lo reconocía Bonnie Klein, toda demostración empírica y toda verificación se vuelven inútiles. Y si otras mujeres se disocian de esta posición se las acusará simplemente de no ser "verdaderas mujeres". Se llega a hacer creer que nada es más horrible que la pornografía.
 Esta actitud radical no es el fruto del azar. Las críticas más acerbas evocan muy fácilmente la ingenuidad y la estrechez de un espíritu obsesivo. Y tampoco es el efecto habitual de segmentación interna, que tan a menudo afecta a los movimientos sociales reivindicadores y que hace nacer peleas a veces feroces entre sectas de la ortodoxia política o religiosa (pensamos evidentemente en los primeros cristianos, pero también en los principios del psicoanálisis, sin hablar de los cismas en los monárquicos en Francia). Más bien hay que preguntarse si esta cólera no depende del descubrimiento de que todo el debate sobre la pornografía toca algo esencial. La pornografía misma era tal vez insignificante, pero es como tomar conciencia de que su apuesta era fundamental.
 En primer lugar no hay que olvidar que el movimiento feminista apuntó mucho a una revalorización radical de la sexualidad. Debido a que habían sido reducidas durante tanto tiempo a su sexo, las mujeres debían necesariamente pasar por una liberación sexual y definirse como seres dotados de una sexualidad propia y retomar el control de su cuerpo con el objeto de ya no ser sometidas a las voluntades libidinosas y reproductoras de los machos. Resultaba urgente denunciar el modelo tradicional de la sexualidad femenina que era violento contra las mujeres.
 Luego de lo cual había que explorar las soluciones. Y es muy precisamente lo que proponía la pornografía: una subversión de la ideología conservadora del amor romántico y de la monogamia heterosexual que había encajonado siempre a las mujeres en el rol de madres y de domésticas. Como lo mostró Ángela Cárter y otras después de ella, los primeros modelos de mujeres liberadas de la literatura europea fueron Fanny Hill de John Cleland y Juliette de Sade; mujeres que por fin se desprenden de la sexualidad exclusivamente procreadora y que son la figura de heroínas al utilizar egoístamente su sexo para su provecho y con el objeto de asegurar su propio éxito social; mujeres inteligentes que renuncian al matrimonio, al amor y, sobre todo, a la maternidad y que consiguen en su carrera, a golpes de trampa, de cinismo y de maldad, lo que hace de ellas iguales a cualquier hombre; en una palabra, mujeres que ya no son la copa de los hombres sino que, por el contrario, dan la prueba de un talento considerable para la manipulación. Así, el modelo de la sexualidad femenina dominante de la pornografía moderna ofrece una contestación radical al modelo antiguo y una respuesta al cuestionamiento feminista: allí se presentan mujeres que no demuestran ninguna molestia en hablar del sexo y ninguna vergüenza de su cuerpo, que viven plenamente su sexualidad siendo activas al punto de volverse agresivas y transformarse en violadoras de hombres, que se permiten todo, que no se traban ante ninguna exclusividad sexual, que no tienen ninguna necesidad de vínculo sentimental y que parecen no tener ningún temor al embarazo. En este sentido, pornografía y feminismo tienen de hecho un mismo discurso: terminada la era de las víctimas pasivas, es tiempo de que el sexo de las mujeres se afirme.
 Salvo que la pornografía goza de una cabeza de ventaja ofreciendo una solución ya lista. No sólo ella repite como el feminismo que son las mujeres quienes son interesantes, sino que desde hace mucho tiempo dice que hay que abandonar toda reserva opresora para explorar y expresar el conjunto de la sexualidad humana, intentar todas las combinaciones, todas las perversiones imaginables, incluso llegada la oportunidad, intentar las experiencias más inquietantes. Mientras que el movimiento femenino duda en hacer su cama entre un conjunto de respuestas complejas y muy a menudo paradójicas.
 Pues el cuestionamiento del modelo antiguo descansa necesariamente en un juicio moral, el cual explica sólo por qué el modelo era malo, mientras que al mismo tiempo transpone y retoma sus mismas contradicciones. Muriel Dimen da un ejemplo de ello al señalar la ambigüedad que persiste en declarar como políticamente aceptable el rechazo a ser un objeto sexual y por lo tanto ya no tener que preocuparse por su apariencia física; y, al mismo tiempo y a todo precio, querer seducir con el objeto de ya no ser definido como un ser que no tiene derecho al apetito sexual, con el fin de tener la posibilidad de explorar todas las formas de esta libertad nueva. Querer abolir la pornografía pero preservar el espectáculo. Para Gayle Rubin, este debate en torno a la pornografía ha llevado al feminismo moderno a sus límites, provocando el impacto de dos tendencias que parecen inconciliables. La primera insiste en la importancia de liberar la sexualidad femenina y tiende a minimizar la significación de la pornografía; por ejemplo, Liza Orlando aprecia ver erigidas en modelos a mujeres que exigen su derecho al placer y que lo toman tal como les gusta, contradiciendo con ello todo lo que toda chica bien educada debería saber; Paula Webster propone dejarse guiar por la pornografía en la exploración de un universo maravilloso que siempre ha sido negado a las mujeres; Sara Diamond declara que sería necesario que las mujeres  reconocieran por fin que la exposición pública de su sexo no hace necesariamente de ellas unas putas y que no sólo los hombres pueden ganar poder por medio de su sexo. Como mucho se llega a pensar que si la pornografía actual es a menudo sexista, no lo es ni más ni menos que el resto de la sociedad y que si es tan importante hay que transformarla, pero por sobre toda las cosas, no abolirla.
 Según la otra perspectiva, la de la mayoría de los adversarios de la pornografía, esta liberación de la sexualidad femenina no es más que una peligrosa ilusión, puesto que no puede ser más que una extensión de los privilegios masculinos, sobre todo si la vía a seguir está definida por un universo tan tradicionalmente masculino como el de la pornografía. Joan Hoff señalaba, en efecto, que el "estándar" de la sexualidad individual sigue siendo una construcción masculina, pero sin indicar lo que podría reemplazarlo. En esta óptica, la pornografía es importante porque está en el corazón de las relaciones de poder entre los sexos que determinan necesariamente todo análisis de la condición femenina. Por el contrario, la sexualidad se vuelve a partir de entonces menos central y se llega a menudo a un nuevo conservadorismo sexual. Según Gayle Rubin, que declara abiertamente su preferencia y para quien esta segunda tendencia constituye nada menos que una demonología tan terrorífica como el más opresor de los patriarcas, la censura de la pornografía lleva al absurdo reaccionario de una clasificación a partir del orden de comportamientos sexuales políticamente preferibles: el peor, la promiscuidad general y las relaciones sadomasoquistas (sean cuales fueran los sexos concernidos), en el medio la heterosexualidad y como mucho la monogamia lesbiana. Evidentemente, esta respuesta sigue siendo discutible (como lo sería cualquier otra del mismo modo, puesto que se trata de una paradoja) pero ella muestra bien cómo la cuestión de la pornografía finalmente obliga nada más ni nada menos que a la adopción de una cosmología general, que sirve para definir los sexos y la naturaleza de sus relaciones.
Antropología de la pornografía - Ejercicios de Antropología - Docsity La fuerza de cierta crítica llamada feminista corre el riesgo en realidad de volverse contra las mujeres. Al hacer de la pornografía un objeto de horror, fácilmente se puede dejar entender no sólo que la intimidad sexual debería estar siempre rodeada del mayor de los secretos, sino que, además, se corre el riesgo de impresionar a mucha gente insinuando que allí está de nuevo el bien más preciado de toda mujer, volver a decir en otros términos que lo esencial hay que encontrarlo en el misterio de las profundidades de la matriz. El argumento ha sido entrampado. Resulta embarazoso tener que explicar que es el sexo mismo quien marca la diferencia y quien motiva el hecho de considerar que una mujer está más reducida al rango de un "objeto" en la pornografía que cuando es modelo, reina del carnaval o esposa del ministro; pues si los tres casos no son comparables no es sin duda en razón de su relativa pasividad.
 Lo más molesto a veces es que la pornografía tiene el aspecto de haber prevenido todos los golpes y de tener todas las respuestas. En los debates en el seno del movimiento feminista norteamericano, los intercambios más acerbos a menudo tuvieron lugar entre lesbianas. Tal vez porque, de un lado, las lesbianas comprenden mejor que nadie lo que propone la pornografía cuando ella elogia los méritos del sexo por el sexo, sin procreación y sin otro objetivo que el del placer; mejor todavía que los homosexuales masculinos, que ya han aprendido en tanto que hombres que el sexo es necesariamente agradable y que el descanso del guerrero debe ser jovial. Por lo tanto, para algunas lesbianas la pornografía puede convertirse en una aliada ideológica en la lucha contra la discriminación. Mientras que para otras, que erigen su orientación sexual como gesto político en las relaciones de fuerza entre los sexos, los caminos propuestos por la pornografía parecen particularmente detestables. No necesariamente porque ella haga mucho caso a la heterosexualidad, sino porque presenta habitualmente a mujeres que se preocupan todavía por garantizar el placer de los hombres. Como si los hombres hubieran inventado y moldeado la futura sexualidad de esas mujeres liberadas según la imagen de su propio deseo. Debe haber otra salida, pero las discordias son tan profundas que ya no son del todo evidentes. Poco a poco se llega a comprender algunas de las razones que puedan explicar la rabia que marca a esos debates. Primeramente, el hecho de que la pornografía describe el antiguo modelo de la mujer sabia, modesta y prudente, doméstica y virtuosa, para quien el sexo era un deber conyugal, lamentablemente necesario para la multiplicación impuesta por la familia, la nación o la especie. La pornografía se opone a ello, afirmando como el feminismo que las mujeres también son seres sexuados. Pero propone una solución que hace inclinar el mundo en el sentido contrario: la aparición de mujeres desencadenadas que asumen el rol tradicionalmente reservado a los hombres, los cuales se convierten entonces en mirones pasivos o violados voluntarios y contentos. La idea puede parecer ridícula y puede ser ofensivo ver a los hombres pretender conocer lo que procura placer a las mujeres. Se puede también sentir la frustración de no tener ninguna otra solución aceptable que sirva para burlarse de todas las mujeres. Pero todo ello no basta para explicar la rabia.
 Señalemos, para dejarlo de lado, un razonamiento poco convincente. Ya se ha hablado de los celos como motivo principal de esta rabia. Lo cual equivale a decir que en una sociedad en que las
relaciones de pareja son todavía importantes y en donde la tradición cultural quiere hacer creer que una mujer es menos atractiva a partir del momento en que un lápiz puede sostenerse bajo su seno, la visión omnipresente de cuerpos perfectos (que desde hace mucho tiempo han dejado de ser los cuerpos de mujeres desdeñables por ser de "mala vida", vulgares y a menudo feas, para ser reemplazados por los cuerpos de chicas jóvenes, ricas e inteligentes) crea una competencia absurda e insostenible. Ya no es necesario intentar probar que los hombres aprenden de la pornografía toda suerte de exigencias inaceptables. Alcanza con pensar que constantemente tienen en la cabeza la imagen demasiado perfecta de Bo Derek. Sin ni siquiera tener que volverse celosa, una mujer tendría el derecho de concluir que la estupidez es exasperante…
 Pero no hay nada nuevo en esta referencia a celos nacidos de la infidelidad imaginaria. Nada que fuera limitado a un solo sexo y nada que no existiera probablemente ya en el paleolítico inferior. Se puede comprender que la mayoría de las personas se sienten incómodas frente a la idea de que su partenaire sexual tenga la costumbre de recurrir a la masturbación, pero el argumento sigue siendo demasiado incompleto y la rabia bien debe tener otras fuentes.
 Tal vez, la rabia de esas mujeres viene del riesgo de sentirse atrapadas entre dos modelos de la femineidad tan inaceptables uno como el otro. Por un lado, el modelo tradicional, que incluso en la actualidad no es fácil cuestionar y que consagra a las mujeres infieles al desprecio y al ostracismo. Por lo demás, las mujeres saben por experiencia que el estereotipo tradicional de la femineidad está íntimamente ligado con la sexualidad, lo cual las obliga a transformarse en un espectáculo permanente de seducción (que si alcanza su objetivo provocará los silbidos admirativos en la calle) pero que ellas al mismo tiempo deben seguir siendo pudorosas y nunca dejar parecer que se están ofreciendo en espectáculo. Y por otra parte, el otro modelo todavía vago e inquietante que les propone la pornografía, centrado en el alto voltaje sexual y la satisfacción total de todos sus caprichos (terreno que los hombres parecen conocer mejor y sobre el cual pretenden estar más cómodos).
 El malestar sería todavía mayor en la medida en que el papel tradicional de la mujer después de todo le atribuía cierto poder, y que el amor cortés, a pesar de toda la opresión que traiciona, definía también el atractivo y la seducción sobre el cual una mujer podía apoyarse -manteniéndose como "un oscuro objeto del deseo"- para garantizar su seguridad social.
 Ahora bien, justamente ya no queda nada oscuro en la pornografía. Ninguna reserva o discreción. La femineidad se ha vuelto profana y perdió todo misterio. Y el único poder que propone el nuevo modelo será el de la conquista que, según se decía antes, estaba reservada a los hombres. Por lo tanto, adoptando una sexualidad unisex habrá que invadir el terreno de los hombres y de algún modo darles confianza, pero sin por ello pedirles que modifiquen su propio modelo, que se encuentra incluso ajustado: más libertad, más partenaires, más oportunidades, en una palabra, todo para satisfacer a la "fiera".
 En esta perspectiva, algunas mujeres se vuelven nostálgicas por el modelo antiguo y las intrigas amorosas más discretas. Otras, por el contrario, buscan en efecto quitar a los hombres la iniciativa de la conquista y la conducta de la sexualidad, exactamente de la misma manera que ellas quieren invadir todos sus cotos vedados y apoderarse de cualquier puesto de alta dirección. Algunas proponen más bien ganar en los dos tableros, siendo lo suficientemente fuertes y hábiles como para sacar provecho de los dos modelos. Pero evidentemente también corren el riesgo de perder en los dos tableros, provocando la ruptura con el poder tradicional de la atracción y de la fascinación obsesiva, pero sin adquirir por ello nuevos poderes en una sociedad que no los cederá fácilmente. Perder el poder que estaba inscripto en el derecho a la diferencia, en el intercambio que significa el privilegio de declarar a los hombres seductores. Volverse víctimas en el campo de la sexualidad, totalmente comparables a esas mujeres que en el universo doméstico se vuelven responsables del esencial ingreso adicional, mientras continúan cumpliendo con la mayoría de los trabajos hogareños. Mientras que tienen lugar estas discusiones, las soluciones aún no han sido inventadas y corren el riesgo de ser poco unánimes. Incluso la hipótesis de la homosexualidad como refugio parece inaceptable o demasiado multiforme. Visto de este ángulo, la situación puede parecer desesperada y de la desesperación puede nacer la rabia.»

   [El texto pertenece a la edición en español de ediciones Nueva Visión SAIC, 1993, en traducción de Pablo Betesh, pp. 119-123. ISBN 950-602-273-3.]

domingo, 14 de marzo de 2021

Manifiesto contra-sexual.- Beatriz Preciado (1970)

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¿Qué es la contra-sexualidad?

Principios de la sociedad contra-sexual

  «ARTÍCULO 1

 La sociedad contra-sexual demanda que se borre de las denominaciones «masculino» y «femenino” correspondientes a las categorías biológicas (varón/mujer, macho/hembra) del carné de identidad, así como de todos los formularios administrativos y legales de carácter estatal. Los códigos de la masculinidad y de la feminidad se convierten en registros abiertos a disposición de los cuerpos parlantes en el marco de contratos consensuados temporales.

ARTÍCULO 2

 Para evitar la reapropiación de los cuerpos como femenino o masculino en el sistema social, cada nuevo cuerpo (es decir, cada nuevo contratante) llevará un nuevo nombre que escape a las marcas de género, sea cual fuese la lengua empleada. En un primer momento, y con el fin de desestabilizar el sistema heterocentrado, es posible elegir un nombre del sexo opuesto o utilizar alternativamente un nombre masculino y un nombre femenino. Por ejemplo, alguien que se llame Julio utilizará el correspondiente femenino Julia, y viceversa. Los José Marias podrán utilizar María José, y viceversa.

ARTÍCULO 3

 Tras la invalidación del sistema de reproducción heterocentrado, la sociedad contra -sexual demanda:
 • la abolición del contrato matrimonial y de todos sus sucedáneos liberales, como el contrato de parejas de hecho o el PACS (equivalente legal común para homosexuales y heterosexuales en Francia), que perpetúan la naturalización de los roles sexuales. Ningún contrato sexual podrá tener como testigo al Estado;
 • la abolición de los privilegios sociales y económicos derivados de la condición masculina o femenina -supuestamente natural- de los cuerpos parlantes en el marco del régimen heterocentrado;
 • la abolición de los sistemas de transmisión y el legado de los privilegios patrimoniales y económicos adquiridos por los cuerpos parlantes en el marco del sistema heterocentrado.

ARTÍCULO 4

 La re-significación contra-sexual del cuerpo se hará operativa con la introducción gradual de determinadas políticas contra-sexuales. Uno, la universalización de las prácticas estigmatizadas como abyectas en el marco del heterocentrismo. Dos, será necesario poner en marcha equipos de investigación contra-sexuales hightech, de manera que se puedan encontrar y proponer nuevas formas de sensibilidad y de afecto. Se pondrán socialmente en marcha una serie de prácticas contrasexuales para que el sistema contra-sexual tenga efecto:
 • resexualizar el ano (una zona del cuerpo excluida de las prácticas heterocentradas, considerada como la más sucia y la más abyecta) como centro contra-sexual universal;
 • difundir, distribuir y poner en circulación prácticas subversivas de re-citación de los códigos, de las categorías de la masculinidad y de la feminidad naturalizadas en el marco del sistema heterocentrado. La centralidad del pene, como eje de significación del poder en el marco del sistema heterocentrado, requiere un inmenso trabajo de re-significación y de deconstrucción. Por esto, durante el primer período de establecimiento de la sociedad contra-sexual, el dildo y todas sus variaciones sintácticas -tales como dedos, lenguas, vibradores, pepinos, zanahorias, brazos, piernas, el cuerpo entero, etc.-, así como sus variaciones semánticas -tales como puros, pistolas, porras, dólares, etc.-, serán utilizadas por todos los cuerpos o sujetos parlantes en el marco de los contratos contra-sexuales ficticios, reversibles y consensuados;
 • parodiar y simular de manera sistemática los efectos habitualmente asociados al orgasmo, para así subvertir y transformar una reacción natural ideológicamente construida. En el régimen heterocentrado, la limitación y la reducción de las zonas sexuales son el resultado de las definiciones disciplinarias médicas y psicosexuales de los supuestos órganos sexuales, así como de la identificación del pene y del supuesto punto G como centros orgásmicos. En todos estos puntos, la producción del placer depende de la excitación de una sola zona anatómica, fácilmente localizable en los hombres, pero de difícil acceso, eficacia variable e incluso existencia dudosa en las mujeres.
 El orgasmo, efecto paradigmático de la producción-represión heteronormativa que fragmenta el cuerpo y localiza el placer, será parodiado sistemáticamente gracias a diversas disciplinas de simulación y repeticiones en serie de los efectos tradicionalmente asociados con el placer sexual (ver las prácticas de inversión contra-sexuales) . La simulación del orgasmo equivale a una desmentida de las localizaciones espaciales y temporales habituales del placer. Esta disciplina contra-sexual se desarrolla en el sentido de una transformación general del cuerpo, similar a las conversiones somáticas, a las prácticas de meditación extrema, a los rituales propuestos en el body art y en determinadas tradiciones espirituales. Los trabajos de Ron Athey, Annie Sprinkle, Fakir Mustafa, Zhang Huan, Bob Flanagan, etc., constituyen ejemplos Y anticipaciones de esta disciplina contra-sexual.

ARTÍCULO 5

 Toda relación contra-sexual será el resultado de un contrato consensual firmado por todos los participantes. Las relaciones sexuales sin contrato serán consideradas como violaciones. Se pedirá a todo cuerpo parlante que explicite las ficciones naturalizantes (matrimonio, pareja, romanticismo, prostitución, celos... ) que fundamentan sus prácticas sexuales.
 La relación contra-sexual será válida y efectiva por un período de tiempo limitado (contrato temporal) que nunca podrá corresponder a la totalidad de la vida de los cuerpos o sujetos de habla. La relación contra-sexual se funda en la equivalencia y no en la igualdad. Se requerirán la reversibilidad y los cambios de roles, de manera que el contrato contra- sexual nunca pueda desembocar en relaciones de poder asimétricas y naturalizadas.
 La sociedad contra-sexual instituye la obligación de prácticas contra-sexuales, organizadas socialmente en el seno de grupos libremente compuestos a los que cualquier cuerpo parlante puede incorporarse. Cualquier cuerpo tiene la posibilidad de rechazar su derecho a pertenecer a una o varias comunidades contrasexuales.

ARTÍCULO 6

 La sociedad contra-sexual declara y exige la separación absoluta de las actividades sexuales y de las actividades de reproducción. Ningún contrato contra-sexual conducirá al acto de reproducción. La reproducción será libremente elegida por cuerpos susceptibles de embarazo o por cuerpos susceptibles de donar esperma. Ninguno de esos actos reproductivos establecerá un lazo de filiación parental «natural» entre los cuerpos reproductores y el cuerpo recién nacido. Todo cuerpo recién nacido tendrá derecho a una educación contra-sexual.
 Los métodos de contracepción y prevención de enfermedades se distribuirán por todas partes, siendo obligatorios para todo cuerpo parlante en edad de participar en la reproducción. El establecimiento de unidades sexuales de investigación sobre la prevención de enfermedades, así como la distribución gratuita y universal de los medios de prevención son las condiciones necesarias para crear y desarrollar un sistema contra-sexual de producción y reproducción.

ARTÍCULO 7

 La contra-sexualidad denuncia las actuales políticas psiquiátricas, médicas y jurídicas, así como los procedimientos administrativos relativos al cambio de sexo. La contra-sexualidad denuncia la prohibición de cambiar de género (y nombre) , así como la obligación de que todo cambio de género deba estar acompañado de un cambio de sexo (hormonal o quirúrgico). La contra-sexualidad denuncia el control de las prácticas transexuales por las instituciones públicas y privadas de carácter estatal heteronormativo que imponen el cambio de sexo de acuerdo con modelos anatómico-políticos fijos de masculinidad y feminidad. No hay razón política que justifique que el Estado deba ser garante de un cambio de sexo y no de una cirugía estética de nariz, por ejemplo.
 En la sociedad contra-sexual, las operaciones de cambio de sexo constituirán una especie de cirugía de utilidad pública, impuesta o elegida. Estas operaciones nunca servirán para que los cuerpos puedan remitir de nuevo a la idea de una coherencia masculina o femenina. La contra- sexualidad pretende ser una tecnología de producción de cuerpos no heterocentrados. Los equipos de investigación en tecnología contra-sexual estudian y promueven, entre otras, las siguientes intervenciones:
 • exploración virtual de los cambios de género y de sexo gracias a distintas formas de travestismo: cross-dressing, intemet-drag, identidad ciber, etc.
 • producción in-vitro de un ciber-clítoris para implantar en distintas partes del cuerpo;
 • transformación de diferentes órganos del cuerpo en dildo-injertos.

ARTÍCULO 8

 La contra-sexualidad revindica la comprensión del sexo y del género como cibertecnologías complejas del cuerpo. La contra-sexualidad, sacando partido de las enseñanzas de Donna Haraway , apela a una queerización urgente de la «naturaleza» (http: 1 /muse.jhu.edu/journals/ configuration/v002/2. 1 haraway). Las sustancias llamadas "naturales" (testosterona, estrógeno, progesterona), los órganos (las partes genitales macho y hembra) y las reacciones físicas (erección, eyaculación, orgasmo, etc.) deberían considerarse como poderosas «metáforas políticas» cuya definición y control no pueden dejarse ni en manos del Estado ni de las instituciones médicas y farmacéuticas heteronormativas.
 La sofisticación de la mayor parte de las ramas de la medicina terapéutica y de la cibernética (xenotransplantes, prótesis cibernéticas visuales y auditivas, etc.) contrasta con el subdesarrollo de las tecnologías que permiten modificar los órganos (faloplastia, vaginoplastia...) y las prácticas sexuales (tomemos, por ejemplo, la escasa evolución del preservativo en los últimos 2.000 años). La meta de las actuales biotecnologías es la estabilización de las categorías heteronormativas de sexo y de género (que va de la erradicación de las anormalidades sexuales, consideradas como monstruosidades en el nacimiento o antes del nacimiento, a las operaciones en el caso de personas transexuales) . La testosterona, por ejemplo, es la metáfora bio-social que autoriza el paso de un cuerpo denominado femenino a la masculinidad. Es necesario considerar las hormonas sexuales como drogas político-sociales cuyo acceso no debe ser custodiado por las instituciones estatales heteronormativas.

Resultado de imagen de manifiesto contrasexual opera primaARTÍCULO 9

 El control y la regulación del tiempo son cruciales para la concepción y la mejora de las prácticas contra-sexuales. La sociedad contra-sexual decreta que las actividades contra-sexuales se considerarán como un trabajo social que, al mismo tiempo, será un derecho y una obligación para cualquier cuerpo (o sujeto parlante), y que estas actividades se practicarán regularmente un cierto número de horas al día (a determinar según el contexto).

ARTÍCULO 10

La sociedad contra-sexual demanda la abolición de la familia nuclear como célula de producción, de reproducción y de consumo. La práctica de la sexualidad en parejas (es decir, en agrupaciones discretas de individuos de distinto sexo superiores a uno e inferiores a tres) está condicionada por los fines reproductivos y económicos del sistema heterocentrado. La subversión de la normalización sexual, cualitativa (hetero) y cuantitativa (dos) de las relaciones corporales se pondrá en marcha, sistemáticamente, gracias a las prácticas de inversión contra-sexuales, a las prácticas individuales y a las prácticas de grupo que se enseñarán y promoverán mediante la distribución gratuita de imágenes y textos contra-sexuales (cultura contra-pornográfica).

ARTÍCULO 11

La sociedad contra-sexual establecerá los principios de una arquitectura contra-sexual. La concepción y la creación de espacios contra-sexuales estarán basadas en la deconstrucción y en una re-negociación de la frontera entre la esfera pública y la esfera privada. Esta tarea implica deconstruir la casa como espacio privado de producción y de reproducción heterocentrada.

ARTÍCULO 12

La sociedad contra-sexual promueve la modificación de las instituciones educativas tradicionales y el desarrollo de una pedagogía contra-sexual high-tech con el fin de maximizar las superficies eróticas, de diversificar y mejorar las prácticas contra-sexuales. La sociedad contra-sexual favorece el desarrollo del saber-placer y de las tecnologías dirigidas a una transformación radical de los cuerpos y a una interrupción de la historia de la humanidad como naturalización de la opresión (naturalización de la clase, la raza, el sexo , el género, la especie, etc.).

ARTÍCULO 13

La sociedad contra-sexual demanda la consideración de todo acto de sexualidad potencialmente como un trabajo y, por tanto , el reconocimiento de la prostitución como una forma legítima de trabajo sexual. La prostitución solo podrá ejercerse entrando en un contrato libre y consensual en que una de las partes se define como comprador de trabajo sexual y la otra como vendedor de ciertos servicios sexuales. Todas los trabajadores y trabajadoras sexuales tendrán derecho al trabajo libre e igualitario, sin coacción ni explotación, y deberán beneficiarse de todos los privilegios legales, médicos y económicos de cualquier asalariado del mismo territorio. La contra-sexualidad busca generar una contra-producción de placer y de saber en el marco de un sistema de contra-economía contra-sexual. Por esta razón, la publicación de imágenes y de textos contra-sexuales (contra-pornografía), así como la contra-prostitución, se considerarán como artes y disciplinas. Se prevé la formación de centros universitarios destinados al aprendizaje de las diferentes disciplinas contra-sexuales. En el marco de la sociedad contra-sexual, los cuerpos parlantes se llamarán «postcuerpos» o wittigs.»

 [El texto pertenece a la edición en español de Editorial Ópera Prima, 2002, pp. 29-36. ISBN: 84-95461-14-5.]

domingo, 22 de marzo de 2020

Reflejos en el ojo de un hombre.- Nancy Huston (1953)

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IX.-El desnudo para los hombres
Arte versus pornografía

«N.: En tu opinión, ¿cuáles son las diferencias entre los dibujos o los cuadros de desnudos y las imágenes pornográficas?
 H.: Para mí, la pornografía está vinculada a la invención de la fotografía. Estoy seguro de que hay una amplia zona intermedia, pero no conozco muchos dibujos realmente groseros. En los últimos tiempos he visto muchos dibujos japoneses. Algunos son muy "atrevidos", pero ninguno me parece pornográfico. Cuando pienso en la pornografía -en internet, por ejemplo-, me digo que es como el fast food. McDonald's y todas esas empresas saben que si fabricas comida barata y rápidamente disponible, las personas que tengan hambre irán a atiborrarse a tu local. Así tienes en Estados Unidos a toda esa gente enorme, con mala salud. La pornografía es algo parecido. ¿Qué les gusta a los hombres? Las tetas grandes, Entonces las mujeres se inyectan silicona, los tíos se meten Viagra, habrá primeros planos de pollas que entran y salen... para mí es fast food. Es verdad, hay miles de millones de fotos de este tipo en  la red, una cantidad inimaginable. Lo que no entiendo es por qué todo el mundo hace lo mismo. No tienen mucha imaginación.
 Los que se pasan la vida haciendo pornografía seguramente no son lumbreras. Cuando escuchamos entrevistas a esos tipos, casi todos parecen personas más bien groseras y feas, así que hacen películas groseras y feas. Algún gran cineasta habrá que haya filmado una buena película erótica, pero no lo conozco. Es un auténtico problema para los jóvenes de nuestra época. Cuando yo era un crío, el Playboy nunca mostraba el pelo del pubis. Luego, cuando tenía unos doce o trece años, el Penthouse empezó a mostrarlo. Para mí fue como un electroshock. Creí que no sólo se abrían las piernas, sino también el cielo. Ahora pienso en mi hijo. Nunca hemos hablado del tema, pero están tan inundados por este tipo de imágenes que no sé cómo afectan a su vida sexual.
 N.: Sí, es difícil que no afecte a su modo de relacionarse con las mujeres reales. En nuestros días muchos chicos han crecido con la pornografía, e internet es su principal fuente de educación sexual, incluso la única. A los ocho o nueve años, antes de haber tenido experiencias personales, empiezan a ver esas películas con violaciones, felaciones forzosas y demás. Para algunos, estos gestos pasan a ser tan triviales que si participan en violaciones en grupo y los denuncian por violación, les cuesta entender qué se les reprocha.
 R.: No sé cuál es la solución, porque no podemos recomendar la censura. Quizá deberíamos inventar para la sexualidad algo equivalente al movimiento slow food.
 N.: ¿No sería un buen antídoto a la pornografía impartir clases obligatorias de desnudo en todos los colegios e institutos del país?
 H.: Sí, sin duda. Porque la pornografía es automáticamente algo que hay que esconder. Pero ahí tienes a una mujer real desnuda delante de ti, y tienes no sólo el derecho, sino también el deber de mirarla, y de mirarla bien para que tu dibujo sea equilibrado. Observas la realidad de sus nalgas, de sus tetas, de sus tobillos... o el rabo del chico. Sí, seguro que sería un avance. Si no, es la pornografía o nada.

*

Resultado de imagen de nancy huston reflejos en el ojo de un hombre La pornografía, como la industria de la belleza, ha "explotado" gracias al avance tecnológico de la civilización occidental. Hasta el siglo XIX los hombres intercambiaban chistes verdes, dibujos guarros y, como máximo, en la aristocracia, grabados libertinos, pero en nuestros días si se aburren en una reunión de trabajo o en una clase de matemáticas, no tienen más que pulsar su iPhone para ver la foto de una vulva abierta o una sodomización filmada.
 Tanto en la pornografía como en la industria de la belleza las cifras nos dejan atónitos. Ahora mismo hay más de cuatro millones de sitios web pornográficos, lo que supone más de 400 millones de páginas (más de la mitad de ellas estadounidenses). La edad media del primer contacto con la pornografía es once años. El 90% de los niños entre ocho y dieciséis años ha visto pornografía en la red mientras hacía los deberes; 40 millones de adultos estadounidenses ven regularmente pornografía en internet; en todo el mundo, cada segundo se conectan 30.000 personas a un sitio pornográfico; entre 1992 y 2006 los beneficios de la venta de vídeos porno en Estados Unidos pasaron de 1.600 a 3.620 millones de dólares. Los ingresos anuales de la industria pornográfica son superiores a los de Microsoft, Google, Amazon, eBay, Yahoo!, Apple, Netflix y EarthLink juntos.
 Por mucho que nos sorprenda a nosotras, las mujeres occidentales, que, a diferencia de las "pobres mujeres con velo y oprimidas del Oriente oscurantista", estamos orgullosas de nuestra insolente autonomía, que somos libres de pasearnos por donde nos dé la gana, como los hombres, ¿verdad?, por todos los barrios y a todas las horas, ¿verdad?, Annie Leclerc concluye su crítica a la pornografía con un elogio del velo: "Mejor la umbría y definitiva cárcel del velo que la desnudez irremediablemente librada a todas las salvajadas de la luz. Mejor oculta para siempre que inexorablemente expuesta. La verdad es que no veo qué podríamos hacer sin velo. Y ante todo, ¿en qué se convertiría la verdad si ya no hubiera velos? ¿Si ya no hubiera espacio entre lo que se ve y lo que no se ve? Si todo estuviera fuera, expuesto a la luz del día, si no quedara nada más allá de lo aparente, la palabra quedaría callada y moriría".
 Treinta y cinco años después de la publicación de Hommes et femmes, al negar la diferencia de sexos, ¿estamos efectivamente dirigiéndonos a la descarada comercialización de la seducción, a la trivialización absoluta de la pornografía, al rechazo del misterio y a la muerte del deseo?»

    [El texto pertenece a la edición en español de Círculo de Lectores, 2013, en traducción de Noemí Sobregués. ISBN: 978-84-672-5387-0.]

domingo, 23 de diciembre de 2018

La pequeña Vera.- María Jmelik (1961)


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Cartas del saco

«Cuando la película Pequeña Vera fue estrenada en los cines de la Unión Soviética, en los tres primeros meses de exhibición la vieron cuarenta y tres millones de espectadores. Una pequeña parte de esos millones se sentó a escribir cartas al Comité Estatal de Cinematografía, a organismos jurídicos, a estudios de cine, a redacciones de periódicos y de revistas, tanto de aquellos que tenían algo que ver con el cine como de los que no, a los artistas que habían participado en el reparto de la película, a su director, a mí.
 Las cartas dirigidas a mi nombre llegaron a llenar poco a poco un gran saco de celofán. En casa no había sitio para él y lo tuve que meter detrás del armario. De ese saco he escogido las cartas más típicas; algunas otras me fueron enviadas por los intérpretes de los papeles protagonistas y por el director de los estudios cinematográficos.
 Se diría que las habían escrito mis personajes: los padres de Vera, indignados por la amoralidad; sus compañeros, algunos de los cuales se atormentan tratando de descubrir su sitio en la  vida y otros que, por el contrario, están perfectamente seguros de sí mismos; la propia Vera, Serguei y, naturalmente, los vecinos, todos aquellos que viven en la misma casa de cinco pisos que Vera, en los mismos apartamentos-panales: obreros, jubilados, maestras eméritas, médicos, veteranos cubiertos de condecoraciones, chóferes y amas de casa. Incluso ese aficionado al yoga, el amigo fuerte de Chistiakova, también me ha mandado una carta.
 Al leer todas esas misivas me di cuenta de la terrible soledad de muchos de ellos. No tienen absolutamente a nadie con quien compartir sus vivencias, nadie hace caso a nadie, y ellos no cesan de escribir a gente desconocida y lejana, procurándose de esta manera un desahogo... Aparte de eso, resulta sobrecogedor el analfabetismo general. Unos giros lingüísticos del todo inimaginables, una ortografía... Así, por ejemplo, el autor de una carta en lugar de los puntos ponía guiones. En otra, por el contrario, no había ni un solo punto, sólo comas. Hasta donde era posible, he procurado conservar la ortografía y la puntuación originales, confío en que las cartas sean publicadas y en que el traductor conserve el estilo de cada una de ellas.
[...]
FISCALIA GENERAL DE LA URSS
Copia: Estudios Cinematográficos Centrales de Películas Infantiles y Juveniles M. Gorki
AL DIRECTOR
 Se recomienda que en las escenas cargadas del barato sensacionalismo de la patología sexual presentada de una forma perversa, participen personalmente el director y la guionista (y mejor sería que hiciesen una película sobre sí mismos, ya que para ellos no existe nada sagrado, y que la divulguen por el mundo entero, sin meter en juegos de esta índole a una principiante).
 En resumen, por lo que tienen de publicidad indisimulada de la pornografía y de las aberraciones sexuales, deben ser juzgados como culpables de complicidad e incitación a la reincidencia criminal.
 Es obligación de la Fiscalía General de la U.R.S.S., como organismo dedicado a la vigilancia del cumplimiento de las leyes, promover una querella criminal contra los autores de la película con arreglo al art. 120 del CP de la RSFSR, ya que la víctima del crimen (publicidad abierta del libertinaje) no es un espectador en particular, sino toda la Sociedad Soviética.
          A.I., coronel en reserva. Moscú.

 Somos mujeres casadas, hemos vivido de treinta y cinco a cuarenta años de vida matrimonial, somos de la ciudad de Gorki. Hemos ido a ver su película "P.V." y queremos que sepa que es una vergüenza, una obscenidad, que condenamos su film y que condenamos todo su estudio cinematográfico. No sólo es deshonrosa para el director sino también para el que había autorizado su rodaje. Nos daba vergüenza mirarla, así que dijimos al diablo con las entradas y nos marchamos en la primera parte. Nunca antes en nuestro país se había visto semejante porquería.
 Hemos sabido que los autores nacieron en el sesenta y uno, así que todavía no han tenido tiempo de comprender la vida en profundidad, no se han enterado todavía a quién, durante el acto sexual, le corresponde estar abajo y arriba, y qué es lo que mejor resulta, por lo que no se han parado en barras al representar a la pequeña Vera (una prostituta) montándole a él, mientras que él, un auténtico gandul, está tumbado, y que ella lo folle.
 Así que déjense ustedes de distorsiones y de ponzoñas, ¡no nos corrompan a nuestra juventud! Que ya de por sí lo está suficientemente... pero allá ella, la juventud. Nosotras, como mujeres mayores, nos avergonzamos del pasado de nuestro país...
     Siete firmas
[...]
 Os escribo en nombre de tres personas. Hoy hemos ido a ver la película "P.V." Por cierto, todos hemos rebasado la cincuentena, tenemos hijos que ya son mayores e incluso nietos en edad preescolar. Al salir del cine, a mi marido la película le había gustado porque la película representa una borrachera continua, pero yo y mi amiga no encontramos palabras que dirigiros, y si vosotros dos hubieseis sido mis hijos, os habría estrangulado o envenenado, tan asquerosa, vacía y depravada es la porquería que habéis filmado. Y encima se encontraron botarates que han consentido en que tamaña sinvergonzonería llegase a las pantallas. Vosotros seguro que lo que os proponíais con esa película era ganar un pastón, embaucar al mayor número posible de espectadores tontos. Pero muchos, al salir del cine, os ponen a parir, nadie va a escribiros. Ahora se está combatiendo el alcoholismo, mientras que en vuestra película no hay más que cogorzas y broncas, y eso que de broncas ya tenemos suficientes sin que os metáis vosotros. Hay broncas en Karabaj, hay broncas en Crimea, en Lituania, en Letonia, en Estonia y, en general, en toda la Unión Soviética no hay más que broncas, drogas y prostitución. No parece que se debe luchar con todo eso y que sólo se ha de mostrar los lados buenos y si alguien da un paso en falso, pues entonces se debe enseñar cómo se castiga a esa persona por todos los medios, o cómo le ocurre algo trágico, para que el espectador lo vea y reflexione sobre las consecuencias que pueda tener para él.
 Si sois jóvenes los dos, es que sois ambas personas vacías y perversas, y si sois viejos, pues estáis desvariando. Tendríais que haber pensado en que también la gente seria podía ir a ver vuestro film, además de los alcohólicos y las prostitutas.
 Yo personalmente hacía muchos años que no iba al cine, ni yo ni mi marido y ¿cómo creéis, por qué? Pues porque una vez fuimos a ver Un hombre y una mujer y el final de la película lo encontramos repulsivo. Y aquí nos tiene, hoy hemos visto esta película vuestra, que incluso es "mejor", así que hemos tomado la resolución de no gastar más dinero en vano.
 En resumen, tal como yo me imagino, vais con los morros sin afeitar, los ojos os miran cada uno por su lado,  uno hacia el vaso y el otro debajo de la falda, vais con melenas largas y desgreñadas, tan contentos con vosotros mismos por haber sido capaces de un numerito así. En resumen, esperamos veros un día en la pantalla de la televisión. Hasta la vista,
             Sin firma. Provincia de Crimea, Feodosia.»

    [El texto pertenece a la edición en español de Círculo de Lectores, 1990, en traducción de Elena Panteleeva. ISBN: 84-226-3353-1.]